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Blog de alberto

Sin muchas palabras

“Cuando recéis, no uséis muchas palabras, [...] pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis” (Mt 6, 7-15). Mi queridísimo. Señor, me pongo delante de ti en ausencia de palabras. Con ánimo inestable confío en los planes de felicidad que tienes para mí. Sin dilucidarlos con claridad, hágase tu voluntad para en todo amarte y servirte. Cuida de tu siervo, que él a su vez pueda cuidar de otros y de sí mismo. Tu mirada sobre nosotros nunca se interrumpe ni se empaña.

El enemigo está en nuestra cabeza

Nos purifica una imagen real de quién es Dios y no una imagen deformada. ¿Qué imagen tenemos de Dios? Somos limitados y humanos. Reconciliarnos con nuestra limitación es sano pero difícil. Cura de humildad al reconocer nuestros años, nuestra enfermedad, aceptar nuestras limitaciones y crisis. Ellas nos hacen más humanos, más cercanos, más humildes y Dios está con nosotros con una cercanía especial. El enemigo está en nuestra cabeza. La aceptación de lo que venga nos relaja. Necesitamos a alguien que refuerce nuestra sensación de hacer las cosas bien. Ese es Jesús mismo, que sale a nuestro encuentro.

Alregraos: aprendiendo a no tristar

Somos seres de encuentro. El encuentro con los demás nos hace sentir mejor. ¡Qué suerte tener amigos y grupos! La experiencia de Pascua sucede en un encuentro. Jesús sale a nuestro encuentro al resucitar. Tenemos que preparar ese encuentro. Él viene aunque yo no tenga fuerzas. En medio de la enfermedad viene Jesús y uno lo lleva mejor. Necesito pedir la alegría. Procuremos en nosotros la alegría. ¿Nos regocijamos en pensamientos negativos? Procurarse la alegría lleva trabajo. Es necesario hacer conscientemente el esfuerzo de no retroalimentar lo negativo. No tristarse dirá San Ignacio, es un acto de la voluntad. Psicológicamente es muy sano no alimentar la tristeza. Cristianamente, es un mandato: “¡¡¡Alegraos!!!”. Es una responsabilidad humana no dejar que lo negativo me sobrepase. Visualizar que mi dolor no es ajeno al Señor y Él sale a mi encuentro. ¿Cómo estás aquí presente, Señor mío (porque sé que estás)? Sé que estás, más cerca cuanto peor estamos, muéstrame tu rostro.

Construyendo un puente: oración de conclusión

Dios amoroso, me hiciste tal cual soy. Te alabo y te amo, pues me creaste maravillosamente a imagen tuya. Pero cuando la gente se burla, me siento herido, desconcertado y avergonzado. Por favor, Dios, recuérdame mi propia bondad, que en Ti descansa.

Ayúdame a recuperar mi dignidad, la que Tu me diste cuando fui concebido. Recuérdame que puedo vivir una vida de amor, puesto que Tú creaste mi corazón.

Permanece conmigo cuando la gente me haga sentir inferior, ayúdame a responder como Tú quieres, con amor y respeto hacia quien me ofende y hacia mí mismo.

Ayúdame a encontrar amigos que me quieran tal cual soy, ayúdame sobre todo a ser una persona amorosa.

Y, ayúdame a recordar que Jesús me quiere, Él también fue visto como un paria, Él también fue incomprendido, Él también fue derrotado y escupido. Jesús me entiende y me ama con un amor especial, por el modo en que he sido creado.

Cometario al evangelio desde fuera del armario

Comentario al Evangelio desde fuera del armario. Tercer Domingo de Pascua. Lucas 24, 35-48.

Hace años, cuatro amigos homosexuales creyentes comenzamos a reunirnos para hacer oración en una pequeña y escondida habitación que nos prestaron. Como estaba en un edificio de un colegio religioso, pidieron total discreción. No hacía falta el ruego, pues los cuatro teníamos suficientes razones para ser discretos hasta el extremo. Aún estábamos más dentro que fuera del armario. Además algunos éramos catequistas y seguro que si se descubría nuestro secreto lloverían los problemas.

Viernes Santo, camino de la cruz

El camino de la cruz es una carrera de fondo, un camino que se construye día a día. Esta carrera el amor se expresa levantando rostros de Cristo, manteniendo alzadas imágenes que nos los recuerdan. Contemplando el amor y la fortaleza de María que ve morir a su hijo; conectando ese amor con el que sienten padres y madres cuando piensan en sus hijos y acompañan su camino. Camino de la cruz para acordarnos de personas, con sus situaciones e historias y mandarles mensajes, aunque nos parezca irreverente. Camino de cireneos para ayudar a llevar y levantar cruces ajenas. Camino para dejarse afectar sin más, sin motivo aparente. Camino de caídas, de dejarse caer por falta de fuerzas y dejarse levantar. Camino de fallos y limitaciones reiteradas, de inconsciencias y juicios reincidentes. Camino para contemplar los pecados estructurales del mundo, para conectar con nuestros problemas y reconocer que hay muchas cosas en nuestra vida que no nos acaban de gustar.

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