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Blog de alberto

Disponiéndose para el encuentro con Dios

San Juan de la Cruz dice que Dios dispone todas las cosas con suavidad. Dios actúa atrayendo, invitando. Somos invitados. Esto es una buena clave para saber lo que viene de Dios. Cuando nos vemos forzados, acorralados u obligados no parece que esa sea la forma en la que Dios se acerca. Dios trabaja sobre nuestros deseos y nos pregunta ¿quieres? Ignacio de Loyola dice en el libro de los ejercicios que el encuentro de Dios en la consolación es como una gota de agua que cae sobre una esponja (cae sin hacer ruido y va calando). La desolación es ruidosa, como una gota que cae sobre una piedra y salpica. Dios mueve todas las cosas al modo de ellas, dice San Juan de la Cruz: Dios nos lleva según somos cada uno, según nos conviene, cada uno a su modo, a su paso. Dios no es de masas sino de tú a tú. Lo que es bueno para el vecino no necesariamente lo es para mí, no es necesario que nos comparemos. Dios se acomoda a cada alma, a cada persona.

No soy un monstruo depredador

El mundo no es un pastel que yo me tenga que comer. El otro no es un objeto que yo puedo utilizar. La Tierra no es un planeta preparado para que yo lo explote. Yo no soy un monstruo depredador. Por eso he decidido ponerme en pie y abrir los ojos. He decidido comer y beber con moderación, dormir lo necesario, escribir únicamente lo que contribuya a hacer mejores a quienes me lean, abstenerme de la codicia y no compararme jamás con mis semejantes ([48] Biografía del Silencio, Pablo d’Ors).

Fiesta de Todos los Santos

Fiesta de Todos los Santos. Día para que el amor fluya entre quienes nos precedieron y nosotros porque siguen vivos en nuestra memoria. Día para reconocer que el amor va más allá de las fronteras de los vivos, que el cariño recibido y regalado es capaz de hacer grandes obras en nosotros con sólo dejar hacer. Día para reconocer que el legado que heredamos y aportamos es más nuestro ser auténtico, a veces pequeño y frágil, que el hacer incesante. Día para conectar y abrazar el sufrimiento propio y del mundo y dejar que edifique nuestro corazón y entendimiento. Día de duros recuerdos y memorias gozosas, de corazones ensanchados y encogidos. Día para dejarse afectar y sacar conclusiones positivas. Día para iniciar o continuar la vía de la bondad, el camino de la esperanza, aunque sea en medio del sufrimiento y la impotencia. Día para dar GRACIAS. Día al alcance de toda persona. ¡¡¡Feliz día de Todos los Santos!!!

¿Nada nuevo en la existencia?

Vaciedad sin sentido, dice el Predicador, vaciedad sin sentido; todo es vaciedad. ¿Qué saca el hombre de todas las fatigas que lo fatigan bajo el sol? Una generación se va, otra generación viene, mientras la tierra siempre permanece.

Sale el sol, se pone el sol, se afana por llegar a su puesto, y de allí vuelve a salir. Camina al sur, gira al norte, gira y gira y camina el viento, y sigue girando el viento. Todos los ríos caminan al mar, y el mar no se llena; llegados al puesto adonde caminan, de allí vuelven a caminar.

Todas las cosas cansan, nadie es capaz de explicarlas. No se sacian los ojos de ver, no se hartan los oídos de oír. Lo que pasó, eso pasará, lo que sucedió, eso sucederá: nada hay nuevo bajo el sol. Si de algo se dice: «Mira, esto es nuevo», ya sucedió en otros tiempos, mucho antes de nosotros. Nadie se acuerda de los antiguos, lo mismo pasará con los que vengan: no se acordarán de ellos sus sucesores (Eclesiastés 1, 2-11).

Sin juzgar resultados

Al igual que el niño que está aprendiendo a montar en bicicleta logra montar de hecho cuando se sumerge a fondo en esta actividad y, por contrapartida, se cae al suelo cuando se para a considerar lo bien o mal que lo está haciendo, así nosotros, todos, en cualquier actividad que llevemos a cabo. EN CUANTO COMENZAMOS A JUZGAR los resultados, LA MAGIA DE LA VIDA SE DISIPA y nos desplomamos. Esto es en esencia lo que enseña la meditación: a sumergirse en lo que estás haciendo. “Cuando como, como; cuando duermo, duermo” […]. (6, “Biografía del Silencio”, Pablo d’Ors).

Confiar

Como novelista que soy, desde muy joven he sabido qué páginas de mis libros estaban inspiradas y cuáles no. Las inspiradas son aquellas que he escrito olvidado de mí, sumergido en la escritura, abandonado a su suerte; las menos inspiradas, en cambio, las que he trabajado más, las que he planificado y redactado de forma más racional y menos intuitiva […] Por eso, para escribir, como para vivir o amar, no hay que apretar, sino soltar, no retener sino desprenderse […] Cuando digo que conviene estar sueltos o desprendidos me refiero a la importancia de CONFIAR. (6, “Biografía del Silencio”, Pablo d’Ors).

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