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¿Quién ha medido a puñados el mar?

Mirad, el Señor Dios llega con poder,
y su brazo manda.
Mirad, viene con él su salario,
y su recompensa lo precede.

Como un pastor que apacienta el rebaño,
su brazo lo reúne,
toma en brazos los corderos
y hace recostar a las madres.

¿Quién ha medido a puñados el mar
o mensurado a palmos el cielo,
o a cuartillos el polvo de la tierra?

¿Quién ha pesado en la balanza los montes
y en la báscula las colinas?
¿Quién ha medido el aliento del Señor?
¿Quién le ha sugerido su proyecto?

¿Con quién se aconsejó para entenderlo,
para que le enseñara el camino exacto,
para que le enseñara el saber
y le sugiriese el método inteligente?

Mirad, las naciones son gotas de un cubo
y valen lo que el polvillo de balanza.
Mirad, las islas pesan lo que un grano,
el Líbano no basta para leña,
sus fieras no bastan para el holocausto.

En su presencia, las naciones todas
como si no existieran,
valen para él nada y vacío.

Isaías 40, 10-17

Imagen de Cristiano

"Yo confío en Dios"

 Los milagros ocurren todos los días. No hay nada sobrenatural en la presencia de Dios en nuestras vidas.

Hace 2 noches venia caminando a casa muy tarde sumergido  en mis pensamientos (eso que hacemos los humanos). De repente un cántico me trajo a la realidad. Un simple cántico repetido una y otra vez: "Yo confío en Dios".

Calidad frente a cantidad

La cantidad de experiencias y su intensidad sólo sirve para aturdirnos. No creo que la persona esté hecha para la cantidad, sino para la calidad […] Conviene dejar de tener experiencias, sean del género que sean y limitarse a vivir […] Todas nuestras experiencias suelen competir con la vida y logran, casi siempre, desplazarla e incluso anularla. La verdadera vida está detrás de lo que nosotros llamamos vida. No viajar, no leer, no hablar … Todo eso es mejor que su contrario para el descubrimiento de la luz y de la paz […] Para vislumbrar algo de todo esto, tuve que familiarizarme con mis sensaciones corporales y, lo que todavía es más arduo, clasificar mis pensamientos y sentimientos, mis emociones. Porque es fácil decir que uno tiene distracciones, pero muy difícil, en cambio, saber qué clase de distracciones son. Tardé un año en poner nombre a lo que aparecía y desaparecía de mi mente cuando me sentaba a meditar. (3, “Biografía del Silencio”, Pablo d’Ors).

No hay arma más eficaz que la atención

Durante los primeros meses meditaba mal, muy mal. Tener la espalda recta y las rodillas dobladas no me resultaba nada fácil […] respiraba con cierta agitación […] Sin embargo, había algo muy poderoso que tiraba de mí, la intuición de que el camino de la meditación silenciosa me conduciría al encuentro conmigo mismo […]. Durante el primer año, pronto me di cuenta de que prácticamente no había un instante en que no me doliera alguna parte del cuerpo. Mientras me preguntaba ¿qué me duele? ¿cómo me duele? e intentaba responderme, el dolor desaparecía o sencillamente cambiaba de lugar. No tardé en extraer de esto una conclusión: la pura observación es transformadora […] no hay arma más eficaz que la atención. (2, “Biografía del Silencio”, Pablo d’Ors).

Enséñame a confiar

La barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo en seguida: ¡Animo, soy yo, no tengáis miedo! Pedro le contestó: Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua. El le dijo: Ven. Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: Señor, sálvame. En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: ¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado? (Mateo 14, 22-36).

Aceptanto con buen talante lo que venga

Comencé a sentarme a meditar en silencio y quietud por mi cuenta y riesgo, sin nadie que me diera algunas nociones básicas o que me acompañara en el proceso. La simplicidad del método (sentarse, respirar, acallar los pensamientos) y sobre todo la simplicidad de su pretensión (reconciliar a la persona con lo que es) me sedujeron desde el principio. Como soy de temperamento tenaz, me he mantenido fiel durante varios años en esta disciplina […] Enseguida comprendí que se trataba de aceptar con buen talante lo que viniera, fuera lo que fuese (1, “Biografía del Silencio”, Pablo d’Ors).

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