2º domingo de Navidad y Epifanía del Señor

Hoy segundo domingo después de Navidad y mañana día de la Epifanía continuamos celebrando los misterios de la encarnación y nacimiento de Jesús. Navidad y Epifanía son dos caras del mismo acontecimiento. Si la Navidad celebra el acontecimiento histórico de la manifestación de la salvación de Dios en Jesús de Nazaret, la Epifanía incide en el significado de la iluminación, la aparición y el desvelamiento, siendo la fiesta de la luz. «La Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros» (Jn 1,14). Este fragmento del evangelio de san Juan nos habla de la Palabra de Dios que se nos ofrece, que nos proporciona la Vida en Dios, en un crecimiento sin límite, y que también nos alumbra con la Luz de Dios. El evangelista nos dice que Dios asumió la condición humana y se instaló entre nosotros. Y en estos días lo encontramos en el seno de una familia: ahora en Belén, y más adelante con ellos en el exilio de Egipto, y después en Nazaret. Dios ha querido que su Hijo comparta nuestra vida. La Palabra se hace hombre para acompañarnos en este camino de nuestra vida mediante la luz y vida que comunica. Y nosotros lo reconocemos por medio de lo visible, el niño que acaba de nacer. Y continúa el evangelista: «Hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad». La presencia de Dios en la historia humana es uno de los aspectos del misterio de la Navidad. Dios no nos salva desde lejos, sino que se hace nuestro compañero de camino. Así es como nuestra misma historia se convierte en una historia de salvación. Y es nuestra gran alegría.

 

Escrito por crismhom el Dom, 05/01/2020 - 00:04

Santa María, Madre de Dios

Hoy es el día de año nuevo y la fiesta de Santa María, madre de Dios. La liturgia de hoy, octava de la Natividad (es decir, ocho días después del día de Navidad), está dedicada a felicitar a Maria por su maternidad. Y el evangelio de Lucas nos presenta el encuentro de los pastores con el niño, con María, su madre, y José. Todos juntos, los pastores y esta familia de María y José «con el niño acostado en el pesebre», son como una imagen preciosa de la Iglesia en adoración.

El evangelio nos dice que los pastores, después de escuchar el mensaje del ángel, «fueron corriendo». Fue la respuesta inmediata a la revelación de un hecho extraordinario. Los pastores se maravillaron y reaccionaron sin dudar, y fueron y vieron «un niño acostado en un pesebre». Se nos señala aquí un primer fruto del “encuentro” con Jesús: «Todos los que lo oían se admiraban». Lucas habla de un “encuentro”, de un encuentro de los pastores con Jesús. En efecto, sin la experiencia de un “encuentro” personal con el Señor no se da la fe. Sólo este “encuentro”, el cual ha comportado un “ver con los propios ojos”, y en cierta manera un “tocar”, hace capaces a los pastores de llegar a ser testigos de la Buena Noticia. Y para encontrar a Jesús hay que decidirse a dejar los “rebaños” del egoísmo, de la comodidad, del escepticismo, de la indiferencia, la insolidaridad, y acercarse a Jesús con sencillez de corazón.

Hay todavía un segundo fruto de este encuentro: «Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto». La adoración del Niño les llena el corazón de entusiasmo por comunicar lo que han visto y oído, y la comunicación de lo que han visto y oído los conduce a ser verdaderos evangelizadores que pueden dar a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel niño. Y es precisamente esto lo que necesitamos: ponernos en marcha. Hemos de pedir la gracia de saber suscitar esta admiración en nuestros hermanas y hermanos.

María nos enseña que para llegar a Jesús es necesaria también la oración. Ella «conservaba todas las cosas meditándolas en su corazón». Lucas es el evangelista que más destaca los gestos y actitudes de la Virgen María. En Belén y en el encuentro de los pastores con Jesús, María guardó y meditó aquella experiencia sencilla y profunda. María es la oyente de la Palabra. Siempre a la escucha de la Palabra, poniéndose a disposición del plan de Dios en su vida. María es la que escucha a Dios en los acontecimientos de la vida. Y María también es la oferente de la Palabra.

 

Escrito por crismhom el Mar, 31/12/2019 - 22:53

La Sagrada Familia: Jesús, María y José

Hoy es la fiesta de la Sagrada Familia. El evangelio de este domingo, protagonizado por José y conocido como la huida a Egipto, tiene lugar después de la llegada de los Magos de Oriente. Los Magos preguntaron a Herodes por un Rey que acababa de nacer. El evangelista dice que Herodes reaccionó con miedo de perder su reinado, y de ahí su persecución contra el niño, que alcanzó a todos los inocentes de la región. El texto evoca el sueño de José interrumpido por un ángel mensajero que le informa que tiene que levantarse y huir de Belén rápidamente. Todo el relato se desarrolla en un doble clima: por un lado, la persecución de que es objeto Jesús; y por otro la constante presencia del ángel mensajero en los sueños para avisar a José, que sigue siendo el protagonista de esta historia, el descendiente de la dinastía davídica que colabora con el plan salvador de Dios.

Este evangelio es de un interés profundamente teológico. Mateo quiere subrayar a sus lectores que las Escrituras se cumplen en Jesús. Algunos detalles de este pasaje recuerdan los comienzos de la vida de Moisés: la matanza de niños inocentes (Ex 1,15-16), la huida del joven Moisés porque el faraón trataba de acabar con él (Ex 2,14-15), y su vuelta a Egipto cuando habían desaparecido los que intentaban matarle (Ex 4,19-21). A través de estas referencias Jesús aparece como un nuevo Moisés, que enseñará la nueva ley al nuevo pueblo de Dios (Mt 5-7). También en este pasaje Mateo establece una comparación entre Jesús e Israel. Las referencias a Egipto son muy abundantes (Mt 2,13.14.15.19), porque se quiere comparar el camino de Jesús con el que tuvo que hacer el pueblo de Israel cuando salió de aquella tierra de esclavitud. La huida de José con María y con el niño recuerda el traslado de toda la familia de Jacob, que emigró a Egipto por designio de Dios (Gen 46,1-7). Desde allí Jesús, que es el verdadero Hijo de Dios, está en situación de iniciar el nuevo y definitivo éxodo, como afirma la cita de Os 11,1. Finalmente el regreso a la tierra de Israel es el primer movimiento de un camino semejante al que recorrió Israel en sus orígenes. Mateo relaciona los comienzos de la vida de Jesús con los comienzos del pueblo de Israel, para mostrar que con Jesús comienza un nuevo pueblo.

Resumiendo: Egipto, la huida, la vuelta y la noche nos recuerdan la salida de los Israelitas de Egipto, el éxodo del pueblo de Dios hacia la tierra prometida. Y con Jesús empieza un nuevo éxodo o camino, el de la Iglesia. La importancia de este evangelio está en que alude claramente a la liberación de la esclavitud. Viene a decirnos que la verdadera liberación y salvación acontece en la persona de Jesús, que es el nuevo Moisés, destinado a liberar al pueblo y conducirlo a la definitiva tierra prometida. Precisamente, el nombre de Jesús significa “Dios salva”.

Mateo, al final del texto, dice que el regreso de Egipto no se realiza de una vez, sino en dos etapas sucesivas: Jesús, María y José vuelven a Israel (Mt  2, 20), y luego van a Nazaret (Mt 2, 23). El evangelista precisa el destino último del niño, Nazaret, en la Galilea de los paganos. Nazaret tiene gran importancia para Mateo, pues sugiere el camino del Mesías desde Israel hacia los paganos.

 

Escrito por crismhom el Sáb, 28/12/2019 - 18:10

La Natividad del Señor

 

Hoy los cristianos estamos llenos de alegría. Como en cada Navidad, Jesús vuelve a nacer en el mundo, en cada casa, en nuestro corazón.

En su carta a Tito -que también leemos hoy-, san Pablo nos da una preciosa definición de la Navidad: “Se ha manifestado el amor, la bondad, la gracia de Dios, que salva a todos los hombres” (cf. Tit 2, 11; 3, 4). Los evangelistas Lucas y Mateo dedican los dos primeros capítulos de sus evangelios a la infancia de Jesús. Con un lenguaje sobrio y conciso, narra Lucas el acontecimiento más grandioso de la humanidad: “María (…) dio a luz a su hijo primogénito”. Y el primer anuncio que escuchamos es: «No temáis, os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo». Es grandioso lo que anuncia el ángel a los pastores: Este niño que ha nacido será la fuente de la verdadera alegría, no únicamente para los pastores sino para todo el mundo. Todos tenemos motivo para alegrarnos. Ese niño nos ha nacido a todos. La declaración del ángel dice que el niño es el Mesías: «Os ha nacido hoy un Salvador, el Mesías, el Señor».

 

Escrito por crismhom el Mar, 24/12/2019 - 17:15

En medio de una gran precariedad, en un establo, con una madre que da a luz siendo virgen, inicialmente repudiada por un padre que no es tal, con una ascendencia de una reputación más que discutible, acompañado por pastores, testigos poco fidedignos, se da cumplimiento a la profecía de Isaías: “Pues el Señor por su cuenta os dará una señal. Mirad, la virgen está encinta y da a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa “Dios-con-nosotros” (Is 7, 10-14).

Escrito por alberto el Dom, 22/12/2019 - 13:58

4º Domingo de Adviento

En la última semana de Adviento la liturgia nos coloca expresamente ante el nacimiento de Jesús, invitándonos, a partir de la experiencia espiritual vivida por José, a abrirnos para que Dios nos hable al corazón. A José, igual que a María, la encarnación de Dios le cambió la vida. Ante tal novedad, él tuvo una primera reacción: rechazar en secreto a María. José era un hombre justo según Dios, y por eso, sin comprenderlos hechos, decide despedir a María en secreto, porque si José hubiese sido justo según la justicia de los escribas, hubiera tenido que denunciar a María. Pero el ángel de Dios le habló en sueños diciéndole: «no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados». El ángel dice: no temas, no te cierres a Dios. Y esta palabra hablada al corazón le bastó a José. José lee los acontecimientos de su vida y se fía de Dios. Estamos a las puertas de la Navidad, a las puertas de la presencia de Dios en nuestras vidas y son muchas las señales que Dios nos ha dado en este tiempo. Estas señales iluminan nuestras noches, sueños, sombras y silencios.

 

Escrito por crismhom el Sáb, 21/12/2019 - 19:28