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Sobre la confianza

Sobre la confianza. Contemplando el amplio espectro que se abre ante uno bajo ese supuesto. Cuando hay confianza desaparece el miedo, se superan las diferencias, se actúa con naturalidad. Es el terreno sembrado para crecer en sinceridad y cariño. Sin embargo, cuando se pierde la confianza, todo se estrecha, se pone en cuestión. Aparecen fantasmas que me persiguen. Enséñame, Señor mío, a confiar en ti y en los demás, a veces conocidos y otras quizá no tanto.

Sobre la acogida

Ejercitándome en acoger temporalmente a alguien que lo necesita en mi casa. Perdiendo algún día el sueño, venciendo dudas, intentando no mezclar cosas, poniendo límites, finalmente le acogí. Experimentando nuevamente la convivencia. Señor mío, espero tener la experiencia de que acciones así nos enriquecen, nos hacen más humanos, nos hacen valorar más lo que tenemos. Me pone en contacto con mis limitaciones y me hace verme más como soy, no precisamente tan bueno como me pensaba.

Imagen de Cristiano

Me he olvidado tanto de ti…

En mi primera misa en Argentina concurrí a un convento de monjas que trabaja con mujeres ciegas. La iglesia, más parecida una capilla u oratorio conventual, es súper cálida.
Entre, salude y coloque mi mirada en el crucifijo.
Cada cultura representa a Jesús a su forma y ese día volvía a ver a un Jesusito “made in Argentina”. Simple y hermoso.
Apenas apoyada la mirada en el crucifijo, y saboreando las formas que hace 10 años no contemplaba, mi alma le dijo: “Me he olvidado tanto de ti…”. E inmediatamente continuo diciendo: “… porque estás tan dentro de mí”.
Mi alma hablaba a la imagen, no al Jesusito.
Allí me di cuenta de lo alguna vez me pareció apatía era simplemente una falta de necesidad, un desapego.
Ya las imágenes no son portales para mi alma que induzcan a la contemplación, al recogimiento o la meditación. Mi Jesús ya está en mi y en mi se halla el crucificado, el resucitado, el milagroso, el orador, el pastor, el sagrado corazón, etc.

Aprendiendo a pedir a Dios

El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios (Romanos 8, 26-27).

Haciendo simple presencia

Visitando a una amiga mía y a sus tres niñas. Hacía meses que nos las veía. A las niñas las noté más mayores, muy guapas. Me hicieron un buen recibimiento. Me quedé hasta que se acostaron. Contemplando la disciplina férrea de su madre para acostumbrar a las niñas a tener orden, hacer las cosas elementales, tratarse con respeto, pedir perdón, cuidar de las cosas. Por otro lado, mirando la ternura con que trata a sus hijas al acostarse, la igualdad para que ninguna se sienta menos atendida que otra. Difícil tarea para una madre sola. Haciéndome presente sin más. Sin apenas ocasión de hablar mucho de cómo estamos o cómo nos sentimos. Siento que mi presencia en este momento es lo mejor y casi lo único que puedo ofrecer.

A tiempo

Voy con las riendas tensas y refrenando el vuelo.

Porque no es lo que importa llegar solo ni pronto,

sino llegar con todos y a tiempo.

León Felipe 1884-1968

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