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Imagen de Cristiano

Me he olvidado tanto de ti…

En mi primera misa en Argentina concurrí a un convento de monjas que trabaja con mujeres ciegas. La iglesia, más parecida una capilla u oratorio conventual, es súper cálida.
Entre, salude y coloque mi mirada en el crucifijo.
Cada cultura representa a Jesús a su forma y ese día volvía a ver a un Jesusito “made in Argentina”. Simple y hermoso.
Apenas apoyada la mirada en el crucifijo, y saboreando las formas que hace 10 años no contemplaba, mi alma le dijo: “Me he olvidado tanto de ti…”. E inmediatamente continuo diciendo: “… porque estás tan dentro de mí”.
Mi alma hablaba a la imagen, no al Jesusito.
Allí me di cuenta de lo alguna vez me pareció apatía era simplemente una falta de necesidad, un desapego.
Ya las imágenes no son portales para mi alma que induzcan a la contemplación, al recogimiento o la meditación. Mi Jesús ya está en mi y en mi se halla el crucificado, el resucitado, el milagroso, el orador, el pastor, el sagrado corazón, etc.

Aprendiendo a pedir a Dios

El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios (Romanos 8, 26-27).

Haciendo simple presencia

Visitando a una amiga mía y a sus tres niñas. Hacía meses que nos las veía. A las niñas las noté más mayores, muy guapas. Me hicieron un buen recibimiento. Me quedé hasta que se acostaron. Contemplando la disciplina férrea de su madre para acostumbrar a las niñas a tener orden, hacer las cosas elementales, tratarse con respeto, pedir perdón, cuidar de las cosas. Por otro lado, mirando la ternura con que trata a sus hijas al acostarse, la igualdad para que ninguna se sienta menos atendida que otra. Difícil tarea para una madre sola. Haciéndome presente sin más. Sin apenas ocasión de hablar mucho de cómo estamos o cómo nos sentimos. Siento que mi presencia en este momento es lo mejor y casi lo único que puedo ofrecer.

A tiempo

Voy con las riendas tensas y refrenando el vuelo.

Porque no es lo que importa llegar solo ni pronto,

sino llegar con todos y a tiempo.

León Felipe 1884-1968

Principio y Fundamento

El fundamento de mi vida es encontrar momentos, al menos cada semana, donde estar agusto conmigo mismo, parar momentáneamente y mirar lo que me pasa, lo que hice o me hicieron, tomarme el pulso y poner nombre a cómo estoy, cómo me siento e intentar responder por qué.

El fundamento de mi vida es sentir fluir una fuerza, empeño y tesón en mi trabajo hasta caer enfermo, a pesar de las dudas existenciales que a veces siento a propósito de si es este el lugar donde quiso ponerme Dios para construir su Reino.

El fundamento de mi vida es no tirar la toalla y seguir apostando por mejorar la relación con gente por la que no siento confianza. Cultivar ser yo mismo, mostrarme como soy y sentirme con ánimo y fortaleza para ser libre de discrepar abiertamente a pesar de mis miedos.

El fundamento de mi vida es encontrar tiempo para estar y escuchar a mis padres y descubrir las muchas cosas que me quieren decir.

Contemplando el bautismo de Jesús.

Mirando la suave corriente de las aguas de un río. Un grupo de gente espera en la rivera mirando con asombro a otras personas que se sumergen en el agua de una en una. Cuando salen se escucha su nombre junto a una frase pronunciada por alguien a quien la gente acude: “yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Miro a continuación la cara de asombro y desconcierto de quien bautiza ante un desconocido que como los demás se acerca para ser bautizado. “¿Cómo vienes a mí para bautizarte? Soy yo quien debería ser bautizado por ti”, se escucha a lo lejos. Tras una breve conversación que no atisbo a entender, sale de la fila el desconocido y se pone a caminar como buscando a alguien. Al principio parece no dar con quien busca. De pronto se acerca a donde yo estoy señalando. Yo miro y apunto con el dedo hacia atrás, pero para mi sorpresa no hay nadie. Él se acerca un poco más hasta ponerse frente a mí. Observo sus ojos que me miran profundamente.

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