Oraciones y Celebraciones

 

Todos los jueves a las 20:30h en Barbieri 18, tiene lugar un rato ecuménico de oración comunitaria a la que está todo el mundo invitado. En este apartado se añaden algunas de las oraciones realizadas. Si quieres orar, esta es tu sección.

Celebraciones Comunitarias de la Reconciliación y el Perdón

2019

2020

Celebraciones de la Cena del Señor

Esta sección contiene las celebraciones de la Cena del Señor, más cercanas a la tradición católica debido a la mayoría católica de simpatizantes de CRISMHOM.

2014-11-22 Cena del Señor: XXXIV Domingo "Cristo Rey"

XXXIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

FIESTA DE JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO

FINAL DEL CICLO LITÚRGICO “A”

Nos aproximamos al final del año litúrgico del calendario eclesial y por tanto se nos invita a reflexionar sobre la recapitulación de todo en Cristo.

Desde esta perspectiva me gustaría invitaros personalmente a contemplar las lecturas que se proponen en esta fiesta:

Las claves de comprensión vienen dadas por la primera lectura y por la última o Evangelio:

PASTOR-JUICIO

Dios mismo en persona es el que sigue nuestro rastro en la vida, estemos perdidos o no, para librarnos del mal. Pero si el Señor es mi pastor, como dice el Salmo, entonces nada me puede faltar. Aquí está la cuestión primera que se nos presenta. ¿Es Cristo nuestro pastor? Si no lo es Él…,¿Qué o quién lo será?

Primero de todo tenemos que reconocer nuestra condición de oveja y de dependencia ante un mundo que nos viene grande. Queramos o no, somos dependientes e interdependientes los unos de los otros, por eso no vivimos solos, sino en sociedad.

Esta sociedad nos ofrece múltiples “pastores” entre comillas y en minúscula que pretenden liderar nuestros sentidos:

a)   Las ideologías, las políticas, las luchas sociales… por los derechos y deberes.

b)   El hedonismo, estado del bienestar personal sin dejar que nada me afecte y conmueva el suelo que piso o la seguridad alcanzada.

c)    El culto al cuerpo físico

d)   Las drogas, el alcohol que anestesian nuestra conciencia para evadirnos de la realidad.

e)   El consumismo material como relleno de nuestros complejos

f)     El sexo como consumo humano.

No seamos ingenuos, nuestro corazón necesita afectos, nuestra mente necesita ideas y desafíos, nuestro cuerpo necesita ejercicio y calor humano y nuestra alma necesita paz y elevación espiritual.

¿Dónde encontrar la paz de nuestros sentidos?

A mi modo de ver, como cristiano, poniéndolos al servicio y la guía del único Pastor que merece nuestra entrega, Jesucristo.

Él recreó al ser humano crucificando en su humanidad todas nuestras pasiones para dominarlas y redimirlas. En sus heridas fuimos sanados y reconducidos hacia el Padre que nos creó.

Hacia lo Bello, lo bueno, lo noble y lo verdadero. Para habitar en la casa del Señor por años sin término.

Si ya te sientes oveja, el segundo paso es ser de Cristo, seguirlo a Él, escuchar su voz. No a otros dioses y señores.

¿Para qué?

Para que nos conduzca a las verdes praderas, hacia las fuentes tranquilas, a la paz del espíritu.

Dice el Papa Francisco:

1.    Vive y deja vivir

2.    Date a los demás como el agua del río se da por donde pasa, porque si se estanca, se corrompe.

3.    Que tus aguas sean remanso de peregrinos y no cascada turbulenta.

4.    Juega, diviértete con los tuyos, familia, amigos…, antes que divertirte sólo para ti mismo.

5.    Haz del Domingo un día especial.

6.    Ayuda a otros a conseguir sus objetivos en la vida.

7.    Cuida la naturaleza que nos acoge, nuestra casa común.

8.    Olvida rápidamente lo negativo, tan rápido como te sacas una espina que se te clava.

La necesidad por hablar mal del otro con chismes o difamación de sus secretos o intimidades, es indicativo de una baja autoestima, es decir, “yo me siento tan abajo que en vez de subir, bajo al otro”.

9.    Respeta al que piensa distinto: Podemos inquietar al otro con nuestro testimonio, pero dialogar para convencer,nunca. Cada uno dialoga desde su identidad. Se crece por atracción y no por conquista.

10. Busca activamente la PAZ, que es Cristo mismo, no la idea de quietud, parálisis o alienación, sino una paz activa del que sale al encuentro del ser humano.

Porque sólo es libre el que sabe hacia dónde va y con quién va en esta vida que es un viaje.

Cristo de una mano y el prójimo de la otra como cuando rezamos el padrenuestro, juntos caminando hacia Dios.

El Evangelio de Hoy habla por sí mismo. El juicio de Dios no será para indagar por el cumplimiento de las normas, de los cánones, ni por la exactitud con que se hayan celebrado los ritos. Sino que escudriñará el cumplimiento del mandamiento del amor a Dios y al prójimo.

“Cuando lo hicieron con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron”

Tuve hambre y me disteis de comer

Tuve sed y me disteis de beber

Fui forastero y me hospedasteis

Estuve desnudo y me vestisteis

Enfermo y me visitasteis

En la cárcel y vinisteis a verme

Esta es la tarea y el examen, pero el premio no nos corresponde a nosotros adjudicárnoslo ni tampoco disfrutarlo sin la tarea realizada.

¿No será este nuestro caballo de batalla desde el mundo lgtb?

La tentación de disfrutar de todo sin dar,  sin sacrificio, sin entrega, sin complicaciones, sin pérdidas de tiempo. Buscar el premio sin estas premisas, es ser ladrón y bandido como en la parábola del reino.

Todavía hoy se sigue vulnerando constantemente este binomio de amor que conduce a Dios (Cristo-prójimo) cuando no hay justicia social, derechos humanos, derechos LGTB, Y deberes comunes de convivencia.

Se preferiría una fe individual sin complicaciones comunitarias, pero pretender esto es relegar la fe a un rincón pequeño de nuestra conciencia. Sería desconocer el alcance del orden nuevo que inaugura el resucitado, una nueva creación en la que hay que reinventar todas las estructuras contaminadas por el pecado.

Por tanto, el mensaje de este domingo es claro: no es la forma o el resultado del juicio, sino el hecho de que habrá un juicio justo.

Que el mundo no viene de la casualidad y no acabará por casualidad. Ha comenzado con una palabra: “Que exista la luz…”  “Hagamos al ser humano…” y terminará con una palabra: “Venid benditos… Apartaos de mí, malditos…” La injusticia y el mal no tendrán la última palabra.

Con esta fiesta de Jesucristo Rey del universo, celebramos anticipadamente al Rey que vino, viene y vendrá desde nosotros mismos hasta su Parusía final.

Cena del Señor en torno al Adviento

 

¿Qué advenimiento («adviento») espera el hombre y la mujer contemporáneos? ¿Cómo vivir el adviento en una sociedad que no espera ningún «advenimiento»? Desde luego, no reduciendo el adviento a un «tiempo litúrgico», o a un tiempo pre-navidad. El Advenimiento que esperamos los cristianos es la Navidad, ¡es el Reino de Dios que se hace realidad en la Tierra! No es otro mundo… Es este mismo mundo… ¡pero «totalmente otro»!
 
Se puede ser cristiano sin celebrar el adviento, ¡pero no sin preparar el Advenimiento! Ser cristiano es hacer propia en el corazón la nostalgia de Aquel que decía «fuego he venido a traer a la tierra, y ¡cómo deseo que arda…!». Los cristianos no pueden inculturarse del todo en esta cultura antiutópica y sin «grandes relatos», porque somos hijos de la gran Utopía de la Causa de Jesús, y tenemos el «gran relato» del Proyecto de Dios… No podemos dejar de darnos la mano con los todos los hombres y mujeres de la tierra, de cualquier religión del planeta, para trabajar denodadamente por el Advenimiento del Nuevo Mundo. Cada vez se perfila mejor: crear un Mundo Nuevo, fraterno y solidario, sin imperios ni instituciones transnacionales o mundiales explotadoras de los pobres, lo que Jesús llamó “Reino de Dios”, pero dicho con palabras y hechos de este ya tercer milenio.
 
 
Ése es el Advenimiento que esperamos, el sueño que nos quita el sueño, lo que nos hace estar en «alerta».
 
Primera Lectura: Lectura de la profecía de Sofonías 3, 14-18a
Regocíjate, hija de Sión, grita de júbilo, Israel; alégrate y gózate de todo corazón, Jerusalén.
El Señor ha cancelado tu condena, ha expulsado a tus enemigos.
El Señor será el rey de Israel, en medio de ti, y ya no temerás.
Aquel día dirán a Jerusalén:
«No temas, Sión, no desfallezcan tus manos.
El Señor, tu Dios, en medio de ti, es un guerrero que salva.
Él se goza y se complace en ti, te ama y se alegra con júbilo como en día de fiesta.»
Palabra de Dios
 
Salmo responsorial: Is 12, 2-3. 4bed. 5-6 
R. Gritad jubilosos: «Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel.»
El Señor es mi Dios y salvador: 
confiaré y no temeré, 
porque mi fuerza y mi poder es el Señor, 
él fue mi salvación. 
Y sacaréis aguas con gozo 
de las fuentes de la salvación. R.
Dad gracias al Señor, 
invocad su nombre, 
contad a los pueblos sus hazañas, 
proclamad que su nombre es excelso. R.
Tañed para el Señor, que hizo proezas, 
anunciadlas a toda la tierra; 
gritad jubilosos, habitantes de Sión: 
«Qué grande es en medio de ti 
el Santo de Israel.» R.
 
Segunda Lectura: Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4, 4-7
Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres.
Que vuestra mesura la conozca todo el mundo.
El Señor está cerca.
Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios.
Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Palabra de Dios
 
EVANGELIO: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 3, 10-18
En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan:
- «¿Entonces, qué hacemos?»
Él contestó:
- «El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo.»
Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron:
- «Maestro, ¿qué hacemos nosotros?»
Él les contestó:
- «No exijáis más de lo establecido.»
Unos militares le preguntaron:
- «¿Qué hacemos nosotros?»
Él les contestó:
- «No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie, sino contentaos con la paga.»
El pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos:
- «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; tiene en la mano el bieldo para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga.»
Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba el Evangelio.
Palabra del Señor.
 
Comentarios, ecos y reflexiones personales
 
GESTO: CONSTRUYENDO UN BELÉN DIFERENTE
Este año pondremos una casa diferente, sin ángeles, sin pastores, sin reyes, porque en mi pueblo ya casi no existen, y niños y adultos no entienden que estén contigo sólo los que no se ven en la calle.
En su lugar pondremos personas de nuestra realidad.
 
Un parado, víctima de todas las multinacionales, de la codicia sin exceso, con las manos callosas. Tiene vergüenza y duele verle.
 
Una emigrante, sin patria, sin hogar ni papeles, de color, con olor y hambre. Quizá esta noche lo acoja alguien.
 
Un homosexual, perseguido por su afectividad, incomprendido y culpado de su realidad. Ansia ser aceptado y liberado de sus cadenas.
 
Una lesbiana, oculta e incomprendida, cargada con el lastre de su realidad de mujer. Hoy espera no ser prejuzgada y no ser señalada.
 
Un bisexual, que debe negar su realidad, obligado a elegir para no ser mirado como un bicho raro. Puede ser que pronto no sea visto como un vicioso.
 
Una transexual, a la que se ve como un monstruo, como un bicho raro, objetivo de burlas y mofas. Desea ser feliz e integrarse como una persona feliz.
 
Una prostituta, con mirada triste y mirada palpitante, usada y juzgada por casi toda la gente. Quizá esta noche reencuentre su dignidad.
 
Un drogadicto, aferrado a sus viajes y estrellas artificiales porque en la tierra no tiene presente. Quizá esta noche vea la estrella de su vida.
 
Una presa, de las de siempre, sin causa ni gloria, al margen de la sociedad y con barrotes. Quizá esta noche le llegue una ráfaga de aire libre.
 
Un enfermo de sida, separado, aislado, como una peste, tumbado en el lecho sin futuro y casi sin presente. Quizá esta noche alguien se acerque a él y le bese. ...
 
Ya sé que no están todos;
pero si me atrevo a ponerme yo,
y no me olvido a colocarte a Ti,
en este Belén será un belén en el que nos encontraremos todos
 
 
OFERTORIO
Señor, Dios nuestro, Madre y Padre lleno de Amor, en esta celebración te hacemos la ofrenda del Pan y el Vino, que representan tu cuerpo y tu sangre. Escogiste el alimento básico de las mujeres y los hombres sencillos, que elaboraban con el trabajo de sus manos. Elegiste el vino, bebida de fiesta y de confraternización. Señor, te los presentamos como signo de tu Amor a las mujeres y los hombres. 
 
Señor, te presentamos la bandera del Arco Iris, símbolo de la diversidad de la Creación. Sus colores nos recuerdan la riqueza que sólo tu infinito amor pudo crear. Te la ofrecemos con la esperanza que ponemos en tu Gracia y como nuestro estandarte para la consecución de tu Reino.
 
Señor, te presentamos el portal de Belén que acabamos de construir. En él se encuentran las mujeres y los hombres que anhelan tu nacimiento, que te buscan y que quieren  adorarte. No tienen más regalo que su corazón desbordante de esperanza y de amor hacia Ti.
 
Señor, junto a este portal nos ofrecemos a nosotras y a nosotros mismos, con nuestro carisma, nuestras aptitudes, nuestros sueños, nuestras esperanzas, nuestros puntos fuertes. Nos ponemos frente a ti como somos, felices de ser tus hijos e hijas, sin necesidad de ocultar quienes somos.
 
Peticiones
Señor, te pedimos:
Por nuestra Comunidad, para que en estas fiestas seamos testigos del nacimiento del Niño que viene a ser la salvación y la esperanza de la humanidad. Te pedimos que sepamos ser candil que ilumine en medio de esta sociedad.
 
Para en estos tiempos difíciles aflore la solidaridad, la fraternidad y el deseo por el bien común. Te pedimos que renazca el calor en los corazones, el deseo de ayudarnos los unos a los otros. Que CRISMHOM sea ejemplo y albergue de estos sentimientos.
 
Que te hagas presente en nuestros corazones, encendiendo en nosotros más amor por ti, por tu Evangelio y por nuestros hermanos y hermanas.
 
Por las personas que lo están pasando mal y se están quedando sin recursos; por los olvidados y olvidadas de nuestra sociedad; por las personas que viven en la calle; por los enfermos, por los sin techo, por los que no son aceptados en la sociedad. Por los ancianos, niños y mujeres que no tienen a nadie. 
 
Por los que trabajan por ayudar a los demás y por construir una sociedad mejor, para que nunca les falte tu aliento y sigan siendo canal por el que fluye tu amor.
 
Por las comunidades dentro de las Iglesias que nos discriminan, para que nos consideren verdaderos hermanos y lancen mensajes de inclusión y de solidaridad.
• Por los cristianos y cristianas que son discriminados por su realidad de fe y de afectividad y se sienten perdidos, para que encuentren en Ti el consuelo y el les sirvas de guía en su vida.
• Por los gays, lesbianas, transexuales y bisexuales de todo el mundo que tienen que enfrentarse al odio, a la injusticia y a la cárcel, que son víctimas de la homofobia, bifobia y transfobia, que se encuentran solos y perdidos; 
Dios nuestro, por tu misericordia, escucha nuestra oración.
 
(Peticiones libres)

Celebraciones de la eucaristía católica

Comentario al Evangelio del domingo

2017

2017-10--22 "Jesús anuncia con palabras y signos la buena noticia del amor del Padre a todos los hombres"

Este domingo celebramos el Domund, la  Jornada Mundial de las Misiones 2017. Jesucristo es el primero y el más grande evangelizador (Pablo VI). Jesús anuncia con palabras y signos la buena noticia del amor del Padre  a todos los hombres con la fuerza del Espíritu Santo. La Iglesia continúa en la historia la misión de Jesús de Nazaret.
En una sociedad que ha eclipsado la realidad de Dios, la misión de la Iglesia se centra en el primer anuncio del Evangelio, de la persona de Jesucristo. Como nos dice para esta jornada el Papa Francisco “ A través del anuncio del Evangelio, Jesús se convierte de nuevo en contemporáneo nuestro, de modo que quienes lo acogen con fe y amor experimentan la fuerza transformadora de su Espíritu de Resucitado que fecunda lo humano y la creación, como la lluvia lo hace con la tierra”.
Todo cristiano por el bautismo está llamado a ser misionero, evangelizador. Se necesitan misioneros cristianos lgtb que proclamen el primer anuncio del Evangelio entre los hombres y mujeres lgtb indiferentes a Dios y alejados  de la Iglesia. Parafraseando el lema del Domund: SE VALIENTE  y atrévete a formarte y a ser el misionero en el colectivo lgtb. Te invitamos a que  participes en la comisión de evangelización de Crishmom que reflexiona, prepara, y realiza acciones de cara a la evangelización del colectivo lgtb.
(Padrre Ramon LLorente Garcia) 
 
Lectura del santo evangelio según san Mateo (22,15-21):

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. 
Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es licito pagar impuesto al César o no?» 
Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto.» 
Le presentaron un denario. Él les preguntó: «¿De quién son esta cara y esta inscripción?» 
Le respondieron: «Del César.» 
Entonces les replicó: «Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.»

Palabra del Señor
 
 
 

2017-10--29 " Por encima de la ley está el amor que escucha, que acoge y se compromete."

En el judaísmo oficial había 613 preceptos, 248 positivos y 365 negativos. Esto significa que para ser buen judío había que dedicarse todo el día a cumplir normas y realizar ritos, prácticas externas con relación a la experiencia personal con Dios y con los demás hombres. Jesús les recuerda a los fariseos lo fundamental de la Ley: amar enteramente a Dios y al prójimo. Esta noche he transmitido el inmenso amor de Dios a un chico transexual que ha venido hablar conmigo después de la Eucaristía de Crishmom. Le he manifestado que es un hijo amado incondicionalmente por Dios y acogido con su identidad transexual por la Iglesia; me ha relatado su experiencia de crecimiento y aceptación personal en su proceso de reasignación de sexo. Le he animado a que continúe con este proceso si le hace feliz y le realiza como persona. Hay que  seguir luchando por la despatologizaciòn de la transexualidad.
Antes, en la Eucaristía, el amor se ha hecho compromiso con la incorporación como socio comprometido de Crismhom del primer joven que sale del grupo de jóvenes. Está llamado a ser un joven modélico cristiano para el resto de jóvenes de Crismhom.
Por último, a la entrada de la boca del metro para venir a mi casa tres jóvenes han dicho en alto la palabra “Padre”. Me he vuelto y  he estado hablando con ellos un rato. Eran tres jóvenes gays que esta noche iban al ambiente a buscar sexo. Les he interpelado para que en vez de sexo busquen una relación sana de pareja. Han manifestado las dificultades de encontrar pareja en el ambiente. Dos de ellos han manifestado ser cristianos. Les invitado a que pasen por el local de Crishmom otro día y hablemos más despacio. Es el amor hecho servicio, hecho anuncio evangelizador. Por encima de la ley está el amor que escucha, que acoge y se compromete .Doy gracias a Dios por la experiencia de estos tres encuentros con jóvenes gays en diferentes situaciones personales. Rezaré esta semana por todos ellos.
(Padre Ramon Llorente Garcia)
 
Lectura del santo evangelio según san Mateo (22,34-40):

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?» 
Él le dijo: «"Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser." Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.»

Palabra del Señor

2017-11-05 "El discípulo es el que tiene modelo a Jesucristo: su enseñanza, su estilo de vida y su camino hacia la cruz."

El Evangelio de San Mateo es conocido como el evangelio de la iglesia porque recoge los problemas las necesidades y la vida de la comunidad cristiana. También es el Evangelio  que nos indica cómo ser discípulos. El discípulo es el que tiene modelo a Jesucristo: su enseñanza, su estilo de vida y su camino hacia la cruz. Los fariseos representan el antimodelo de ser discípulo: vivir de la apariencia, buscar la admiración y los primeros puestos o  pretender que nadie me quite mi sitio, mi silla o mi puesto.
Desgraciadamente el fariseísmo es una enfermedad del espíritu que afecta tanto a las personas como a las instituciones. Frente a ello, Jesús nos propone llevar la Palabra de Dios en el corazón sin presumir de llevar la etiqueta de buen cristiano; en  la comunidad no hemos de buscar solo relacionarlos y acoger a los más simpáticos, atractivos e influyentes  sino sentarnos y dedicar tiempo a los más tímidos, con peor apariencia y que están más solos. La comunidad cristiana de Crishmom debe visibilizar la fraternidad y la opción por los más pobres del colectivo LGTB.
(Padre Ramón Llorente Garcia)
 
Lectura del santo evangelio según san Mateo (23,1-12):

En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen. Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros. Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo. El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Palabra del Señor

2017-10-01 "Muchos homosexuales y transexuales os precederán en el reino De Dios."

El evangelio denuncia el postureo, forma de vida con doblez de todos aquellos que dicen y no hacen justificándose con discursos y palabras sin plasmarse en obras.Jesús amonesta a aquellos que con muy buena educación defienden la ortodoxia y sin embargo no viven las exigencias de la fe.Por el contrario, felicita a quien es con palabras más bruscas y hechos desenfadados o menos ortodoxos llevan a término lo que Dios quiere de ellos. La consecuencia es clara: muchos homosexuales y transexuales os precederán en el reino De Dios.

(Padre Ramon Llorente Garcia)

Lectura del santo evangelio según san Mateo (21,28-32):

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: "Hijo, ve hoy a trabajar en la viña." Él le contestó: "No quiero." Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: "Voy, señor." Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?» 
Contestaron: «El primero.» 
Jesús les dijo: «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis.»

Palabra del Señor

 

2017-10-08 Sembradores y cosechadores en la viña del colectivo LGTB+H

Dios ha dado al hombre una viña que es la hermana tierra para que la cultive la cuide y la proteja. El cristiano ha sido llamado y enviado a transformar la tierra en el reino de Dios. En otoño el Señor viene a recoger los frutos de nuestra cosecha. Pedimos perdón al Señor porque a veces  hemos sido viñadores perezosos y no hemos trabajado suficientemente por la implantación del reino de Dios y sus valores en el colectivo lgtb. También te ofrecemos, Señor, los frutos evangelizadores que hemos cosechado a lo largo del curso pasado como asociación cristiana lgtb. Te pedimos, Señor, que nos capacites  y nos  muevas a estar más comprometidos en la evangelización del colectivo lgtb.

(Padre Ramon LLorente Garcia) 

Lectura del santo evangelio según san Mateo (21,33-43):

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: "Tendrán respeto a mi hijo." Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: "Éste es el heredero, venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia." Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?» 
Le contestaron: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.» 
Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente?" Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»

Palabra del Señor

2017-10-15 "No dejen de andar alegres."

Hay dos aspectos que caracterizan el ministerio de Jesús de Nazaret: la participación en banquetes y su dedicación a sanar íntegramente a las personas. Desgraciadamente muchas veces hemos convertido el cristianismo en una religión donde se destaca el sufrimiento, el dolor, la tristeza, y la resignación. Como dice frequentemente el papa Francisco muchos cristianos andan con cara de funeral. El evangelio de este domingo nos invita a recuperar el sentido de gozo de sentirnos hijos e hijas de Dios, la alegría de vivir y transmitir la buena noticia de Jesús y el carácter festivo de nuestras celebraciones litúrgicas.
Hoy celebramos también la memoria de Santa Teresa de Jesús. Mujer animosa y entusiasta decía a sus monjas:”andar alegres sirviendo”. La verdadera santidad es alegría porque “ un santo triste es un triste santo”.
El colectivo lgtb ha sido y sigue siendo un colectivo perseguido, maltratado, y humillado. También es un colectivo que por su lucha militante ha ido consiguiendo el reconocimiento de sus derechos civiles. Esto tiene que ser motivo de felicitación y de alegría. Por el sufrimiento acumulado en muchas ocasiones el colectivo lgtb  cae en un victimismo dolorista. Por supuesto que hay que solidarizarse con el dolor de tantos hombres y mujeres que por su condición sexual han sido y son perseguidos y discriminados pero eso no debe llevarnos al pesimismo y a la tristeza.Frente a ello las personas lgtb deben vivir la alegría de su diversidad afectivo sexual y transmitir con gozo la riqueza existencial de su  condición sexual y la experiencia de sentirse amados por Dios y  miembros queridos de la Iglesia. Como resumen, unas palabras de la doctora de la Iglesia:” no dejen de andar alegres”.
(Padre Ramon Llorente Garcia)
 
Lectura del santo evangelio según san Mateo (22,1-14):

En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: "Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda." Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: "La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda." Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?" El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: "Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes." Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.»

Palabra del Señor

2017-10-24 "La Iglesia está llamada a convertirse actuando y mirando con los ojos de Dios."

Lectura del Santo Evangelio Según San Mateo (20,1-16)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: "Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido." Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: "¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?" Le respondieron: "Nadie nos ha contratado." Él les dijo: "Id también vosotros a mi viña." Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: "Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros." Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: "Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno." Él replicó a uno de ellos: "Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?" Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.»

Palabra del Señor

La lógica de Dios es diferente a la lógica humana. A Dios le impulsa la pura gratuidad mientras que a nosotros nos mueven los  esfuerzos y los méritos acumulados. Dios llama a trabajar en su reino a todos los hombres y mujeres sin distinción de raza, idioma, color, y condición afectivo sexual. Que hombres y mujeres lgtbi  sean llamados por Dios para trabajar en su viña y que reciban de Dios la misma valoración y recompensa que los heterosexuales sigue sorprendiendo y escandalizando a muchos cristianos. La Iglesia está llamada a convertirse actuando y mirando con los ojos de Dios.

(Padre Ramon Llorente Garcia)

2017-11-12 "Hace falta que los cristianos lgtb opten por una creciente vida espiritual y que llenen sus lámparas de la vivencia del Señor "

En una primera lectura, parece egoísta el comportamiento de las vírgenes sensatas porque parece que faltan a la caridad no queriendo compartir su aceite con las vírgenes descuidadas.Sin embargo la parábola no versa sobre la caridad sino sobre la sabiduría acumulada y el cultivo de la vida interior. Esto es un trabajo personal e íntimo que nadie puede hacer por otro. Es muy distinto pasan los días agotando la existencia a comprometerse a tener siempre la alcuza llena del aceite del amor experimentado por el Señor en la oración y en la entrega a los demás.En un mundo superficial e insensato, es bueno que los cristianos llenen sus alcuza de espiritualidad, de recogimiento y de amistad con Dios para que cuando llegue el Esposo estemos preparados para participar de su banquete.
Desgraciadamente en el colectivo LGTB hay excesivo postureo, cultivo de la imagen corporal y superficialidad. En muchos casos se identifica al colectivo con esta visión externa y parcial. Hace falta que los cristianos lgtb opten por una creciente vida espiritual y que llenen sus lámparas de la vivencia del Señor fraguada en la oración y en una vida desgastada por los demás.Sería una novedad y una gran aportación para la Iglesia  el que vaya tomando cuerpo entre los cristianos una auténtica y sana espiritualidad LGTB
(Padre Ramón Llorente Garcia) 
 
Lectura del santo evangelio según san Mateo (25,1-13):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: "¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!" Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: "Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas." Pero las sensatas contestaron: "Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis." Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: "Señor, señor, ábrenos." Pero él respondió: "Os lo aseguro: no os conozco." Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.»

Palabra del Señor

2017-11-19 "Los pobres no son un problema, sino un recurso al cual acudir para coger y vivir la esencia del Evangelio."

Celebramos este domingo la primera jornada mundial de los pobres instituida por el Papa Francisco. Esta jornada pretende que las comunidades cristianas se conviertan cada vez más y mejor en signo concreto del amor de Cristo por los últimos y por los necesitados.
Jesús amo y se dedicó a liberar a los pobres y marginados del yugo de la injusticia y la marginación. Uno de los primeros signos con los que la comunidad cristiana se presentó en la escena del mundo fue el servicio a los más pobres.A lo largo de la historia la Iglesia ha hecho grandes obras de asistencia, promoción y defensa de los más pobres. Hoy sigue siendo la única institución que está presente en todos los ámbitos de la pobreza y de la marginación en la sociedad.
Pero la acogida, el encuentro y la integración de los pobres no puede ser tarea de unos pocos o de algunas instituciones eclesiales como, por ejemplo, Caritas. Toda la iglesia, todas sus comunidades y todos y cada uno de los cristianos estamos llamados a conocer, implicarnos y apoyar a los pobres y marginados. Crishmom, como comunidad cristiana lgtb, está llamada a optar preferencialmente por las personas lgtb más pobres y marginadas. Opción que se convierte en ser voz de denuncia  profética de las personas lgtb más discriminadas y rechazados de la Iglesia, opción que lleva a acoger con ternura y misericordia a las personas lgtb heridas y expulsadas de la Iglesia. Opción que nos compromete a  invitar e integrar a las personas lgtb vulnerables y con menos recursos materiales y habilidades sociales en nuestra comunidad cristiana. Sirva como resumen estas palabras del Papa que pronuncia al final de su mensaje para esta jornada: los pobres no son un problema, sino un recurso al cual acudir para coger y vivir la esencia del Evangelio.
(Padre Ramón Llorente Garcia) 
 
Lectura del santo evangelio según san Mateo (25,14-30):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: "Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco." Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor." Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: "Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos." Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor." Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: "Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo." El señor le respondió: "Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadle fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes."»

Palabra del Señor

2017-11-26 "Jesús es Rey y Juez Universal porque ha amado hasta dar la vida"

Con la fiesta de Jesucristo, Rey del Universo, la Iglesia finaliza el año litúrgico en el que ha recorrido los grandes misterios de la vida de Jesucristo.
Los hombres de todas las épocas han querido saber cuándo era el final de la historia y qué señales lo acompañaban. Para los cristianos este final de la historia ha empezado con Jesucristo. Él es Rey victorioso coronado de espinas, sentado en el trono de la cruz, arropado con el manto de la desnudez y  flanqueado con el séquito de dos ladrones. Jesús es Rey y Juez Universal porque ha amado hasta dar la vida alimentando a la multitud, calmando la sed con agua viva a la samaritana, curando a muchos enfermos y liberando a muchos encarcelados por el Maligno .Es el Juez que ha sido antes reo por defender, apostar e identificarse con los pobres y marginados.
Sus palabras en el juicio final son escandalosas porque dice que Dios está en el hambriento, en el sediento, en el enfermo, en  el extranjero y en el encarcelado y sin embargo las personas religiosas le ven solo en el templo y en la vida espiritual. Al final de la vida se examinará del amor al prójimo y no tanto de las horas dedicadas a la iglesia y  al cumplimento de normas.
cuánto tiempo dedico a conocer, a acompañar y a ayudar  a las personas lgtbi más pobres y marginados? Ya tenemos las preguntas del examen ahora nos toca a nosotros comprometerlos por la dignificación y el reconocimiento del colectivo Lgtbi.
(Padre Ramon Llorente Garcia) 
 
Lectura del santo evangelio según san Mateo (25,31-46)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas, de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: "Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme." Entonces los justos le contestarán: "Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?" Y el rey les dirá: "Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis." Y entonces dirá a los de su izquierda: "Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis. Entonces también éstos contestarán: "Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistirnos?" Y él replicará: "Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo." Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.»

Palabra del Señor
 
 
 

2017-12-03 "El Señor vendrá a nuestra vida"

Este domingo comienza el tiempo de Adviento. San Bernardo habla de tres Advientos: el histórico, que ya ocurrió con la encarnación del Hijo de Dios en la historia; el que cada uno y la humanidad entera espera como final de la historia terrena; el que puede acontecer en el presente, en cada momento, al percibir el paso del Señor en el ahora.
El Evangelio de hoy nos habla de esta tercera venida del Señor en la vida diaria. Para percibir la presencia de Jesucristo es necesario estar bien despiertos, estar atentos y vigilantes. Si estamos solos centrados en nuestras cosas, si andamos distraídos en los escaparates navideños y si bajamos la guardia de nuestra vida espiritual, el Señor vendrá a nuestra vida y no lo veremos. El Señor también viene en el hermano LGTBI que necesita ser escuchado, que reclama nuestro tiempo o precisa de una palabra de aliento. 
(Padre Ramón Llorente Garcia)

 

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 13, 33-37.

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: —Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. 
Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga  inesperadamente y os encuentre dormidos.  Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡velad! 

 

2017-12-10 "Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos."

En este segundo domingo de Adviento el protagonista es Juan Bautista, el precursor del Mesías. Era un hombre con una gran autoridad moral por su humildad, austeridad de vida y su valentía profética.
Su función era preparar el corazón ante la inminente venida del Señor. Para ello era necesario dejar limpio y sin piedras la senda de la propia vida para que el Señor pueda aterrizar y circular por ella. Qué obstáculos y barreras ponemos a Dios para que no arraigue y transite por nuestra vida?
Juan Bautista invitaba a sus oyentes a la confesión de los pecados y a la conversión. Este tiempo de Adviento es un tiempo penitencial. Te sugiero que celebres el sacramento de la Reconciliación para que el Señor limpie de tropiezos tu camino vital y seas una autopista diáfana donde Él pueda circular.
Invito a las personas LGTBI  a que celebren este sacramento donde se sentirán amados profundamente por Dios en su condición afectivo sexual, recibirán el perdón de sus pecados , la acogida misericordiosa de la Iglesia y la gracia para crecer en la santidad. Tengo la seguridad que la mayoría de los sacerdotes acogerán y acompañarán con cariño y amor paternal a las personas LGTBI en el confesionario. Esto es lo que está pidiendo el papa Francisco a los confesores: que el confesionario no sea una sala de torturas sino un recinto del amor y misericordia de Dios para todos los penitentes.
(Padre Ramón Llorente Garcia) 
 

Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 1-8

 

Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.  Está escrito en el profeta Isaías: 

«Yo envío mi mensajero delante de ti  para que te prepare el camino. 
Una voz grita en el desierto: "Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos."»
Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el jordán.
Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba: –«Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias.
Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.»

2017-12-24 "Maria modelo de Iglesia inclusiva"

 
En este cuarto domingo de Adviento la protagonista es la Virgen María con el relato de la Anunciación del nacimiento del Hijo de Dios.
Ya a lo largo del Adviento hemos recordado la capital importancia de la madre del Salvador con dos fiestas marianas: el 8 de diciembre, con la fiesta de la Inmaculada Concepción de María y el 18 de este mes se ha hecho memoria de Santa María de la O y Virgen de la Buena Esperanza.
En el evangelio de San Lucas, Jesús es anunciado a su madre, la Virgen María, mientras que en San Mateo se le comunica al padre, San José. San Lucas, rompiendo los cánones de la época, da el protagonismo a la madre.
El texto si inicia con una introducción que presenta a los personajes y sus circunstancias. Lucas sigue  con una larga sección central estructurada en tres anuncios del ángel y  tres reacciones de María, indicando así una evolución en el proceso espiritual y de fe de María.


Tras el primer anuncio del ángel se produce en Maria una recepción interior(“se preguntaba”);tras una segunda intervención celeste, Maria responde con una objeción razonable(“cómo será eso?”) y, tras el anuncio de la intervención del Espíritu Santo, su aceptación y entrega confiada a los planes de Dios( “hágase en mí según tu palabra”).
María es modelo para todo cristiano LGTBI. Todo cristiano LGTBI, en una sociedad e Iglesia tradicionalmente homófobas, se ha preguntado por su condición afectiva sexual y se ha confrontado vitalmente con Dios. Le ha resultado difícil integrar su fe y su condición sexual viviendo la experiencia de la incomprensión, el rechazo y  la marginación.A pesar de todo, la mayoría, como Maria, han manifestado su fiat a Dios creyendo que Dios iba a revertir la  situación del colectivo  y personal a nivel social y eclesial y que la Iglesia irá descubriendo que las personas LGTBI son un sacramento de la presencia de Dios y un carisma para enriquecer a la Iglesia y el mundo.
El relato termina con una breve conclusión que indica la partida del ángel. El cristiano, tras el auxilio divino, debe recorrer solo y con sus propias fuerzas el camino de maduración de la fe.
!Gracias, María, madre de la nueva Alianza, por  proteger a todas las personas LGTBI y por ser modelo de Iglesia inclusiva!
                                                                             (Padre Ramón Llorente Garcia) 
 
 
Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,26-38):

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. 
El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» 
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. 
El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.» 
Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?» 
El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.» 
María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» 
Y la dejó el ángel.

Palabra del Señor

2017-17-12 "Estad siempre alegres, el Señor está cerca”

El tercer domingo de Adviento se llama domingo “de la alegría “ y señala el paso de la primera parte del Adviento, más austera y penitencial, o una segunda parte centrada en el gozo expectante de la venida del Salvador. El título de este domingo procede de las palabras que se escuchan al inicio de la Eucaristía:” Estad siempre alegres (Gaudete en latín) en el Señor, os lo repito, estad alegres. El Señor está cerca”(Filipenses 4,4-5).

En este domingo la felicidad y la alegría es fruto de la noticia de la llegada de Jesucristo, el Dios con nosotros. De este modo el Evangelio es la persona de Jesucristo y la feliz noticia de la irrupción de Dios en nuestra historia. En este tiempo navideño ponemos nuestra alegría en las vacaciones, fiestas y cenas navideñas, en el intercambio de regalos y en los reencuentros familiares. Esto es bueno y saludable, pero quizás olvidamos o no tenemos tan presente que nuestra alegría procede del nacimiento de Jesucristo que nos trae la salvación, que nos libera del pecado y nos hace crecer como personas. Cómo podemos celebrar estos días la alegría de la llegada de nuestro Mesías? A qué nos compromete?
En este domingo de Gaudete el color litúrgico es el rosa (paño del ambon y casulla).Por su significado y simbolismo este tercer domingo de Adviento podría ser el domingo LGTBI de la Iglesia Católica.El domingo en el que la Iglesia se dedicara a acoger, dar a conocer y ofrecer pistas de integración del colectivo LGTBI en el seno de las comunidades cristianas.
(Padre Ramón Llorente Garcia)
 
Lectura del santo evangelio según san Juan (1,6-8.19-28):

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. 
Y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan, a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?» 
Él confesó sin reservas: «Yo no soy el Mesías.» 
Le preguntaron: «¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?» 
El dijo: «No lo soy.» 
«¿Eres tú el Profeta?» 
Respondió: «No.» 
Y le dijeron: «¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?» 
Él contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: "Allanad el camino del Señor", como dijo el profeta Isaías.»
Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: «Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?» 
Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia.»
Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando.

Palabra del Señor

2018

2018-01-28 "Ser liberados por el Señor significa tomar las riendas de nuestra vida"

Con este evangelio Jesús comienza su ministerio público acompañado de sus discípulos. Este evangelio es el inicio de la descripción de una jornada de Jesús de Nazaret. Este evangelio se divide en tres partes:
1.-La enseñanza de Jesús en la sinagoga de Cafarnaun y la reacción de la gente asombrada de su doctrina.
Frente a los maestros de la ley, Jesús enseña con autoridad. La palabra que se utiliza para hablar de la autoridad de Jesús es exousia, que  significa” de lo que uno es”. La autoridad  proviene de hacerlo desde lo que es uno realmente; hace referencia a la autenticidad. Jesús enseña con la autoridad de hacer lo que dice, es coherente porque une su fe y su vida. Frente a los escribas que se remiten a otros maestros, Jesús enseña con una autoridad propia. Jesús como el Hijo de Dios es la Palabra que ilumina a la persona, que le muestra la verdad y  que le conduce a Dios.
2.-El encuentro de Jesús con el hombre con un espíritu inmundo. Es la parte central y más importante de este evangelio. Jesús da órdenes con autoridad, el decir, hace que obedezca el espíritu inmundo y que salga del hombre poseído. La Palabra de Jesús libera integralmente a la persona , transforma a la persona sanándola desde lo más profundo de su ser, arrancando de raíz todo el mal que la atenazaba.


El espíritu del mundo sabe quién es Jesús, el Santo de Dios.Es la presentación pública de los dos polos: Dios y el demonio. Que el demonio reconozca a Dios es quererse poner a su altura, manifestar su indignación por querer ser extirpado del hombre y dejar claro la tensión entre ambos. Con Jesús ha llegado la soberanía definitiva de Dios y eso pone muy nervioso al Maligno. Lo fundamental de este texto es el comienzo de la victoria de Dios sobre el mal.
3.-La reacción de los presentes ante la curación del hombre con espíritu inmundo y la fama de Jesús que se extiende por Galilea.
La reacción de la gente es de estupor, esto es, ven y observan el poder de Dios sobre el mal y lo que implica ser sanado con el dedo de Dios . Ser liberados por el Señor significa tomar las riendas de nuestra vida, crecer personal y espiritualmente, y comprometernos con la implantación del Reino de Dios. Frente a esto, en muchas ocasiones preferimos el victimismo, el no ser sanados para vivir de la queja, con parálisis y centrados en nosotros mismos.
Que experiencia tengo de ser liberado y sanado por la Palabra de Jesús en mi condición LGTBI? Prefiero el victimismo o vivir mi condición LGTBI en un proceso de crecimiento personal pidiendo  al Señor sanar las heridas de mi condición afectivo-sexual?
(P.Ramòn Llorente Garcia) 
 
Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,21-28):

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos entraron en Cafarnaún, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad.
Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.»
Jesús lo increpó: «Cállate y sal de él.»
El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió. Todos se preguntaron estupefactos: «¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen.»
Su fama se extendió en seguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.

Palabra del Señor
 

2018-02-11 "Las personas LGTBI son vasijas bien hechas por las manos del Alfarero Divino"

El evangelio nos describe la primera actividad de Jesús en Galilea que es la curación de un leproso. La lepra era considerada como uno de los peores males que uno podía sufrir. El leproso era como un muerto viviente, tenía que vivir apartado de la ciudad y era considerado impuro, por lo que nadie podía encontrarse con él; el que se encontraba y tocaba a un leproso se convertía en una persona impura. La curación de un leproso era comparada con la resurrección de un muerto. Además de la lepra ritual, es decir, aquella que hacía que el leproso fuera  tenido por impuro, estaba la lepra moral, que consistía en que se creía  que el leproso había cometido un pecado grave y por eso Dios le había castigado con esta enfermedad. El leproso era un pecador público y estaba estigmatizado.
Desgraciadamente hoy los hombres y mujeres lgtbi siguen siendo tratados en algunos sectores de la sociedad y de la Iglesia como leprosos sociales, como seres impuros, pecadores y enfermos. Lo más grave es la interiorización de esta apreciación negativa que hacen algunos sectores sociales y eclesiales en personas Lgtbi cristianas que lleva a la culpabilización y al autorechazo, a que se consideren ellas mismas leprosos morales.
Lo primero que hay que manifestar es que las personas Lgtbi como creadas por amor a imagen y semejanza de Dios, no están enfermas, son personas muy sanas y dignas en su identidad afectivo sexual; son vasijas bien hechas por las manos del Alfarero Divino.
Jesús, rompiendo las reglas rituales religiosas, acoge, toca y acompaña a los leprosos sociales de su época. Jesús sigue reconociendo, acogiendo, mostrando su amor e invitando al discipulado a hombres y mujeres Lgtbi, aún leprosos invisibles en la Iglesia. Además las personas lgtbi son invitadas, como hace el evangelista San Marcos con el leproso, a ser pregoneros del Evangelio en todas las partes especialmente en medio de su colectivo.
Lo segundo que quiero remarcar es pedir perdón de parte de la Iglesia por las actitudes y manifestaciones eclesiales que han atentado y atentan contra la dignidad de las personas lgtbi y que les causa tanto dolor y sufrimiento. Pedir perdón porque incomprensiblemente algunas diócesis española siguen promoviendo terapias reparadoras a las personas lgtbi con la iniciativa y apoyo de sus obispos.
Lo tercero es felicitar y alentar a las personas lgtbi que luchan y trabajan por la normalización y el reconocimiento de los derechos y la dignidad de las personas lgtbi en la sociedad y sobre todo en la Iglesia. Aunque se va despacio, ya se van viendo frutos de su trabajo en la Iglesia. El encuentro hace unos días de Crishmom con delegados de  la Vicaria de Pastoral  Social  e Innovación de la diócesis de Madrid y la visita y acogida en ese encuentro por parte de Don Carlos Osoro, arzobispo de Madrid es un paso esperanzador e ilusionante. Quiero dar las gracias especialmente al Vicario Episcopal, don José Luis Segovia por su implicación personal en la defensa y reconocimiento eclesial del colectivo lgtbi y por la iniciativa de este encuentro, su cálida acogida y sus palabras de apoyo y aliento.
Las personas lgtbi son personas  sanas y buenas  por su identidad afectivo sexual. Los leprosos y “malos” son aquellos que siguen culpabilizando y estigmatizando al colectivo lgtbi. Espero que ya en esta próxima Cuaresma, abriéndose al Espíritu Santo cambien de actitud, se curen pronto y se conviertan de “leprosos” en misioneros de la  diversidad afectivo sexual dentro y fuera de la Iglesia. Esperemos que den los primeros frutos en Pascua.
(Padre Ramón Llorente Garcia) 
 
Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,40-45):

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme.»
Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio.» 
La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio.
Él lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.»
Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo, se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

Palabra del Señor
 

2018-03-11 "Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna."

El hombre en muchas ocasiones vive la experiencia del exilio, es decir de alejarse voluntariamente de Dios. Cuando el hombre vive apartado de Dios experimenta la tiniebla, la ausencia del amor, la frialdad y el desamparo. En estas circunstancias el hombre siente nostalgia del amor de Dios y descubre la necesidad de volver a encontrar la luz que le guíe al Señor.
Y, cuál es la luz que ilumina al hombre el camino de regreso a Dios? Qué llama calienta el corazón del hombre para sentir el amor misericordioso y el perdón de Dios? La luz es mirar y contemplar a Jesús Crucificado. Con estas palabras hoy el evangelio nos lo dice:”Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna”.
La Cruz es el signo máximo del exilio del amor de los hombres hacia Dios, el lugar donde el odio y la oscuridad se han aliado para matar al Inocente, al Hijo de Dios; el sitio donde se ha querido alejar y expulsar a Dios. Y a la vez la cruz es el sitio donde el amor de Dios se manifiesta en toda su plenitud perdonando de corazón a sus enemigos y ofreciendo la vida eterna a toda la humanidad. En la cruz el perdón y el amor gratuito de Dios es la Luz que nos hace volver hacia Él.
Invito a todo hombre y mujer Lgtbi que mire y contemple a Jesús crucificado y en Él descubrirá el amor desbordante de Dios, su perdón incondicional y su poder sanador que cambia la vida de la persona.Atrévete a mirar a Jesús crucificado y, a pesar de tener el rostro desfigurado, dolorido y ensangrentado, su mirada te atrae porque está llena de ternura, amor y perdón. Su mirada hace que te dé un vuelco el corazón, te sientas sanado, perdonado y descubras nuevamente la necesidad de volver tus ojos a Dios y de emprender el camino de regreso a la casa del Padre.El Crucificado te hará sentir la presencia transformadora  del Espíritu para ser el hombre y la mujer nuevos que Dios quiere de ti. Te sugiero que esta semana dediques un rato a mirar una estampa del Crucificado, un crucifijo y te dejes mirar por El. También estos días puede ser una ocasión para rezar el viacrucis y pedir por todas las personas Lgtbi que viven la experiencia de la cruz de la incomprensión, rechazo, discriminación, tortura y muerte.
(Padre Ramón Llorente Garcia)
 
Lectura del santo evangelio según san Juan (3,14-21):

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.»

Palabra del Señor

2018-04-02 "Los cristianos Lgtbi como discípulos de Jesús están llamados a ser instrumentos de sanación "

El evangelio nos describe una jornada de la vida pública de Jesús en tres escenas:
1.-La curación de la suegra de Pedro. El escenario ha cambiado ya no es la sinagoga sino la casa, lugar profano. Allí también se va a manifestar la soberanía de Dios a través de la sanación de la suegra de Pedro. Que la mujer estuviera postrada en la cama con fiebre significa que estaba grave. Jesús en un gesto típico, la toma de la mano y la levanta. Con este signo Jesús manifiesta que la soberanía de Dios manifestada en la curación de la mujer se produce también en el ámbito profano, en la vida cotidiana. La mujer inmediatamente se pone a servirles. Es la característica propia y fundamental de discípulo: el servicio gratuito y callado.
2.-Un sumario de la actividad de Jesús centrado en sanaciones.  Al anochecer cuando la ley del sábado ya se había terminado y estaba permitido desplazarse, llevan a Jesús a todos los enfermos para que lossane. En esta escena se pasa de la curación individual a otras curaciones en masa.Jesús hace presente el reino de Dios a través de la liberación integral de la persona, incluida su sanación. Es la irrupción de la soberanía de Dios que va venciendo al mal ya en este mundo. Aparece aquí el misterio del enfermo no sanado. Aunque le llevaron todos los enfermos, Jesús curo a muchos pero no a todos. Es el misterio desgarrador de la enfermedad que no es sanada y que tiene que afrontarse desde el abandono y la confianza total en Dios.
3.-El encuentro de Jesús con sus discípulos, su oración matinal y la salida a Galilea. Aparece por primera vez la falta de comprensión de sus discípulos a las palabras de Jesús de que debe anunciar el Evangelio a otras regiones de Galilea mientras que los discípulos quieren retenerle en Cafarnaun. Los discípulos quieren marcar la agenda de Jesús, también los demonios quieren adelantar la identidad de Jesús. En ambos casos es querer atrapar a Jesús, es querer marcarle el camino. Ésa es la gran tentación del discípulo: no dejar que sea el maestro el que marque el camino sino que el discípulo quiere marcar el itinerario y el tiempo del maestro. Jesús siempre va por delante marcando el camino y la hora de su glorificación y reacciona con dureza cuando Pedro quiere trazar su camino. “Apártate de mí  Satanas”, le contesta a Pedro cuando no desea que Jesús afronte la cruz.
Galilea es el escenario de la predicación de Jesús confirmada con signos, en este caso, con curaciones físicas. También vemos en este episodio como Jesús de noche sale para orar en un lugar solitario. Por tanto en Jesús se unen estas tres dimensiones: la oración, la predicación y la misión. Todo discípulo, como Jesús, está llamado a orar para saber la voluntad de Dios sobre él, predicar el Evangelio con palabras y obras y realizar los mismos signos de sanación que hizo el Señor.
Los cristianos Lgtbi como discípulos de Jesús están llamados, desde la experiencia de ser sanados interiormente, a servir a los demás de manera gratuita y en gestos cotidianos. También son invitados a ser pescadores de hombres, es decir, siendo instrumentos de sanación de todas las heridas afectivo sexuales de sus hermanos del colectivo.
Y Jesús llama a los cristianos lgtbi  a que no se encierren en sus pequeñas comunidades cristianas Lgtbi sino que salgan fuera, a la Galilea de los gentiles, y allí anuncien el Evangelio con palabras y con signos.
(Padre Ramón Llorente Garcia) 
 

Lectura del santo evangelio según san Marcos 1,29-39

En aquel tiempo, al salir Jesús y sus discípulos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.

Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron. "Todo el mundo te busca." Él les respondió: "Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido." Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

Palabra del Señor 

2018-04-03 "Dios habita en ti y te hace ser lugar de encuentro de Dios para otras personas"

En el evangelio Jesús critica el abuso en la utilización del templo con fines mercantilistas. Hay una crítica de la fe por parte de Jesús cuando se establece una relación comercial con Dios. Esto sucede cuando se pone una vela, se hace un sacrificio, se visita un lugar santo, se hace una pequeña ofrenda, con la condición de que Dios me otorgue el favor , me quite la dificultad, me sane de la enfermedad y me libere de las cruces de la vida. Si me lo concede soy feliz, pero si el Señor no me da lo que le pido, me enfado con él, dejo de rezar e incluso puedo plantearme dejar de creer en El.
En el texto de San Juan también se diferencia templo de santuario. Templo es el edificio material y el santuario es símbolo del acontecimiento de la muerte de Jesús y de su resurrección. El cuerpo de Jesús, primero muerto y luego resucitado de entre los muertos es el verdadero templo, la casa de oración para todos los pueblos.
San Pablo nos recuerda también que somos templo de Dios y que le Espíritu Santo habita en nosotros. Cada persona es un templo del Espíritu Santo. Como hombre o mujer lgtbi, eres consciente que eres templo del Espíritu Santo, que Dios habita en ti y que te hace ser lugar de encuentro  de Dios para otras personas? Es un gran regalo de Dios, por el que hay que darle gracias. Y a la vez es una gran responsabilidad: Dios quiere que a través de nuestro templo, que es toda nuestra persona, los demás se encuentren y oren con El.
Cómo está tu persona como templo espiritual? Hago de mi templo un lugar de mercadeo con Dios? Cómo puedo crecer para que todo mi ser incluido mi cuerpo sea templo del Espíritu Santo?Es mi templo personal un lugar dedicado a la oración, alabanza de Dios, lugar de acogida y de caridad con el prójimo?
Ven, Espíritu Santo y haz de todo mi ser, también de mi corporalidad, un templo dedicado a Dios y santuario de  amor hacia los demás!
(Padre Ramóm Llorente Garcia)
 

Lectura del santo evangelio según san Juan 2,13-25

Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: "Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre." Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: "El celo de tu casa me devora." Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: "¿Qué signos nos muestras para obrar así?" Jesús contestó: "Destruid este templo, y en tres días lo levantaré." Los judíos replicaron: "Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?" Pero hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.
Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.

Palabra del Señor 

2018-07-01 "El Bautismo del Señor"

Celebramos este domingo la fiesta del bautismo de Jesús. En el evangelio de San Marcos el bautismo de Jesús es la pieza central de su prólogo teológico enmarcado entre el anuncio de Juan el Bautista y las tentaciones en el desierto. El bautismo de Jesús tiene tres escenas:
La primera escena es el hecho de que Jesús sea bautizado por Juan en el Jordán. Aquel que no cometió pecado se puso en la fila de los pecadores y se deja tratar como pecador para cargar sobre sus hombros el peso de la culpa de la humanidad, también de la culpa de cada uno de los hombres y, por tanto,  de cada una de nuestras culpas . Como señaló un poco más adelante Juan Bautista a sus discípulos :  “Ese es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.”También  el bautismo fue por parte de Jesús un gesto de humildad, su deseo de asumir plenamente la condición humana.Jesús también asumió y dignificó la condición LGTBI y, como consecuencia,le llama a cada persona LGTBI a su realización personal teniendo a Jesús como modelo de ser persona.
La segunda escena es la venida del Espíritu Santo sobre Jesús. Jesús es ungido no con óleo  como los reyes y sumos sacerdotes de Israel sino que es ungido con Espíritu Santo. Jesucristo viene a bautizar con Espíritu Santo para dar vida abundante, plena, eterna; vida que libera, sana y resucita; vida que invita a cada hombre a llevar a cabo el proyecto que Dios había diseñado sobre él.Bautizada en el Espíritu, toda persona LGTBI está llamada a desarrollar el proyecto que Dios ha pensado sobre él desde su condición afectiva y sexual.Todo bautizado LGTBI obtiene como don divino un sello espiritual indeleble que le marca interiormente para siempre como perteneciente a Jesucristo y como miembro vivo de su Iglesia.
En la tercera escena el Padre declara que Jesús, el Mesías, es su Hijo amado y manifiesta a la Humanidad la comunión perfecta que le une al Hijo. La obediencia del Hijo a la voluntad del Padre a lo largo de toda su vida  es la expresión de amor tan grande que le une al Padre. En el bautismo toda persona LGTBI es reconocida como hijo amado del Padre. El seguimiento  a Jesucristo de toda persona LGTBI  es la  mejor respuesta filial a la llamada amorosa al Padre. El Padre te dice a ti personalmente:” Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco “, es decir ,” estoy orgulloso de que seas mi hijo amado y se lo quiero decir a todo el mundo”.
(Padre Ramón Llorente Garcia) 

Evangelio según san Marcos (1,7-11)

En aquel tiempo, proclamaba Juan: «Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.» Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto.»         Palabra del Señor

 

2018-14-01 "El discípulo LGTBI está llamado a ser apóstol en la diversidad afectivo-sexual."

En el Evangelio según San Juan tras el prólogo inicial se describe una semana de la actividad de Jesús.El evangelio de este domingo nos narra el tercer día de la semana centrado en el comienzo del discipulado con Jesús. El evangelio tiene tres partes:
1.La presentación de Juan a Jesús y la transición de los discípulos de Juan a Jesús: Juan  presenta a Jesús como el Cordero de Dios inmolado en la cruz que Victorioso de pie abre el libro de la vida como nos recuerda el Apocalipsis:”Eres digno de recibir el libro y romper sus sellos porque has sido degollado y con tu sangre has adquirido para Dios hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación y los has constituido en reino para nuestro Dios y en sacerdotes que reinará sobre la tierra” (5,9). Juan indica a sus discípulos que sigan a Jesús, que no es el Mesías Poderoso y Espectacular sino  el Cordero degollado y sufriente.
2. El encuentro y diálogo de Jesús con los discípulos de Juan:El discípulo es aquel que escucha la palabra de Dios y busca la luz de la verdad, el agua viva, la felicidad plena.El discípulo es el que tiene actitud de  querer aprender continuamente, de estar dispuesto a cambiar de actitud, de abrir nuevos horizontes, de buscar caminos de compromiso y de evangelización.  El discípulo es aquel que cada día se deja enseñar por Jesús.Dejando a Juan, los discípulos siguen a Jesús, que es el Camino, la Verdad y la Vida (cf. Juan 14,6). Jesús ante la búsqueda de los discípulos y la pregunta de dónde vive les invita a entrar en su intimidad, formar parte de su familia e iniciarse en la escuela del discipulado de Jesús: “venid y veréis”. Estás dispuesto a entrar en el discipulado de Jesús, conocerle personalmente,profundizar en la fe, implicarte más en el proyecto de Jesús  y formar parte del grupo de discípulos ? Se necesitan discípulos LGTBI que opten por entrar en el discipulado de Jesús, que vivan su estilo de vida, que conozcan su mensaje y que se vayan pareciendo cada vez más al mismo Jesús. 
El discípulo también es el que permanece con Jesús.  El discípulo permanece unido a su palabra, en su amor y a la propia persona de Jesús:” permaneced unidos a mí, como yo lo estoy a vosotros. El que permanece unido a mí, como yo lo estoy unido a él, produce mucho fruto”(Juan 15,5).
3. Andres lleva a Simón donde Jesús: El discípulo que ha entrado en un proceso de discipulado y conoce más profundamente a Jesús se convierte a su vez en apóstol. Andrés es un discípulo misionero que lleva a Pedro a conocer a Jesús para que se convierta a su vez, a través del discipulado,  en discípulo misionero. El discípulo LGTBI está llamado a ser apóstol  en la diversidad afectivo-sexual. Simón  es llamado a una misión especial: ser piedra (Pedro)de la iglesia.  El discípulo LGTBI  debe estar bien formado y debe ser la piedra que señale y conduzca a las personas LGTBI a la Iglesia.
(Padre Ramòn Llorente Garcia)
 
Lectura del santo evangelio según san Juan (1,35-42):

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Éste es el Cordero de Dios.» 
Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. 
Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscáis?» 
Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?» 
Él les dijo: «Venid y lo veréis.» 
Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).»
Y lo llevó a Jesús. 
Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).»

Palabra del Señor

2018-18-02 "Jesús tentado en el desierto"

El evangelio del primer domingo de cuaresma tiene dos partes: la tentación de Jesús en el desierto y el comienzo de la predicación de Jesús en Galilea. Me voy a fijar solo en la primera parte: la tentación en el desierto.
Jesús ha recibido en el bautismo el Espíritu que ahora le empuja al desierto, lugar de duras pruebas, de tentación de Satanäs, y a la vez ,lugar del encuentro con Dios. Jesús estuvo 40 días en el desierto evocando los 40 años de Israel por el desierto hasta entrar en la tierra prometida. Cuarenta años era el tiempo de una generación en la época de Jesús. Esto significa que Jesús fue tentado por el Maligno a lo largo de toda su vida. Antes de iniciar su ministerio público, Jesús es tentado por el Demonio en su función mesiánica.  
En el Evangelio según San Marcos el desierto es una reconstrucción del paraíso original. Jesús es acompañado y vive en armonía con las fieras salvajes. Los ángeles le sirven y le administran alimentos. En este contexto Jesús, como Adán, es tentado por Satanas.
Jesús fue tentado a que actuara como Mesías con el poder de Hijo de Dios, es decir, en su naturaleza divina sin desarrollar su condición humana. Si como Dios, Jesús podía saciar el hambre de la humanidad, si con hechos super espectaculares podía mostrarse como Dios y la gente al verlos  se le rendirá y se postrará a sus pies, para que iba a perder el tiempo eligiendo a unos discípulos instruyéndoles poco a poco, haciendo pequeños signos que podían ser mal interpretados y para que se iba a enfrentar a las autoridades judías que podían acabar con Él sin demostrar claramente quién era. 
Nosotros en el paraíso de nuestra vida somos también tentados. El  Demonio nos dice que somos un objeto más de la creación, que no somos sujetos interlocutores de Dios , que no somos creados por amor y llamados a un proyecto especial. Dios nos creó y se ha olvidado de nosotros. Dios mira  impasible el sufrimiento humano. Por eso Satanas dice al hombre que viva la existencia como una pieza más del engranaje de la creación y, como consecuencia, le invita a que no se complique la vida sacando lo mejor de sí. Le dice: disfruta, consume, mira solo para ti, se competitivo. sube pisando al de al lado, no intentes cambiar el mundo, se insensible al dolor y necesidades ajenas, cultiva tu cuerpo y mente para tu satisfacción personal, y exprime tu vida aquí y ahora al máximo porque no hay nada más; cuando mueras a lo sumo, serás una pieza reemplazada por otra. Es la versión postmoderna del“ carpe diem”.
Jesús venció la tentación y encarnó la figura de Mesías que, sin dejar de ser Dios, asumiendo  las dificultades limitaciones ,contrariedades y sufrimientos de la condición humana.
Esto le llevó a ser un mesías sufriente, crucificado. Pero justamente Jesús, el Verbo de Dios, que asumió la condición humana hasta sus últimas consecuencias incluida la muerte en cruz, no salvó desde dentro de nuestra propia naturaleza humana. Por ello San Marcos le considera a Jesús como nuevo Adán que ha superado la tentación y nos abre el tiempo escatologico que describe Isaías con la paz mesiánica de la armonía de animales enfrentados y que en este evangelio se describe con la convivencia de Jesús con las fieras salvajes. 
Porque Jesús venció la tentación y nos ha salvado, nos da la seguridad de que podemos con Él vencer la tentación, que somos también hijos de Dios, un Tu con el que Dios se relaciona de igual a igual,que estamos llamados q ser cocreadores y colaboradores de su Reino y que respondemos a un proyecto que tiene como meta el cielo nuevo y la tierra nueva donde habite la paz y la justicia.
La versión original de Horacio “carpe diem” no es vivir el presente olvidando el futuro sino vivir sacando lo mejor de uno mismo para ofrecerlo a los demás. Vive el carpe diem poniendo todos tus talentos al servicio del Reino de Dios Así responderás al plan de Dios venciendo la tentación de una vida plana y sin horizonte.
Cuáles son los mayores tentaciones  que tienes como persona lgtbi?  Cómo te influye el carpe diem del ambiente lgtbi?Cómo puedes vencer estas tentaciones sacando lo mejor de ti mismo para ser partícipe de la construcción del Reino de Dios?
(Padre Ramóm Llorente Garcia) 
 
Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,12-15):

En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. 
Decía: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.»

Palabra del Señor
 
 
 

2018-21-01 "Eres consciente de que el “aquí y ahora” es el tiempo que se te ofrece para optar por Jesucristo?"

Con el evangelio de hoy comienza la misión de Jesús en Galilea, que ocupa toda la primera parte del Evangelio según San Marcos. El evangelista empieza narrando que Juan Bautista ha sido encarcelado, para que no se olvide que también Jesús será encarcelado, sufrirá calamidades y tormentos, y será ajusticiado por la salvación de todos los hombres.
El texto tiene dos partes: una, la primera proclamación de Jesús. En esta primera parte hay cuatro afirmaciones fundamentales: 
1.-Ha llegado el momento clave de la historia, con Jesús irrumpe el momento definitivo de la revelación de Dios. Se nos pide que descubramos que hoy es el tiempo culminante de nuestra vida.  Es el momento oportuno para decidir y optar por la persona de Jesús y su proyecto.Eres consciente de que el “aquí y ahora” es el tiempo que se te ofrece para optar por Jesucristo?
2.-Está cerca el Reino  de Dios. Con Juan el Bautista se termina el tiempo de la promesa, el tiempo de los profetas que anuncian la llegada del reino de Dios. Con Jesús llega el reino de Dios; en Jesús ,Dios reina en la vida humana y en nuestra historia. Creer en Jesús significa aceptar que Dios reine en nuestra vida y luchar por la implantación del reino de Dios en el mundo. Pero el reino de Dios es un don de Dios, por eso todos los días en el padrenuestro repetimos: venga a nosotros tu reino. Dejas que Dios reine y gobierne tu vida? Das gracias a Dios porque te ofrece participar de su reino y te invita a construirlo con el?
3.-Convertíos. La experiencia de ser hijo amado partícipe del reino del Padre debe llevarte a la conversión, es decir, al cambio de actitudes,  el modo de pensar y actuar; apostar por unas opciones, fijar unas prioridades y desarrollar unos compromisos. Solo el que ha experimentado el amor De Dios y el que ha sentido la misericordia de Dios, siente la necesidad de convertirse. Sientes la necesidad de la relación personal y amorosa con Dios que te lleve a transformar tu vida, a crecer como persona y a ser colaborador en la construcción de su Reino?
4.-Creed en el Evangelio. El que opta por la persona de Jesucristo, el que deja que Dios reine en su vida y descubre como Dios la va transformando, experimenta la alegría de creer en el Evangelio, la buena noticia de Dios.Es el Evangelio, la Palabra de Dios, la fuente de tu alegría?
Después de que Jesús anuncia el contenido de su mensaje evangélico, llama a un grupo de discípulos para formarles y para que sean también los mensajeros del Evangelio. Es la segunda parte del Evangelio de hoy. Aquí llama a dos pares de hermanos, para  que dejándolo todo, vaya detrás de Él , esto es, vivan con él y le sigan incondicionalmente. Les mantiene el oficio, pero con diferentes destinatarios: ser pescadores de hombres utilizando  las habilidades y  los talentos que han recibido como pescadores. Jesús cuando llama a  alguien le hace fructificar sus talentos al servicio de la evangelización. Jesús saca lo mejor de cada persona, le hace ser más. La persona LGTBI que cree en Jesús y sigue su llamada descubre que el Señor le capacita para que desarrolle todos los talentos y  las habilidades como persona LGTBI y para que los use para  la evangelización del mundo LGTBI. Es motivo de acción de gracias al Padre que Jesús llame y potencie por el Espíritu Santo el carisma de ser LGTBI.
                                                                                        (Padre Ramón Llorente Garcia) 
 
Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,21-28):

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos entraron en Cafarnaún, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad.
Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.»
Jesús lo increpó: «Cállate y sal de él.»
El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió. Todos se preguntaron estupefactos: «¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen.»
Su fama se extendió en seguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.

Palabra del Señor
 

2018-28-02 " Este es mi Hijo amado; escuchadlo".

Este domingo el evangelio nos narra la experiencia de la transfiguración de Jesús delante de sus discípulos más íntimos. Van camino de Jerusalén donde  tendrá lugar la pasión y muerte de Jesús y su Resurrección de los muertos.  Y Jesús quiere fortalecer la fe de sus discípulos para afrontar la experiencia dura de la persecución y muerte que con mucha probabilidad le pasara a Él y al círculo más cercanos de discípulos.
Con la transfiguración Jesús les muestra su origen divino y el Padre  lo ratifica con una invitación a escuchar el anuncio de la pasión del Hijo y creer las palabras que Jesús les dice. Aquí escuchar es sinónimo de creer y poner la confianza en El.
Pero, qué tienen que escuchar y creer los discípulos de Jesús?  Tienen que creer, fiarse y acompañar a Jesús en su camino de cruz que les ha anunciado antes de subir a Jerusalén. Jesús les anuncia su pasión y muerte y su deseo de que le acompañen, a lo que ellos se resiste. El Padre les pide a los discípulos que confíen en el Hijo y que le sigan incondicionalmente en el camino hacia su destino trágico. Ya no se pueden apoyar en sus signos, sus milagros, sus curaciones y palabras de vida. Ahora tienen que seguir al Cordero degollado, al que no usa su poder para librarse de la Cruz, al que casi no abrió la boca ni se resistió. Es seguir a un Crucificado y ser crucificados con El. Y seguir a un fracasado y poner solamente la esperanza en la promesa de un Dios fiel que no fallará.
Has tenido experiencias de transfiguración en tu vida relacionadas con tu afectividad lgtbi?
Estás dispuesto acompañar a Jesús hacia Jerusalén con una posibilidad de sufrir su mismo destino de muerte con la esperanza de que Dios es fiel y te resucitará con el?
Que el Señor nos fortalezca con experiencias de su presencia luminosa en nuestra vida para que nos ayude a asumir las cruces de cada día.
Que el Señor nos fortalezca la fe para estar dispuestos a subir detrás de Él a Jerusalén con nuestras cruces con la única seguridad de fiarnos totalmente de su palabra que nos promete resucitar con Él. 
(Padre Ramón Llorente Garcia)
 

Lectura del santo evangelio según san Marcos (9,2-10):

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.
Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»
Estaban asustados, y no sabía lo que decía.
Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: «Este es mi Hijo amado; escuchadlo.»
De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»
Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».

Palabra del Señor

2019

2019-01-01 “María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”

La liturgia del día de hoy, octava de la Natividad y comienzo del año, está dedicada a la maternidad de María, día que coincide, según el evangelio, con la circuncisión y la imposición del nombre de Jesús. Lucas es el evangelista que más destaca los gestos y actitudes de la Virgen María. En Belén y en el encuentro de los pastores con Jesús, María guardó y meditó aquella experiencia sencilla y profunda. María es la oyente de la Palabra. Siempre a la escucha de la Palabra, poniéndose a disposición del plan de Dios en su vida. María es la que escucha a Dios en los acontecimientos de la vida. Y María también es la oferente de la Palabra.En la circuncisión del Niño y al ponerle el nombre Jesús (Dios salva), María se desprende y ofrece a su hijo para la humanidad. Los hombres, al igual que hace más de dos mil años, siguen necesitando de Cristo. Pero pocos le reciben y le aceptan, porque se olvidan de la actitud que enseñan María y los pastores. 

El Evangelio nos dice que los pastores, después de escuchar el mensaje del ángel, “fueron a toda prisa”. Y es precisamente esto lo que necesitamos: ponernos en marcha. Para encontrar a Jesús hay que decidirse a dejar los “rebaños” del egoísmo, de la comodidad, la indiferencia, la insolidaridad; pues no existe un Jesús a nuestra medida, sino el único que encontraron los pastorcillos: “un niño envuelto en pañales recostado en un pesebre”. Para llegar a ver a Jesús hace falta ser humildes, porque el pesebre está en el suelo y exige inclinarse. María nos enseña que para llegar a Cristo hace falta también la oración. Ella “guardaba todas las cosas y las meditaba en su corazón”.

Desde todos los rincones de la tierra, los creyentes elevan hoy, Jornada por la Paz, la oración para pedir al Señor el don de la paz y la capacidad de llevarla a cada lugar. En este primer día del año, oremos todos para que caminemos con más firmeza por las sendas de la justicia y de la paz. Y comencemos en casa. Paz en casa, entre nosotros. Se comienza en casa y luego se sigue adelante, a toda la humanidad. Pero debemos comenzar con las personas próximas. La paz, en efecto, requiere la fuerza de la mansedumbre, la fuerza no violenta de la verdad y el amor. Comencemos el año como María, con paz, con disposición hacia Dios, con oración. Feliz año 2019.

Ricardo Rodríguez Villalba, pbro.

 

Evangelio según san Lucas (2,16-21)
En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo hacia Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño.
Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.
Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

 

2019-01-06 “Los magos, al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría”

Solemnidad de la Epifania del Señor 

Epifanía quiere decir manifestación de Dios en derredor. Qué emoción nos provoca ver a los niños cuando contemplan la cabalgata de Reyes. Este día es un día de regalos e ilusión, lo cual está muy bien; pero esta fiesta, ante todo, tiene otro significado. “Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo”, dicen los magos, personajes en busca de Dios. La conducta de los magos, esto es, divisar la estrella y ponerse en camino, fue todo uno. Los magos no dudaron en seguir la estrella, porque su fe era sólida, firme; no titubearon frente a la fatiga del largo viaje, porque su corazón era generoso. Son los que vienen de lejos y buscan, preguntan y se asombran. La visión de un niño pobre los sorprende, pero una vez que se han asombrado, la alegría cambia sus vidas y ya no regresan por el mismo camino.

 

Epifanía quiere decir también reconocimiento y adoración a Jesús por todos los pueblos, que desde ahora se unen en un solo Pueblo de Dios, la Iglesia. Jesús ha venido no sólo para la salvación de Israel, sino para la de todos los hombres de cualquier raza o nación y condición, porque todos son hijos de Dios.

 

El camino de la Epifanía, descubrir el amor y manifestarlo, se muestra ahora como el camino verdadero. Epifanía es descubrir toda la bondad y la belleza de Dios donde no lo esperábamos: en la intemperie y el suelo del pesebre, en lo pequeño, y tocados por una nueva luz que alumbra esta vulnerabilidad, humildad y pobreza, llevar a Dios a los demás por un camino nuevo, un camino que ha de ser necesariamente de alegría, porque hemos visto a Dios.

                                                                     

                                                                     Ricardo Rodríguez Villalba, pbro.

 

Evangelio según san Mateo (2,1-12)    

Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: «¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.»  Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los  sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el  Mesías. Ellos le contestaron: «En Belén de Judea, porque está escrito en el profeta: "Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel."»  Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: «Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.»  Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que  habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus  cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo para que no volvieran a Herodes, se  marcharon a su tierra por otro camino. 

2019-01-12 “Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego”

EL BAUTISMO DEL SEÑOR.

Cerramos el tiempo de Navidad celebrando el Bautismo del Señor.

La página del Evangelio presenta a Jesús siendo bautizado por Juan en el río Jordán. Después de los relatos de la infancia y como preparación a la actividad pública de Jesús, con el bautismo del Señor, san Lucas narra los acontecimientos que se refieren al inicio de la actividad de Jesús propiamente dicha.

Antes de la aparición de Jesús, acudían gentes de toda la región a recibir el bautismo de Juan. De esta manera, escuchaban su predicación y, tras someterse a este rito de purificación, se disponían a acoger el Reino de Dios, que estaba a punto de llegar.

Antes, Juan era quien preparaba a todos para recibir con el bautismo de conversión el perdón de Dios. Pero ahora, el centro de la historia es Jesús, es Él quien da comienzo al tiempo de salvación que se prolongará en el tiempo de la Iglesia. El primer acto de la vida pública de Jesús consiste en una inmersión, mediante la cual nos muestra que ha venido a sumergirse en nuestra realidad para hacernos participar de la suya. No sólo se encarna en medio de nosotros; nace y crece, como cualquiera de nosotros; y sin tener pecado alguno, quiso ser contado entre los pecadores. Lo que Jesús estaba haciendo era anticipar con su bautismo de penitencia, la misericordia que más adelante ejercería con los pecadores y preparando el momento del final de su vida con su muerte en la cruz. El sentido del bautismo de Cristo va más allá de la solidaridad con el hombre, dañado por el mal. Con esta acción, el Señor revelará, ante todo, que ha sido enviado por Dios para salvar al mundo. Así pues, al salir Jesús del agua «se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios descendía». Una voz de los cielos decía: «Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco». Estamos, pues, ante una nueva manifestación de Cristo, la de la dignidad de Jesús, ungido por el Espíritu.

El bautismo de Jesús que nosotros recibimos implica un cambio en el propio modo de ver las relaciones con Dios. Cambiar de vida significa practicar la fraternidad y la justicia según las enseñanzas de los profetas. Nosotros estamos llamados en virtud de nuestro bautismo, de fuego y Espíritu Santo como el del Señor, a continuar la misión de Jesús en el mundo actual.

Ricardo Rodríguez Villalba, pbro.

 

Lectura del santo Evangelio según san Lucas (Lc 3, 15-16 . 21-22)

En aquel tiempo, el pueblo estaba expectante y todos se preguntaban si Juan no sería el Mesías; Juan dijo a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego»En un bautismo de todo el pueblo, Jesús también se bautizó. Y mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma; y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto».

 

2019-01-20 “Haced lo que Él os diga”

Segundo domingo del T.O. 

Después de la adoración de los magos en Belén y de su bautismo en el río Jordán, el evangelio de san Juan nos sitúa ante la tercera epifanía o manifestación pública del poder de Jesús, con la prodigiosa conversión del agua en vino. 

Las bodas de Caná son la manifestación del amor esponsal de Dios con su pueblo, simbolizado en el vino de la Alianza. Y por Cristo se lleva a cabo el vino nuevo de la Nueva Alianza.

Pero con este escenario de la Nueva Alianza, y junto con Jesús, contemplamos a su madre María y su sensibilidad para descubrir las necesidades de los invitados, y su libertad de corazón para actuar, aunque “aún no ha llegado su hora”. María nos hace reflexionar acerca de las posibilidades de nuestras tinajas y esperar lo que Jesús puede transformar en ellas si se le deja actuar. Una transformación siempre posible cuando acogemos las palabras de Jesús sobre el agua rutinaria de nuestras vidas y le esperamos con asombro. Cuando Jesús ofrece el mejor vino, quiere decir que su mensaje es una fiesta, y a nosotros nos pide no retenerlo sino repartirlo, hacernos solidarios con las necesidades de los hombres y mujeres de nuestro tiempo y reconocerles partícipes de esta fiesta.

Las bodas de Caná es el lugar donde María acompañará a su hijo en el inicio de su vida pública y donde nosotros aprendemos de ella. María nos indica una mirada transformadora sobre el potencial que esconde cada persona y nos invita a hacer lo que Jesús nos dice, pues sabe por experiencia que Dios da en abundancia, que Jesús da siempre más. El signo del mesianismo de Jesús es la abundancia de bienes y, por consiguiente, de gracia. Este evangelio nos demuestra que el reino de Jesús ha comenzado y que éstos son sus signos poderosos. ¿Ellos nos bastan para creer en Jesús como lo hicieron los discípulos?

Ricardo Rodríguez Villalba, pbro.

Evangelio según Juan (Jn 2, 1-11) 

Al tercer día se celebró una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús se encontraba allí. También habían sido invitados a la boda Jesús y sus discípulos. Cuando el vino se acabó, la madre de Jesús le dijo: —Ya no tienen vino. —Mujer, ¿eso qué tiene que ver conmigo? —respondió Jesús—.  Todavía no ha llegado mi hora. Su madre dijo a los sirvientes:  —Haced lo que Él os diga. Había allí seis tinajas de piedra, de las que usan los judíos en sus ceremonias de purificación. En cada una cabían unos cien litros. Jesús dijo a los sirvientes:  -Llenad de agua las tinajas. Y los sirvientes las llenaron hasta el borde.—Ahora sacad un poco y llevadlo al mayordomo—les dijo Jesús. Así lo hicieron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde había salido, aunque sí lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua. Entonces el mayordomo llamó aparte al novio y le dijo: —Todos sirven primero el mejor vino y, cuando los invitados ya han bebido mucho, entonces sirven el más barato; pero tú has guardado el mejor vino hasta ahora. Ésta es la primera de sus señales, la hizo Jesús en Caná de Galilea. Así reveló su gloria, y sus discípulos creyeron en él.

 

2019-01-27 “Hoy se ha cumplido esta Escritura”

TERCER DOMINGO DEL T.O.

Lucas nos introduce hoy su evangelio corroborando la solidez y veracidad de la enseñanza recibida por Teófilo y con la finalidad de confirmar a sus lectores en la fe.

Después de la manifestación del poder de Jesús en su bautismo y en las bodas de Caná, el inicio de su vida pública nos presenta a Jesús en Galilea con la escena de la sinagoga de Nazaret. El discurso de Jesús nos dice que Él es el Mesías esperado para anunciar la Buena Noticia.

El anuncio de la Buena Noticia impregnará todo el evangelio lucano. La Buena Noticia es la visita que Dios hace al pueblo. Y la Buena Noticia a los pobres hay que entenderla en paralelo a devolver la libertad a los cautivos, restablecer la vista a los ciegos, poner en libertad a los oprimidos y predicar un año de gracia.

El año de gracia del Señor evoca el  anuncio del Jubileo (Lev 25, 8-22) previsto cada 49 años, con el perdón de las deudas, la devolución de propiedades y la liberación de esclavos. Por ello el evangelio de Lucas es el evangelio social por antonomasia. Sin embargo, habría que entenderlo como el cumplimiento definitivo de la voluntad de Dios, esto es, la salvación por el perdón de los pecados.

Antes de comenzar a narrar la actividad de Jesús, Lucas quiere dejar muy claro a sus lectores cuál es la pasión que impulsa al Profeta de Galilea y cuál es la meta de toda su actuación. La frase “hoy se ha cumplido” se refiere a la presencia de Jesús, pero la evocación sirve para hacerla vital en la Iglesia en el momento presente.

Las palabras de Jesús comunican liberación, esperanza, luz y gracia a los pobres y cautivos. El Espíritu de Dios está en Jesús orientando toda su vida hacia los más necesitados y oprimidos, para restablecer su dignidad de hijos queridos por Dios. Los cristianos deben seguir el Espíritu de Dios que empuja a Jesús, pues seguirlo es precisamente caminar en su misma dirección. Esta es la orientación que Dios, encarnado en Jesús, quiere imprimir a la historia humana. ¿Estamos caminando en la misma dirección que Jesús? ¿Hemos iniciado el año deseando que sea un año diferente, un “año de gracia”, en que seamos conscientes qué cosas hay que liberar dentro y fuera de nosotros?

 

Ricardo Rodríguez Villalba, pbro.

 

Del santo Evangelio según san Lucas (Lc 1, 1-4. 4, 14-21)
Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra, me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh ilustre Teófilo, para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido (…) Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor. Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos. Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de sábado entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres, a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos, a predicar el año de gracia del Señor. Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír. 

2019-02-06 “Después que Jesús fue llevado al cielo, los discípulos se volvieron a Jerusalén con gran alegría”

Domingo de la Ascensión del Señor

Hoy celebramos la fiesta de la Ascensión del Señor. Nos acercamos al fin del tiempo pascual, que se inició con la Resurrección del Señor. Su Ascensión es una misma realidad con su Resurrección: Jesús, una vez resucitado, vive ya en su glorificación y, al concluir su misión en la tierra, es llevado al cielo.

El evangelio de hoy nos describe su partida y nos deja el último mensaje de Jesús a los discípulos: proclamar el perdón de los pecados a todos los pueblos. Es decir, extender la Buena Noticia a todos los hombres y mujeres.

Jesús deja esa tarea, ser testigos de su Evangelio, en manos de los discípulos. Y para que tengan la audacia de continuar su obra, les ha dicho: “sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin de los tiempos”, y les ha prometido el envío del Espíritu Santo, que les fortificará para ser sus testigos “hasta los confines del mundo”.

Esta misión la encomienda a unos seguidores todavía vacilantes (cfr. Mt 28, 17), pero Jesús se va con la confianza puesta en sus discípulos, a los que bendice. Los discípulos tienen que aceptar esta separación: no se pueden quedar mirando al cielo (cf. Hch 1, 11); al contrario, frente a esa tentación de pasividad, comienzan seguros su andadura, con la bendición del Jesús cercano y lleno de amor que curaba a los enfermos y perdonaba a los pecadores, gestos de sanación y reconciliación que los discípulos extenderán como testimonio del envío al volver a Jerusalén. Además, para ayudarles en su limitación y debilidad, Jesús les dejará la impronta de su Espíritu.

La ausencia de Jesús hará crecer su madurez. Será Él quien, en su ausencia, promoverá el desarrollo adulto de sus discípulos. Es bueno recordarlo hoy, cuando se extienden entre nosotros el miedo a los retos, la tentación del inmovilismo, la añoranza por un cristianismo pensado para otros tiempos, o por el contrario, un cristianismo sólo experimentado desde la subjetividad. A lo largo de la historia los cristianos hemos caído más de una vez en la tentación de vivir el seguimiento de Jesús de manera cómoda, infantil y sin desafíos.

La fiesta de la Ascensión del Señor nos recuerda que, terminada la misión del Jesús histórico y temporal, en adelante vivimos el tiempo del Espíritu, tiempo nuevo, tiempo de crecimiento responsable. Porque Cristo, por medio de su Espíritu, está con nosotros según su promesa: “yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20). Su Ascensión inaugura una nueva forma de presencia suya más intensa y más eficaz que su presencia física: ya no está junto con sus discípulos, ahora está en sus discípulos, dentro de ellos, dentro de nosotros.

La Ascensión es un gran signo de esperanza para los que confían totalmente en Cristo, con la seguridad de que quienes creen en Él están llamados a compartir no sólo su misión sino también su vida y su gloria. Jesús completó su trayectoria de misión, vida y glorificación, y nos lleva con Él, para que también podamos recorrerla de su mano, puesta la mirada en Dios, del que venimos y hacia el que volveremos.

Este itinerario comenzó el día de nuestro bautismo, cuando se nos confió la tarea de ser como Jesús, acompañados con la fuerza que nos viene de lo alto, y mirando, no ensimismados “hacia arriba”, sino “hacia abajo”, comprometidos con el mundo.

Por eso, ninguna realidad del mundo creado por Dios, y, sobre todo, ni un solo ápice de la humanidad, pueden sernos indiferentes, pues creemos en la glorificación de Jesús como primer acontecimiento que da inicio a la transformación/glorificación de la humanidad. Y es responsabilidad de los creyentes colaborar en esta tarea.

Estamos en las manos del Espíritu, no tengamos miedo, vayamos con alegría. La ausencia de Jesús en su Ascensión no es tal ausencia, es en realidad un paso que hace trascender nuestras vidas con Él y hacia Él, superando todos los límites materiales (como acontece en los sacramentos y, en especial, en la Eucaristía) y que nos transforma y nos devuelve a la realidad transformada. El Espíritu dará luz y aliento para ir buscando caminos siempre nuevos y recrear hoy su presencia. Así nos conducirá hacia la verdad plena de Jesús.

 

                                                                  Ricardo Rodríguez Villalba, pbro.

 

Evangelio según san Lucas (24, 46-53)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto. Mirad, yo voy a enviar sobre vosotros la promesa de mi Padre; vosotros, por vuestra parte, quedaos en la ciudad hasta que os revistáis de la fuerza que viene de lo alto». Y los sacó hasta cerca de Betania y, levantando sus manos, los bendijo. Y mientras los bendecía, se separó de ellos, y fue llevado hacia el cielo. Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.

 

 

2019-02-10 “Por tu palabra, echaré las redes”

Este evangelio del episodio de la barca con el resultado de la pesca milagrosa nos abre a comprender la vocación de Simón Pedro y de los primeros discípulos. En los relatos anteriores, sólo Jesús anunciaba la Buena Nueva del Reino. Ahora otras personas van siendo llamadas e implicadas en la misión, pero una misión que no es obra de los hombres, sino de Dios, porque es Dios quien tiene la iniciativa.

Simón Pedro es el ejemplo del discípulo que necesita fiarse. Tras su desconfianza primero por la pesca frustrada y, después, tras confiar en la Palabra de Jesús que le indica echar las redes, siente la experiencia de la limitación propia y conciencia de su debilidad ante la misión: "¡Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador!".

Confiando en la Palabra del Señor. Simón Pedro experimenta que la Palabra de Jesús es la Palabra de Dios. Aquellos pescadores sintieron la experiencia de la fuerza de Dios, cobraron valor y confianza en Jesús. Simón Pedro y sus compañeros sintieron miedo y desconfianza y, al mismo tiempo, se sintieron poderosamente atraídos por su persona.

Dios es un misterio fascinante: da miedo y, al mismo tiempo, atrae. Pero Jesús aleja el miedo: "¡No tengas miedo!" Llama a Simón Pedro y le compromete en la misión, mandando que sea pescador de hombres. Tras confirmar a Simón Pedro en su vocación, "¡serás pescador de hombres!", los demás discípulos, "dejándolo todo, le siguieron".

Bogar mar adentro y echar las redes son dos acciones que recogen lo nuclear de la vocación cristiana, esto es, lo que ocurre en lo hondo del corazón, conversión, y lo que se despliega hacia los otros y con los otros, misión.

Ninguno de nosotros ha tenido la experiencia de ser directamente llamado por Dios, como Pedro, Juan, Santiago… desde la cercanía de su presencia. Nosotros lo seguimos desde la fe. Pero Dios se ha valido de otras voces y señales para llamarnos. La invitación que hace el Señor a Simón Pedro de echar las redes es la invitación que hoy nos hace a sus seguidores. Es la invitación a que miremos si en nuestra vida cristiana estamos confiando o por el contrario nuestros planes pueden más que los de Dios.

 

Ricardo Rodríguez Villalba, pbro.

 

Del Evangelio según Lucas (Lc 5,1-11)

En aquel tiempo, estaba Jesús a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba a su alrededor para oír la palabra de Dios, cuando él vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas y estaban lavando las redes. Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.» Simón le respondió: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.» Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían.
Al verlo, Simón Pedro cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: «Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador.» Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas. Desde ahora serás pescador de hombres.» Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.

 

2019-02-17 “Dichosos los pobres; ¡ay de vosotros, los ricos!”

SEXTO DOMINGO DEL T.O.

El evangelio nos presenta el relato según san Lucas de las bienaventuranzas, que podemos afirmar es la predicación más conocida de Jesús, cuyo paralelo es el relato del capítulo quinto de san Mateo.

Las bienaventuranzas describen las circunstancias en que se encuentran los seguidores de Jesús: son pobres, están hambrientos, lloran, son odiados y perseguidos por causa de Jesús. Frente a esta situación, Jesús propone un nuevo decálogo de la nueva Alianza,  las bienaventuranzas son una invitación a un nuevo estilo de vida cristiano. No son meros valores de solidaridad, es un nuevo programa, exigente y gozoso a la vez, que de ninguna manera inculca la “resignación” a los necesitados y oprimidos, o la inactividad frente al desorden y la injusticia.

Todo lo contrario, con sus antagonismos, san Lucas alerta y llama a la conversión. No se puede hablar de pobres ni de pobres de espíritu sin una tensión real hacia el desprendimiento. Y es que la pobreza crea más actitud de generosidad, menor confianza en sí mismo y en los propios recursos, y por consiguiente mayor confianza en Dios. Tampoco Jesús propone un tipo de organización social, pero sienta las bases y señala las pautas de toda verdadera fraternidad, rechazando el apego desordenado a la riqueza, la seguridad de los satisfechos, y las estructuras de injusticia.

Las bienaventuranzas son una paradoja, porque invierten los criterios del mundo apenas se ven las cosas desde la escala de valores de Dios, que es distinta de la de los hombres. Precisamente los que según los criterios del mundo son considerados pobres, hambrientos, afligidos y odiados por causa de Jesús, son los realmente dichosos, bendecidos, y pueden alegrarse, no obstante todos sus sufrimientos, porque las bienaventuranzas son promesas en las que resplandece la nueva imagen del mundo y del hombre que Jesús encarna superando las limitaciones de la naturaleza humana y de las estructuras sociales y temporales.

La novedad que Jesús quiere construir viene de la experiencia que tiene de Dios, Padre lleno de ternura que acoge a todos con todas sus situaciones de pobreza, de hambre, de aflicción y de persecución. Dimensiones que el mismo Jesús pobre, sufrido, odiado y perseguido, completó en su vida, y que se nos ofrecen como camino de humanización y de felicidad.

 

Ricardo Rodríguez Villalba, pbro.

 

Del Evangelio según san Lucas (Lc 6, 17. 20-26)

En aquel tiempo, bajó Jesús del monte con los Doce y se detuvo en un paraje llano; había un gran número de discípulos suyos y gran muchedumbre del pueblo, de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y Sidón (…) Y él, alzando los ojos hacia sus discípulos, dijo: “Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios.
Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados. Dichosos los que lloráis ahora, porque reiréis. Dichosos seréis cuando los hombres os odien, cuando os excluyan, os insulten y proscriban vuestro nombre como infame por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Pues de ese modo trataban vuestros padres a los profetas.

Pero ¡ay de vosotros los ricos, porque ya tenéis vuestro consuelo! ¡Ay de vosotros los que estáis saciados, porque tendréis hambre! ¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y llorareis! ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros!  Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas”.

 

2019-02-24 “Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo”

El Evangelio de este domingo, continuación del relato de las bienaventuranzas, nos enfrenta con un reto que parece imposible. Imposible para nosotros, pero no para Dios: Amad a vuestros enemigos. Se nos vienen a la memoria santos que sí lo han logrado: por ejemplo, los mártires mueren con palabras de perdón en sus labios. En el Evangelio, Cristo enseña y demuestra lo que es posible para Dios: el amor continuo y universal, que ni admite fronteras (pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis?), ni se reserva preferencias de personas o propiedades de objetos (a quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames), ni espera la recompensa de su acción (y si prestáis sólo cuando esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis?).

El argumento fundamental para esta actitud viene de Dios. Nuestros “enemigos” son también hijos de Dios y dignos de respeto y amor.

El trasfondo del mensaje del Evangelio es que el hombre se hace imagen de Dios cuando ama y cuando se compadece de los que son también imagen e hijos de Dios. Jesús nos enseña cómo ser imagen de Dios: siendo compasivos y misericordiosos.

El camino que propone Jesús no es un camino fácil o convencional. Pero tampoco es imposible, porque él lo pudo realizar, y nosotros deberíamos imitarlo, porque como seguidores de Jesús no podemos tener los mismos criterios que predominan en el mundo.

A pesar de la dureza de este Evangelio, hay una promesa de recompensa, grande y desproporcionada a la generosidad empeñada. Porque el amor no se pierde en la nada.

Ricardo Rodríguez Villalba, pbro.

 

Evangelio según san Lucas 6, 27-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: 
—«A los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian. Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames. 
Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores lo hacen. 
Y si prestáis sólo cuando esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo. ¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos. 
Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros.» 

 

2019-03-02 “Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra”

CUARTO DOMINGO DEL T.O

Continuando la escena en la sinagoga de Nazaret, el evangelista Lucas recoge la reacción a las palabras de Jesús cuando viene a cumplir la profecía de Isaías al proclamarse como el Mesías. Por un lado, los presentes se admiran, pero después cambia su ánimo. No aceptan que Jesús sea el Mesías anunciado por Isaías. Quedan escandalizados porque Jesús habla de una buena noticia de acogida y liberación también para los gentiles.

Para ayudar a la comunidad a que supere el escándalo, Jesús recuerda las dos historias de Elías y de Eliseo. Elías fue enviado a la viuda de Sarepta(1 Re 17,7-16). Eliseo fue enviado a ocuparse del leproso extranjero de Siria (2 Reyes 5, 1-15). Ambas historias sirven para poner de manifiesto el prejuicio religioso y regionalista de la gente de Nazaret. El evangelista quiere mostrar que la apertura hacia los gentiles viene de Jesús, y que la salvación es para todos. Y a pesar de que Jesús se proclama Mesías, finalmente parece que no aceptan su propuesta, porque era uno de los suyos, no era el caudillo político que esperaba Israel.

¿Por qué les cuesta reconocer a Jesús como Hijo de Dios a pesar de los prodigios que venía obrando desde el inicio de su vida pública?

Aunque toda su vida y obras se habían vuelto transparentes, Jesús era demasiado humano y normal, un hombre como los demás, tan cercano a ellos que sus paisanos no pueden darle crédito. Jesús no es profeta en su propia tierra.

Jesús nos descubre que Dios actúa y salva, imprevisiblemente, y a través de aquellos que no esperaríamos, incluso extranjeros y distintos, simplemente por pura gracia divina. Es normal que nos cueste reconocer a Dios en las cosas y personas. Pero Jesús nos enseña una manera diferente de mirar no atada a la costumbre ni enturbiada de prejuicios.

Aceptemos que Dios pueda manifestarse en las cosas cotidianas y en las que ocurren de forma excepcional; valoremos y amemos a los cercanos, a los prójimos, y también a los lejanos, los de fuera de nuestro entorno, y llevemos a reflexión si estamos dispuestos a acoger, tolerar y aceptar.

 

Ricardo Rodríguez Villalba, pbro.

 

Evangelio según san Lucas (Lc 4, 21-30)

 

En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga: "Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír." Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: "¿No es éste el hijo de José?" Y Jesús les dijo: "Sin duda me recitaréis aquel refrán: "Médico, cúrate a ti mismo"; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún." Y añadió: "Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, mas que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, mas que Naamán, el sirio." Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús pasó por medio de ellos y se alejaba.

2019-03-03 “No juzguéis y no seréis juzgados”

Domingo VIII del T.O

El Evangelio de hoy, continuación del texto del domingo anterior, que estaba dedicado al amor a los enemigos, ahora concreta con detalle cómo deben ser las relaciones de convivencia entre los hermanos, esto es, el amor en la comunidad.  

Jesús aquí nos previene acerca de la actitud de juzgar a los demás. Constantemente estamos criticando a nuestros hermanos, por lo que piensan, por lo que hacen, por lo que dicen. Jesús nos aclara que quien juzga a los hermanos se equivoca, simplemente porque toma el lugar de Dios. El único que juzga es Dios. Jesús denuncia así a los fariseos, a los que denomina hipócritas, quienes para juzgar y resolver aplicaban su propia ley, y no la de la misericordia, enseñada por los profetas. Pero es más: Jesús, delante del Padre, nunca acusa; al contrario:defiende y perdona.

Quien juzga no sólo se equivoca, también se puede confundir. Y quien juzga terminará mal, porque la misma medida será usada para juzgarle a él. Quien se equivoca de sitio porque toma el lugar de Dios termina siendo juzgado con la medida con la que él juzga.

Cuando juzgamos a los demás, sin tener compasión de los pecados del prójimo, y lo juzgamos severamente, quiere decirse que no estamos todavía purificados. Los padres del desierto decían: “Cada vez que tapamos el pecado de nuestro hermano, Dios tapa también el nuestro. Y cada vez que denunciamos las faltas de los hermanos, Dios hace lo mismo con las nuestras”. Por tanto, para dar un fruto bueno es preciso reconocer nuestras debilidades, ser consecuentes y cambiar la actitud de juzgar por la de la generosidad.

Conocer nuestra debilidad nos ayudará a ser un poco más comprensivos, nos ayudará a aceptarnos y a aceptar a los demás. Conocer nuestras propias limitaciones, admitirlas y reconciliarnos con ellas, nos capacita para caer en la cuenta que los otros también tienen que soportar nuestras carencias. Sólo el amor sana las heridas. Nuestros pecados, nuestras equivocaciones, nuestros errores, nos tienen que servir para crecer en comprensión, amabilidad y humildad hacia los demás. Necesitamos aceptar los fallos y aprender de los errores para sanarlos.

 

Ricardo Rodríguez Villalba, pbro.

 

Evangelio según san Lucas 6, 39-45

En aquel tiempo, Jesús ponía a sus discípulos esta comparación: ¿Podrá un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? No está el discípulo por encima del maestro. Será como el maestro cuando esté perfectamente instruido. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: `Hermano, deja que saque la brizna que hay en tu ojo', si no ves la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo y entonces podrás ver para sacar la brizna que hay en el ojo de tu hermano. Porque no hay árbol bueno que dé fruto malo y, a la inversa, no hay árbol malo que dé fruto bueno. Cada árbol se conoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos, ni de la zarza se vendimian uvas. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca lo bueno, y el malo, de la maldad saca lo malo. Porque de lo que rebosa el corazón habla su boca.

2019-03-17 “Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle”

Domingo II de Cuaresma.

La transfiguración narrada por Lucas tiene lugar en el contexto del primer anuncio de la muerte y resurrección de Jesús. Es una escena llena de simbolismos, se trata de una manifestación de Dios que revela anticipadamente la gloria pascual.

Jesús va al monte con estos tres discípulos que tenían grandes dificultades para entender el mesianismo no triunfalista de Jesús. El pasaje refuerza la persona y misión de Jesús, de quien dudaban los discípulos. Primero nos dice que la actividad de Jesús estaba de acuerdo con el Antiguo Testamento: la Ley, representada por Moisés, y los Profetas, representados por Elías. Segundo, la voz del cielo les manda que escuchen a Jesús. Tercero, la desaparición de los dos dialogantes significa que debemos escuchar sólo a Jesús, quien, mostrando su divinidad resplandeciente en su cuerpo humano, se presenta como realmente es, resplandor de la gloria del Padre, imagen de su ser, como leemos en Hebreos 1, 3. 

La transfiguración y el diálogo de Jesús con Moisés y Elías sobre su destino en Jerusalén, nos desvela una de las constantes de la vida cristiana, la unión simultánea de dos aspectos opuestos pero no contrastantes del único misterio pascual de Cristo: muerte y resurrección, cruz y gloria.

Esta constante también ocurre en la vida humana: Cuando algo nos sobrepasa nos impide ver, entender, precisar, asegurar y, automáticamente y por nuestra condición humana, entramos en miedo, en temor porque no sabemos qué va a pasar, y ante la duda, el miedo o temor es lo primero que hace su aparición.

Y lo que vieron los discípulos les fortaleció y reconfortó (“qué bien se está aquí”), porque Jesús les mostró su rostro. Contemplar el rostro de Dios fue siempre un anhelo del creyente en el Antiguo Testamento:“Señor, yo busco tu rostro, no me escondas tu rostro” (salmo 26), visión que en el monte Tabor se cumplió con el fin de robustecer la fe e infundir valor.

Jesús se compromete a favor de los hombres, y con esta visión nos prepara para creer en la Resurrección y no quedar paralizados por los tiempos duros, sino entender que son el camino de la gloria.

Para entrar en unión con Dios como los tres discípulos, para adentrarnos en el sentido último de las cosas, en el misterio que hace que las cosas se transfiguren y cobren nuevo aspecto, debemos escuchar a Jesús, contemplarlo en la Sagrada Escritura. Nos damos cuenta que ésa es la vida del creyente de hoy: Levantarse, contemplar la gloria y, al mismo tiempo, cargar con la cruz de cada día. Si miramos el sol, sólo lo podemos hacer por unos breves instantes, porque con el deslumbramiento, las demás cosas aparecen obscurecidas. En esta vida podemos desear la gloria, porque es adonde vamos, pero tenemos que seguir caminando. No será fácil, tenemos que esforzarnos en los tramos más difíciles. Pero Jesús nos muestra su luz para poder volver a la realidad y poder aceptarla, y con fe, transformarla en salvación.

En esta cuaresma acompañemos a Jesús para orar como hicieron estos tres apóstoles, y si estamos poco acostumbrados al silencio, a la introspección y a la oración, quizá nos dejemos vencer por el sueño, igual que les pasó a los apóstoles. Pero estemos atentos a escuchar, a sorprendernos por la palabra y las obras de Jesús, y vivirlas.  Ésa debe ser nuestra actitud. 

 

Ricardo Rodríguez Villalba, pbro.

 

Evangelio según san Lucas 9, 28b-36

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto de la montaña, para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos. De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y, espabilándose, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús: «Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» No sabía lo que decía. Todavía estaba hablando, cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle.» Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto. 

 

 

2019-03-24 “Dios no castiga”

Domingo III de Cuaresma

Seguimos avanzando por el camino de la Cuaresma. El evangelio de hoy nos plantea este eterno problema: ¿son el mal y la muerte consecuencias del pecado? ¿Por qué si somos buenos a veces nos ocurren males?

Jesús nos responde con el relato de los galileos y judíos muertos por causa violenta, seguido de la parábola de la higuera. Y aborda una preocupación que ha llegado a nuestro tiempo. Noticias terribles como los desastres meteorológicos, el cambio climático, el terrorismo, las guerras, el hambre, las enfermedades, la desestabilización política y social, la violencia, las injusticias, la muerte de seres queridos, etc., nos hacen pensar con preocupación que los sufrimientos de la vida, sobre todo de las personas inocentes, tienen que ver con la amistad o enemistad con Dios. Así lo creían los judíos y así lo seguimos creyendo en nuestra mentalidad occidental. Los males se consideran castigos, y los bienes, premios. Cuando todo va bien, creemos que estamos en paz con Dios, y si ocurre al contrario, tendemos a pedirle explicaciones, tendemos a juzgar.

El problema del mal no tiene una solución satisfactoria si pretendemos exigir de Dios una explicación tranquilizadora. Dios no interviene contra la libertad de las personas aunque realicen el mal, ni contra las leyes naturales; pero eso no significa que Dios está contra nosotros. Es decir, Dios no castiga a los culpables, pero tampoco nosotros, porque nos creamos más justos que los demás, nos libraremos del mal. Y Jesúsenseña otra lección: Los que murieron no solamente no eran más pecadores que los demás, sino que todos, delante de Dios, somos igualmente pecadores y tenemos que convertirnos. Jesús insiste que todos pereceremos, es decir, seremos confundidos, si no nos convertimos, si no cambiamos de mentalidad y dejamos de juzgar a los demás como buenos y malos.

¿Acaso los miles de personas inocentes que mueren de forma violenta padecieron la muerte porque eran más pecadores que nosotros? Por supuesto que no, pues Dios no es un legislador cuya misión es castigar a quienes pecan. Mejor es preocuparnos por nuestra propia conversión y no juzgar a los demás sobre si su sufrimiento es merecido o no. Los acontecimientos dolorosos de la vida y el sufrimiento no significan que nuestros prójimos sean amados o abandonados por Dios.

En la segunda parte del evangelio, la parábola de la higuera nos muestra el camino de la conversión. La higuera, que simboliza al pueblo de Israel, ha de dar fruto en tres años (número que significa plenitud). Jesús cuenta esta parábola para educarnos sobre un modo de estar en la vida de creyentes. Aguarda el tiempo necesario para que la higuera dé su fruto, y mientras tanto sigue cuidando de ella. Porque el proyecto de Dios es que a todos llegue su amor. ¿Y si transcurre el año y no llega a fructificar? ¿la cortará? Ahora ya sabemos que no. Es su gran amor el que hace infinitamente paciente al hortelano, que no se cansa de darnos nuestro tiempo para madurar. Porque Dios quiere que seamos felices. No es fácil entender este comportamiento de la misericordia si estamos acostumbrados a juzgar.

Dios nos da todo el tiempo del mundo. Pero el tiempo para dar fruto es limitado: es el tiempo de nuestra vida. Somos únicos, irrepetibles, tenemos una tarea asignada, y Dios no la puede suplir. Y si no la llevamos a cabo, esa tarea se quedará sin realizar y la responsabilidad será nuestra. Ni Dios, ni nadie, vienen a premiarme o castigarme. Cumplir la tarea será el premio, no cumplir la tarea sí es un castigo, porque perderemos las oportunidades que vienen de Dios.

No nos hagamos ilusiones: no somos más privilegiados sólo por conocer a Dios, sino que Dios espera frutos de todo lo que ha sembrado en nosotros. Y si no nos convertimos, no daremos fruto. Convirtámonos, sin temor, porque Dios es como el hortelano paciente, siempre está dispuesto a darnos nuevas oportunidades. La tarea de la persona cristiana no es hacer muchas cosas sino hacerse, tomar conciencia del propio su ser y vivir esa realidad a tope.

                                                                      Ricardo Rodríguez Villalba, pbro.

 

 

Evangelio según san Lucas 13, 1-9

En aquel tiempo llegaron a Jesús algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. Les respondió Jesús: ¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque acabaron así? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo. O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo. Les dijo esta parábola: «Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: "Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a ocupar terreno en balde?" Pero él le respondió: "Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no da, las cortas."

2019-03-31 “Alégrate, este hermano estaba perdido y lo hemos encontrado”

Domingo IV de Cuaresma

El evangelio de hoy nos ofrece la parábola quizá más reveladora de Lucas con la que Jesús enseña asombrosamente cómo es nuestro Padre Dios. Un padre reparte por igual la herencia a sus dos hijos, y deja marchar al menor de ellos; pero éste, después de padecer mala ventura malgastando el dinero, decide regresar a su padre, que le perdona y celebra el reencuentro. El hijo mayor, que permanece y cumple rectamente con sus deberes, no asume el comportamiento de su padre ni acepta a su hermano. En este contexto, la parábola, en lugar del hijo pródigo, debería denominarse del padre misericordioso, que es el verdadero protagonista: sale al encuentro del hijo menor que vuelve a casa, pero también al encuentro del hijo mayor, que protesta porque su hermano ha sido recibido sin el menor reproche y con una fiesta.  

Más allá del significado de “este hijo estaba muerto y ha revivido” -que se menciona dos veces-, y la llamada a la conversión, nos interesa aquí la actitud del padre de la parábola, que supera la lógica justicia, sobre todo la justicia vindicativa: la del ojo por ojo y diente por diente. No piensa en pedir cuentas, no piensa en castigar, no mide el daño causado; por tanto, no condena. Simplemente se desborda de alegría por recuperar al hijo perdido. Tanto que al hijo mayor (con justa lógica) le parece muy mal que sea perdonado.

En la mayoría de los casos, solemos identificarnos con el hijo menor que vuelve a la casa del padre. Pero la enseñanza se dirige a los fariseos, que están del lado del hijo mayor. Éste observa la fiesta y experimenta que su padre también le estaba ofreciendo ese amor desde hace mucho, pero no tenía un corazón agradecido. Los fariseos se creían justificados y con la vida asegurada; para ellos Dios es sobre todo Ley y viven bajo el cumplimiento de deberes, y desprecian a los que no son como ellos: “ese hijo tuyo” le dice el mayor con desdén al padre; “ese hermano tuyo”, le responderá el padre conmovido; porque Jesús enseña que Dios es algo más que Ley.

Hay dos clases de hombres: los unos pecadores, que se creen justos; y los otros justos, que se creen pecadores (Pascal). Mientras nosotros seguimos clasificando a sus hijos, Dios nos sigue esperando a la puerta a todos. La medida de Dios no es la nuestra, la lógica de Dios no es nuestra lógica. Es Padre de todos, reparte a todos la herencia por igual. Explica el Papa Francisco: “Nosotros presumimos que somos justos, y juzgamos a los demás. Juzgamos también a Dios, porque pensamos que debería castigar a los pecadores, condenarlos a muerte, en lugar de perdonar. ¡Entonces sí que corremos el riesgo de permanecer fuera de la casa del Padre! Como ese hermano mayor de la parábola, que en lugar de estar contento porque su hermano ha vuelto, se enoja con el padre que lo ha recibido y hace fiesta. Si en nuestro corazón no hay misericordia, la alegría del perdón, no estamos en comunión con Dios, incluso si observamos todos los preceptos, porque es el amor el que salva, no la sola práctica de los preceptos. Es el amor por Dios y por el prójimo lo que da cumplimiento a todos los mandamientos. Y esto es el amor de Dios, su alegría, perdonar. Nos espera siempre. Quizá alguien tiene en su corazón alguna culpa grave, pero Él te espera, Él es Padre. Siempre nos espera” (Papa Francisco, Angelus del15.09.2013). Debemos ser conscientes que es Dios y no nosotros quien comienza el movimiento de conversión: “No me buscarías si no me hubieras ya encontrado”.

Resumiendo: con esta parábola Jesús nos muestra al Padre, Dios que se adelanta a todos, ama tiernamente a sus hijos y quiere hacer de la reconciliación entre los hermanos y de los hijos con su Padre una fiesta de reencuentro, alegría y perdón. Además, el hijo mayor supone una llamada de atención sobre nuestras actitudes de pretendida seguridad: ¿Somos testigos del amor misericordioso de Dios? ¿Nos ocupamos de los alejados de la fe y de la Iglesia? ¿Estamos construyendo comunidades abiertas que comprenden, acogen y acompañan a quienes buscan a Dios aun siendo diferentes? ¿Ofrecemos amistad o miramos con recelo? ¿Levantamos barreras o tendemos puentes? Sin esas condiciones, el banquete de los dos hijos no será una fiesta plena del encuentro y de la comunión.

 

                                                                      Ricardo Rodríguez Villalba, pbro.

 

Evangelio según san Lucas (15, 1-3.11-32)

En aquel tiempo, solían acercaron a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: - «Ese acoge a los pecadores y come con ellos.» Jesús les dijo esta parábola: - «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte que me toca de la fortuna." El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada. Recapacitando entonces, se dijo: "Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros." Se levantó y vino a donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos. Su hijo le dijo: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo," Pero el padre dijo a sus criados: "Sacad en seguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado." Y empezaron a celebrar el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Este le contestó: "Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud." El se indignó y no quería entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo Entonces él respondió a su padre: "Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado." El padre le dijo: "Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado"».

2019-04-07 “En adelante no peques más”

Domingo V de Cuaresma, ciclo C

A partir de hoy entramos en el denominado tiempo de pasión, que precede al próximo domingo de Ramos e inicio de la semana santa. La liturgia, desde el pasado lunes propone la lectura continuada del último periodo de la vida pública de Jesús según el evangelio de san Juan, queriendo suscitar nuestra conversión con la mirada puesta en la cercana pasión del Señor.

El evangelio de este domingo nos ofrece el relato de la mujer adultera, que no aparece en el resto de evangelios sinópticos. Un análisis de este relato muestra una sintonía con el evangelio de Lucas, tan favorecedor de la mujer oprimida. Pero aunque se duda que el mismo san Juan fuese su autor, se trata de un relato de historicidad probada.

Los escribas y fariseos, deseosos de poner a prueba a Jesús, se le acercan para tenderle una trampa, como en otras ocasiones. La ley de Moisés dejaba claro que la adúltera debía morir; si Jesús aceptaba esta sentencia, se pondría en entredicho todo su mensaje centrado en la misericordia de Dios y el perdón de los pecados. Por contra, si Jesús no condenaba a la adúltera, se estaría rebelando contra la misma ley de Dios; aquello hubiese supuesto el fin de todo su movimiento: ningún judío podía ser seguidor de alguien que negase la ley de Moisés.

Imaginémonos una escena tensa, con la mujer en medio. La gente que escucha a Jesús se queda a la expectativa. Pero Jesús, con una de sus frases geniales, va a la médula del asunto: «El que esté sin pecado, que tire la primera piedra.» Y de nuevo vuelve a escribir en el suelo (probablemente escribe la nueva Ley).

Los acusadores recibieron el impacto de las palabras y del gesto de Jesús. Habían llevado ante Jesús a una mujer que había infringido la ley de Moisés, la cual no dejaba lugar a dudas. Pero los que estaban decididos para ejecutarla, con un simple gesto de Jesús y una breve frase, quedan desarmados. Jesús no entra a discutir la ley ni condena a la mujer, tan sólo les pide que se interroguen sobre su propio pecado, porque ¿qué pretendían con su juicio? Los fariseos tampoco se reconocen culpables y necesitados de perdón.Sea como sea, acaban marchándose todos, hasta el último: los más viejos entendieron el mensaje antes que los jóvenes.

Cuando se juzga a los demás, se rechazan las propias cosas. Por ello, los que querían apedrear a la adúltera se van retirando, uno a uno, con la certeza de que todos mereceríamos el mismo castigo si Dios aplicase justicia. Las palabras de Jesús proponen pasar de la ley que debe ser ejecutada, a la ley que debe ser interiorizada. Cristo nos hace ver que sólo Él puede juzgar los corazones de los hombres.

Jesús es el único que tiene auténtica autoridad para condenar a la mujer. Pero decide no hacerlo. Por otra parte, tampoco acepta el pecado, pues le dice «en adelante no peques más». Al final del evangelio leemos que Cristo perdona los pecados de esta mujer y a la vez le exhorta a una conversión de vida. Así, Jesús reconoce a la mujer, la anima y la bendice al dejarla libre, le devuelve la posibilidad de volver a amar y de ser amada.

El perdón de Jesús es un acontecimiento nuevo, supone un cambio, un antes y un después en la vida de la pecadora. El antes y el ahora son dos realidades distintas. En el «antes» están el pecado y el juicio, en el «ahora» sobreviene gratuitamente el perdón misericordioso de Dios. Es precisamente ese perdón, como acontecimiento transformador, el que hace posible que la mujer «ya no peque más».No se trata de una palmadita en la espalda de la mujer, sino de la gracia de Dios que viene a nuestra vida para hacer posible el arrepentimiento. Lo que la pecadora no sabe es que quien le habla dará su vida para el perdón de los pecados; será el propio Jesús, con su muerte en la cruz. La muerte y resurrección de Jesús será el auténtico punto de inflexión de la historia, la auténtica fractura entre el «antes» y el «ahora» del tiempo universal.

El ser humano sin Dios no puede salir del círculo vicioso del pecado; el amor de Dios se derrama en forma de perdón para darle la posibilidad de romper este círculo y recomenzar de nuevo.

La respuesta que da Jesús a los fariseos nos enseña que Dios aborrece el pecado. pero ama hasta el extremo al pecador. Así es como Dios se revela infinitamente justo y misericordioso.
Desprendámonos del peso de las acusaciones contra los demás y aceptémoslos, reconociendo también nuestras heridas, con la misericordia de Jesús.                                                                                                                      

                                                                                                                                                                                                Ricardo Rodríguez Villalba, pbro.

 

Evangelio según san Juan 8, 1-11

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba. Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?» Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.» E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó sólo Jesús, con la mujer, en medio, que seguía allí delante. Jesús se incorporó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?» Ella contestó: «Ninguno, Señor.» Jesús dijo: «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.» 

2019-04-14 “He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros, antes de padecer”

Domingo de Ramos, ciclo C

Hoy es Domingo de Ramos. Este día marca el fin de la Cuaresma y el inicio de la Semana Santa, tiempo en que se celebra la pasión, crucifixión, muerte y resurrección de Cristo. Los cristianos hoy conmemoramos la entrada de Jesús en Jerusalén y su aclamación como Hijo de Dios. Es el día en que proclamamos a Jesús como el pilar fundamental de nuestras vidas, tal como lo hizo el pueblo de Jerusalén cuando lo recibió y aclamó como profeta, Hijo de Dios y rey. Jesús entró en Jerusalén montado sobre un asno y fue aclamado como rey por sus seguidores, quienes extendieron mantos, ramas de olivo y de palma a su paso. Gritaban: “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!”;“¡Hosanna en las alturas!”.  Por esta razón, la eucaristía del Domingo de Ramos tiene dos momentos importantes.

El primer momento es la bendición de los ramos de olivo y las palmas, con su procesión. Los ramos de olivo y de palma son el signo por excelencia de la renovación de la fe en Dios. Se les atribuye ser un símbolo de la vida y resurrección de Jesucristo. Asimismo, recuerdan también la fe de la Iglesia en Cristo y su proclamación como Rey.

El segundo momento es la lectura de la Pasión del Señor, en el relato de san Lucas. La Pasión es el final del recorrido de la vida de Jesús, el momento culminante de su misión con la donación de la Eucaristía y su muerte voluntaria en la cruz. Por tanto, el objetivo de las lecturas de hoy es contemplar a Jesús crucificado en su Pasión.

 

Hoy reflexionamos acerca de este Jesús crucificado. La crucifixión es un acto que aparentemente mostraría el fracaso de toda su vida, pues aquí Jesús ha renunciado a su divinidad. Según el relato evangélico, los que pasaban sobre la colina del Gólgota ante Jesús colgado en la cruz se burlaban de él y, riéndose, le decían: «Si eres Hijo de Dios, bájate de la cruz». Jesús no responde. Su respuesta es silencio. Para nosotros las preguntas son inevitables: ¿Cómo es posible ver a Dios crucificado? ¿Por qué Dios elige una cruz? ¿Qué significa esta muerte? ¿No es el fracaso de la vida y religión de Jesús?

Dios crucificado constituyó un escándalo para los judíos y fracaso para los gentiles, y hoy nos obliga a cuestionar todas las ideas que los hombres y mujeres nos hacemos de Dios, al que atribuimos cualidades y valores humanos. Porque este Crucificado que contemplamos no tiene el rostro ni los rasgos que solemos atribuir a Dios.

El Dios crucificado no es un ser omnipotente y poderoso, superior, inmutable y ajeno al sufrimiento de los hombres, sino un Dios humillado que sufre con nosotros el dolor, la angustia y hasta la misma muerte. Ante la Cruz, o bien la rechazamos porque nos incomoda, o bien nos abrimos a una comprensión nueva y sorprendente de Dios que, encarnado en nuestro sufrimiento, lo transforma porque lo asume y también porque nos ama con todas las consecuencias.

Ante el Crucificado empezamos a intuir que Dios, en su último misterio, es alguien que sufre con nosotros. Nuestra miseria le afecta. Nuestro sufrimiento lo hace suyo. No existe un Dios al margen de nuestros dolores, lágrimas y miserias. Él está en todos los calvarios de nuestro mundo, solidarizándose siempre.

Este Dios crucificado nos pone mirando hacia el sufrimiento, el abandono y el desamparo de tantas víctimas de la injusticia y de las desgracias, otros tantos crucificados como él. Es con este Dios con quien nos encontramos cuando nos acercamos a cualquier hombre y mujer que sufre. Los creyentes no podemos evitar toparnos con el Dios crucificado cada vez que vemos dolor en tantos hermanos.

La manera más auténtica de celebrar la Pasión del Señor es reavivar nuestra compasión y solidaridad. Sin compromiso ni solidaridad ante los hermanos crucificados, no demostraremos la fe en el Jesús que se hace igual a nosotros para compadecerse de nosotros. Cuando meditemos la Pasión y adoremos la Cruz, pongámonos siempre mirando hacia quienes viven sufriendo cerca o lejos de nosotros y nos necesitan.

 

                                                                    Ricardo Rodríguez Villalba, pbro.

 

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas (22, 14-23, 56)

(Debido a la extensióndel relato de la Pasión, proponemos aquí un breve resumen de su contenido)  

La comida pascual. La institución de la Eucaristía. El anuncio de la traición de Judas. El carácter servicial de la autoridad. La recompensa prometida a los discípulos. El anuncio de las negaciones de Pedro. El combate decisivo. La oración de Jesús en el monte de los Olivos. El arresto de Jesús. Las negaciones de Pedro. Ultrajes a Jesús. Jesús ante el Sanedrín. Jesús ante Pilato. Jesús ante Herodes. Jesús y Barrabás. El camino hacia el Calvario. La crucifixión de Jesús. Injurias a Jesús crucificado. El buen ladrón. La muerte de Jesús. La sepultura de Jesús.

2019-04-21 “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado”

Domingo de Pascua

En este día gozoso celebramos la resurrección de Jesús. Hoy es el día más grande de todo el año. Durante cuarenta días nos hemos purificado para acercarnos a la pascua de Jesús, y después de toda esta preparación de la Cuaresma, de todo este tiempo en el cual procuramos ir adentrándonos en el misterio grande de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, por fin llegamos a esta noche santa.

El evangelio nos presenta la tumba vacía, que despierta admiración y una gran pregunta. Los discípulos estaban paralizados por el miedo, la culpabilidad y el desconcierto, pero las mujeres, que habían acompañado a Jesús hasta la cruz y su sepultura, se pusieron en camino. Les mueve la certeza de la muerte; pero no se quedan quietas. Las mujeres comunican a los discípulos la desaparición del cuerpo de Jesús, que se conmocionan, que no creen. Pedro, que no creía al comienzo, sale hacia el sepulcro, y constatará más tarde la resurrección.

Lo que nos dice el evangelio es que tal certeza habitaba en el corazón de los seguidores de Jesús desde esa mañana de Pascua, cuando las mujeres escucharon las palabras de los ángeles que les dijeron: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, HA RESUCITADO».

«¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?». Estas palabras resuenan también en nuestros corazones aquí y ahora; ¿cuántas veces, en nuestro camino cotidiano, necesitamos que nos lo digan? ¿Cuántas veces buscamos la vida entre las cosas muertas, entre las cosas que no pueden dar vida, entre las cosas que hoy están y mañana ya no estarán, las cosas que pasan transitoriamente...? La realidad es que Jesús ya no se encuentra entre los muertos, ni entre todos aquellos que se aferran a esta vida y a las cosas de esta vida y que por eso viven como muertos.

La resurrección de Jesús es la clave para entender su vida y la nuestra, es el origen de nuestras propias resurrecciones, una y otra vez purificados y elevados de nuestras debilidades. Jesús resucita para nosotros, para asociarnos a su resurrección. Nos fue fiel hasta la muerte y nos sigue siendo fiel en la resurrección. La última verdad de Jesús es que es enteramente amor y el amor no puede quedar enterrado en un sepulcro. Si la crucifixión fue un espectáculo cruel, un intento de exterminar a Jesús y acabar con sus seguidores, la resurrección, en cambio, será una experiencia personal que cambiará el curso de la historia y de la comunidad de creyentes, la Iglesia. Jesús vive en aquellos que por la fe creen en que él está vivo. Por eso, es la fe lo que vence al mundo. Los discípulos transformados por el resucitado saldrán al mundo como testigos fuertes de la novedad que da sentido a la historia y a la vida.

Que nosotros creamos profundamente en esta presencia viva de Jesús más allá de lo que los sentidos nos puedan decir, más allá de lo que nuestro propio sentimiento nos pueda reflejar.    

                                                                     Ricardo Rodríguez Villalba, pbro.

 

Evangelio según san Lucas (24, 1-12)

El primer día de la semana, de madrugada, las mujeres fueron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado. Encontraron corrida la piedra del sepulcro. Y, entrando, no encontraron el cuerpo del Señor Jesús. Mientras estaban desconcertadas por esto, se les presentaron dos hombres con vestidos refulgentes. Ellas quedaron despavoridas y con las caras mirando al suelo y ellos les dijeron: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. HA RESUCITADO. Recordad cómo os habló estando todavía en Galilea, cuando dijo que el Hijo del hombre tiene que ser entregado en manos de hombres pecadores, ser crucificado y al tercer día resucitar». Y recordaron sus palabras. Habiendo vuelto del sepulcro, anunciaron todo esto a los Once y a todos los demás. Eran María la Magdalena, Juana y María, la de Santiago. También las demás, que estaban con ellas, contaban esto mismo a los apóstoles. Ellos lo tomaron por un delirio y no las creyeron. Pedro, sin embargo, se levantó y fue corriendo al sepulcro. Asomándose, ve solo los lienzos. Y se volvió a su casa, admirándose de lo sucedido.

2019-04-28 “Paz a vosotros”

II Domingo de Pascua.

Hoy es el II domingo de Pascua. El Papa Juan Pablo II estableció que en toda la Iglesia este día, el domingo siguiente a la Pascua, se denomine también Domingo de la Misericordia Divina.

El evangelio de hoy relata la experiencia de los discípulos en presencia de Jesús resucitado. Pero la manera en que relata esa experiencia indica que la fe en Jesús es un proceso que se enfrenta a dificultades y que requiere renovación continua.

Al comienzo de este pasaje, encontramos a los discípulos encerrados “por miedo de los judíos”. El evangelio de Juan presenta a los líderes judíos como los enemigos principales de Jesús. A pesar de que las puertas están cerradas, Jesús se muestra a los discípulos con su presencia acompañada por la paz y por la vida resucitada, en el lugar de las marcas de la muerte de manos y costado. La presencia de Jesús convierte el miedo de los discípulos en alegría. Como los creyentes lo hacemos hoy en día durante el tiempo de Pascua, los discípulos “se regocijaron” ante la presencia de Jesús resucitado. Luego Él les ofrece la paz por segunda vez. La primera oferta de paz fue en respuesta al miedo de los discípulos. Este segundo don de la paz se presenta como una confirmación de la alegría de los discípulos, y como envío a la misión. La implicación para los cristianos es que la paz de Jesús penetra la vida entera del discípulo, tanto en los tiempos buenos como en los malos. No siempre vamos a experimentar temporadas de alegría en nuestras vidas, y este relato del cuarto evangelio nos recuerda que la paz de Jesús está ahí en todos los tiempos. Jesús además, al enviar a los discípulos, les otorga el Espíritu Santo. Es un Espíritu que va a acompañar a los miembros de la comunidad durante todas las etapas de la vida.

El posterior relato de la incredulidad de Tomás es lo más conocido de este pasaje. Tomás no estaba presente cuando Jesús se les apareció a los discípulos por primera vez, y cuando se le dijo lo que había ocurrido, él insistió en que no iba a creer hasta que no viera a Jesús por sí mismo y tocara las marcas de muerte de Jesús.

Querer ver y comprobar no es en sí mismo algo malo, y de hecho puede ser parte del proceso para llegar a la fe en Jesús.Según san Juan, el testimonio confirmado por la visión presencial de Jesús resucitado es la garantía de la fe. Aquí, en este pasaje, vemos que cuando los discípulos le dicen a Tomás lo que ha sucedido, lo formulan en términos de haber visto al Señor. El deseo de ver a Jesús que tiene Tomás es entendible y las palabras de Jesús no necesariamente señalan que Tomás haya hecho algo malo. Además, después de ver a Jesús resucitado, Tomás realiza una confesión más completa que la de cualquier otro personaje del Evangelio con su exclamación: “¡Señor mío y Dios mío!”. “Jesús nos invita a mirar sus llagas, nos invita a tocarlas, como a Tomás, para sanar nuestra incredulidad. Nos invita, sobre todo, a entrar en el misterio de sus llagas, que es el misterio de su amor misericordioso” (Homilíade S.S. Francisco, 12 de abril de 2015).

Celebremos nuestra fe en Jesús resucitado con gratitud y alegría durante este tiempo de Pascua, pero debemos reconocer también que nuestra fe en la resurrección es un proceso que va más allá de la alegría que sentimos en la Pascua. No sólo tendremos momentos de alegría en nuestra relación de fe con Dios. Como les pasó a los discípulos, también tenemos momentos de miedo, incredulidad y duda. Pero el poder de nuestra fe en la resurrección es demostración de que la paz de Jesús y el don del Espíritu Santo permanecen con la comunidad siempre y en todo momento y a pesar de todo.

 

                                                                    Ricardo Rodríguez Villalba, pbro.

 

Evangelio según san Juan (20, 19-31)

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos». Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo». A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!». Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Bienaventuradoslos que crean sin haber visto».Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

2019-05-05 “¿Me quieres? Entonces, sígueme.”

III Domingo de Pascua.

El evangelio de hoy nos relata la tercera vez que se presenta Jesús resucitado a los discípulos. Jesús se muestra a los discípulos con una invitación a una comida fraternal y a una misión. San Juan así lo revela con el testimonio confirmado por la visiónpresencial de Jesús, a quien llama “El Señor”.

El pasaje nos sugiere además los comienzos de la Iglesia después de la resurrección. La pesca está ligada a la misión; también a la comida fraterna, símbolo de la eucaristía, que Jesús prepara en la orilla. Es un pasaje lleno de simbolismos. La pesca simboliza la acción misionera, y por ello tiene también dimensión vocacional con Pedro como el primero de entre los apóstoles. Los siete discípulos a quienes se menciona es un número perfecto y alude a la totalidad de la Iglesia. El número de peces, 153, es un número simbólico que se refiere a la acción sobre los pueblos evangelizados. La red que no se rompe muestra la capacidad misionera de la Iglesia, por la fuerza del Espíritu. La pesca en alta mar simboliza la propia evangelización. Jesús en la orilla indicando echar de nuevo las redes, es quien acompaña en la misión. El pescado sobre las brasas y el pan que prepara y reparte, son símbolo de la eucaristía.

Vemos que la primera pesca es difícil y termina en fracaso, porque no está Jesús con ellos. Pero, cuando llega Jesús, los discípulos tienen éxito. Después viene el entusiasmo de Pedro, las preguntas de Jesús a Pedro, quien negó a Jesús tres veces la noche de su arresto, y que recibe el perdón por tres veces, y su confirmación como primer discípulo para pastorear el rebaño. Éste es el testimonio de los discípulos: la confianza en Jesús hacia la misión, y la habilitación de Pedro arrepentido.

El pasaje, para hoy y para nosotros, también nos recuerda que Jesús se aproxima a nuestra vida cotidiana, a nuestros quehaceres. Nos invita a echar de nuevo las redes aun cuando no hemos conseguido nada. Y nos interrogará sobre el amor. Lo que más cuesta es reconocer a Jesús en la normalidad con que se revela diariamente hoy, en nuestros días, y cómo nos interroga sobre la capacidad de amar y aceptar el perdón. La invitación fraterna de Jesús a la reconciliación está obrando en nosotros si la aceptamos con fe. Si nos preguntara Jesús: “¿Me amas más que los demás que están contigo, o más que tus hermanos, o más que tu propia vida?” ¿Cuál sería nuestra respuesta? ¿Podríamos decir que nuestro amor a Jesús es fuerte, en la comunidad y entre nuestros prójimos?

 

                                                                    Ricardo Rodríguez Villalba, pbro.

Evangelio según san Juan (21,1-19)

En aquel tiempo, Jesús se apareció a los discípulos junto al mar de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: Me voy a pescar. Ellos contestan: Vamos también nosotros contigo. Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
Jesús les dice: Muchachos, ¿tenéis pescado? Ellos contestaron: No. Él les dice: Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis. La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: Es el Señor. Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces.
Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: Traed de los peces que acabáis de coger. Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aunque eran tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: Vamos, almorzad. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da; y lo mismo el pescado. Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos. Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro: Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? Él le contestó: Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Jesús le dice: Apacienta mis corderos. Por segunda vez le pregunta: Simón, hijo de Juan, me amas? Él le contesta: Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Él le dice: Pastorea mis ovejas. Por tercera vez le pregunta: Simón, hijo de Juan, ¿me quieres? Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si le quería y le contestó: Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero. Jesús le dice: Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras. Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: Sígueme.

2019-05-12 “Mis ovejas escuchan mi voz y ellas me siguen”

Domingo IV de Pascua

Hoy es el domingo del buen Pastor. La imagen del buen Pastor ha sido representada infinidad de veces en el arte cristiano de todos los tiempos: en pintura, escultura, en música… Es una imagen lírica y bucólica que ha inspirado a muchos poetas, músicos y artistas como tema de sus composiciones, y también a los Santos Padres y teólogos.

 

Pero mucho antes que en el arte y las letras, la figura del pastor con sus ovejas ya apareció primero en los profetas del antiguo testamento, y después, con el mismo Jesús.

 

Hace dos mil años, en el entorno rural de Palestina, la imagen del pastor era habitual: se podían ver rebaños de ovejas pastando bajo el cuidado de su pastor, que conocía cada oveja de su propiedad. En el lenguaje teológico-espiritual de las Escrituras, el pastor es Dios, y las ovejas, el pueblo elegido. Y en la predicación de Jesús, el pastor es Él mismo y las ovejas, nosotros, su Iglesia. San Juan hoy nos trae las palabras de Jesús, que compara a la humanidad con ovejas de un gran rebaño. En su discurso, Jesús mismo se define como el buen Pastor, el verdadero. Es el pastor por antonomasia. Éste apacienta a sus ovejas con amor, fidelidad, rectitud y misericordia. A éste lo conocen las ovejas, oyen su voz y las ovejas lo siguen; no hacen caso a los extraños porque no conocen su voz (Jn 10, 4-6). En abierta oposición a los falsos pastores, Jesús se presenta como el verdadero y único pastor del pueblo: los malos pastores explotan a las ovejas o las sacrifican; el pastor bueno piensa en sus ovejas y se esfuerza por ellas, las cuida y las conduce a pastos fértiles para que se críen y aumenten en número y en producción.

Él se ocupa de cada una de ellas, crea un vínculo, que hace que haya confianza entre pastor y ovejas. Por ello conoce a sus ovejas.

 

Pero las ovejas de las que habla Jesús no son un simple rebaño, sino que ellas conocen el coste que el pastor ha arriesgado para salvarlas. A diferencia del pastor asalariado, Cristo pastor participa en la vida de su rebaño, no busca otro interés, no tiene otra ambición que la de guiar, alimentar y proteger a sus ovejas. Y todo esto al precio más alto, el del sacrificio de la propia vida.

Jesús buen Pastor siempre estará dispuesto por sus ovejas para tener una relación personal, cercana e íntima. Para un semita, el conocimiento no es una actividad meramente intelectual, es también una actividad del corazón. El que conoce se acerca al objeto con interés y afecto. Cuando se trata de una persona, lo hace con amor. Por eso en este caso conocer es sinónimo de amar, y por tanto podemos decir que el buen pastor ama a sus ovejas y ellas lo aman a él. Indica por tanto una relación personal.

 

San Juan, que ha dedicado este capitulo 10 ala teología del buen pastor, llega a esta conclusión: El Padre está presente y se manifiesta en Jesús y, a través de él, realiza su obra creadora, que lleva a cumplimiento con su entrega pascual: yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Yo y el Padre somos uno. Las ovejas del rebaño de Jesús nos dejamos guiar, mimar, nos integramos en el redil de la nueva humanidad, que es la Iglesia, donde imperan el amor, la justicia y la solidaridad. Por ello debemos, dentro de la comunidad, cultivar y crecer en estos aspectos, y, además, estar abiertos a que las ovejas alejadas y perdidas fuera del redil puedan integrarse cuando comprendan, a través de nuestro testimonio, que el Pastor siempre está dispuesto a acoger y amar.

 

Formar el rebaño y seguir a Jesús buen Pastor es vivir como él. Andar por la vida con rectitud y mansedumbre, sin perjudicar, ayudando a los demás, cuidando la naturaleza, trabajando por la justicia… La Palabra del evangelio nos apremia a que nuestra fe no sea teórica, sino viva. Esto supondrá estar vigilantes para que en nuestra vida no nos ajustemos a los criterios de nuestra sociedad. Si creemos que Jesús es nuestro Pastor y Salvador, o nos convertimos en cooperadores y defensores de la humanidad con Él, o no somos de Jesús.

 

¿Cómo podemos escuchar hoy día esa voz del buen Pastor y sentir el amor de Jesús? Eso es lo que han de ofrecer los pastores de la Iglesia: ellos entregan al rebaño la enseñanza de Jesús, ellos dan a la comunidad vida eterna a través de los sacramentos, ellos guían al pueblo con su consejo. Pero, sobre todo, ellos hacen sentir el amor de Jesús, porque entregan su vida por el rebaño.

En este domingo también se celebra la Jornada mundial de oración por las vocaciones. Unámonos en oración por aquellas personas que se sienten llamadas a la tarea del pastoreo en sus comunidades.

 

                                                                    Ricardo Rodríguez Villalba, pbro.

 

Evangelio según san Juan (10, 27-30)

 

En aquel tiempo dijo Jesús: “Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre es mayor que todas las cosas que me ha dado, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno”.

2019-05-19 “Conocerán todos que sois discípulos míos si os amáis unos a otros”

Domingo V de Pascua

Continuamos en el tiempo pascual, el tiempo de la glorificación de Jesús, Pero adelantando su despedida que tendrá lugar con la ascensión, el evangelio de hoy nos recuerda el mandamiento nuevo pronunciado momentos antes de su pasión. Jesús está celebrando la última cena con los suyos. Acaba de lavar los pies a sus discípulos. Judas había tomado ya su trágica decisión, y Jesús dijo: «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Como yo os he amado, así amaos también vosotros los unos a los otros». Este es el testamento de Jesús.

Jesús habla de un ‘mandamiento nuevo’, ¿dónde está la novedad? La consigna de amar al prójimo está ya presente en la tradición bíblica, Dios ya había dado el mandato del amor (Lev 19,18). El antiguo testamento no presentaba ningún modelo de amor, sino que formulaba solamente el precepto de no vengarse de los hijos del pueblo de Dios y amar al prójimo. ¿Cuál es la novedad de Jesús? «Nuevo», «novedad», son palabras que evocan siempre significados positivos, como una vida nueva, un nuevo día, un nuevo empleo, el año nuevo, etc. Lo nuevo es noticia (news, en inglés). El Evangelio significa «buena noticia» precisamente porque contiene la novedad por excelencia.

Pero lo nuevo no se opone a lo antiguo, sino a lo viejo. El nuevo testamento de Jesús no se opone al antiguo testamento, sino que lo perfecciona. Jesús se presenta a sí mismo como nuevo modelo y como fuente de amor. Jesús, Dios hecho hombre, es la perfección del amor. Su amor no tiene límites, es universal, es capaz de transformar a toda la humanidad para progresar en el amor.

Pero también su mandamiento es nuevo porque Jesús añade algo muy importante: «Como yo os he amado, así amaos también vosotros los unos a los otros». Lo nuevo es precisamente este amar como Jesús ha amado.

Todo nuestro amar está precedido por el amor de Jesús y se refiere a este amor, se inserta en este amor, se realiza precisamente por este amor. Lo primero que los discípulos han experimentado es que Jesús los ha amado como a amigos, y los ha amado hasta el extremo: No os llamo siervos... a vosotros os he llamado amigos.

En la Iglesia nos hemos de tratar y querer como se amaron aquellos discípulos. Y entre los discípulos de Jesús se han de cuidar el servicio y la caridad. Jesús les recuerda su estilo: no he venido a ser servido, sino a servir. Y ése es el amor más grande, el de quien es capaz de dar la vida por sus amigos.

El mandamiento de Jesús es un mandamiento nuevo en sentido activo y dinámico: porque «renueva», hace nuevo, transforma todo. El amor fraterno (que la Eucaristía engendra y promueve) lo hace ya todo nuevo. “Os doy un mandamiento nuevo, que os améis unos a otros como yo os he amado”. El amor mutuo no es sólo el compendio del nuevo testamento sino, sobre todo, el distintivo del nuevo pueblo de Dios. De esta manera la vida de la iglesia comenzó sostenida por una fuerza de cohesión y de expansión absolutamente nueva y de extraordinario poder, en cuanto basada no sobre el amor humano, frágil, sino sobre el amor divino: el amor de Jesús revivido en las relaciones mutuas de los creyentes. Jesús resucitado es capaz de transformar la realidad y hacer nuevas todas las cosas; vivamos de modo sencillo y concreto el amor de Dios, en las familias, con el prójimo, en las comunidades, en los barrios. Y de este modo seremos signo de nuevos tiempos y testimonio ante el mundo que no cree o no experimenta el amor. Si nos amamos los unos a los otros, Jesús sigue estando presente entre nosotros, y sigue siendo glorificado en el mundo.

 

                                                                      Ricardo Rodríguez Villalba, pbro.

 

Evangelio según san Juan (13, 31-33a. 34-35)

 

En aquel tiempo, cuando Judas salió del cenáculo, dijo Jesús: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros».

2019-05-26 “El Espíritu Santo os irá recordando todo lo que os he dicho”

Domingo VI de Pascua

Hemos llegado al VI domingo de Pascua y dentro de una semana tendrá lugar la Ascensión del Señor. En el evangelio de hoy, Jesús, anunciando su inminente despedida, transmite a sus discípulos tres cosas: una propuesta de vida, una promesa y un don: les propone una experiencia de amor, les promete la presencia de Dios en sus corazones y les ofrece el don de su paz.

Primero:La propuesta de vida. Jesús nos había dado un mandamiento: “Que os améis unos a otros”. Ahora nos dice. “Si me amáis, guardad mi palabra”, que significa mantener una comunión vital con su persona, fundada en un amor que se expresa en la acogida de su Palabra como eje fundamental de la vida creyente. Cuando Jesús afirma: “mi palabra no es mía, sino del Padre que me envió”, está revelándonos que el Padre es la fuente primera de su enseñanza. De ahí, esta advertencia que no puede pasar desapercibida: “quien me rechaza a mí, rechaza al Padre que me ha enviado”. Y, por el contrario, quien le acoge a Él percibirá su presencia y la presencia del Padre en el interior del propio corazón: “Al que me ama, mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos morada en él”.

Segundo: La promesa. Jesús había anunciado a sus discípulos que pediría para ellos el Espíritu de la verdad que les enseñe todo. Jesús se despide prometiendo el Espíritu que nos cohesionará en la fe y en el amor. "Os lo digo ahora antes de que las cosas sucedan" (Jn 14,29). Jesús se refiere a todo el proceso de la pasión, muerte, resurrección, ascensión y venida del Espíritu. Cuando todo esto suceda, los discípulos podrán reconocer lo que Jesús les había dicho, pues, precisamente será el Paráclito el que lo hará ver y entender. Mientras no posean la iluminación del Espíritu, no comprenderán la muerte de Jesús ni estarán preparados para creer en su resurrección. "Para que cuando suceda tengáis fe" (Jn 14, 29).  “El Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho”. El Espíritu del Señor nos sigue transmitiendo hoy la verdad por medio de la enseñanza de la Iglesia, verdad que ésta ha recibido a su vez del propio Jesús.

Tercero: El don. Al cumplimiento de la promesa de la comunión del Padre con el Hijo y el Espíritu, sucede ahora la donación de la paz. En el clima de violencia que padecemos, muchas veces entendemos la paz como ausencia de guerra. Muy diferente es la paz de Cristo: es una paz honda, que nos reconcilia con Dios, con nosotros mismos y con los demás; una paz que nace de la justicia, que crea fraternidad y que expresa la esperanza de un mundo en el que Dios lo será todo en todos. Por eso, Jesús distingue entre la paz del mundo y su paz: “La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo”. La paz de Cristo se ofrece, se propone, se da gratuitamente. La paz es un don divino, y es también tarea humana: cada uno la ha de poseer en su corazón para poder transmitirla a los demás. Mientras estamos en el mundo, la paz que Cristo nos ha otorgado no nos exime de otras situaciones conflictivas, pero perfecciona las relaciones humanas y está fundada en la esperanza cierta de un mundo nuevo. "Mi paz os dejo" quiere decir que Jesús deja alegría, luz y verdad. La paz de Jesús produce frutos de amor, reconciliación, generosidad, paciencia y gozo.

El evangelio de hoy nos fortalece para no acobardarnos ni tener miedo. Los discípulos no debían temer la partida de Jesús; les deja la paz y el Espíritu que completará su misión. Han pasado ya veinte siglos desde el nacimiento de la Iglesia, y el mundo sigue necesitando el testimonio creyente de los cristianos. Nos podemos preguntar: ¿Cómo ser discípulo de Cristo? ¿Qué significa ser cristiano en nuestro mundo contemporáneo? ¿Qué es necesario para ser fieles seguidores de Jesucristo? Jesús nos responde: escuchar su palabra, imitarle y amarle agradecidamente. El amor del que Jesús nos habla va más allá del mero sentimiento, es una forma de vida, una forma de estar en el mundo y de actuar dentro del mundo. El amor de Jesús es un amor verdadero, que se expresa en actitudes y obras. Ser cristianos no es una ideología ni un movimiento social, ser cristiano es dejarse llevar por la acción del Espíritu, es fundamentar la vida en la fe en Dios Amor, que es el motivo de nuestra esperanza. Es el Espíritu del Señor el que nos inspira el compromiso de trabajar con esa esperanza, anunciando la buena noticia a las mujeres y hombres de nuestro tiempo, y despertando con urgencia la lucha por cambiar las estructuras de injusticia y pecado, y llevar a cabo los planes de Dios.

 

                                                                  Ricardo Rodríguez Villalba, pbro.

 

Evangelio según san Juan (14, 23-29)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado.” Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo.»

 

 

2019-06-09 “Recibid el Espíritu Santo. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”

Domingo de Pentecostés

Hoy celebramos la solemnidad de Pentecostés, conclusión de la Pascua. Los cincuenta días que transcurrieron desde la Pascua hasta el acontecimiento de Pentecostés descrito por san Lucas en el Libro de los Hechos, expresan el tiempo y el proceso de acogida por los discípulos del don del Espíritu. Con esta fiesta llegamos al cumplimiento de las promesas en la nueva alianza. Si la antigua celebración de la Pascua judía era la fiesta de la antigua alianza entre Dios y el pueblo de Israel, el Pentecostés cristiano es la fiesta de la nueva alianza y del don del Espíritu, don de Jesús Resucitado; don, no sólo para el pueblo de Israel, sino extendido a toda la humanidad. Con la nueva alianza nace un nuevo pueblo, la Iglesia. La nueva alianza en el Espíritu de Jesús Resucitado es ahora el mandamiento del amor, que congrega y une a todos los pueblos en la comunidad de creyentes que es la Iglesia.

Esta universalidad queda simbolizada en las diversas lenguas que hablaron los discípulos sobre quienes descendió el Espíritu en aquel primer Pentecostés, de modo que todos los judíos procedentes de distintas partes les comprendían.

En el evangelio de Juan, el Espíritu juega un papel muy importante. ¿Cómo interviene el Espíritu? Se habla de él como el don que viene de Dios y que llena el corazón de los discípulos, como el aliento y el Defensor que Jesús enviará después de su resurrección y ascensión. Jesús mismo está lleno del Espíritu desde el principio, y por eso Dios se revela en Él.

El Espíritu es como el viento, que se oye sin que nadie lo vea, que se mueve sin que nadie sepa de dónde viene y a dónde va. Espíritu significa sencillamente, «aire», «viento». Es una forma muy sugerente de hablar de Dios trascendente, presente y desconocido a la vez. Por eso las imágenes para hablar del Espíritu de Dios son tantas, tan variadas, y tan ricas: el viento, el fuego, el agua, la paloma… El pueblo judío pensó en Dios como el Dios invisible, quien, al mismo tiempo, estaba presente con signos visibles en la vida y en la historia de su pueblo elegido. Hoy, los cristianos creemos que Dios se nos hizo presente en Jesús; sí, pero es tan grande que aún no lo podemos abarcar. Para ayudarnos y acompañarnos, nos dejó su Espíritu y nos entregó sus dones, como leemos en el evangelio de hoy.

Jesús, lleno de Espíritu, aparece en medio de sus discípulos de forma inesperada y misteriosa. Pero Jesús no entra como un fantasma, sino con su cuerpo real, marcado por las llagas de la pasión, resucitado y glorificado. Y se hace presente en la comunidad, vivo y resucitado, sólo que los discípulos tardaron en darse cuenta. Con las palabras de Jesús tiene lugar la entrega de sus dones:

Elprimer don es la alegría y la confianza por el triunfo del Resucitado, que contrasta con el precedente miedo a los judíos.

Elsegundo don de Jesús es su paz, paz que se experimenta como plenitud de la persona y de la comunidad, la vida abierta al futuro, que abre puertas y ventanas para mirar al mundo con ojos confiados. La paz no significa necesariamente la ausencia de conflicto, sino la capacidad interior de confiar en que Dios sigue guiando la historia a pesar de nuestros errores. La paz de Jesús aparece en este evangelio, primero pronunciada como saludo, y afirmada por segunda vez como preámbulo para recibir el tercer don de Jesús, que es el envío a la misión. Es la misma misión que Jesús ya inició y que los discípulos habían visto, en sus palabras y obras: qué hacía, cómo vivía, qué anunciaba, cómo se sacrificaba por los demás, cómo amó al mundo hasta el extremo. Al principio pensaron que Jesús era el mesías que iba a restaurar el reino de Israel, hasta que comprendieron que su vida, pasión, muerte y resurrección eran la misión que el Padre le había encomendado. Ahora Jesús Resucitado, dador de paz y alegría, les encomienda a ellos su misma misión. Jesús impulsa a los discípulos al envío misionero.

Elcuarto don es el don del mismo Espíritu Santo. Jesús sopla sobre los discípulos. Nos dice el libro del Génesis, en el Antiguo Testamento, que Dios sopló sobre la figura de barro que había hecho y la convirtió en ser humano; en el Éxodo también sopló sobre las aguas del mar Rojo para separarlas y salvar así a su pueblo de los egipcios. Dios da vida y salva con su Espíritu. Ahora es Jesús el que nos lo regala de parte del Padre.

Elquinto don es el perdón de los pecados, es decir, la renovación interior del ser humano a través de la reconciliación por medio de signos visibles entregados a los discípulos. Para poder entrar en el Reino de Dios hay que nacer del Espíritu, hay que renacer a una vida nueva. Mediante el perdón de los pecados y la reconciliación, Jesús Resucitado constituye, por el Espíritu que comunica, la comunidad de la nueva alianza, la Iglesia.

Por tanto, Espíritu y misión son inseparables. El Espíritu y la misión son regalos que van juntos. Jesús no nos da la paz y la alegría para que vivamos tranquilos, pasivamente, aislados y con las puertas cerradas. El Espíritu es el inicio de la obra y su fruto es la misión: sólo el Espíritu da la fuerza que necesitamos en la misión, y sólo el Espíritu puede garantizar que cumplamos lo que Jesús nos pidió, construir el Reino de Dios.

Así, y después de veintiún siglos, Pentecostés sigue haciéndonos presente el Espíritu de Jesús que continúa guiándonos y conduciéndonos como hizo con el pueblo de Israel. El Espíritu sigue actuando, purificándonos del pecado, lanzándonos hacia la misión, construyendo el Reino de Dios y la comunidad. Superar el encierro y los miedos es el desafío de hoy de la Iglesia, que no puede dejar nunca de ser evangelizadora y misionera.

 

                                                                   Ricardo Rodríguez Villalba, pbro.

 

Evangelio según san Juan (20,19-23)

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en su casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.» Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.» Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.

2019-06-16 “El Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad plena”

Domingo de la Trinidad. 

Concluido el ciclo anual de los tiempos litúrgicos, adviento-Navidad (la espera del nacimiento de Jesús por la promesa hecha por el Padre y la encarnación de su Hijo); cuaresma y semana santa-Pascua (pasión, muerte y resurrección de Jesús); y los cincuenta días o Pentecostés (entrega del don del Espíritu Santo). Y después de haberse manifestado la salvación que ha venido de Dios Padre, del Hijo y del Espíritu, hoy celebramos y damos gracias a las tres Personas en esta fiesta de la Trinidad.

El evangelio de la fiesta de hoy, tomado de san Juan, nos introduce en el misterio de la Trinidad, misterio ya existente antes de todos los tiempos, pero que Jesús enseña hoy a los discípulos.El texto es un fragmento del gran discurso de Jesús pronunciado poco antes de su pasión. Hace referencia al Espíritu, en comunión con el Padre y el Hijo, como el que guiará y anunciará la verdad completa a los discípulos después de la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

Este fragmento tiene tres pequeñas partes: a) Jesús anuncia a los discípulos que aún les quedan cosas por saber que todavía no eran capaces de sobrellevar ni de comprender; b) Jesús hace referencia al Espíritu Santo como el Espíritu de la verdad; c) Jesús, ocupando un lugar central al hablar de sí mismo, se relaciona con el Padre, al que presenta como dueño de todas las cosas, pero que lo comparte con Jesús, y con el Espíritu, que recibe de ambos y lo anuncia. Por tanto, Jesús afirma que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo para guiar, anunciar y glorificar. Y confirma y nos promete su consoladora presencia para darnos a conocer lo que está por venir. Es el gran protagonista del tiempo de la Iglesia.

El Espíritu se caracteriza por acompañar, sustentar y reconfortar a su pueblo, como hace una madre con sus hijos, según Dios lo había prometido (Is 66,12-13). De hecho, la promesa de la presencia del Espíritu nos llena de vida y de ánimo, y nos sumerge en la vida trinitaria: El Espíritu toma lo que es del Padre y del Hijo y lo comparte/anuncia. Al hacerlo, glorifica al Padre y al Hijo.

San Juan en otro pasaje presentaba a Jesús como “el camino, la verdad y la vida” (Jn 14, 6), y también denomina al Espíritu Santo el Espíritu de la verdad. Es el Espíritu de la verdad no solamente porque procede del Padre, sino también porque es el Espíritu de Cristo, en quien descubrimos el carácter mismo de Dios. Así como Jesús nos ha comunicado en su vida y en sus palabras el carácter de Dios Padre y con el cual todo lo comparte, el Espíritu “toma” lo de Dios Padre y Dios Hijo, y lo comparte con nosotras y nosotros. El Espíritu no obra “por su propia cuenta” sino en comunión e interacción con el Hijo y el Padre, y eso nos infunde confianza, porque con el Espíritu vivimos lo mismo que con Jesús hemos experimentado: la ternura, la compasión y el compromiso de Dios con la humanidad.

El Espíritu también nos acompaña y nos guía en la verdad de Dios, hasta que lleguemos al punto de poder “sobrellevar” lo que queda por revelarse y que de otro modo nos sobrepasaría. Nuestro Defensor y Abogado, el Espíritu de la verdad, además de acompañarnos en nuestro presente, nos abre perspectivas que nos permiten avanzar hacia el futuro, nos “hará saber las cosas que habrán de venir”. No es que el Espíritu nos otorgue algún tipo de facultad adivinatoria. Más bien, nos permite discernir, ante las dimensiones de la vida, cómo proceder con fidelidad por el camino de Jesús.

¿Cómo hemos de responder como seguidores y seguidoras de Jesús, y como comunidades eclesiales, a los desafíos de nuestro tiempo? Un objetivo fundamental de la vida cristiana es “vivir en el Espíritu”, sentirse habitados por él, dejarse conducir por él. El Espíritu, con su guía, nos hará conocer la verdad completa acerca de Jesús. La “verdad completa” es un itinerario espiritual personal y comunitario. El Espíritu Santo así nos lo anuncia. Nunca faltará a la comunidad lo necesario para discernir los pasos a seguir por el camino de Jesús.

Otro detalle destacado en el evangelio de hoy es que Jesús se dirige a sus discípulos como “vosotros”, los discípulos de entonces, y los de hoy, que desde entonces también somos interpelados por la llamada del Espíritu. El seguimiento de Jesús empezó con aquellos discípulos que dieron origen al nacimiento de la Iglesia, y hoy continúa. Cuando Jesús nos dice “vosotros”, nos indica además cómo ha de ser nuestra norma de vida, la esencia del discípulo: recibir de Jesús para anunciar y ofrecerlo a los demás.

El mejor secreto para poder sobrellevar las dificultades de cada etapa de la vida, así como para mejor cargar con el peso de la realidad que a veces puede con nosotros, es dejarnos sostener por el Espíritu. Al igual que Jesús, el Espíritu se compromete íntima y concretamente con el mundo para dar a conocer el poder transformador del amor del Dios trino, cuya gloria y alegría es que su creación sea transfigurada por la gracia y tenga vida abundante. Dios, en sus tres personas, está siempre presente y no nos abandona en medio de los retos del presente y del futuro.

                                                                      Ricardo Rodríguez Villalba, pbro.

Evangelio según san Juan (16, 12-15)

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará.

2019-06-23 “Dadles vosotros de comer”

Corpus Christi (Stmo. Cuerpo y Sangre de Cristo) 

No es una casualidad que la celebración de hoy sea la continuación de Pentecostés y de la Trinidad. El Corpus Christi es la culminación del misterio pascual y trinitario. A partir de la Pascua, la Iglesia tiene su más preciado tesoro en la Eucaristía. Es la comida que Jesús nos dejó después de realizar su misión, para que siguiéramos su camino. Cada vez que la comunidad celebra el ágape fraterno, Jesús se hace presente en su Iglesia, que es su Cuerpo. Adoramos en la Eucaristía su presencia real y recordamos su entrega por nosotras y nosotros.

Este evangelio de la multiplicación de los panes y los peces se encuentra al final de la misión de Jesús en Galilea (Lc 4, 14-9, 50) y antes de la misión en Jerusalén (Lc 9, 51 ss). Aunque la entrega definitiva de la Eucaristía tendrá lugar en el cenáculo, san Lucas quiere mostrarnos con esta catequesis que la Eucaristía no es un hecho aislado, sino que está orientada como fundamento y alimento de la misión evangelizadora de Jesús.

El relato de la multiplicación es sorprendentemente parecido al relato de la institución de la Eucaristía (cf. Lc 22, 19). San Lucas hace revivir conscientemente en la multiplicación de los panes los gestos de Jesús que instituye la Eucaristía (tomó los panes, alzó los ojos al cielo, los bendijo, los partió y los dio a sus discípulos), gestos que repetirá en el cenáculo cuando transforme el pan y el vino en su cuerpo y sangre (cf. Lc 22, 19-20).  

Existen numerosos símbolos en el relato: el número de personas, cinco mil, símbolo del pueblo de Dios; el número de panes y peces, que suman siete, símbolo de totalidad; y los doce cestos recogidos, que simbolizan los doce apóstoles, fundamento de la comunidad, a la que cuidan y alimentan por el mandato de Jesús “dadles vosotros de comer.

La Eucaristía es presentada por san Lucas como una comida para muchos. Dice el evangelio que “comieron todos y se saciaron”. Es una acción de Jesús que es preludio evidente de la cena del jueves santo. En la Eucaristía hacemos memoria de la vida de Jesús: se entregó por muchos, como se parte y comparte el pan común; dio su vida por la humanidad, como se derrama el vino en la copa y todos beben de ella. El pan y el vino son signos tangibles de comunión y fraternidad, que se parten y comparten.

La Eucaristía es sacramento y signo de la vida fraterna y solidaria que tenemos que construir con Jesús. El sacramento del cuerpo y de la sangre del Señor nos llena a su vez de la gracia de la comunión con Él y con los miembros de la Iglesia. Es la acción más importante de nuestra vida, después del Bautismo, porque es la comida compartida para que saciemos el hambre y la sed. “Comieron todos y se saciaron”. Pero además, este “hambre y sed de Dios” no nos deben hacer olvidar el “hambre material” de nuestros prójimos, porque no es ajeno a la Eucaristía el saciar el hambre de los que no tienen con qué comer. A quien tiene hambre hay que darle de comer. Pero, también a la inversa, no debemos olvidar que hay mucha gente satisfecha de comida, pero vacía de Dios. Ambas hambres no son excluyentes, para el cristiano deben ir unidas.

Creemos en la presencia real del cuerpo y de la sangre del Señor en este sacramento, y nos sentimos acompañados porque Él está dentro de nosotras y nosotros, que somos su Cuerpo. Compartimos y vivimos la fe y la vida con la comunidad con el mayor alimento que tenemos, y este alimento a su vez aumenta los vínculos de la comunidad.

Otro aspecto importante de la Eucaristía es la participación: cuando comemos el Pan y bebemos el Vino, nos hacemos responsables de ser solidarios con los demás hermanos, sean prójimos o no. La Eucaristía debe llevarnos a trabajar por la caridad, por el bien común, por compartir nuestro tiempo y nuestros bienes con aquellos que carecen de lo más elemental, empleo, ingresos, alimentación y vivienda. “Comieron todos y se saciaron”. Jesús satisface el hambre material de la multitud con un signo del reino de Dios. Sólo podremos llevar a Jesús a los demás si antes nosotros nos hemos alimentado de Él. Esta experiencia de Dios y transformación desde la caridad será la que nos empuje a solidarizarnos con nuestros hermanos. La Eucaristía es el Sacramento de la comunión, que nos hace salir del individualismo para vivir el seguimiento en comunidad. La Eucaristía debe llevar a la “multiplicación de los panes y peces”, al compartir, a preocuparnos de las necesidades concretas del prójimo, a implicarnos como Jesús en la misión. La clave es la multiplicación de nuestros panes, repartir nuestras cosas. Ahí está presente Jesús y nosotros participamos de la vida de Jesús al compartir lo nuestro. Es el modo de anticipar el reino de Dios, donde reinarán la fraternidad y la caridad de todos con todos. Aquí está el verdadero milagro de la multiplicación de los panes: compartir lo que se tiene, ofrecer lo que uno tiene a los que carecen de todo. La acción de Dios lo multiplica, es decir, la justicia y la caridad se extienden, y esa solidaridad llega a todos y sacia la necesidad.

En la Eucaristía encontramos las fuerzas necesarias para el camino. La misión continúa y nuestro encargo es dar de comer, atender hoy, como ayer hizo Jesús, las necesidades de las personas y ofrecer nuestra mediación de modo que puedan encontrarse con el verdadero alimento, el reino de Dios.                                                                                               

 

Ricardo Rodríguez Villalba, pbro.

 

Evangelio según san Lucas (9, 11b-17)

En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar a la gente del reino de Dios y curó a los que lo necesitaban. Caía la tarde, y los Doce se le acercaron a decirle: «Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado.» Él les contestó: «Dadles vosotros de comer.» Ellos replicaron: «No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar para dar de comer a todo este gentío.» Porque eran unos cinco mil hombres. Jesús dijo a sus discípulos: «Decidles que se sienten en grupos de unos cincuenta.» Lo hicieron así, y todos se sentaron. Él, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos.

 

 

2019-06-30 “Nadie que mira hacia atrás vale para el reino de Dios”

13º Domingo del TO

Este evangelio se sitúa en el camino de Samaría al comienzo de la misión de Jesús hacia Jerusalén (Lc 9, 51 ss). Poco antes, Jesús había realizado la multiplicación de los panes y los peces, y anunciaba su pasión, muerte y resurrección (Lc 9, 10-22).

En este episodio de hoy, que podríamos resumir en una mala acogida en pueblo samaritano y las disposiciones para la vocación apostólica, Jesús propone las condiciones para ser discípulo suyo. Para el seguimiento ponía como condición la negación de sí mismo, caminar detrás de él, cargar diariamente con la cruz, y perder la propia vida por su causa (cf. Lc 9, 23-24). El evangelio insiste: Ser discípulo es vivir un proceso de asimilación continua a la persona del Maestro. A lo largo de este camino hacia Jerusalén, el evangelista san Lucas nos desgrana las condiciones propias del auténtico seguidor de Cristo, en las que el discípulo debe progresar cada día.

La intención de Jesús de hacer su viaje atravesando el territorio de los samaritanos juega también un aspecto importante en la narración y en el plan divino. Apuntaba hacia la inclusión de los samaritanos en el reino de Dios. Los judíos evitaban pasar por Samaria cuando se dirigían a Jerusalén, aunque ésta era la ruta más directa. Se debía a que los judíos evitaban todo contacto con los samaritanos. Para los judíos los samaritanos representaban impureza, ya que la religión de los samaritanos estaba centrada en el monte Gerizim y rechazaban que Jerusalén tuviera algún lugar en el plan de salvación. Es por ello que no recibieron a Jesús. A pesar de este rechazo, los samaritanos estaban incluidos en el plan divino, lo vemos en el evangelio cuando Jesús habla de los samaritanos como ejemplos positivos (Lc 10, 29-37, parábola del buen samaritano; y Lc 17, 11-19, curación de los diez leprosos).

Pero también observamos que Jesús no sólo es rechazado por los samaritanos, también es rechazado a lo largo del evangelio, en Galilea, por los gentiles, y en Jerusalén. El rechazo a Jesús provoca la ira de Santiago y Juan: “¿Quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos?” La enemistad entre judíos y samaritanos se remontaba a varios siglos atrás. El espíritu de venganza se apodera de Santiago y Juan. Piensan en un mesianismo espectacular y poderoso, capaz de arrasar todo lo que se oponga. No han entendido que la actitud de Jesús es de misericordia y no de destrucción: “Él se volvió y les regañó”. Jesús responde con calma ante el aparente fracaso. Jesús se muestra libre para tomar un nuevo camino y no quedarse en el rechazo. Asumió el rechazo en forma diferente, conforme al plan divino. No vino para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas. Cuando propongamos la opción de Dios, hay que contar con la libertad de todas y todos. Y respetarla. No podemos desesperar nunca. La paciencia equivale a la esperanza de conversión ante cualquier persona. No podemos desechar esa posibilidad. Jesús constantemente confronta a sus seguidores con los principios de Dios y pone en claro las implicaciones del discipulado. Es bueno preguntarnos: ¿Qué actitud asumimos frente a la forma como las personas reaccionan ante el evangelio o los asuntos relacionados con Dios? ¿Qué actitud asumimos si rechazan el evangelio? ¿Quiénes somos para condenar o juzgar a alguien, aun cuando esa persona esté actuando en contra de la religión? Debemos alinearnos al plan de Dios, que sobrepasa todas las barreras humanas, sean de nacionalidad, raza o religión. No tratemos a los demás como si fueran malos samaritanos. Y si consideramos así mismo que los demás también pueden juzgarnos, entonces ¿qué actitud tomamos si somos rechazadas o rechazados en algún aspecto de nuestra vida? ¿Respondemos violentamente? Procuremos entender y mirar con la mirada de Dios sobre las situaciones que nos provocan desconcierto.

Los discípulos, al salir de Samaria, “se encaminaron hacia otra aldea”. Maestro y discípulos son inseparables. Marchan, caminan, viven juntos. La convivencia con Jesús el Maestro es la escuela de vida para el discípulo. Pero conviven en camino. No se instalan en una situación conseguida, no tienen aquí morada definitiva. “Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza”. Es consecuencia de la anterior condición. El discípulo vive siempre sin apoyaturas ni seguridades. De ahí, el desprendimiento, la pobreza, la ruptura con tantas cosas que son un lastre y una excusa que pueden provocar la no confianza en Jesús. Sin descartar aquí los vínculos humanos y hasta familiares. Y todo, como decisión definitiva: “El que echa mano al arado y sigue mirando atrás, no vale para el reino de Dios”.

Alguien puede pensar que decidirse a vivir según se nos presenta al discípulo es tanto como arruinar una vida. Y no es así. Porque, en el fondo, se trata sólo de dejar que el Maestro ocupe el centro de nuestra vida, priorizándole a Él sobre lo menos valioso. Es adquirir una manera de ser: la misma del Maestro. Y, bien entendida, esta nueva condición es la de vivir en familia, con Cristo como centro y unido a todos los demás discípulos, los hermanos, con los que se comparte todo y con los que se proclama la validez de esa manera de vivir.

La llamada de la fe se resume en una sola palabra: “sígueme”. En la marcha hacia el reino de Dios, Jesús pide una entrega total. Jesús pide una gran libertad. La respuesta es sin condiciones. Ni el enterrar los muertos, ni el querer a los padres, ni otras ataduras deben impedir la opción de la fe. El que echa mano a la tarea pero sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios. En esta opción uno se juega la vida. Pero sepamos apostar bien, porque en la fe el que pierde la vida es el que la gana. El desprendimiento por el reino absorbe cualquier otro deseo personal.

 

                                                                               Ricardo Rodríguez Villalba.

 

Evangelio según san Lucas (9, 51-62)

Cuando se completaron los días en que iba a ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros delante de él. Puestos en camino, entraron en una aldea de samaritanos para hacer los preparativos. Pero no lo recibieron, porque su aspecto era el de uno que caminaba hacia Jerusalén. Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos?». Él se volvió y los regañó. Y se encaminaron hacia otra aldea. Mientras iban de camino, le dijo uno: «Te seguiré adondequiera que vayas». Jesús le respondió: «Las zorras tienen madrigueras, y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza». A otro le dijo: «Sígueme». Él respondió: «Señor, déjame primero ir a enterrar a mi padre». Le contestó: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios». Otro le dijo: «Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de los de mi casa». Jesús le contestó: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios».

2019-07-07 “La mies es abundante y los obreros pocos”

14º Domingo del TO 

Este evangelio de hoy es la continuación del evangelio del domingo anterior. Refiere la misión de los setenta y dos discípulos, y lo encontramos sólo en san Lucas, el evangelista que tiene un carácter más universalista. Nos dice que los discípulos son designados por Jesús para ir delante de él. El envío o misión consistirá en ser testigos del Evangelio y anunciar a los pueblos que “el reino de Dios ha llegado”.

Sabemos que el número de los apóstoles de Jesús son doce, número que corresponde a las doce tribus de Israel; y que el número de los setenta y dos hace referencia a los setenta y dos pueblos que, según el capítulo 10 de Génesis, componen toda la humanidad. Ambos números ponen de relieve que el Evangelio de Jesús va destinado tanto a los israelitas como a los demás pueblos. Jesús llama, pues, a toda la humanidad. A todos los hombres y mujeres se les debe anunciar el reino de Dios, que consiste en curar a los enfermos y librarles de todos los males.

Los setenta y dos discípulos son enviados como pregoneros de Jesús para prepararle el camino por las ciudades y lugares por donde él tenía que pasar. Y son enviados de dos en dos, porque han de actuar como testigos, pues según la Ley (Deut 19,15), tenían que ser un mínimo de dos para que su testimonio tuviera validez.

El Señor les hace ser conscientes del mucho trabajo, la abundancia de la mies y la escasez de los trabajadores. Las palabras del Señor son crudas: “Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias...” Es decir, los discípulos son enviados sin seguridades -como corderos en medios de lobos-, y son enviados también sin recursos, sin bolsa, ni alforja ni sandalias, sin tiempo para detenerse a saludar. Esta dificultad de la misión pone de manifiesto la ilusión, la generosidad, la constancia y el desprendimiento que hacen falta para llevarla a cabo.

La condición de los discípulos al presentarse es ser portadores de paz. Sus palabras de saludo serán éstas: “Paz a esta casa”. Paz que no sólo se refiere a la salud y el bienestar sino también al don de la salvación que nos ha traído Jesús. Este mismo será el saludo del Señor resucitado.

Jesús envió a los setenta y dos discípulos y estos partieron prevenidos por el posible fracaso de su misión. Seamos conscientes que Dios es el dueño de la mies; todo, en definitiva, depende de Él, porque nosotros sin Él podemos tener éxito o fracasar. San Lucas destaca el rechazo sufrido también por Jesús en las ciudades en las que había predicado y había realizado signos prodigiosos (Corozain, Betsaida y Cafarnaún, citadas en Lc 10, 13-16).

Los discípulos se sacudían los pies cuando se rechazaba su testimonio. Según los rabinos, el polvo de las tierras de los gentiles traía impurezas, y los estrictos judíos se sacudían el polvo al regresar del extranjero a Palestina. El hecho de que los discípulos se sacudan el polvo de sus pies quiere expresar que los israelitas que rechazaban la buena nueva de Jesús, no eran mejores que los gentiles.

Pero los setenta y dos vuelven llenos de alegría, porque su misión ha tenido éxito; han constatado que, en nombre de Jesús, los males son vencidos. Venían contentos por la tarea bien hecha: por expulsar todo tipo de demonios. Experimentaron que con la potestad de Jesús fueron capaces de hacer el bien y combatir el mal, y nada les hizo daño. Al final, Jesús nos da una gran enseñanza: que lo importante no es el triunfo, sino el hecho de que nuestros nombres estén escritos en el cielo, esto es, que somos hijas e hijos amados por Dios. Por eso Jesús invita a pedir insistentemente para que el dueño envíe operarios a su mies. La iniciativa parte del Señor, que es el que nos envía y quiere que comuniquemos vida a todos.

La meditación de las palabras de Jesús “la mies es abundante y los obreros pocos” ha invitado a muchas y muchos, sobre todo jóvenes, a hacerse un planteamiento vocacional: ¿por qué no dedicar mi vida a esta misión de anunciar el reino de Dios? Es una tarea de toda la comunidad cristiana y no sólo de sacerdotes, religiosas, consagrados y misioneros.

Todos somos misioneras, misioneros y portadores de paz. La Iglesia en sus principios creció gracias a la acción de los discípulos, que, al expandirse por los diversos lugares, sembraron nuevas comunidades cristianas. Los creyentes tenemos que implicarnos en la misión, no por falta de vocaciones, sino por la urgencia de la propia vocación cristiana, esto es, generar fraternidad y hacer sitio a la presencia de Dios. Nosotras y nosotros también tenemos que ser misioneras y misioneros. Nos urge continuar anunciando el reino de Dios, dar testimonio de su presencia en medio de un mundo donde no se reconoce a Dios, pero un mundo a la vez deseoso de autenticidad y valores, de superar sus enfermedades y males, y alcanzar el bienestar y la felicidad. Si somos conscientes que el reino de Dios está dentro de nosotros, si cada día hacemos propósito de recordarlo, con nuestras palabras y obras no tendremos dificultad en hacerlo presente.

                                                                                                                                                                                                      Ricardo Rodríguez Villalba.

 

Evangelio según san Lucas (10, 1-12. 17-20)

 

Después de esto, designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó delante de él, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa en casa.  Si entráis en una ciudad y os reciben, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya en ella, y decidles: “El reino de Dios ha llegado a vosotros”. Pero si entráis en una ciudad y no os reciben, saliendo a sus plazas, decid: “Hasta el polvo de vuestra ciudad, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que el reino de Dios ha llegado”. Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para esa ciudad.Los setenta y dos volvieron con alegría y le dijeron: “Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.” Él les contestó: “Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo poder del enemigo. Y nada os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.”

2019-07-14 “¿Quién es mi prójimo?”

15º Domingo del TO  

El evangelio de hoy nos propone la parábola del buen samaritano, otra de las joyas del evangelio de san Lucas. Esta parábola, con la del hijo pródigo, es de una intensa sensibilidad y profunda enseñanza. Aunque todo el evangelio lucano tiene una gran dimensión social, en estas parábolas -como en las bienaventuranzas- se acentúa esa dimensión. Religiosidad y solidaridad, amor a Dios y amor al prójimo, Jesús y los pobres, son sus dos puntos principales, con una opción clara por los excluidos religiosos y sociales.

La narración es una enseñanza de san Lucas sobre la necesidad primordial de toda persona: la búsqueda de la vida eterna, que no es otra cosa que la plenitud humana y de relación con Dios. Un letrado, para poner a prueba a Jesús, le pregunta: “Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?”. Jesús, viendo su implícita mala intención (porque es conocedor de la ley), le contesta que la respuesta está a su alcance, dentro de sí mismo: “¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?”, es decir ¿en qué crees? El maestro de la ley responde: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza y con toda tu mente. Y a tu prójimo como a ti mismo”. Efectivamente, estos dos mandamientos, el amor a Dios unido de forma inseparable al amor al prójimo, contenidos respectivamente en Deut 6, 5 y Lev 19, 18, concentran toda la Ley. Jesús luego amplía el contenido de la pregunta: si el letrado ha preguntado por “la vida eterna”, Jesús concreta: “Has respondido correctamente. Haz esto y tendrás la vida”; porque la vida cotidiana, si se vive según Dios, ya es vida eterna, sin necesidad de esperar la otra vida. Por tanto, las palabras de Jesús completan el conocimiento que tiene su interlocutor acerca de la ley.

Entonces surge otra pregunta: “¿Y quién es mi prójimo?”. O lo que es lo mismo: ¿hasta dónde tengo obligación o dónde están los límites del deber de amar? Es el momento en el que Jesús propone la parábola, que como más adelante veremos, perfeccionará la ley judía en lo relativo al deber de amar.

La parábola dice que el sacerdote y el levita “dan un rodeo y pasan de largo”, es decir, entendiendo que para cumplir las prescripciones de la ley. Sólo el samaritano “se compadeció”. El samaritano además de curar y recoger al hombre herido, dio dos denarios, más que suficiente para abonar los gastos de la posada durante un mes. Fue, pues, muy generoso en su buena acción con un desconocido. Es más, calculó por lo alto; en caso de que los dos denarios no bastasen, los gastos de más los pagaría a la vuelta. El samaritano, de quien no se esperaba nada, practicó un cuidado incondicional. Ha hecho todo lo que hay que hacer sin ahorrarse nada. Ha ejercido la compasión con toda generosidad. Es un extranjero y actúa no como el sacerdote y el levita, ambos judíos israelitas.

Todos pensaríamos que el prójimo de la parábola era el hombre desvalido. La pregunta que plantea Jesús al final de la parábola no coincide con la que el maestro de la ley le hizo sobre quién es el prójimo. Jesús le devuelve: “¿Cuál de estos tres te parece que ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos?”. “El que practicó misericordia”, responde. Jesús entonces propone al buen samaritano como el prójimo, el que siendo extranjero y ajeno al mundo judío entregó todo de sí. Jesús indica con el ejemplo del samaritano que los otros no son los prójimos, sino que somos nosotros quienes activamente con nuestros actos nos hacemos o no prójimos de nuestros hermanos.

La conclusión es clara: no hay que hacer distinciones de religión, ni de raza, ni de amigo o enemigo; todo hombre necesitado de ayuda debe ser amado como se ama cada uno a sí mismo. La parábola obliga al maestro de la ley a reconocer que quien ha cumplido la ley precisamente ha sido, no un hombre instruido en ella como el sacerdote o el levita, sino un samaritano, tenido por los judíos como pecador. Y el samaritano es propuesto como modelo de prójimo frente a quienes se consideran justos, impecables y observantes de la ley. Tanto el sacerdote como el levita que se quieren justificar por su conocimiento de la ley, son desautorizados por Jesús, defendiendo con ello que la atención a los indefensos es condición contenida en la ley y es prioritaria al culto judío, es decir, Jesús denuncia implícitamente que no se puede cumplir la ley ni acudir al culto sin haber antes atendido a los hermanos. El centro del mensaje de Jesús supera la ley judía que definía a los extranjeros como impuros, y defiende al hombre necesitado, a la humanidad sufriente, y subraya que el auténtico culto es curar las heridas, ayudar al necesitado. Amar a Dios y al prójimo van unidos. Y la mejor prueba de que amamos a Dios es el amor a los demás.

Jesús también nos habla hoy: cada uno de nosotros debemos ser los prójimos, los que activamente se acercan, aproximan y atienden a sus hermanos.

Es un paso importantísimo en el mandato del amor. Lo que realmente nos exige Jesús es aproximarnos, identificarnos, de forma igual y total con los hermanos, necesitados o no.

En conclusión, conocer quién es mi prójimo no es lo principal. Lo importante es hacerse prójimo, es decir, compadecerse, practicar misericordia y hacerse hermano. En la historia del samaritano, al fondo está Jesús mismo, es quien nos enseña con sus palabras y obras que Él es el buen samaritano. Como Él, nosotros hemos de ser prójimos, próximos a los hermanos. “Anda y haz tú lo mismo”, nos dice Jesús. Como recompensa tendremos vida, y alcanzaremos vida eterna.

                                                                               Ricardo Rodríguez Villalba.

 

Evangelio según san Lucas (10, 25-37)

En esto se levantó un maestro de la ley y le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?». Él le dijo: «¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?». Él respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza y con toda tu mente. Y a tu prójimo como a ti mismo».  Él le dijo: «Has respondido correctamente. Haz esto y tendrás la vida». Pero el maestro de la ley, queriendo justificarse, dijo a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?». Respondió Jesús diciendo: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba él y, al verlo, se compadeció, y acercándose, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y le dijo: “Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré cuando vuelva”. ¿Cuál de estos tres te parece que ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos?». Él dijo: «El que practicó la misericordia con él». Jesús le dijo: «Anda y haz tú lo mismo».

2019-07-21 “Sólo una cosa es necesaria, escoge la parte mejor”

16º Domingo del TO 

La presencia de Jesús en una familia y la hospitalidad a él ofrecida es el tema sugestivo de este evangelio; es Jesús que ha venido a habitar en medio de las mujeres y los hombres, y nos suscita una actitud de acogida.

La historia aparece entre la parábola del buen samaritano y la lección de la oración del Padrenuestro que da Jesús a los discípulos en san Lucas 11, 1-13. Esta pequeña historia de Marta y María sirve de conexión entre ambos pasajes.

Entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Lucas no nos da el nombre de la aldea, pero debe ser Betania, donde el evangelista san Juan nos dice (Jn 11, 1) que vivían Marta, María y su hermano Lázaro, a quien tampoco se nombra aquí.

Marta fue a recibir a la visita (también fue Marta quien recibió primero a Jesús en Jn 11, 20), lo que puede indicar que tenía un carácter decidido. Jesús amaba a estos hermanos (Jn 11, 5) y todo apunta a que los visitaba con cierta frecuencia. María y Marta son presentadas como dos mujeres importantes entre los discípulos de Jesús, y como veremos, también son dos mujeres dignas de ser imitadas.

Jesús, al entrar en la casa, se puso a enseñar. San Lucas nos dice que a sus pies estaba escuchando María, la hermana de Marta. Dice la Escritura que la fe viene por el mensaje que se escucha, y la escucha viene a través de la palabra de Cristo (Rom 10, 17) y María atendió a esta oportunidad de escuchar a Jesús.

El acto de sentarse a los pies de un rabino también tiene otro significado. Esa era la postura de un discípulo con su maestro. En Hechos 22, 3, Pablo dice que fue instruido “a los pies” del rabino Gamaliel. Normalmente una mujer no habría tenido oportunidad para aprender a los pies de un rabino, pero Jesús no era un rabino más, era además un amigo y, como maestro, hace a estas mujeres discípulas suyas.

Mientras que María estaba escuchando, Marta atendía afanosamente los servicios para agasajar a la visita. En medio del trajín, paró para decirle a Jesús: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano». Pero Jesús le respondió: «Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada».

No sabemos cómo se resolvió después esta situación doméstica, pero el evangelista nos deja una enseñanza.Es posible que Jesús sólo hiciese una comparación entre la actitud de ambas mujeres, porque no parece que estuviera corrigiendo a Marta. Dijo su nombre dos veces apercibiendo suavemente su atención: Jesús quería que Marta se aprovechara como María, entre tantas cosas, de una sola necesaria. Y con la respuesta de Jesús sabemos cuál es la mejor parte.

Marta y María representan otro aspecto del discipulado: servicio activo y contemplación. Ambas actividades son necesarias para el discípulo, pero Jesús dice que una es más valiosa que la otra.

De Marta aprendemos que la vida de fe no consiste sólo en actividad. Necesitamos también tiempos de contemplación y silencio, de oración. Las demandas del día a día y las necesidades a nuestro alrededor nos ocupan de tal manera que no tenemos tiempo para hacerlo todo. Encontrándose en esa situación muchos discípulos escogen el servicio (como Marta) y descuidan el aspecto contemplativo, o lo que es lo mismo, descuidan la oración. La prioridad de todo discípulo es siempre estar ante la presencia del Señor para aprender de Él, y después servir a los demás. Marta recibe a Jesús en su casa, pero, aunque da un buen servicio, aún necesita aprender a servir como él.

El evangelio de hoy nos revela de una manera clarísima el sentido de lo esencial en nuestra vida. El evangelio nos puede ayudar a comprender que hay cosas buenas y necesarias, pero que no son las más importantes de la vida. Mientras que otras, aunque sean aparentemente menos importantes y brillantes, son las más fundamentales. En otras palabras, nos descubre el sentido de lo esencial.

Sólo una cosa es necesaria: no afanarse sino más bien escuchar la palabra de Jesús, lo que ha elegido María. Siempre vale más lo que Dios hace, y escuchar lo que nos dice a las mujeres y los hombres, que lo que nosotras y nosotros podemos hacer por él.

Lo que salva al hombre no es la multiplicidad de las obras sino la palabra de Dios escuchada con amor y vivida con fidelidad. Asumir la contemplación de la Palabra es el requisito previo para la acción.

Hay ciertas conexiones entre esta historia y la parábola del buen samaritano que la precede. En esa parábola había dos ejemplos de actitud religiosa -un sacerdote y un levita- quienes ponían toda la atención en su vida espiritual, pero no querían ayudar al hombre herido. De ellos aprendemos que ir al templo sin un corazón dispuesto a servir, no es del agrado de Dios. Por tanto, a la vida de oración ha de seguir implícitamente el compromiso cristiano: la oración y la devoción no eximen de la acción, sino que son como la causa a su efecto.

Que también en nuestra vida cristiana, oración y acción estén también profundamente unidas. Por eso, habría que preguntarnos hoy a qué damos nosotros más importancia en nuestra vida: al "actuar", o al "ser"; al activismo y un cierto "abuso” de la acción, o a la oración y a la contemplación, que es la condición indispensable para una acción fecunda en el apostolado. Si no tenemos el corazón lleno de Dios, nuestra acción será sólo un ruido vacío y estéril.
No se trata de preferir una de las dos actitudes y de descartar la otra. Hemos de unir las dos dimensiones en nuestra vida, pero insistiendo en lo esencial: oración y acción, escucha contemplativa y servicio. No se trata sólo de trabajar por los demás, de hacerlo hasta agotarse; lo que cuenta no es lo que hacemos sino el modo como lo hacemos, la actitud orante con la que actuamos y estamos ante las cosas, poniendo siempre lo primero en el lugar que le corresponde.

Por eso, el pasaje evangélico que sigue, Lc 11, 1-13, está dedicado a la oración en los discípulos.

                                                                               Ricardo Rodríguez Villalba.

 

 

Evangelio según san Lucas (10, 38-42)

Yendo ellos de camino, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada junto a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Marta, en cambio, andaba muy afanada con los muchos servicios; hasta que, acercándose, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano». Respondiendo, le dijo el Señor: «Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada».

2019-07-28 “Pedid y se os dará”

17º Domingo del TO 

El evangelio de hoy da continuidad al evangelio del domingo pasado. En aquel evangelio vimos a María a los pies de Jesús, escuchando su palabra. En el pasaje evangélico de hoy, Jesús despierta en los discípulos la necesidad de rezar, de aprender de su maestro a orar. En esta relación discipular, Jesús, que es el enviado del Padre, a su vez envía a sus discípulos. Por eso les enseña a orar.

Podemos apreciar en este evangelio una cuidada estructura: la pequeña introducción donde se presenta la petición de un discípulo, que da paso a tres partes: una primera parte con la enseñanza del Padrenuestro, otra segunda parte con la parábola del amigo inoportuno, y una tercera parte que habla sobre la  eficacia de la oración, con el ejemplo de la atención a los hijos y la superior bondad de Dios.

La petición de un discípulo da lugar a la respuesta de Jesús, que se refiere a la relación con Dios Padre, una relación centrada en la oración. Estos tres contenidos, el Padrenuestro, la parábola del amigo inoportuno y la enseñanza sobre la bondad de Dios, giran en torno a la confianza en el Padre e insisten, cada uno de una forma, en presentar a Dios como cuidador, fuente de dones y firmeza del creyente. Las palabras importantes aquí son orar, pedir, ydar. Vemos también que la mención al Padre abre y cierra este evangelio. Desde un punto de vista lingüístico, el texto pasa del “orar” al “pedir”. Podemos darnos cuenta que en este pasaje Jesús dice que la oración es fundamentalmente petición.

Jesús nos habla de la confianza en Dios, lo que significa presentar sin temor nuestros deseos, nuestras preocupaciones y necesidades. Es por esa razón que Jesús nos entrega la oración del Padrenuestro como modelo perfecto de cómo y con qué actitud debemos dirigirnos a Dios, y nos invita a ser amplios en nuestros deseos y anhelos en la oración.

El Padrenuestro incluye todo lo que debe ser el gran anhelo cristiano: que Dios y su amor estén presentes en el corazón de las mujeres y los hombres, para que demos gloria a su nombre; que el mundo sea según la voluntad del Padre, que el amor y la fraternidad sean lo que marquen la vida de mujeres y hombres y nadie quede al margen de una vida digna. Que a nadie falte el alimento de cada día y tampoco el alimento espiritual. Por último, el Padrenuestro nos hace pedir perdón por nuestra realidad débil y pecadora, y perdonar a los que nos han ofendido; recordándonos lo importante que es mantenernos en oración para no separarnos de Dios.

A continuación del Padrenuestro, la parábola del amigo inoportuno nos recuerda que Dios se deja siempre conmover por una oración perseverante. Por eso la tradición orante de la Iglesia es una tradición de peticiones y súplicas, que manifiesta la actitud de confianza en el consuelo, el apoyo y laseguridad que solamente pueden venir de Dios.

Como Jesús tiene en el Padre una confianza absoluta, los discípulos deben aprender a confiar como él: «Os digo a vosotros: pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá». La experiencia de Jesús es la de quien pide y recibe; la de quien busca y halla; la de quien llama y se le abre. De Jesús hemos de aprender su confianza, como comportamiento evangélico y profético. Las invitaciones de Jesús de pedir, buscar y llamar apuntan hacia la misma actitud básica de confianza, aunque sugieren matices diferentes.

Pedir es la acción del que no tiene y necesita lo que no puede conseguir por sí solo. Jesús conocía a sus seguidores como necesitados, en indigencia y fragilidad. La pobreza de Jesús se enfrenta a la riqueza del mundo, porque ninguna abundancia material puede satisfacer los corazones como lo hace la riqueza que Dios da a sus pobres. Por tanto, la Iglesia de Jesús, para que sienta la necesidad de pedir, debe ser pobre, como lo fueron los discípulos.

Buscar es otra cosa diferente a pedir, es la acción de moverse e indagar. Los discípulos somos buscadores del reino de Dios y de su justicia. Jesús nos invita a buscar para hallar, porque Dios no deja de proveer de lo necesario para la vida de la comunidad.

Llamar a la puerta es provocar la atención para ser atendidos y conseguir entrar. Y Dios responde cuando se le llama, pero responde no desde nuestros deseos y necesidades espaciotemporales, sino desde su perspectiva de Padre, que nos da lo que nos conviene. Debemos aprender a llamar a Dios con más insistencia desde las necesidades, contradicciones e interrogantes de nuestro presente, para que la respuesta de Dios los ilumine.

 

El poder contar con Dios no quiere decir que tengamos que esperar que Él nos resuelva todos los problemas. Pero sí quiere decir que Él nos da la mano en nuestro caminar, nos da fuerza y valor. Es tener al lado a Aquél que no nos deja nunca; es poder vivir todo acontecimiento, por duro que sea, acompañado por un amor muy grande, pleno, infinito. Sería manipular a Dios si sólo le pidiéramos ayuda y fuerza para nuestras angustias y problemas personales y no le reconociéramos siempre presente en todas las circunstancias de la vida.

 

Jesús nos enseña a pedir confiadamente a Dios que es Padre, amigo y compañero en el camino de la vida. Cuando se ora de verdad se sale de uno mismo para abandonarse en Dios con ánimo generoso, con simplicidad inteligente, con amor sincero. Orar es pensar en Dios amándole. La oración es camino de comunión con Dios, que nos lleva a la comunión con las mujeres y los hombres. La oración, más que hablar es escuchar; más que encontrar, es buscar; más que conseguir, es esperar; más que quietud y descanso, es trabajo y perseverancia. Rezar es estar abiertos a lo inesperado de Dios, a sus caminos y a sus pensamientos, como quien busca aquello que no tiene y lo necesita. Así la oración aparece como regalo, como misterio, como gracia.

 

Hemos orado y hemos pedido, y al final el evangelio dice que Dios nos dará. ¿Qué regalo nos puede dar un Padre perfecto? El Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo piden, concluye Jesús. De los buenos regalos que podemos recibir, Jesús menciona el mejor don que él va a enviar a sus discípulos: el Espíritu Santo. Con el Espíritu, Dios nos ha guardado para su reino y nos ha dado su presencia para siempre. Y, para completar esta acción, ese mismo Espíritu nos ayuda a orar, como dice Rom 8, 26-27: “Del mismo modo, el Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no sabemos pedir como conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables”.

 

En la oración, lo importante no es obtener esto o aquello, sino que nunca falte la gracia de ser fieles seguidores de Dios cada día. Esta gracia está asegurada al que ora sin cansarse, pidiendo insistentemente el don del Espíritu Santo, en que se incluyen todos los bienes sobrenaturales que Dios quiere conceder a sus hijas e hijos. Y quien pide a Dios, ha de ser agradecido y darle una respuesta en la oración, en la relación de confianza y dependencia filial. Para que los discípulos experimenten su total dependencia del Padre y sean movidos por sus dones, “el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo piden”.

Con deseo insistente, oremos y confiemos para que Dios nos dé su Espíritu.

                                                                               

                                                                               Ricardo Rodríguez Villalba.

 

Evangelio según san Lucas (11, 1-13)

 

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos». Él les dijo: «Cuando oréis, decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación”». Y les dijo: «Suponed que alguno de vosotros tiene un amigo, y durante la medianoche viene y le dice: “Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle”; y, desde dentro, aquel le responde: “No me molestes; la puerta ya está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos”; os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por su importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. Pues yo os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama se le abre. ¿Qué padre entre vosotros, si su hijo le pide un pez, le dará una serpiente en lugar del pez? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?».

 

2019-08-04 “El que atesora para sí, no es rico ante Dios”

18º Domingo del TO  

El evangelio de hoy con este fragmento de Lucas presenta a Jesús respondiendo a un hombre que le pide que intervenga en una disputa familiar. Como sucedía con los rabinos y líderes religiosos de la antigüedad, también Jesús es invitado a ayudar en la solución de una disputa familiar. Esta era una práctica común desde muy antiguo, y se mantiene hoy en determinados ámbitos. En Deuteronomio 21,15-17 encontramos un ejemplo que ilustra lo que debe hacerse en un caso de conflicto por la primogenitura.

La respuesta de Jesús es que no desea intervenir en la disputa. Por un lado, Jesús con su respuesta se niega a jugar el papel de juez o intermediario en disputas hereditarias, queriendo indicar que Él ha venido no a ocuparse de los bienes transitorios sino a anunciar el reino de Dios. Por otro lado, Jesús aborda el tema que parece ser la raíz de la polémica entre el hombre y su hermano: el reparto de una herencia y el origen del desacuerdo: la codicia.

Jesús previene contra la codicia. La parábola sobre el hombre rico que se cree autosuficiente después de que su cosecha ha producido en abundancia, ilustra el afán de poseer y adquirir riquezas para atesorarlas. El lenguaje del texto se caracteriza por el uso reiterativo de la primera persona, lo que quiere indicar la actitud egoísta del hombre y el ensimismamiento por los bienes que ha acumulado.

Depositar la esperanza y la confianza en las riquezas es una de las expresiones más comunes de idolatría: El dinero y los bienes materiales reemplazan el lugar de Diosy los valores del reino de los cielos son sustituidos por los valores de la cultura secular de poseer ilimitadamente y de acumular recursos materiales.

Los evangelios están repletos de enseñanzas que advierten acerca de la idolatría y el mal uso de la riqueza. Es muy conocida la expresión “donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Lc 12, 33-34); también, la enseñanza sobre la pobreza en las bienaventuranzas (Lc 6, 20). Jesús exhorta a sus discípulos a que en lugar de amontonar riquezas, aprendan a compartir y a dar limosnas con una actitud sincera con el necesitado que afirme su dignidad (Mt 6, 2-4). Jesús también enseña a los discípulos a pedir “cada día el pan cotidiano” (Lc 11,3) sin olvidar que tanto la comida como el vestido son provistos por el Padre que sabe que necesitamos todo esto (Lc 12, 22-30). Es más, Jesús enseña que para quienes buscan el reino de Dios, todas las demás cosas les serán añadidas (Lc 22, 31). Finalmente, es muy conocido otro dicho de Jesús: “No podéis servir a Dios y al dinero” (Lc 16,13).

Jesús no vivió en una pobreza indigente ni quiso que sus discípulos fuesen unos desarrapados. Más bien, en Jesús la pobreza es entendida como libertad y desasimiento frente a las riquezas materiales; y por ello dice: “No os preocupéis por la vida, pensando qué comeréis o con qué os vestiréis” (Lc 12, 22).

El apego a las riquezas, la Biblia lo denomina vanidad; y en el evangelio de hoy, Jesús no duda en llamar “necio” al hombre de la parábola que atesora para sí, y cuando le van a reclamar el alma no ha sido rico ante Dios. La necedad y el pecado de este hombre es haber acumulado riqueza con el objeto de gozarla egoístamente, sin acordarse de Dios. Porque se puede acumular patrimonio, pero el hombre, inevitablemente destinado a la muerte, se verá forzado a abandonarlo. Entonces, ¿para qué afanarse? ¿Para qué sirven las preocupaciones por acumular? Quiere decirse que la vida terrena vivida por sí misma y sin la mirada de Dios es totalmente desilusionante. Eso significa ser necio. Para Jesús, la necedad se opone a la sabiduría, y la sabiduría consiste en ser rico ante Dios.

Por tanto, en la parábola se resumen dos actitudes en cuanto al uso de la riqueza: Por un lado están quienes acumulan para sí mismos. Por otro lado están quienes son ricos para con Dios. La primera actitud es la del hombre rico de la parábola,que personifica la avaricia. Si la avaricia representa a los que acumulan bienes para sí mismos, lo opuesto representaría a quienes son ricos para con Dios. En el evangelio tenemos un ejemplo de lo opuesto a la avaricia: Zaqueo (Lc 19, 1-10), que era jefe de publicanos y rico. Después de haber hospedado a Jesús en su casa, Zaqueo dice: “Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguien, se lo devuelvo cuadruplicado” (Lc 19, 8).

Ante el reto de este evangelio ¿quién es rico ante Dios? Podríamos decir que aquel que siendo pobre y desprendido, está abierto a la escucha de su Palabra, el que intenta hacerla vida y se deja transformar por ella, el que sabe poner su persona, su tiempo, sus bienes al servicio de los hermanos…, no es una cuestión de cantidad sino de totalidad.

Existe un problema serio para vivir la fe, sobre todo en una sociedad que cada vez es más materialista y con permanente tendencia para atrapar nuestro corazón y alejarlo de Dios.

Los ídolos del corazón humano son muchos: nuestro cuerpo, nuestros trabajos, nuestro tiempo, nuestros afectos y prioridades, nuestros amigos, en qué empleamos nuestro dinero, son espacios donde podemos caer en idolatría. El dinero es quizás el que más sobresale, pero también se encuentran el poder, el consumo, el sexo… e incluso, lo que puede ser bueno, cuando se hace absoluto, se transforma en perjudicial: la misma ciencia, la técnica, el trabajo que no deja espacio a otros aspectos personales, el cuidado de sí mismo, el ocio…

El tiempo de ocio también puede ser espacio de idolatría. Veamos por ejemplo, qué ocurre con el domingo, el día del Señor. El domingo está dentro del “fin de semana”, tiempo en que el objetivo es “cortar” con la rutina de la semana para descansar o divertirse. El descanso festivo se vive como una ruptura de nivel de lo cotidiano, pero a veces es difícil entender que esa ruptura es una oportunidad para reunirnos en comunidad para celebrar y orar, y muchas veces se descuida y no se dedica a Dios.

En conclusión, Jesús es tajante: El éxito de la vida, su conservación o su final, no depende de las riquezas. Como si aquello que queremos retener nos diera futuro y seguridad. Ocurre que nos cuesta vivir los auténticos valores de la vida. Cuando la cultura del consumo es el valor supremo, se hace muy difícil descubrir lo que verdaderamente hay detrás de la realidad cotidiana:la persona en sí misma y su relación con Dios. Empleamos mucho tiempo en acumular, en reconocimientos, logros, etc., pero el valor de la persona no está en su patrimonio material y su reconocimiento social, porque todo lo podemos perder de un día para otro. Una vez que el hombre pierde o se le extingue su apariencia exterior, le quedan sólo los recursos interiores. La verdadera riqueza de la persona está en su corazón, en su completo desarrollo personal.

El cristiano debe saber vivir, con pocos o con muchos recursos, pero con desprendimiento de las cosas que le alejan de Dios, y así será rico ante Dios. Como dice la oración: Deseé la riqueza para llegar a ser dichoso, pero Dios me ha dado pobreza para alcanzar la sabiduría. Quise poder para ser apreciado por los hombres, pero Dios me concedió debilidad para que llegara a tener deseos de Él.

                                                                              Ricardo Rodríguez Villalba.

 

Evangelio según san Lucas (12, 13-21)

Entonces uno de la gente dijo a Jesús: «Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia». Él le dijo: «Hombre, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre vosotros?». Y les dijo: «Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes». Y les propuso una parábola: «Las tierras de un hombre rico produjeron una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos, diciéndose: “¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha”. Y se dijo: “Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el trigo y mis bienes. Y entonces me diré a mí mismo: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea alegremente”. Pero Dios le dijo: “Necio, esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has preparado?”. Así es el que atesora para sí y no es rico ante Dios».

 

2019-08-11 “Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas”

19º Domingo del TO 

Estos versículos son parte de una sección más grande de avisos y exhortaciones de Jesús sobre la necesidad de prepararse para los acontecimientos futuros y la llegada del reino de Dios. La sección se extiende desde Lc 12,1 aLc 13, 9, y tendrá continuación el próximo domingo.

El evangelio del domingo pasado nos mostraba el peligro del dinero y la riqueza. El evangelio de hoy continúa insistiendo en la conveniencia del desprendimiento de los bienes para así atesorar otros bienes en el cielo, y trae además tres parábolas relacionadas con la vigilancia y la espera futura. La primera parábola premia al siervo vigilante que atiende a que regrese su amo de la boda. La segunda parábola, ante la eventual irrupción de un ladrón, nos avisa del juicio para los que no están preparados. La tercera parábola muestra a un siervo que puede presentar dos actitudes muy distintas ante su amo. Jesús premia al siervo que al regresar su amo lo encuentra trabajando; pero promete juicio severo si el siervo “no se prepara ni obra conforme a la voluntad de su amo”.

¿Qué significa todo esto? El evangelio, desde el domingo anterior, continúa haciendo una llamada al desprendimiento, a la vigilancia, a la fidelidad y buena administración de los bienes confiados por Jesús. Lucas relaciona la confianza en Dios con la necesidad de desprenderse de los bienes materiales. Las riquezas son siempre una tentación que atrae el corazón y lo subyuga, «porque –dice el evangelio- donde está vuestro tesoro, allí está vuestro corazón». Lucas, en el contexto histórico de las primitivas comunidades cristianas, propone con radicalidad que las riquezas de cada uno han de repartirse para los demás. De esa manera el corazón queda liberado. El mensaje de las parábolas indica por tanto vigilancia consigo mismo, y responsabilidad de los administradores sobre los bienes que han de repartir a la comunidad.

La vigilancia de los siervos de las parábolas hace alusión sobre todo a la esperanza de los primeros cristianos, que ante los signos de los tiempos -las persecuciones de los judíos, la destrucción de Jerusalén por los romanos, el paganismo y la incredulidad-, llevaban muchos años esperando la Parusía (segunda venida de Cristo), anunciada en el evangelio: “no temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino”. La espera se prolongaba y era necesario mantener viva la esperanza y la tensión y no caer en el cansancio o el desaliento. En este evangelio encontramos las palabras que mantenían viva esa tensión: «Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas».

Tener la «cintura ceñida» significa una forma de recogerse la ropa para trabajar: el cinturón ajustaba la túnica, sobre todo si era larga, para que el trabajador pudiese moverse sin dificultad en la tarea. La «lámpara encendida» tiene que ver con la noche, cuando es necesaria la luz para poder ver. Jesús nos pone en el lugar de los criados y el hombre prevenido contra el ladrón, que están alerta en la noche, queriendo decir que estemos dispuestos y a punto, incluso cuando normalmente se descansa y no hay actividad.

Pero ¿cómo podemos aplicarnos estas palabras del evangelio? ¿a quién o qué tenemos que esperar? ¿Solamente debemos estar atentos para la venida del día de mañana?No. Otras venidas de Jesús también suceden a cada instante de la vida, porque Jesús está viniendo constantemente a nuestra existencia si sabemos reconocerlo. Es muy habitual que cuando nos va bien, vivimos tranquilos, relajados, despreocupados. Si bien la venida definitiva de Jesús sobre la que nos advierte el evangelio será al final de nuestra existencia, también, ahora, en cada momento de la vida, está sucediendo algo importante: Jesús nos llama hoy a una acogida perseverante, a permanecer en el compromiso contraído con él, en forma de tarea, de palabra dada, en forma de entrega personal, poniendo amor en todas las cosas. Sin embargo nos suele pillar dormidos, desprevenidos o despreocupados. Por eso tienen sentido las últimas palabras de Jesús “al que mucho se le dio, mucho se le reclamará; al que mucho se le confió, más aún se le pedirá”. Todas y todos tenemos dones y capacidades, y Jesús quiere que tomemos decisiones y colaboremos con él, según nuestras posibilidades, para que no vayamos con las manos vacías.

Las palabras de Jesús son también hoy una llamada a nuestra comunidad, a vivir con responsabilidad, tal como en los primeros tiempos del cristianismo, sin caer en la pasividad o el letargo. En el recorrido de la comunidad hay momentos en que se hace de noche o se abandona la tarea, porque nos cuesta identificarnos con su misión, por falta de intereses compartidos, u otras múltiples causas. Sin embargo, no podemos dormirnos, ni dejar la tarea para otros. Es la hora de reaccionar, despertar nuestra fe y seguir caminando hacia el futuro, incluso cuando los ánimos estén cansados y desencantados. Seguro que cada cual tenemos muchas capacidades para colaborar con la comunidad y participar junto a las hermanas y hermanos. ¿Cómo podemos comprometernos mejor en la construcción de esa tarea? Tenemos la seguridad que Jesús, como el señor que vuelve de la boda, nos acompaña, y agradecido por nuestro velar, “se ceñirá, nos hará sentar a la mesa y, acercándose, nos irá sirviendo”.

                                                                                                                                                                                                        Ricardo Rodríguez Villalba.

 

Evangelio según san Lucas (12, 32-48)

Dijo Jesús a sus discípulos: «No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino. Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos bolsas que no se estropeen, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; en verdad os digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo. Y, si llega a la segunda vigilia o a la tercera y los encuentra así, bienaventurados ellos. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, velaría y no le dejaría abrir un boquete en casa. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre». Pedro le dijo: «Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos?». Y el Señor dijo: «¿Quién es el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para que reparta la ración de alimento a sus horas? Bienaventurado aquel criado a quien su señor, al llegar, lo encuentre portándose así. En verdad os digo que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si aquel criado dijere para sus adentros: “Mi señor tarda en llegar”, y empieza a pegarles a los criados y criadas, a comer y beber y emborracharse, vendrá el señor de ese criado el día que no espera y a la hora que no sabe y lo castigará con rigor, y le hará compartir la suerte de los que no son fieles. El criado que, conociendo la voluntad de su señor, no se prepara ni obra de acuerdo con su voluntad, recibirá muchos azotes; pero el que, sin conocerla, ha hecho algo digno de azotes, recibirá menos. Al que mucho se le dio, mucho se le reclamará; al que mucho se le confió, más aún se le pedirá».

 

2019-08-18 “He venido a prender fuego en el mundo”

20º Domingo del TO 

El evangelio de hoy pertenece a la sección que se extiende de Lc 12,1 aLc 13, 9, con avisos y exhortaciones de Jesús, y quehemos ido leyendo los dos domingos precedentes con los discursos sobre la prevención de la codicia y la necesidad de velar. Este evangelio es su continuación.

Sus palabras nos dejan un tanto inquietos. Jesús se está preparando para su crucifixión en Jerusalén, y pronuncia la palabra bautismo para referirsea su destino. El bautismo es la muerte de cruz: Jesús será sepultado bajo las aguas de la muerte, para después resucitar.

La simbología del fuego y de la división pertenece a un lenguaje religioso que estaba en vigor en algunos grupos judíos de la época que esperaban la llegada inminente del Dios mesiánico que salvaría a su pueblo y aniquilaría a sus enemigos. El fuego (purificación) lo aplica Jesús a sí mismo: él es la presencia de Dios que ya ha llegado y ha comenzado a instaurar su reino de justicia: “He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo!”. Con el símbolo del fuego nos está mostrando su misión de forma más radical. Prender fuego en el mundo quiere decir purificar, transformar, cambiar.

La pregunta que nos surge ante este texto es: ¿Cómo puede decir Jesús que ha venido, no a traer paz, sino división? ¿No es este Jesús el príncipe de la paz anunciado por Isaías, y el que, tras resucitar, dejó su paz a sus discípulos?

Jesús sabe que la radicalidad de su mensaje producirá en los oyentes duda y renuncia, y tendrá oposición. Él sabe que en la medida en que entendamos su mensaje y nos propongamos extenderlo por todo el mundo, como es nuestra misión, encontraremos oposición; su mensaje no siempre es comprendido ni compartido. Y nos avisa que esto va a dividir a la humanidad: unos le van a seguir; otros, no.

No es que Jesús pretenda provocar la división, al contrario, es el pecado el que hace que la humanidad se rebele contra el evangelio. Deseamos intensamente el amor de Dios y su justicia, pero al mismo tiempo nuestro corazón nos puede alejar del deseo de Dios.

El texto de Lucas, por otro lado, hace referencia a una comunidad donde algunas personas, al bautizarse a la fe en Jesús, habían sido abandonadas por sus familias, bien judías o bien paganas. Por eso se mencionan los enfrentamientos entre padre e hijo, entre madre e hija, entre suegra y nuera. En aquel tiempo, bautizarse y entrar en la comunidad cristiana era una decisión radical que cambiaba la vida y las circunstancias personales y familiares.

El tiempo presente, como aquel, es un tiempo de cambio y crisis. Para nosotras y nosotros, por tanto, este texto tan duro puede ser un aviso para que nos planteemos nuestro compromiso creyente de cada día. Es necesario que luchemos contra nuestro propio pecado, contra nuestras comodidades, nuestros egoísmos, y también, contra las estructuras de pecado de nuestro entorno. Salir del confort puede provocar incomodidad o conflicto; Jesús no nos quiere instalados, no nos quiere tibios ni indiferentes. Nos quiere apasionadas y apasionados por el Evangelio.

La paz interior, signo de armonía entre el ser humano y Dios, no nos libra de la lucha y la guerra contra todo lo que en nuestro interior o en el propio ambiente se opone al plan de Dios y a nuestra integridad de hijas e hijos amados por Dios, incluso si hemos de enfrentarnos a nuestras personas queridas y separarnos de ellas, caso de que nos impidan nuestro desarrollo personal, practicar la fe y realizar nuestra vocación según Dios.

Jesús libre y liberador es a quien hemos de mirar y seguir. Él ha anunciado el reino de Dios, pero el mundo está en tensión contra su reino. Jesús quiere que demos un vuelco a los criterios y valores del mundo. Convocadas y convocados a la misión de Jesús, hemos de examinar las luces y sombras de nuestra vida y nuestro entorno, y provocar el cambio. Nadie podrá seguir a Jesús con el corazón apagado o con religiosidad aburrida. Jesús desea que su redención habite pronto en nosotros y nos acompaña. La misión merece la pena.

 

                                                                              Ricardo Rodríguez Villalba.

 

 

Evangelio según san Lucas (12, 49-53)

 

Dijo Jesús a sus discípulos: «He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división. Desde ahora estarán divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra la suegra».

2019-08-25 “Esforzaos en entrar por la puerta estrecha”

21º Domingo del TO 

El evangelio de hoy nos relata un episodio acontecido durante el largo camino de Jesús desde Galilea hasta Jerusalén, cuyo recorrido ocupa más de una tercera parte del evangelio de Lucas (Lc 9, 51 aLc 19, 28). El fragmento de hoy se inserta entre discursos y parábolas sobre el reino de los cielos, y mantiene una continuidad con los evangelios precedentes al indicar las condiciones para entrar en este reino. Es la parábola de la puerta estrecha

Un hombre se acerca a Jesús y le pregunta cuántos se salvan. Ya desde los tiempos del judaísmo previo a Jesús los hombres buscaban asegurarse la vida eterna; Jesús le contesta: “esforzaos”, porque no es fácil salvarse. Y así lo explica con la parábola del amo de la casa que no reconoce a quienes llaman a su puerta, a los que acusa de “obrar injusticia”.

Si el amo de la casa representa a Dios, ¿quiere decirse que puede Dios echar fuera a sus hijos? el evangelio parece contradictorio, pero porque nosotros lo leemos así. Sabemos que Dios es amor, y que nosotros somos sus hijas e hijos, obra de su creación, y así nos lo ha revelado. Esto nos reconforta porque tenemos limitaciones y pecados. Pero, por contra, puede tener un efecto tranquilizador para quienes se creen autosuficientes, para los que se autocomplacen en un pensamiento como éste: “Dios es tan bueno que no puede castigarme, da igual lo que yo haga porque en el momento oportuno su bondad me perdonará, y me llevará al cielo”. Contra esta forma de pensar, propia de los que se creen ya justificados, Jesús responde con la parábola de la puerta estrecha.

¿Puso Jesús esta comparación de la puerta estrecha para asustarnos con el infierno y obligarnos a observar la ley? La puerta estrecha y la justicia que menciona Jesús son la nueva mirada sobre la salvación que Jesús nos comunica. Se trata de la conversión y seguimiento que Jesús nos pide.

Para algunas personas, la parábola puede llevarles a creer que Dios es un padre severo y exigente -automáticamente tendemos a pensar que la relación con Dios es similar a las relaciones humanas-. Sabemos que Dios no rechaza a nadie, ni desea que sus hijas e hijos se pierdan; más bien, lo que dice Jesús es que si no le seguimos, nosotros nos perderemos, no estaremos totalmente realizados según el plan de Dios, ni tendremos el reino de Dios entre nosotros; en definitiva, no estaremos salvados.Es un aviso para que no permanezcamos pasivos, porque Dios nos ha creado para que desarrollemos nuestras capacidades, para que trabajemos y nos superemos, sin esperar que otros lo hagan en nuestro lugar; para que afrontemos la vida y crezcamos. Y esto implica esfuerzo. La vida no es fácil, ser creyente tampoco lo es. Necesitamos que Jesús también nos dé unos toques de vez en cuando para ponernos en camino. Sin ese estímulo nos quedaríamos inmóviles, apáticos, insatisfechos por no avanzar.

La parábola también parece insistir en que debemos obrar la justicia, esforzarnos al máximo. Lo que Jesús pide no es rigorismo legalista, sino amor radical. Por eso su llamada es exigente.

Pero cuidado, hay una tendencia espiritual que sostiene que debemos hacer el bien como si nuestra salvación dependiera del propio esfuerzo, como si fuésemos a conseguir el cielo a base de puños. Esto no es cierto. La salvación, la felicidad, son puro regalo de Dios; es amor desinteresado, pura iniciativa suya.

Recordemos que nuestras obras no nos alcanzan la salvación, sino que nos disponen para que la aceptemos con fe (porque la salvación también puede ser rechazada); nuestro «hacer el bien» no debe ser interesado para conseguir algo, sino que, al contrario, nuestras obran son la respuesta agradecida y necesaria a la aceptación del amor de Dios, que viene primero y que es, también, gratuito.

Por tanto, esta parábola será comprendida solamente por quienes conocen la alegría de la gratuidad de Dios. Si no, aparecerá como una lectura exigente y castigadora, y creará la imagen errónea de un Dios estricto y severo que muchas y muchos, por desgracia, todavía llevan dentro.

Por último, añadir que Lucas sitúa la parábola en su contexto histórico: las palabras de Jesús iban dirigidas a los judíos porque ellos confiaban, primero, en la Ley, y segundo, en ser el único pueblo elegido, tanto que despreciaban a los otros pueblos. Jesús les avisa que, si no obran la verdadera justicia que él anuncia, vendrán de todas direcciones otros pueblos -los gentiles- que les arrebatarán el sitio y los judíos se quedarán en el último puesto (el sitio de los que rechazan las enseñanzas de Jesús). También desde nuestra situación de hoy, podemos pensar que somos unos elegidos privilegiados porque vamos a la iglesia y cumplimos algunos preceptos, pero puede ocurrirnos lo mismo que a los judíos. Con su mensaje, Jesús tumba a quienes entienden que se pueden salvar sólo con una religiosidad de cumplimiento y de participación mecánica en algunos ritos y costumbres.

La salvación no es algo que se recibe de manera irresponsable, ni Dios, aunque sea misericordioso, es permisivo. No es tampoco el privilegio de algunos elegidos ni patrimonio de iniciados. Jesús se ofrece a todas y todos, y pide respuesta. Pero en el seguimiento de Jesús, no todo da igual, no todo es suficiente, ni mucho, ni poco; se trata, no de cantidad, sino de integridad.

En esta tarea no hay puerta ancha ni puerta de atrás. Entrar por la puerta estrecha es seguir a Jesús; aprender a vivir como él; y asumir la cruz de cada día: trabajos, responsabilidades, esfuerzos, luchar por superarse a sí mismo y colaborar con los demás en esa lucha. Jesús es una puerta siempre abierta. Nunca la cierra, sólo nosotros la cerramos si renunciamos a seguirle. Y nos podemos quedar fuera.

                                                                                                                                                                                                        Ricardo Rodríguez Villalba.

 

Evangelio según san Lucas (13, 22-30)

 

Jesús pasaba por ciudades y aldeas enseñando, y se encaminaba hacia Jerusalén. Uno le dijo: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?» El les dijo: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha, pues os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: “¡Señor, ábrenos!” pero él os dirá: “No sé quiénes sois.” Entonces empezaréis a decir: “Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas”; pero él os dirá: “No sé de dónde sois, ¡Alejaos de mí, todos los que obráis injusticia!” Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac y a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, pero vosotros os veáis arrojados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. «Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos.»

2019-09-01 “El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”

22º Domingo del TO

Los capítulos 14-15 de Lucas están situados en torno a varios banquetes. A lo largo de los evangelios encontramos un buen número de escenas en las que Jesús se sienta a la mesa y comparte la comida, expresión de la invitación a entrar en comunión de vida con él, de unión y de fraternidad universal.

Invitado por diversos personajes (fariseos, pecadores públicos, discípulos, amigos…), los banquetes son ocasión en que Jesús, mediante parábolas, enseña contra la religiosidad de los fariseos, su legalismo sin compasión ni amor, y contra su interés por mantener el estatus en la comunidad religiosa. 

Este evangelio de hoy trae dos relatos. El primero es una reflexión en torno a las elementales normas de conducta sobre el puesto que a cada uno le corresponde en un banquete. El segundo enseña a qué personas se debe invitar cuando se da una fiesta.

¿Cómo se debe comportar una persona bien educada en su relación con los demás? No como aquellos invitados, a quienes Jesús corrige por su tendencia a ocupar los primeros puestos. No obstante, Jesús va más allá de una enseñanza sobre el comportamiento social: las palabras centrales de la perícopa, «el que se humilla será enaltecido», es la clave de interpretación del conjunto: el banquete, que es imagen del reino de Dios, con la llamada a la humildad por un lado, y la invitación a los pobres por otro, supone la inversión de los valores que son considerados socialmente normales.

1. La humildad es una ley del reino de los cielos, una virtud que Jesús predica a lo largo de todo el evangelio. En este evangelio Jesús nos indica que dejemos de pensar en nosotros mismos, para pensar en los demás. Los que se preocupan de sí mismos sólo piensan en sus propios intereses y en que la gente se fije en ellos y hablen de ellos. Eso se llama egoísmo. ¿Cuál es la motivación que da Jesús para la vivencia de la humildad? El amor a los demás, al prójimo. La razón es que, al dejar de ocupar los primeros puestos, al ceder, estoy dejando el lugar de importancia a mis hermanas y hermanos.

Por eso, Jesús no deja de exhortarnos a la humildad. Las palabras “los últimos serán los primeros” quieren decir que los primeros puestos los ocuparán, de algún modo, quienes hayan superado la vanidad y se hayan puesto al servicio de los demás.

2. Los pobres a quienes propone Jesús invitar a la mesa son los lisiados, cojos y ciegos, que, por sus discapacidades, no podían trabajar y se veían obligados a sobrevivir de la limosna. Según la enseñanza de Jesús, la mesa ha de ser un espacio para compartir el alimento con el que no tiene nada. Jesús dirige estas palabras a quien lo invitó: “Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos, ciegos, y serás bienaventurado porque no pueden pagarte”, porque su anfitrión escogió a invitados queridos y próximos, según la costumbre social de la reciprocidad. Está bien amar a los que nos aman, hacer el bien a los amigos, tener gestos de afecto hacia quienes nos unen vínculos familiares, lo cual produce gozo, alegría, satisfacción. No es necesario un don especial, ni tiene mayor mérito. Esto lo solemos hacer todos espontáneamente. La gente nos corresponde normalmente con su agradecimiento y su invitación. Sin embargo, los pobres no pueden correspondernos: “Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos, ciegos, y serás bienaventurado porque no pueden pagarte”. Atender a los pobres, a quienes están en cualquier situación de desventaja, tiene valor infinito. Y el último versículo sobre la resurrección de los justos, nos remite al valor definitivo y prácticamente absoluto que tiene la acción a favor de los pobres: Jesús dice que un banquete futuro está preparado, sólo que la condición es que no se queden fuera las criaturas más desvalidas. 

En línea con toda la predicación de Jesús, en la relación con Dios lo importante no son los primeros puestos, sino la libertad interior que lleva a ponerse al servicio y amar a los demás. La novedad del reino exige un comportamiento que refleje la actuación de Dios: su amor desinteresado y gratuito. Y la muestra de este amor es la acogida y preocupación por los que sufren desigualdad, quienes no pueden correspondernos. Pero el evangelio también nos previene por si detrás de nuestras acciones y palabras, aun buenas, buscamos la mayoría de las veces algún interés, alguna compensación, aunque sea emocional; nuestro hacer el bien no debe ser interesado, sino una respuesta agradecida a la aceptación de la gratuidad de Dios. El amor que no calcula, que evita la desigualdad y la discriminación, que no espera reciprocidad, es la propuesta del reino de Dios. ¿Cómo de gratuitos somos nosotras y nosotros en nuestra vida?                                                                                                                                              

                                                                                                                                                                                                         Ricardo Rodríguez Villalba.

 

 

Evangelio según san Lucas (14, 1. 7-14)

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les decía una parábola: «Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y venga el que os convidó a ti y al otro y te diga: “Cédele el puesto a éste”. Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: “Amigo, sube más arriba”. Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido». Y dijo al que lo había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; y serás bienaventurado, porque no pueden pagarte; te pagarán en la resurrección de los justos».

2019-09-08 “Quien no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío”

23º Domingo del TO

Este conocido pasaje evangélico contiene dos afirmaciones radicales de Jesús acerca de las condiciones del discipulado, explicadas con dos parábolas. De manera clara y rotunda, Jesús expone la seriedad y la renuncia que se le exigen a un discípulo de Jesús. La primera condición: “Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío”. Exigencias concretas. No quiere que la gente lo siga de cualquier manera. Ser discípulo de Jesús es una decisión que ha de marcar la vida entera de la persona. Un discípulo ha de amar a Jesús por encima de todo lo demás, de los padres, de los hijos, del esposo, de la esposa... Si no se dejan a un lado los intereses familiares para colaborar con él en promover una familia humana, no basada en vínculos de sangre sino construida desde la justicia y la solidaridad fraterna, no se podrá ser discípulo. Pero, cuidado, Jesús no está pensando en deshacer los hogares; pero si alguien no deja en segundo lugar el honor de su familia, el patrimonio, la herencia o el bienestar familiar, no podrá ser su discípulo ni trabajar con él en el proyecto de un mundo más humano según la mirada de Dios.

Quien de verdad quiera ser discípulo de Cristo (eso significa ser cristiano), ha de despojarse de todos los bienes y afectos que se lo impidan. Así pues, sólo el que es capaz de posponer todos los bienes y valores humanos y preferir a Jesús hasta el punto extremo de ofrecer su propia vida, puede estar seguro de que es discípulo suyo. Y un indicador de nuestra capacidad de entrega es si nuestra vida se queda, o bien en queja, o bien en agradecimiento. El verdadero discípulo no es resentido porque él ha dado primero a cambio de nada. Es el que puede dar, porque a su vez ha recibido mucho y nadie se lo quita, y porque su gozo está en sentirse radicalmente libre para servir.  

Jesús sigue hablando con crudeza. La segunda condición: “Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío”. ¿Qué es la cruz? Sin duda alguna, nuestra vida entera y lo que ella supone. Toda persona lleva una cruz, que experimenta con mayor o menor dolor. Hasta tal punto que la cruz de cada día puede hacerse insoportable si uno vive evitándose a sí mismo y sus responsabilidades y conflictos, si no sabe asumir riesgos, si no está dispuesto a soportar contrariedades.

Pero para hacer la opción por el reino de Dios y su justicia, hay que amar mucho. Porque el creyente se mueve entre el dolor y el amor. Aunque hoy en día se tiende a hablar cada vez menos del dolor y del sufrimiento, no por ello la cruz deja de estar presente en nuestras vidas. El dolor en sí mismo es un misterio. Es duro y humanamente rechazable. Sin embargo, es transformable: Jesús se desvivió por aliviar el dolor en los demás; incluso pidió al Padre que le librara del dolor de la pasión; pero lo asumió, porque era necesario convertir el dolor en redención, en fecundidad y en alegría interior.

Con la renuncia a sí mismo y la experiencia de la cruz, el texto evangélico presenta, además, dos ejemplos que ponen de manifiesto la seriedad de la opción de la vida cristiana. Ser discípulo de Jesús exige una disposición como la de aquellos que van a construir una edificación o emprender una guerra. Con las parábolas, quiere decir que la misión que quiere encomendar a los suyos es tan importante que nadie ha de comprometerse en ella de forma irresponsable, temeraria o presuntuosa. Su advertencia cobra gran actualidad en estos momentos críticos y decisivos para el futuro de nuestra fe.

Jesús llama, antes que nada, a la reflexión: los dos protagonistas de las parábolas, para edificar e ir a la batalla, deben pararse a reflexionar. Sería una grave irresponsabilidad vivir hoy como discípulos de Jesús que no saben lo que quieren, ni a dónde pretenden llegar, ni con qué medios disponen. Esas parábolas son reveladoras del seguimiento de Jesús como empresa muy importante y comprometida y que por tanto no puede ser tomada a la ligera. Probablemente sean un espejo de lo que nos ha podido ocurrir a muchos que, a raíz de unas charlas o de unos ejercicios espirituales nos hemos entusiasmado con Jesús, pero no hemos calculado bien lo que cuesta hacer realidad este ideal. No nos entusiasmemos fácilmente. Porque Jesús llama ante todo al realismo, a poner en la balanza las capacidades y la disposición personal. Pero además, quien quiera seguir a Jesús debe tener presente el elemento más importante: vivir como cristianos no es buscar una satisfacción o una compensación, se trata de confiar en la gratuidad de los dones de Dios para realizar un seguimiento perseverante.

Frente a la opción por el seguimiento radical de Jesús, resulta preocupante cómo va descendiendo el número de los creyentes. Pero a Jesús le interesaba más la calidad de sus seguidores que su número. Para el que quiere seguir a Jesús con todas las consecuencias, vivir y contagiar la fe en este mundo en transformación constante, ha de conocerlo bien y comprenderlo desde dentro. Es necesario anunciar el evangelio sin ignorar el pensamiento, los sentimientos y el lenguaje de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, y utilizar las herramientas de una correcta comunicación, de la participación en libertad, e invitar finalmente a la opción del compromiso. Quedarnos en una religiosidad de mínimos resultados y permanecer en la inercia del mero mantenimiento de estructuras, actividades y rituales, nos exponen al fracaso, la frustración y hasta el abandono. Un resultado de una torre inacabada o de una batalla perdida por no poner en funcionamiento los recursos necesarios, como dicen las parábolas, no harán sino provocar el desencanto de la gente. Si tomamos conciencia de nuestra limitación y de nuestra debilidad, pero nos apoyamos en el ejemplo de Jesús, imitando su vida de incansable entrega anunciando el reino, podremos construir algo sólido y duradero. Nuestros recursos son la fe, la oración, la constancia y la paciencia, según dice san Agustín, comentando este texto evangélico: “Si a alguien le falta la paciencia para soportar las dificultades de este mundo es que anda escaso de recursos”.                                                                                                             

                                                                                                                                                                                                      Ricardo Rodríguez Villalba.        

 

Evangelio según san Lucas (14, 25-33)

Mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: «Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío. Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: “Este hombre empezó a construir y no pudo acabar”. ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Así pues, todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío».                                                                                                                                                                                                                               

 

2019-09-15 “Habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta”

24º Domingo del TO

En este domingo leemos el capítulo 15 completo del evangelio de Lucas, que contiene las tres parábolas de la misericordia: la oveja perdida, la moneda extraviada, y después la más extensa de las parábolas, única de san Lucas, el padre misericordioso y sus dos hijos, uno «pródigo» y otro que se cree «justo».

En este capítulo céntrico del evangelio lucano se encuentra el texto que nos explica la naturaleza más íntima del Dios de Jesús: la ternura y la misericordia, expresadas en alegría. Jesús, que durante el viaje a Jerusalén enseña a sus seguidores a ser discípulos, les describe este rostro de Dios. Las tres parábolas están unidas entre sí por el mismo tema: algo valioso que fue perdido y es recuperado. Y las tres terminan en alegría y fiesta por el reencuentro. El evangelista subraya dos ideas centrales: la iniciativa de Dios y su alegría por el encuentro con lo que está lejos o perdido. Las parábolas hablan de la alegría de Dios. Dios es alegría. En las tres parábolas, el encuentro implica alegría. Es la alegría de un pastor que reencuentra su oveja; la alegría de una mujer que halla su moneda; es la alegría de un padre que vuelve a acoger al hijo que se había perdido, que estaba como muerto y ha vuelto a la vida, ha vuelto a la casa de su padre. Y la alegría de Dios está en perdonar. Aquí está toda la esencia del evangelio.

Cada uno de nosotras y nosotros somos esa oveja perdida, esa moneda perdida; cada una y cada uno somos ese hijo que ha derrochado la propia libertad y ha perdido todo. El vacío interior y el hambre de amor pueden ser los primeros signos de nuestra lejanía de Dios. No es fácil el camino de la libertad sin Dios.

Pero Dios no nos olvida, el Padre no nos abandona nunca. Es un padre paciente, nos espera siempre. Y su corazón está en fiesta por cada hijo que regresa. Está en fiesta porque es alegría. Es esa alegría inmerecida y desbordante por lo que Dios hace en nosotros, por cómo nos busca, por cómo nos abraza en todas nuestras pérdidas. Hay una revitalización de la propia vida cuando nuestra pobreza en vez de entristecernos, nos hace ricos en misericordia. Y es al recibir la misericordia cuando nos convertimos en motivo de alegría los unos para los otros. Perdonar es dar vida, y recibirla también (Lc 15, 24).

Pero con la experiencia del perdón de Dios a veces podemos sentirnos tan seguros de nosotros mismos que corramos el peligro de creernos justos, y juzguemos a los demás, Y juzguemos también a Dios, porque pensamos que debería castigar a los pecadores, en lugar de perdonar. Como ese hermano mayor de la parábola, que en vez de estar feliz porque su hermano ha vuelto, se enfada con el padre que le ha acogido y hace fiesta. Como hacían los fariseos y los escribas, que se consideraban cumplidores de la ley, y que murmuraban entre ellos contra Jesús diciendo: “Ése acoge a los pecadores y come con ellos”. Como en la época de san Lucas, cuando los paganos se acercaban a las comunidades cristianas porque querían entrar y participar, y muchos hermanos judíos murmuraban porque creían que acogerlos iba en contra de la ley.

Contra esa murmuración, y contra la concepción religiosa y el orgullo humano que encierra, Jesús contesta con las parábolas de la misericordia. La enseñanza de Jesús va destinada a las comunidades cristianas, que debían ser acogedoras y mostrar el rostro misericordioso de Dios. Si en nuestro corazón no hay misericordia, la alegría del perdón, no estamos en comunión con Dios, aunque observemos todos los preceptos, porque es el amor lo que salva, no la sola práctica de los preceptos, como le ocurría al hermano mayor. Es el amor a Dios y al prójimo lo que da cumplimiento a todos los mandamientos. Y éste es el amor de Dios y su alegría: perdonar.

Si realmente conocemos a Jesús y lo amamos, tenemos que aprender a acoger, comprender, empatizar y amar sin ningún tipo de reservas. Sabemos que esto es muy difícil, pero es la propuesta de Jesús, porque Dios nos amó primero. Y si hemos fallado y no hemos practicado misericordia, Dios nos espera. Aunque tengamos en nuestro corazón errores graves. Él es padre: ¡siempre nos espera!. Quiere que volvamos a Él de corazón y con pleno convencimiento. Quiere que, al igual que el hijo de la parábola, digamos en nuestro interior: “me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti”. Dios nos espera con gran misericordia, y su alegría será nuestra alegría.                                                                                                 

                                                                                                                                                                                                         Ricardo Rodríguez Villalba

 

Evangelio según san Lucas (15, 1-32)

Solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Ése acoge a los pecadores y come con ellos». Jesús les dijo esta parábola: «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos, y les dice: “¡Alegraos conmigo!, he encontrado la oveja que se me había perdido”. Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. O ¿qué mujer que tiene diez monedas, si se le pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas y les dice: “¡Alegraos conmigo!, he encontrado la moneda que se me había perdido”. Os digo que la misma alegría tendrán los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta».También les dijo: «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”. El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada. Recapacitando entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”. Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos. Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”. Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad enseguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”. Y empezaron a celebrar el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Este le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”. Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Entonces él respondió a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”. Él le dijo: “Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”».

2019-09-22 “El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel”

25º Domingo del TO

En este domingo y el próximo leemos el capítulo 16 de san Lucas, que versa sobre la posesión injusta de la riqueza. Jesús propone para su enseñanza una parábola que utiliza como soporte las prácticas económicas comunes en Palestina. 

La parábola del administrador injusto nos puede parecer extraña porque alaba la sagacidad de un hombre deshonesto. Acusado de derrochar los bienes de su amo, está a punto de ser despedido y necesita actuar para garantizarse el futuro antes de quedar sin empleo. Para ello plantea una hábil estrategia. Decide rebajar la cantidad de la deuda de cada uno de los acreedores de su amo, renunciando a la posible comisión que cobraba como administrador. Los administradores no recibían en Palestina un sueldo por su gestión sino que vivían de la comisión que cobraban, poniendo intereses desorbitados a los acreedores. En este caso, el administrador resuelve el problema y se gana la confianza de aquéllos al renunciar a su comisión. Actuando de esta manera, el administrador no lesiona los intereses de su amo. El meollo de la parábola está en que este empleado renuncia a las prácticas económicas habituales, perdiendo su comisión injusta, pero con miras a garantizarse su futuro. El amo alaba la hábil estrategia de aquel “administrador de lo injusto”, calificativo que se da en el evangelio de Lucas al dinero que se posee con codicia o desmesura, pues su acumulación posesiva es resultado de la injusticia o lleva a ella.

Una de las expresiones que hace que esta parábola resulte algo enigmática es la exhortación “ganaos amigos con el dinero de iniquidad, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas”. Probablemente esta frase se refiere a la astucia del administrador para obtener el favor o la amistad de sus deudores al reducirles las deudas injustas. Jesús demuestra que finalmente el administrador hizo verdadera justicia cuando los nuevos recibos escritos por los deudores reflejan cantidades menores, más justas, de las que originalmente se prestaron. Ganaos amigos ante el dinero de injusticia para que cuando os falte os reciban en las moradas eternas quiere decir no la posesión de dinero injusto, sino una advertencia contra la corrupción y sus consecuencias. Si hemos sido honrados ante la injusticia, a pesar de que no hayamos tenido beneficio, todos nos alabarán, también en la vida eterna.

Esta denuncia de Jesús iba dirigida contra los fariseos, amigos del dinero, como podremos leer en los versículos siguientes de este evangelio. Los dichos sobre la fidelidad contra la riqueza injusta, la fidelidad en lo poco y en lo mucho, así como la referencia a la fidelidad en la administración de las cosas ajenas, sirven para ilustrar la importancia de una escala de valores adecuada y en consonancia con los valores del reino. La administración del dinero en las nacientes comunidades cristianas debía estar al servicio del bien común, especialmente por justicia con los pobres. Sólo compartiendo y distribuyendo con justicia se revela el verdadero sentido de la fidelidad a Dios.

El aforismo final no podéis servir a Dios y al dinero”, que concluye esta enseñanza de Jesús, explica la imposibilidad de servir a dos señores. El empleado de la parábola es un ejemplo: busca su seguridad y su futuro en su suficiencia económica, en la idolatría de su propio dinero, descuidando al contrario la administración de su amo. En otras palabras, su corazón estaba en el dinero propio y no en los intereses de su amo. Jesús hace extensible este razonamiento a la relación con Dios: no se puede servir a Dios y al dinero; sus dinamismos y proyectos son antagónicos.

Jesús no nos da reglas sobre cómo organizar nuestra sociedad, pero sus parábolas nos presentan la realidad de un Dios que se manifiesta como un cuestionamiento radical de las prácticas económicas, sociales e institucionales que aumentan las diferencias entre las personas. Jesús nos dice que otro mundo es posible. Se trata pues de optar decididamente en medio de un mundo injusto. El dinero puede transformarse en un ídolo que impide el desprendimiento para amar a Dios y al prójimo. La piedra de toque de nuestro amor a Dios es la renuncia a la riqueza injusta. Servir a Dios nos hace libres para servir a los más pobres, mientras que servir o dedicarse al dinero es una esclavitud que domina a la persona y pervierte nuestras relaciones con Dios y con los demás. Nosotras y nosotros, discípulos, hemos de renunciar a toda forma y práctica que lleve a la injusticia y no haga posible la fraternidad. 

                                                                                                                                

                                                                           Ricardo Rodríguez Villalba

 

Evangelio según san Lucas (16, 1-13)

Jesús decía también a sus discípulos: «Un hombre rico tenía un administrador, a quien acusaron ante él de derrochar sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: “¿Qué es eso que estoy oyendo de ti? Dame cuenta de tu administración, porque en adelante no podrás seguir administrando”. El administrador se puso a decir para sí: “¿Qué voy a hacer, pues mi señor me quita la administración? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa”. Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero: “¿Cuánto debes a mi amo?”. Este respondió: “Cien barriles de aceite”. Él le dijo: “Toma tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta”. Luego dijo a otro: “Y tú, ¿cuánto debes?”. Él dijo: “Cien fanegas de trigo”. Le dice: “Toma tu recibo y escribe ochenta”. Y el amo alabó al administrador injusto, porque había actuado con astucia. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su propia gente que los hijos de la luz Y yo os digo: Ganaos amigos con el dinero de iniquidad, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas. El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto. Pues, si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera? Si no fuisteis fieles en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará? Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero».

2019-09-29 “El que recibió males ahora es consolado”

26º Domingo del TO

Desde el anterior domingo venimos siguiendo el capítulo 16 del evangelio de san Lucas, donde las parábolas se centran en la posesión de los bienes y el dinero y su interferencia en la relación con Dios. Por medio de estaparábola del hombre rico y Lázaro, el evangelista invita a los miembros poderosos de su comunidad a convertirse, aprendiendo a reconocer en la figura de Lázaro, imagen por antonomasia de la pobreza absoluta, la bendición de Dios. Veamos cómo.

En el tiempo de Jesús la separación entre ricos y pobres formaba brechas que nadie podía cruzar, ni de un lado ni del otro. La propiedad de la tierra y la economía estaban en manos de unas pocas familias que organizaban y se beneficiaban del trabajo de la inmensa mayoría del campesinado. Los pocos ricos que existían se creían bendecidos por Dios, a la vez que despreciaban a los pobres como malditos e impuros según la Ley.

Hay que advertir que la parábola del hombre rico y Lázaro no es sólo una descripción de la condenación del hombre rico y la salvación de Lázaro en el “más allá,” como se ha interpretado. Esta parábola también es aplicable al “más acá” en el que existen ricos que viven con desmesura, y pobres que claman por la justicia.

El judaísmo antiguo consideraba una vida dichosa y los méritos personales como signos de la bendición de Dios; y al contrario, consideraba la pobreza, la mendicidad y la enfermedad como castigos de Dios por los pecados. La parábola invierte esa concepción. No es el hombre rico y satisfecho, supuestamente “bendecido”, quien se salva; sino Lázaro (en arameo «Eliezer», que significa "Dios ayuda”), mendigo, lisiado y enfermo, quien es acogido en el seno de Abraham sin ningún mérito propio, salvo por el hecho de ser pobre, marginado y sufriente. Esta es la única parábola de Lucas donde un pobre tiene nombre propio, “Dios ayuda”, un ejemplo claro de la preferencia de Dios por los marginados, pobres y pecadores. Lázaro se salva no sólo por su pobreza y enfermedad, sino porque Dios lo eligió. Mientras que el hombre rico se condena porque ha vivido despreocupado e indiferente.

La parábola resume las temáticas de las parábolas anteriores; no quiere describir tanto cómo son la pobreza y riqueza, sino mostrar los resultados de lo que se ha invertido, como ocurrió con el administrador del evangelio del domingo anterior. El hombre rico creyó en su propio mundo, se dejó llevar por su propio dios: la codicia, la insensibilidad, la crueldad, la indiferencia ante los pobres y la imprevisión. Al invertir en sí mismo y su entorno, el hombre rico apostó su vida en algo que se acaba y no tiene futuro. Cuando la vida se reduce a invertirlo todo en nuestro yo, perdemos la comunión con Dios y con el prójimo. En definitiva, invertimos en nuestra propia perdición.

La parábola de Jesús nos pregunta cómo invertimos en la vida, en nuestras vidas. El hombre rico no invirtió su vida en escuchar a Moisés y los profetas, no fue un hombre religioso. Y Lázaro esperó a que el hombre rico le atendiese a la puerta. Sin duda, el pecado del hombre rico es la insensibilidad hacia el mendigo Lázaro, de cuya presencia apenas se daba cuenta. Su pecado es la indiferencia. El hombre rico no se condena por poseer dinero, sino por hacer del dinero y de la opulencia su dios, por quedarse en su sola satisfacción y cerrarse a la trascendencia, y por cerrar el corazón a su prójimo que tiene hambre y carece de todo.

La pobreza de Lázaro en definitiva es una riqueza, porque cuestiona la indiferencia del hombre rico. En cambio el hombre rico, que se dio a la vida cómoda y se despreocupó, portándose como si Dios y los hombres no existiesen, quedará eternamente empobrecido, separado de él. En el más allá, el hombre rico condenado pide a Abrahán para aliviarse algo que paradójicamente nunca supo dar en vida: misericordia, compasión y justicia. La parábola, que muestra que el mundo de Dios es radicalmente diferente al mundo de injusticia y sufrimiento innecesarios, termina con una advertencia: a la mala 'inversión' en la vida, permanecer en la insensibilidad y la indiferencia, le corresponderá la radical 'inversión', la justicia del reino de Dios, que dará a cada uno según sus obras.

En resumen, la parábola describe esa realidad del juicio, la salvación y la condenación, según las actitudes de sus personajes, pero, como decíamos, es aplicable al “más acá,” en el que existen ricos que comen, beben, visten lujosamente y banquetean espléndidamente cada día, es decir, poseen muchos recursos, mientras que millones y millones de pobres o Lázaros yacen postrados, enfermos, hambrientos y deshumanizados, clamando a Dios por la justicia aquí y ahora. El mundo es hoy una proyección perfecta de la parábola.

¿Por qué la pobreza nos interpela a las y los creyentes? Porque no asumir la pobreza nos separa de Dios.

San Lucas hoy nos invita a descubrir el compromiso solidario que tenemos con las personas pobres, nos invita a solidarizarnos con todo tipo de pobreza.

Crecemos en humanidad cuando nos dolemos de la situación de nuestras y nuestros prójimos y comprometemos nuestros dones y bienes en aliviarla. La pobreza y el sufrimiento no son signo de la reprobación de Dios sino medios de que se sirve Dios para inducir a mujeres y hombres a buscar metas mejores y a poner en Dios la esperanza, mientras la prosperidad y las riquezas con frecuencia hacen al ser humano presuntuoso y menospreciador de Dios.

Decíamos que el mundo es hoy una proyección perfecta de la parábola. En nuestra sociedad ha crecido la apatía o falta de sensibilidad ante el sufrimiento ajeno. Naciones enteras que viven en la abundancia frente a naciones enteras, muchísimas más, que mueren de hambre y de enfermedad y de miseria. Muchas veces sin darnos cuenta evitamos de mil formas el contacto directo con las personas que sufren o nos vamos haciendo cada vez más incapaces para percibir su dolor. Si el sufrimiento está lejano, nos incomoda menos. No seamos indiferentes ante las múltiples pobrezas. Dios que se acerca misericordiosamente nos libera de la indiferencia, de la esclavitud de nuestro yo acomodado y la opresión que podemos ejercer sobre las y los demás. El encuentro con Dios significa comprometerse con un nuevo ámbito de vida porque estamos interpelados por la buena noticia de los valores de su reino.        

                                                                                                                                                                                                        Ricardo Rodríguez Villalba 

 

Evangelio según san Lucas (16, 19-31)

Jesús dijo la siguiente parábola: «Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico. Y hasta los perros venían y le lamían las llagas. Sucedió que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán. Murió también el rico y fue enterrado. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritando, dijo: “Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas”. Pero Abrahán le dijo: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado. Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia vosotros no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros”. Él dijo: “Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento”. Abrahán le dice: “Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen”. Pero él le dijo: “No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán”. Abrahán le dijo: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto”».

2019-10-03 “No sólo de pan vive el hombre”

Domingo I de Cuaresma

Entramos en el tiempo cuaresmal. El término cuaresma significa cuadragésimo día, es decir, cuarenta días. Es el tiempo litúrgico destinado a la preparación espiritual para la fiesta de Pascua, marcado por signos de purificación y de conversión. Este tiempo transcurrirá durante cinco domingos, con el Domingo de Ramos con que comienza la Semana Santa.

Los cuarenta días tienen gran significación en toda la Sagrada Escritura. En el Antiguo Testamento, la cifra evoca los cuarenta años de la marcha del pueblo de Israel por el desierto. El desierto es el lugar de la prueba y la purificación por antonomasia, donde frecuentemente somos tentados, pero también es el momento propicio para el encuentro con nosotros mismos y con Dios. Y en el evangelio de hoy, Lucas sitúa las tentaciones al comienzo de la misión de Jesús.

Como les ocurrió a los israelitas, muchas veces la tentación se presenta con apariencia de bien: pan para satisfacer el hambre, seguridad en las cosas que se poseen, y autoestima y reconocimiento personal. 

En el relato de las tentaciones, el diablo, en primer lugar, ofrece a Jesús que haga un acto de poder para demostrar su condición divina, con el fin de desbaratar el plan de Dios. Sin embargo, Jesús no actuó como un taumaturgo: no convirtió innecesariamente las piedras en pan. Nos dio el pan, no mediante magia, sino que, sin adelantar el tiempo de su misión, lo hizo con su predicación y su sacrificio en la cruz.

En segundo lugar, el diablo ofrece a Jesús el poder y la gloria humana, para confundir su mesianismo con el poder religioso y temporal. Sin embargo, Jesús realizó su misión, no arrojándose del alero del templo para ser salvado en su caída por los ángeles, sino colgado de un madero, y sólo fue coronado como rey muriendo en la cruz.

Por tanto, Jesús fue tentado con caminos más fáciles, pero los rechazó todos, porque era necesario que experimentase en sí mismo toda la condición humana y no concluir su misión hasta el momento en que todo fue cumplido (Jn 19, 30). Jesús así se mantuvo fiel a su misión de Hijo de Dios.

En este tiempo de cuaresma que comenzamos seamos conscientes de que estrenamos una oportunidad nueva: en la prueba, hay posibilidad de hacer bien las cosas, de elegir siempre el buen camino, de mirar a Dios. También es el tiempo de vivir de manera especial la misericordia de Dios. Es el tiempo de la conversión y el perdón. Dios nos regala una oportunidad nueva: la gracia para vivir esta nueva vida y hacerlo al estilo de Jesús.

 

Ricardo Rodríguez Villalba, pbro.

 

Evangelio según san Lucas 4, 1-13

En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y el Espíritu lo fue llevando durante cuarenta días por el desierto, mientras era tentado por el diablo. En todos aquellos días estuvo sin comer y, al final, sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan». Jesús le contestó: «Está escrito: “No sólo de pan vive el hombre”». Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo: «Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me ha sido dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo». Respondiendo Jesús, le dijo: «Está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».  Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti, para que te cuiden”, y también: “Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece contra ninguna piedra”». Respondiendo Jesús, le dijo: «Está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”». Acabada toda tentación, el demonio se marchó hasta otra ocasión.

2019-10-06 “Señor, auméntanos la fe”

27º Domingo del TO

El evangelio de este domingo contiene dos partes bien distintas: un dicho de Jesús sobre la fe y una pequeña parábola referida al carácter incondicional del servicio y la disponibilidad del creyente. Aunque ambas partes no se parecen literariamente, poseen un hilo conductor al tratar la fe como la respuesta que nace del encuentro entre la realidad divina y la realidad humana.

1) El dicho de Jesús responde a una súplica de los apóstoles. “Señor -le dijeron-, auméntanos la fe”. El Señor les dice: “Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: arráncate de raíz y plántate en el mar. Y os obedecería”. Esta frase sigue las reglas lingüísticas en la cultura de Israel, que utilizaban símbolos e imágenes de gran fuerza expresiva para impactar en lectores y oyentes. Es el caso de la morera que se desarraiga y que se implanta en las aguas del mar.

Jesús utiliza la imagen de un prodigio, imposible en la realidad, sólo explicable desde la fe. Jesús quiere referirse no a hechos extraordinarios, ni a una fe cuantitativa que se pueda medir, sino que se refiere a una fe auténtica. Y esta fe puede ocupar el espacio que llena un granito de mostaza. Un grano de mostaza es muy pequeño, tanto como la pequeñez de los discípulos. Pero, por medio de la fe, pueden llegar a ser fuertes, más fuertes que la montaña o el mar.

Jesús nos pide una fe cualitativamente extraordinaria, vivida en lo ordinario, en lo cotidiano del seguimiento. A menudo queremos realizar cosas extraordinarias y llamativas, que den razón de una fe extraordinaria. Pero también olvidamos que lo que Jesús quiere no es una fe extraordinaria, sino que vivamos con fe las cosas cotidianas de la vida. En otras palabras, Jesús nos llama a convertir las cosas ordinarias en cosas extraordinarias, con intensidad, por medio de la confianza y el servicio a la comunidad. Así es -debe ser- la fe del creyente: pequeña, sencilla, pero auténtica. Esa fe que es capaz de las proezas más hermosas: construir la comunidad con los demás, dedicarse a las hermanas y hermanos, facilitar los cambios, remover las estructuras rígidas… No tanto demostrar la fe en cantidad, sino en autenticidad. En el contexto del evangelio, leemos que los apóstoles quizá necesitaban la fuerza de Dios para poder llevar a cabo los consejos dichos por el maestro; pero Jesús está proponiendo no una intervención mágica de Dios, sino abrazar y vivir la confianza en Dios en las cosas cotidianas de la vida, para conseguir, eso sí, efectos sorprendentes. Nosotros sabemos que la fe, creer, nos facilita poder leer los acontecimientos de la historia desde la mirada de Dios mismo; creer es mantener la fidelidad al contenido del mensaje cristiano, a pesar de todas las invasiones ideológicas y a pesar de todos los acontecimientos y cambios sociales; creer es trabajar con empeño y humildad por el reino de Dios, hacer un trabajo sencillo pero con un testimonio lleno de coraje; creer es vivir con la humildad del criado de la parábola.

2) Con la parábola del criado y su señor, Lucas nos presenta la fe vivida como entrega en el servicio, demostrando así que la fe que Jesús pide no es realizar cosas extraordinarias, sino abrazar lo cotidiano de la vida. La parábola es utilizada para explicar la fe puesta en servicio, o lo que es lo mismo, la disposición del creyente ante Dios y en medio de sus hermanas y hermanos. Jesús recurre a las relaciones que mantiene un criado con su amo. Aquel señor de la parábola no tiene que agradecer al esclavo que haya hecho lo que se le ha mandado. Pero ahora en la casa de Dios la fe vivida en el servicio cambia la relación y la dinámica. A pesar de que Jesús pide que reconozcamos: “Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer”, ahora la comunidad de Jesús vive bajo la autoridad de Dios, porque Dios es “el Señor”. Y ahora el criado forma parte de la casa/familia del Dios de Jesús. Además, Jesús nos dijo que el criado una vez que haya servido en las tareas de cada día, podrá reclinarse, comer y beber, tal y como lo ha hecho el “Señor”, el dueño de la casa. Es más, Dios mismo se convertirá en “siervo” y servirá a los miembros de su casa que estén atentos, vigilando y esperando el retorno del amo: “Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; ciertamente, su señor se ceñirá y hará que se sienten a la mesa y vendrá a servirles” (cf. Lc 12, 37). Con esta parábola, Jesús se opone a la mentalidad de los fariseos que pensaban que con el cumplimiento de la ley obligaban a Dios a premiarles por su comportamiento. Sin embargo, Jesús dice que los dones de Dios al siervo fiel no son un derecho que se puede reivindicar, sino un don gratuito.

En resumen, la parábola nos describe la actitud que el creyente debe tener ante Dios: Todo lo que recibimos de él es gracia y toda nuestra vida debe ser una respuesta agradecida a sus dones y no una relación interesada a la búsqueda de favores o dones.

                                                                            Ricardo Rodríguez Villalba                                                                                 

Evangelio según san Lucas (17, 5-10)

Los apóstoles le dijeron al Señor: «Auméntanos la fe». El Señor dijo: «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, y os obedecería. ¿Quién de vosotros, si tiene un criado labrando o pastoreando, le dice cuando vuelve del campo: “Enseguida, ven y ponte a la mesa”?¿No le diréis más bien: “Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú”?¿Acaso tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid: “Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer”».                     

2019-10-13 “¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero?”

28º Domingo del TO  

En este relato que sigue al del domingo pasado, Lucas nos ofrece el episodio de los diez leprosos. Jesús continúa hacia Jerusalén, pasando entre Samaría y Galilea. En el camino, enseña, predica, anuncia el reino de Dios y cura a las personas de todo tipo de dolencias. Y Lucas nos cuenta que Jesús se encuentra con diez leprosos que piden su compasión.

Los leprosos vivían fuera de las poblaciones y aislados del resto. El leproso produce rechazo, se mantiene aislado. El leproso mismo tiene la conciencia de ser una persona marginada. De ahí el dato de que los leprosos “se pararon a lo lejos” para no contagiar, pero también porque se sienten rechazados. La Ley de Israel mandaba que los leprosos vivieran separados (cf. Lev 13, 46). Y el día en que estuvieran curados tenían que presentarse ante un sacerdote para que éste comprobara su curación y les permitiera reintegrarse a la vida normal (cf. Lev 14), pudiendo a partir de entonces participar en las celebraciones del culto. Por eso, este milagro de Jesús significa no sólo una curación física, sino una restauración en la vida social de su pueblo.

Una vez sanados de la lepra, el evangelio dice que el grupo se divide: los nueve por un lado, el samaritano por el otro. El centro de interés del relato está en que sólo el samaritano, un extranjero, tuvo fe para reconocer la bondad de Dios que actuaba en Jesús, y se volvió para dar gloria a Dios. Esa diferencia queda cualificada desde otro ámbito, el de la capacidad de dar gracias, actitud que no tienen los nueve restantes.

Jamás los judíos trataban a los samaritanos. ¿Por qué este samaritano extranjero andaba con un grupo de leprosos? La enfermedad común de estos hombres había unido lo que la vida normal y la Ley separaban. Lo que los había unido era precisamente la marginación, mayor para el samaritano por ser extranjero, pero marginación al fin y al cabo. Como leprosos, eran todos igual de malditos ante la sociedad. Sin embargo este samaritano, cuando vio que estaba curado,“se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias”. Los otros nueve, al verse curados, desaparecen de la escena. El samaritano, por su fe, quedó restablecido e integrado.

Y “¿los otros nueve dónde están?” Sólo un samaritano, el socialmente extraño a los judíos, el excomulgado de la Ley, el despreciado, volvió a dar gracias. El elogio de Jesús al samaritano se convierte en un reproche para los hijos de Israel, los judíos. El samaritano da gloria a Dios porque Jesús tiene la capacidad de sanarlo, y también porque Jesús le rehabilita de los prejuicios contra su condición de samaritano.Sólo éste, por su fe, pasó a ser seguidor de Jesús; los otros se marcharon.

La enseñanza de Lucas quiere decir que el lugar que Jesús da a los samaritanos es el mismo que las comunidades cristianas debían dispensar a los paganos no judíos. A favor de ellos, Jesús también presentó en la parábola del buen samaritano un modelo de gratitud y de amor al prójimo para superar los prejuicios hacia los extranjeros (cf. Lc 10, 30-33). Quiere con ello señalar que el evangelio se dirige, también, a las personas y grupos considerados indignos de recibir la buena noticia de Jesús.

En el evangelio de hoy, es precisamente uno venido de fuera, despreciado por los de dentro, el único que sabe reconocer el don recibido de Dios, dando una lección magistral a quienes, a pesar de haber sido curados, no supieron que la verdadera curación comienza con la salud del cuerpo, pero culmina en el seguimiento de Jesús que da nueva vida a quien se acerca a él. La sanación puede ser, además, ocasión y estímulo para iniciar una nueva relación con Dios. Podemos pasar de la indiferencia a la fe, del rechazo a la acogida, de la duda a la confianza, del temor al amor. Esta acogida sana de Dios nos puede curar de miedos, vacíos y heridas que nos hacen daño. Nos puede enraizar en la vida de manera más saludable y liberada. Nos puede sanar integralmente. Esto significa autoaceptación y reconciliación. Al curarnos, se nos ofrece la posibilidad de acoger de forma renovada a Dios que viene a nosotros como fuente de vida nueva. Dentro de la pequeña historia de cada persona, probada por enfermedades, dolencias y contrariedades, la curación es una experiencia privilegiada para dar gloria a Dios.

La salvación de Dios que nos llega por Jesús es puro don. No depende de los méritos. El relato nos enseña que no sólo hemos de pedir a Dios el “don” que necesitamos, sino también agradecérselo después de haberlo recibido. Y que Dios escucha a todos, no sólo a los “de dentro”. Los diez leprosos pidieron compasión a Jesús, y Jesús los curó porque manifestaron su confianza en él, no por ser judíos o samaritanos. Nadie es excluido del amor del Padre, que salva gracias a la fe. Pero sólo el leproso samaritano demostró su alegría, su gozo, alabó a Jesús, se acercó a él porque su vida a partir de ese instante fue dignificada y restaurada. San Lucas nos habla aquí de una fe adulta, una fe agradecida, alegre, llena de vida, de energía. Porque ¿de qué nos sirve la curación si no nos encontramos de forma personal con Dios, que nos reconstruye totalmente?

Jesús que cura y sana sirve como modelo para cristianas y cristianos, porque una vez sanados y reconciliados, nos envía a evangelizar y aliviar el dolor de los que sufren. El evangelio de hoy nos descubre también que la autoaceptación es una condición previa a la aceptación de los demás. Porque, del mismo modo que Jesús nos ha limpiado, también Jesús nos llama a eliminar la lepra de los que son diferentes y excluidos. Así, el itinerario del creyente pasa por la autoaceptación, la sanación y la conversión personales, necesarias para aceptar a los demás; pasa por la actitud de agradecimiento a Dios; y por último, nos impulsa a ser discípulas y discípulos, continuando la acción de Jesús.

Hace tres décadas con la epidemia del SIDA surgió una nueva lepra, y hoy día siguen apareciendo otras formas de lepra o estigmas: entre los extranjeros y las poblaciones de otras etnias; entre los nuevos pobres y marginados victimas de las crisis económicas, políticas y sociales, víctimas de la enfermedad y de las discapacidades; entre las personas LGTBI... ¿Con qué prejuicios y normas sociales tratamos a los diferentes, diversos y marginados? Revisemos esos prejuicios bajo los ojos misericordiosos de Dios. No deben existir prejuicios si pretendemos seguir el ejemplo de Jesús. La conciencia cristiana a veces exige que actuemos en contra de los sentimientos predominantes y que demos prioridad (como hizo Jesús y como enseña la parábola del buen samaritano) a las necesidades humanas de estos nuevos estigmatizados que carecen de unos mínimos de bienestar, normalización, integración y participación. Según el ejemplo de Jesús, la prioridad al actuar es siempre la restauración de la dignidad del ser humano.

Dichosos aquellos que posibilitan a otros caminar hacia el reino de los cielos.

                                                                                                                                                                                                   Ricardo Rodríguez Villalba                                                                                                      

 

Evangelio según san Lucas (17, 11-19)

Una vez, yendo camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Cuando iba a entrar en una ciudad, vinieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros». Al verlos, les dijo: «Id a presentaros a los sacerdotes». Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias. Este era un samaritano. Jesús, tomó la palabra y dijo: «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están?¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?». Y le dijo: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado».

2019-10-20 “Orar siempre sin desfallecer”

29º Domingo del TO

En este relato que contiene la parábola que se conoce como la parábola del juez y la viuda, Lucas nos presenta uno de los temas favoritos de Jesús, que es la oración. Lucas es el evangelista que más veces presenta a Jesús invitando a la comunidad a poner en práctica la oración. Se trata de la necesidad de orar siempre y sin desfallecer. La parábola enseña que la fe en Dios y en su capacidad de mostrar misericordia y justicia debe ser la base de nuestras oraciones.

El contexto en que se escribió el evangelio de Lucas, el de la iglesia naciente que esperaba en medio de las dificultades el regreso de Jesús en el día de la salvación definitiva, da sentido a esta parábola que conecta con la sección anterior, el capítulo 17, 20-37, donde se menciona la venida del Hijo del hombre. El final de la parábola dice cómo hay que esperar esa venida manteniendo una fe y oración persistentes.

Jesús nos presenta un caso en el cual había posibilidades casi nulas de que la viuda lograría ser escuchada. La viuda estaba entre las personas más vulnerables de la sociedad palestina; era una persona a quien constantemente se le negaba la justicia. Sin embargo, su persistencia en exigir justicia es un modelo para nosotras y nosotros. Las personas pobres y vulnerables nos enseñan cómo deberíamos relacionarnos con Dios. Muchas veces, aquellas personas a quienes se les niega la justicia son quienes más creen en la capacidad de Dios para socorrerles, porque viendo cómo los demás seres humanos les han fallado, creen que en última instancia sólo Dios les escuchará.

Jesús nos da el ejemplo de una situación que parecía imposible, pero en la cual lo improbable sucedió. La viuda fue finalmente escuchada por alguien sin ninguna inclinación a prestarle atención. La enseñanza de Jesús viene a reforzarnos porque a veces dudamos del poder de la oración: Nuestras oraciones son efectivas y son escuchadas, aunque a veces no nos parezca que sea el caso. ¿Cuántas veces nos parece que nuestras oraciones no reciben respuestas? ¿Tenemos fe en que Dios es más justo que ese juez, y en que Dios pone todo interés en escucharnos? ¿O nos desalentamos demasiado pronto creyendo que nuestras oraciones no son oídas?

Veamos cómo oramos. Solemos pedir mucho pero oramos poco. Y oramos mal porque “agotamos” a Dios para que al fin nos haga caso. Pero ya sabe nuestro Padre lo que necesitamos y lo que nos conviene.

¿Cómo pedimos? A veces pedimos a Dios desesperadamente, y hacemos bien, porque para eso somos hijas e hijos, para poder decirle todo a nuestro Padre. Pero cuando pedimos y no recibimos, dudamos de Dios: ¿no nos oye?, ¿es que no es bueno? Más bien deberíamos dudar de nosotros mismos: ¿pedimos cosas convenientes? Generalmente, pedimos milagros, pedimos que Dios altere el curso normal de los acontecimientos, que intervenga, que suceda lo que nos interesa… También solemos orar para pedir favores y bienes. Pero el mundo no funciona así. Dios no funciona así. Por supuesto que puede hacer milagros: Dios puede hacer lo que quiera. Pero no lo suele hacer ni deberíamos pedírselo. El milagro que nos conviene es que aceptemos las cosas y las aprovechemos como un medio de descubrir a Dios. A veces no nos damos cuenta que Dios se manifiesta en ellas, y el milagro consiste en descubrirle en su aparente ausencia.

¿Cuánto tiempo llevamos orando por una petición especial? ¿Cuántas veces hemos pensado que ya no vale la pena orar? Cuando somos persistentes en la oración crecemos en carácter y en fe. La persistencia en la oración ayuda a alinear nuestra petición con la voluntad de Dios en nuestras vidas. La persona que ha esperado mucho tiempo por una respuesta es una persona que ha mostrado su esperanza en Dios, es una persona más madura y mejor capaz de recibir la respuesta que Dios ha tenido guardada para el momento adecuado. La oración persistente da un resultado de madurez. Dios es incapaz de ser injusto con nuestras peticiones. Dios responde a tiempo.

La finalidad de la oración es comunicarse con Dios. La oración es su propio fin: estar con Dios, oír a Dios, sentir a Dios, agradecer a Dios, expresarse ante Dios. La oración debe ser la actividad normal del creyente. Oramos porque en la esencia de nuestro ser está Dios. En general, se nos ha enseñado poco a orar. Apenas nadie nos ha hablado de la importancia que tiene dedicar cada día a estar con Dios, repitiendo: “Señor, quiero estar contigo”, “Señor, quiero escuchar tu voz”, “quiero sentir que eres Padre”, “gracias por la vida, por tu amor”. Es la oración desde la confianza y el cariño.

No olvidemos que aun cuando es bueno pedir a Dios todo, desde el perdón de nuestras faltas hasta el éxito en nuestras iniciativas y trabajos, lo fundamental, lo más importante, lo que debemos pedir y buscar ante todo es la justicia, la salvación de Dios, porque lo demás se nos dará por añadidura. Tampoco conviene olvidar que la oración, como ha de ser siempre sincera, nos compromete con el mundo y con las mujeres y hombres de nuestro entorno, haciéndonos personas dispuestas por su promoción y desarrollo según la justicia. El desafío del evangelio es tener fe y ser persistentes en ella hasta el final, hasta el punto de derrotar la desesperanza, de superar lo imposible. Dios no abandonará, hará justicia pronto a las personas elegidas, aunque actualmente las deja pasar por angustias y fracasos. Por eso hay que mantener la fe, guardarla del abatimiento, firme y segura en que Dios nos escucha.

                                                                                                                                                                                                  Ricardo Rodríguez Villalba         

 

Evangelio según san Lucas (18, 1-8)

Les decía una parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer. «Había un juez en una ciudad, que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había en aquella ciudad una viuda que, acudiendo a él, le dijo: “¡Hazme justicia contra mi adversario!” Durante mucho tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo: “Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que no venga continuamente a importunarme.”» Dijo, pues, el Señor: «Oíd lo que dice el juez injusto; y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche, y les hace esperar? Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará esta fe sobre la tierra?»

2019-11-03 “Buscar y salvar lo que estaba perdido”

31º Domingo del TO  

El texto de este domingo pone de manifiesto algunas de las características y temas más destacados del evangelio de Lucas: la ternura y la misericordia de Dios con los pecadores, la necesidad de la conversión, y la necesidad de renunciar a las riquezas.

Jesús va al encuentro de Zaqueo, jefe de publicanos y rico. Señalamos tres rasgos importantes: a) "Zaqueo": Jesús llama por su nombre a un hombre odiado por todos por ser jefe de publicanos; b) "Es necesario que hoy me aloje en tu casa": sí, precisamente hoy ha llegado para Zaqueo el momento de la salvación; y c) ¿Por qué "es necesario"? Porque Jesús va a "buscar y a salvar lo que estaba perdido", que es el mensaje de Jesús que resume toda su obra.

Pero el relato deja bien claro que es Jesús quien interpela a Zaqueo para entrar en su casa. La iniciativa está de parte de Jesús. Da la impresión de que Jesús no «pasaba» por casualidad, sino que le estaba buscando. Zaqueo responde a la invitación de Jesús, baja del sicómoro, se pone de pié, y responde con la decisión de repartir la mitad de sus bienes a los pobres y la restitución de lo robado. La presencia de Jesús produce un efecto en el estilo de vida de Zaqueo: se convierte y se hace solidario.

El relato muestra que Jesús se dirige también a los ricos. Nadie está excluido de la llamada a participar en el reino. Pero la llamada de Jesús al rico es la invitación a dejar de serlo, a dejar de acaparar para sí. Es la invitación a abrirse a los pobres, a ser solidario y a compartir con ellos.

El evangelio destaca los atributos de publicano y de hombre rico de Zaqueo. Es decir, su condición de despreciado por la sociedad judía. El reino es también para aquellos que no son bien vistos socialmente. Jesús no excluye a nadie. Si alguien es excluido del reino, es porque ha renunciado al mensaje de Jesús y se excluye a sí mismo.

Todo lo que le pasa a Zaqueo es fruto de la manifestación de la misericordia y la compasión de Dios que perdona y da la fuerza para cambiar. La salvación que llega en la persona de Jesús opera un cambio radical de vida. Con esta actitud, Zaqueo se constituye en prototipo de discípulo, porque nos muestra de qué manera la conversión influye en nuestra relación con nuestras posesiones; y en segundo lugar nos recuerda las exigencias que implica seguir a Jesús.

En resumen, el evangelio nos muestra la alegría de Zaqueo por la conversión: “Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento. La gracia de aquel encuentro imprevisible fue tal que cambió completamente la vida de Zaqueo: "Mira —le dijo a Jesús—, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más". Esta es la transformación de Zaqueo. Cambia su manera de mirar la vida: ya no piensa en sí mismo sino en los demás. Cambia su estilo de vida: hará justicia y compartirá sus bienes con los pobres.

La conversión de Zaqueo es práctica y concreta. Si lo primero que conocíamos de Zaqueo era su estatus de rico, lo último que se nos dice es que pone aquello que lo define al servicio de los pobres. Jesús acaba anunciando la salvación a Zaqueo y a su casa, reconociendo así que también él forma parte del pueblo de Dios, contra los que murmuraban contra él, que lo habían excluido del pueblo judío.

Abrirle las puertas a Jesús significa dejarle que toque nuestro interior, nuestras convicciones, nuestras actitudes, nuestras costumbres. Es ponernos al alcance de su palabra, de su mensaje, de su mirada profunda. Pero también significa aceptar su cariño, su afecto por todos. Jesús nos va a mirar de frente, nos llama por nuestro nombre y nos va a preguntar: ¿Qué haces con tu vida? Miremos hacia dentro de nuestro corazón y descubramos que nuestra vida puede ser renovada. Quizá nos levantemos ante el Señor y le digamos: Aquello que tengo, aquello que soy, aquello que me has regalado, mi vida misma, la reparto entre quienes la necesiten.

                                                                                                Ricardo Villalba                      

 

Evangelio según san Lucas (19, 1-10)

Entró Jesús en Jericó e iba atravesando la ciudad. En esto, un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de ver quién era Jesús, pero no lo lograba a causa del gentío, porque era pequeño de estatura. Corriendo más adelante, se subió a un sicómoro para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y le dijo: «Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa». Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador». Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor: «Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más». Jesús le dijo: «Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».

2019-11-10 “Los hijos de Dios son hijos de la resurrección”

32º Domingo del TO  

Hoy el evangelio nos presenta el misterio de la resurrección de los muertos, una de las verdades fundamentales de nuestra fe.

Había entre los judíos un grupo político-religioso, muy influyente, los saduceos, que sólo aceptaban los libros de Moisés -el Pentateuco- y rechazaban toda doctrina que no estuviera en estos libros, como la de la resurrección que se contiene en el libro de Daniel (Dan 12, 2-3), o que encontramos asimismo en el Libro de los Macabeos (2 Mac 7, 9. 11. 14. 23. 29). Algunos de estos saduceos quieren poner en ridículo a Jesús tratando de demostrar esa doctrina como absurda. Y, basándose en la ley del levirato -que obligaba a tomar por mujer a la viuda de un hermano- ponen el ejemplo de siete hermanos que sucesivamente toman por esposa a la misma mujer, y preguntan: “Cuando llegue la resurrección ¿de cuál de ellos será la mujer?”. Es absurdo creer de esa manera en la resurrección: La creencia de los judíos en la resurrección suponía una vuelta a la vida en la tierra aunque provista de todo en abundancia.

Frente a esta concepción, Jesús señala que la vida de los resucitados será totalmente diferente de la que se vive en la tierra. Así, en la vida futura los hombres y las mujeres serán inmortales, no se casarán: “Son como ángeles, y son hijos de Dios”, dice el evangelio. Resurrección significa que no sólo hay inmortalidad del alma sino que todo el ser, cuerpo glorificado y alma, participará de la gloria de Dios. Jesús recurre a un texto de Moisés, concretamente del libro del Éxodo (Ex 3, 6), para hacer ver a los saduceos que Moisés ya dio a entender que los muertos resucitan porque Dios se le presenta como el Dios de Abrahán, de Isaac, de Jacob y “no es Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos están vivos”. Con lo cual Jesús afirma una cosa fundamental: a pesar de la muerte, el ser humano siempre vive para Dios. Los saduceos querían demostrar que la resurrección era un absurdo, pero Jesús les ha demostrado que son ellos los que interpretan la Escritura de forma absurda.

Jesús nos dice que hay vida después de la muerte, ya que la resurrección no es sólo un simple revivir, sino que es un nacer a la vida a la que siempre hemos aspirado y que siempre hemos anhelado. Una vida en la que seremos plenamente felices y libres, que no podemos captar plenamente ahora, pero que como misterio revelado sí podemos vislumbrar con la ayuda de la fe y la esperanza. El paso del presente al futuro es como nuestra propia existencia: si miramos una fotografía nuestra de cuando éramos niños podemos ver que ya no somos iguales, pero al mismo tiempo ese niño, realmente somos nosotros. No podríamos negarlo. En tal sentido somos el mismo, pero al mismo tiempo ya no somos iguales a la fotografía.

Nuestra resurrección es una consecuencia de la resurrección de Cristo. Jesús, con su propia resurrección, nos ha abierto el camino de la vida. Dios tiene el poder de crear la vida, y haciéndonos hijas e hijos suyos nos hace participes de la resurrección. Confiar en este Dios quiere decir darnos cuenta de que estamos hechos para la vida. Y la vida consiste en estar con Él de manera ininterrumpida, para siempre.

¿Este misterio de la resurrección es relevante para nuestro tiempo? Nos encontramos en el evangelio una situación parecida a la que sucede hoy: la secularización también intenta desprestigiar a los que nos llamamos cristianos, y el relativismo científico y cultural considera irrelevante nuestra fe a causa de la pérdida del sentido de la trascendencia. Pero la fe en la resurrección da razones de esperanza a esa humanidad que relativiza las creencias, que ante la fugacidad de las cosas parece que ha perdido su sentido, y que se desespera por tanta destrucción y muerte. Sabemos que Dios permanece firme y nos llama a plenitud y eternidad. Poder pensar que la vida no termina, sino que es como un río que un día comenzó y que su caudal crece y crece, puede sostenernos en los momentos de dolor, de desesperanza, y ante la muerte. Y puede en algún momento, sin darnos cuenta, mostrarnos que la vida tiene sentido, más allá de las cosas que le pueden pasar al ser humano.

Pero la fe en la resurrección no nos saca de nuestro compromiso con nuestro presente, por el contrario hace que nos insertemos profundamente en la historia, llevando la convicción de que su sentido último está en la Vida. Nuestro testimonio de fe y esperanza en la resurrección deben traducirse también en un compromiso por defender la vida, en este tiempo en el que las fuerzas de la violencia y muerte parecen atemorizarnos más, en particular a los más pobres y oprimidos. Creer en el Dios de los vivos nos hace rechazar la muerte violenta e injusta, no sólo física, sino también espiritual, infligida a tantas personas.

La fe en la resurrección es motivo de esperanza, motivo para mirar el futuro con optimismo, y debe ser motivo también para cambiar nuestro modo de ver las cosas. Abrirse a la resurrección es también abrirse a la novedad diaria del evangelio para nuestras vidas.

En este momento podríamos preguntarnos personalmente: ¿Creo que hay vida después de la muerte? ¿Creo en la resurrección? ¿En mi caminar por la vida intento ser consciente de unas actitudes que den firmeza a mi compromiso, evitando detenerme en las cosas efímeras y sin valor? Pensemos que lo que sí perdura y llega a su máxima plenitud es todo lo que hayamos sembrado de amor auténtico, de fraternidad, de justicia y verdad. Confiar en Dios quiere decir darnos cuenta de que estamos hechos para la Vida. Y la Vida, sus auténticas dimensiones, implican, en definitiva, la perspectiva futura de Dios, la espera de Dios.          

                                                                                                                                                                                                       Ricardo Rodríguez Villalba                       

Evangelio según san Lucas (20, 27-38)

Se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron: «Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y dé descendencia a su hermano”. Pues bien, había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos. El segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. Por último, también murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer». Jesús les dijo: «En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección. Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos».

2019-11-17 “Esto os servirá de ocasión para dar testimonio”

33º Domingo del TO  

El año litúrgico va llegando a su fin, y la palabra de Dios hoy parece que quiere hablarnos de los signos del final de los tiempos.

Jesús ya se encuentra en Jerusalén y el relato nos va aproximando a su pasión. Dice el evangelio que algunos discípulos valoraban la belleza del templo de Jerusalén, uno de los edificios más grandes e impresionantes de la antigüedad. Jesús insiste en la efímera existencia del templo porque Jerusalén y aquel templo, como anuncia proféticamente, serán destruidos por la invasión de los romanos en el año 70 d. C.

El texto evangélico nos habla de acontecimientos trágicos, guerras, revoluciones, terremotos, signos en el cielo, etc., que todavía nos impresionan hoy. A través de estas imágenes, parece que Jesús quiso hacernos pensar en el fin del mundo, y los discípulos quieren prepararse para ese momento.

¿Por qué esta predicción de violencia y de destrucción? Los cristianos esperaban que la venida definitiva de Jesús fuera a suceder en seguida. Se preocupaban por reconocer los signos y creían descubrirlos en las persecuciones que ellos mismos sufrían. Pero aquí Jesús habla no tanto del fin del mundo y de su segunda venida, sino más bien del fin de “un mundo”, de nuestro mundo, que es temporal y está sacudido por el pecado. Las dificultades que describe Jesús son reales y hoy continúan: En el mundo hay males, sufrimiento y dolor, situaciones que se perpetúan por el pecado. Jesús describe el fin de los días como una acumulación y consecuencia de esos males: Las guerras, causadas por enfrentamientos; los terremotos y cataclismos climáticos, manifestación de una naturaleza sobreexplotada y frágil; la enfermedad de la peste y el hambre, producidas por deficiente salubridad y por la escasez, y que causan estragos entre los más vulnerables.

Sigue Jesús diciendo que el final no vendrá en seguida, sino que antes será necesario que ocurra esto. Cuando la comunidad de Lucas recordaba estas palabras de Jesús, vivía un momento muy tenso, de sufrimiento. Ya estaba teniendo lugar la persecución de los cristianos, también con denuncias de los propios familiares y allegados, y con consecuencia incluso de cárcel y pena de muerte. Lo cual le interesaba recalcar al evangelista para mantener la expectación ante la segunda venida de Jesús.

Pero después de todas las calamidades que ha descrito, el evangelio acaba con una llamada a la esperanza: «Ni un cabello de vuestra cabeza perecerá». ¿Cómo entender esto, si antes hemos leído que algunos morirán por causa de Jesús? Jesús quiere indicar que ni la muerte será capaz de separar a los discípulos. Jesús mismo, anunciando de manera implícita su pasión, sufrirá la muerte, y resucitará, como el primero entre muchos. El mundo viejo del pecado (aunque todavía veamos sus consecuencias nocivas) ya ha sido destruido por la cruz de Cristo, el pecado ha sido vencido, y devuelta la Vida con la resurrección, porque el nuevo mundo de Dios ya ha comenzado. Pero todavía debemos esperar la venida definitiva de Jesús.

Jesús quiere decirnos que no nos dejemos paralizar por el miedo, el desánimo y la angustia ante los profundos cambios y crisis globales que nos amenazan y sacuden nuestra religiosidad, concretamente la identidad de la fe cristiana. «Que nadie os engañe», «no vayáis tras ellos», significa que cuando en momentos de crisis, desconcierto y confusión se escuchan mensajes proponiendo otras alternativas de salvación, evitemos personas o doctrinas que nos separan del verdadero Jesús liberador, único fundamento y origen de nuestra fe.

Con todo, la recomendación del evangelio es la perseverancia: «Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas». Se trata de una perseverancia comprometida, defendiendo nuestras identidades. Significa que si en el mundo presente hay mal, trabajemos por el bien, mirando al mundo futuro que ansiamos; si en nuestro ambiente existen la mentira y el descrédito, seamos siempre sinceros, defendiendo la verdad; si en el mundo hay odio, pongamos amor; si hay venganza, pongamos perdón; si nos domina el egoísmo, practiquemos la generosidad; si hay injusticias, trabajemos por la justicia; si la codicia impera y el mundo sólo piensa en acumular, compartamos los bienes y vivamos con sobriedad; si hay individualismo, rivalidades, divisiones y enfrentamientos, pongamos unidad, concordia y paz.  

Así pues, el evangelio de este domingo no es un mensaje de temor, sino de esperanza. No nos habla de algo lejano e intemporal sino de algo que nos afecta hoy, a vivir estos tiempos con identidad cristiana. Lo importante es que todos los días estemos vigilantes, firmes en la fe a pesar de las dificultades que encontramos para vivirla. Por eso Jesús nos tranquiliza: «no tengáis pánico». Por un mundo que dejará paso a una nueva creación.                                                                

                                                                                             

                                                                           Ricardo Rodríguez Villalba                                                                                                      

Evangelio según san Lucas (21, 5-19)

Y como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo: «Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida». Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?». Él dijo: «Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre, diciendo: “Yo soy”, o bien: “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida». Entonces les decía: «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes. Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo. Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio. Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».

2019-11-24 “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”

34º Domingo del TO

Celebramos la solemnidad de Cristo Rey. Decir “Cristo Rey” equivale a decir “Jesús es el Señor” (es decir, Dios, el Salvador), que es el tema central de la fe cristiana. El evangelio nos ha presentado la investidura regia de Jesús en el calvario. Extraña ceremonia esta última donde la corona es una corona de espinas, el trono una cruz (en cuyo vértice campea una irónica inscripción que proclama “Rey de los judíos” al que allí muere ajusticiado), y la corte la forman dos ladrones crucificados a derecha e izquierda.

Ante la cruz de Jesús se encuentran los magistrados del pueblo, los soldados y la multitud que le lanzan un desafío: “Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo”. San Lucas insiste en la palabra “sálvate” que aparece una y otra vez en boca de los presentes dirigida a Jesús. Quieren que Jesús muestre su divinidad mediante un signo prodigioso, mediante un milagro que evite su sufrimiento y su muerte, que le evite la cruz.

Sálvate a ti mismo bajando de la cruz. Esa fue la gran tentación que rodeó a Jesús y nos amenaza también a nosotros. Sálvate a ti mismo, piensa sólo en ti, es el mensaje que el mundo nos dirige constantemente: Baja de tu cruz. Huye de todo lo que signifique esfuerzo, lucha, entrega, caridad y misericordia. Evita toda dificultad, todo problema, toda pena. No te compliques la vida por nadie, no te incomodes por nada y menos aún por algo tan poco rentable como la religiosidad. Sobre todo no ames (porque el amor es doloroso y te hará sufrir), no hagas el bien; pásatelo bien, vive bien, eso sí, pero no hagas el bien porque ¿qué vas a ganar con eso? Busca siempre tu interés, no el de los demás, y si para lograr lo que te conviene hay que pasar por encima de los otros, pues ¡hazlo!, al fin y al cabo tú eres tu única norma, tú eres tu rey, eres tu dios.

¡Cuántas veces sucumbimos nosotros a esta tentación! Sin embargo, Jesús no; Él no baja de la cruz sino que la abraza hasta el final, cumpliendo la voluntad del Padre, hasta morir en ella como supremo testimonio de amor (porque “nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”). Desde la cruz, Jesús nos explica cuál es la verdadera naturaleza de su reino: el amor misericordioso de Dios. Pues bien, el evangelio nos invita hoy a contemplar la cruz de Cristo como un camino real que conduce a la salvación, como el trono en el que se encuentra la verdadera realeza, la del amor.

No teman los poderosos, que Jesús no quiere competir con ellos por el poder de este mundo (ya se lo dijo a Pilatos: “mi reino no es de este mundo”). A Jesús sólo le interesa un gobierno y poder: el del amor. Él no busca reinos terrenales, le basta reinar en el minúsculo territorio de nuestro corazón.

Por eso, la cuestión más importante que hay que plantearse en la fiesta de Cristo Rey no es si Él reina o no en el mundo, sino si reina o no dentro de nosotros. ¿Es Jesús el Rey y Señor de mi vida? ¿Quién reina dentro de mí, quién fija los objetivos y establece las prioridades de mi vida? Si queremos que Jesús reine en el mundo, comencemos haciendo que reine en nosotros. Al fin y al cabo, Jesús no busca súbditos ni siervos, sino amigos; no quiere la sumisión ciega sino la libre elección del amor. No temamos elegirle a Él, porque si reina en nosotros también nosotros construiremos reino con Él.    

                                                         

                                                                                                                                                                                                   Ricardo Rodríguez Villalba                                                                                                      

 

Evangelio según san Lucas (23, 35-43)

(Cuando crucificaron a Jesús y a los malhechores) el pueblo estaba mirando, pero los magistrados le hacían muecas, diciendo: «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido». Se burlaban de él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre, diciendo: «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo». Había también por encima de él un letrero: «Este es el rey de los judíos». Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros». Pero el otro, respondiéndole e increpándolo, le decía: «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena? Nosotros, en verdad, lo estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, este no ha hecho nada malo». Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino». Jesús le dijo: «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».

2019-12-01 “Estad preparados porque viene el Hijo del hombre”

1º Domingo de Adviento  

Hoy primer domingo de Adviento comienza el Año Litúrgico, con cuatro domingos de preparación para la Navidad. Este año seguiremos la lectura del evangelio de Mateo.

Hace dos mil años, cuando los primeros cristianos tenían conciencia de la venida inminente de Cristo, los evangelistas utilizaron un lenguaje apocalíptico para hablar del fin del mundo. A Mateo le preocupa la repentina parusía o venida de Cristo en el mundo. Los discípulos querían saber cuándo iba a ser el juicio de Dios, cuándo terminaría la historia y quiénes estaban preparados para salvarse. Jesús les responde que el fin ni se sabe ni se puede saber. ¿Cómo será esa venida? Repentina: El evangelista menciona el relato de Noé, en el libro del Génesis, cuando el diluvio vino sobre el mundo y nadie se lo esperaba; sólo Noé, que tenía la actitud adecuada, estaba preparado. Y refiriéndose a los dos hombres del campo y las dos mujeres que muelen juntas, los divide en dos grupos: esa venida, a unos se lleva y a otros deja atrás, lo que quiere decir que unos están más preparados que otros. Del mismo modo, esa venida es como el amo de la casa que se prepara porque sabe cuándo viene el ladrón.

Jesús vendrá de nuevo. Su venida será rápida y sorprendente. En esos ejemplos no hay ningún indicio sobre el cuándo, pero sí un mensaje claro sobre la necesidad de una actitud expectante. El capítulo 24 de Mateo no da ninguna pista sobre la fecha del fin del mundo, y además quita la preocupación por el final y nos centra en la salvación presente desde la esperanza del futuro.

Pero el mensaje de Jesús es insistente: “estad también vosotros preparados”. Nos invita a estar siempre preparados para recibir al Señor, que pronto viene a salvarnos. Si esperamos ahora a Jesús como salvador, se nos recuerda que el día final ha de venir como juez. Que el Hijo del hombre vendrá y nos pide que velemos, significa que al final prevalecerá su verdad; Jesús quiere decirnos que Él es la verdad definitiva. Los creyentes tenemos la certeza que la salvación de Jesús está todavía haciéndose en una misteriosa venida continua, por ello celebraremos la Navidad y a la vez esperamos que Jesús regrese al final de la historia.

Pues bien, ¿cómo podemos velar hoy día? Han pasado dos milenios desde que Jesús pronunció esas palabras y nuestra sensibilidad hoy es muy diferente; ya no nos preocupa el fin del mundo inminente. Pero el mensaje de atención y estímulo sigue vigente. Dios interviene en la historia cuando lo cree oportuno, y no nos pide permiso para presentarse. Y sabemos que la historia es siempre historia de salvación.

Velar es prestar atención a la fe, responder al amor de Dios como lo más importante. Las dos exhortaciones de Jesús sobre Noé y el dueño de la casa atento al ladrón, nos animan a estar en alerta para no echar a perder el mayor regalo que hemos recibido de Dios, la oportunidad de vivir como hijas e hijos queridos suyos. Si Mateo nos advierte de la despreocupación de la gente del tiempo de Noé ante la llegada del diluvio, o ante la llegada del ladrón, ¿qué no nos diría hoy a nosotros, sumidos, muchas veces, en cosas sin importancia, completamente despreocupados de lo sustancial de la vida? Ya hace tiempo que no vivimos en una «sociedad cristiana», pero todavía hay cristianos que no nos planteamos en serio que somos los primeros que hemos de responder a la propuesta de Jesús. Lo que realmente importa es la actitud con la que el cristiano debe vivir cada día: actitud de espera, de escucha de la Palabra, de atención al mensaje de Jesús.

Las exhortaciones de Jesús subrayan que el hombre es un proyecto y puede ocurrir que no lo realice porque está desprevenido, y entonces habrá perdido todas las oportunidades. Pero el mismo Dios camina con nosotros para ayudarnos a llevar a cabo ese proyecto. Hoy en día cualquier cristiano tiene multitud de posibilidades a su alrededor para una alcanzar una vida de auténtico creyente. No vayamos a mínimos en nuestra religión, no regateemos a Dios los minutos de nuestro tiempo; que la mínima excusa no nos sirva para dejar de lado nuestras convicciones. Ahora es tiempo para plantearse en serio un proyecto en el seguimiento de Jesús; para aprender más sobre la Palabra de Dios; para celebrar con la comunidad; para implicarse en la atención a los necesitados; para participar en una comunidad cristiana y ayudar a construirla; para leer y conocer mejor a Jesús, en grupos de estudio y catequesis; para rezar solo, o en grupo, o en familia; para fortalecer la fe en encuentros junto a otros creyentes; para reflexionar a fondo sobre el modo de vivir y las propias actitudes; para dejarse ayudar y acompañar por otros hermanos en esta reflexión. El Adviento es momento propicio para construir un proyecto personal que nos haga madurar en la fe.

La vida es demasiado preciosa para malgastarla o desperdiciarla. A pesar del tono austero del evangelio de hoy, su único objetivo es prevenirnos para que no malgastemos la vida. No pretende atemorizarnos con un juicio severo el día de mañana. La preocupación por el futuro desvirtúa la verdadera fe, nosotros hemos de centrarnos en el presente, con un cambio personal y el compromiso ético para la transformación del mundo. Y el reto es demasiado importante para que desperdiciemos esta oportunidad de prepararnos a la Navidad.

                                                                                                                                                                                                       Ricardo Rodríguez Villalba

 

Evangelio según san Mateo (24, 37-44)

Dijo Jesús: «Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé. En los días antes del diluvio, la gente comía y bebía, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre: dos hombres estarán en el campo, a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo, a una se la llevarán y a otra la dejarán. Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa. Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».

2019-12-08 “Preparad el camino del Señor”

2º Domingo de Adviento  

Hoy es el segundo domingo de Adviento. El evangelio de san Mateo nos presenta a Juan el Bautista invitándonos a la conversión: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos». Por los años 27 ó 28 del siglo I apareció en el desierto en torno al Jordán este profeta original e independiente que provocó un fuerte impacto en el pueblo judío: las primeras generaciones cristianas lo vieron siempre como el hombre que preparó el camino a Jesús.

Todo su mensaje se puede concentrar en un grito: «Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos». Después de veinte siglos, el Papa Francisco nos está gritando el mismo mensaje a los cristianos: abrid caminos a Dios, volved a Jesús, acoged el Evangelio.

Su propósito es claro: «Busquemos ser una Iglesia que encuentra caminos nuevos». No será fácil. Hemos vivido estos últimos años paralizados por el miedo. El Papa no se sorprende: «La novedad nos da siempre un poco de miedo porque nos sentimos más seguros si tenemos todo bajo control, si somos nosotros los que construimos, programamos y planificamos nuestra vida». Y nos hace una pregunta a la que hemos de responder: «¿Estamos decididos a recorrer los caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheramos en estructuras caducas que han perdido capacidad de respuesta?».

Algunos sectores de la Iglesia piden al Papa que acometa cuanto antes diferentes reformas que consideran urgentes. Sin embargo, Francisco ha manifestado su postura de manera clara: «Algunos esperan y me piden reformas en la Iglesia, y debe haberlas. Pero antes es necesario un cambio de actitudes».

Me parece admirable la clarividencia evangélica del papa. Lo primero no es firmar decretos reformistas. Antes es necesario poner a las comunidades cristianas en estado de conversión y recuperar en el interior de la Iglesia las actitudes evangélicas más básicas. Sólo en ese clima será posible acometer de manera eficaz y con espíritu evangélico las reformas que necesita urgentemente la Iglesia.

El mismo Francisco nos está indicando todos los días los cambios de actitudes que necesitamos. Señalaré algunos de gran importancia:

Poner a Jesús en el centro de la Iglesia: «Una Iglesia que no lleva a Jesús es una Iglesia muerta».

No vivir en una Iglesia cerrada y autorreferencial: «Una Iglesia que se encierra en el pasado traiciona su propia identidad».

Actuar siempre movidos por la misericordia de Dios hacia todos sus hijos: no cultivar «un cristianismo restauracionista y legalista que lo quiere todo claro y seguro, y no halla nada».

Buscar una Iglesia pobre y de los pobres. Anclar nuestra vida en la esperanza, no «en nuestras reglas, nuestros comportamientos eclesiásticos, nuestros clericalismos» (José Antonio Pagola).

 

Habiendo ya comenzado el tiempo de Adviento, tiempo de gozosa espera, nos encontramos con la exhortación de Juan, que nos hace comprender que esta espera no se identifica con el “quietismo”, ni se arriesga a pensar que ya estamos salvados por ser cristianos. Esta espera es la búsqueda dinámica de la misericordia de Dios, es conversión de corazón, es búsqueda de la presencia del Señor que vino, viene y vendrá. El tiempo de Adviento, en definitiva, es «conversión que pasa del corazón a las obras y, consiguientemente, a la vida entera del cristiano» (Juan Pablo II). Aprovechemos, hermanos, este tiempo oportuno que nos regala el Señor para renovar nuestra opción por Jesucristo, quitando de nuestro corazón y de nuestra vida todo lo que no nos permita recibirlo adecuadamente. La voz del Bautista sigue resonando en los desiertos de nuestros días: «Preparad el camino al Señor, enderezad sus sendas» (Mt 3,3).

 

Evangelio según san Mateo (3, 1-12)

Por aquellos días, Juan el Bautista se presenta en el desierto de Judea, predicando: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos». Este es el que anunció el profeta Isaías diciendo: «Voz del que grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”». Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y de la comarca del Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán. Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo: «¡Raza de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? Dad el fruto que pide la conversión. Y no os hagáis ilusiones, pensando: “Tenemos por padre a Abrahán”, pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras. Ya toca el hacha la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será talado y echado al fuego. Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí es más fuerte que yo y no merezco ni llevarle las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga».

2019-12-15 “¿Eres tú el enviado o tenemos que esperar a otro?”

3º Domingo de Adviento  

El evangelio de hoy nos habla de Juan el Bautista y su relación con Jesús. Juan era un hombre de palabra fuerte, poderosa, fascinante. Su anuncio animaba a reconocer los errores de la propia vida, a cambiar, a volverse hacia Dios. Él había convocado multitudes a su alrededor y formado una comunidad de discípulos. Fue detenido por denunciar el poder establecido, y cuando oye desde la cárcel hablar de Jesús, se sorprende: Jesús no llega como el juez estricto que condena a todos los pecadores, sino que los acoge y come con ellos, y les anuncia un mensaje de liberación y paz, de amor misericordioso. Por eso Juan tiene dudas y envía a sus discípulos a preguntarle: «¿Eres tú el que ha de venir?», o lo que es lo mismo: ¿eres tú el Mesías? Jesús no se limita a decirles que sí, sino que lo demostrará con sus obras, y pide que observen a su alrededor: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados. No son sólo curaciones espectaculares, no son magia; son los signos que los profetas, muchos siglos antes, habían anunciado que realizaría el Mesías. Jesús está diciendo: Cierto, soy el Mesías, pero no os quedéis en mis palabras, sino fijaos en mis obras, ellas hablan de mí.

Y el verdadero Mesías es el que viene a aliviar el sufrimiento, a curar y abrir un horizonte de esperanza a los pobres. Esos tres ámbitos, la enfermedad, la muerte y la pobreza, que parecían alejar de Dios a las personas vulnerables, son transformados por el poder de Jesús. Jesús es enviado por el Padre misericordioso que quiere para todos un mundo más digno y dichoso, que se materializa también hoy en el restablecimiento de la dignidad de las personas LGTBI que se encuentran en un entorno discriminatorio e injusto. Por eso Jesús se identifica con las personas más vulnerables, y se entrega para curar heridas, sanar dolencias, remover obstáculos y liberar la vida. 

Jesús a continuación defiende la predicación de Juan y lo destaca como el mayor de los creyentes y como un profeta. Jesús le tiene en gran estima. La pregunta «¿qué salisteis a contemplar en el desierto? ¿una caña sacudida por el viento?», pretende indicar que la actitud del Bautista no fue como la de las cañas frágiles que se pueden doblar, o que su testimonio careciese de valor, sino todo lo contrario. Juan no fue un hombre vacilante, inconstante o inseguro de lo creía. Más bien supo dar un ejemplo de seguridad y autoridad a lo largo de toda su vida. Juan vivía en el desierto, casi desnudo, con lo básico para comer y vestir, con una sobria religiosidad, y que identificó a Jesús como el Mesías al bautizarlo en el Jordán. Según Jesús, Juan renunció a la riqueza material y a los lujos para vivir en pobreza, preparando el camino a Jesús. De ahí que le compare con el profeta Elías. Es un modo de decir que lo que Juan ha predicado no ha caído en saco roto, sino que ha fructificado en la predicación de Jesús. No cabe la menor duda de que Juan el Bautista constituye un extraordinario ejemplo de compromiso para todo cristiano.

El evangelista Mateo quiere que sus lectores comprendamos que Jesús, cuando dice «id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo», no sólo habla de sus obras, sino también las de sus discípulos, las de sus seguidores, las nuestras… Sí. Esa es la grandeza y la exigencia de ser cristianos; que nuestras obras son como la ciudad puesta sobre un monte que nadie puede ocultar. Estamos llamados a iluminar a los demás haciendo las mismas obras que Jesús, actuando como Jesús, cooperando en las acciones de Jesús. Es una misión estimulante y arriesgada ¿Cómo podremos llevarla a cabo? Sólo porque Jesús está con nosotros, tiene sentido que aceptemos esta misión. No tenemos que anunciarnos a nosotros mismos, sino sólo a Jesús. Él es «el que tenía que venir», el que esperaban los judíos, el que Dios iba a enviar para liberarles.

Y ¿quién es ahora «el que tiene que venir»? ¿Quién es el que esperan las mujeres y los hombres de la sociedad de hoy? ¿Es cierto que esperamos a alguien? ¡Qué preguntas más difíciles! Descubrimos que hay mucha gente que no espera a nadie, que cree no necesitar de nadie, que prefiere vivir su vida en solitario. Vivimos en una sociedad plural en la que conviven multitud de formas de comprender la vida, de buscar la felicidad, incluso de vivir en soledad. Pero todas las personas comparten el mismo anhelo de plenitud interior, de alegría, de paz profunda. Las respuestas del mundo son múltiples, pero no todas acertadas. Los cristianos tenemos también nuestra propuesta y no podemos callar. Seguimos pensando que Jesús es «el que ha de venir» y defendemos, con determinación, su mensaje de plenitud y liberación a través del amor gratuito y desinteresado.

El Adviento es la ocasión para preguntarnos si este del que estamos por celebrar su nacimiento en los próximos días es nuestro Mesías o si esperamos a otro. ¿Es este nuestro tiempo o hay otro tiempo por el que debemos esperar? Jesús nos responde: “Este es el tiempo”. Y sin duda que este es el tiempo apropiado para revisar nuestra relación con Dios. ¿Qué espero yo? ¿Cuáles son mis anhelos, mis deseos, mis proyectos? Con total sinceridad, ¿he puesto a Jesús en el centro de mi vida? El Adviento es el tiempo que la liturgia nos regala para preparar la venida del Mesías a nuestra vida. Él está llegando constantemente, a cada momento, pero nosotros necesitamos de tiempos especiales, de celebraciones llenas de significado, de símbolos que nos lo recuerden. ¿Y cómo puedo compartir el Adviento? ¿Cómo puedo hacer que lo que he recibido pase a tantas otras personas que lo necesitan y esperan? ¿Cómo puedo hacer efectiva la liberación que anuncia Jesús, qué hago por promover la dignidad de mis hermanas y hermanos LGTBI? Que este Adviento sea el tiempo para anunciar que Jesús está cerca y así poner al alcance de otras y de otros la bendición de recibirlo en sus vidas. Él es «el que tiene que venir», el que está viniendo, el que llega. ¡Recibámosle!                                   

                                                                                                                                                                                                         Ricardo Rodríguez Villalba

 

Evangelio según san Mateo (Mt 11, 2-11)

Juan el Bautista, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, mandó a sus discípulos a preguntarle: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?». Jesús les respondió: «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados. ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!». Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué salisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Mirad, los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. Este es de quien está escrito: “Yo envío a mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino ante ti”. En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él».

 

2019-12-22 "José, no temas acoger a María por esposa"

4º Domingo de Adviento

En la última semana de Adviento la liturgia nos coloca expresamente ante el nacimiento de Jesús, invitándonos, a partir de la experiencia espiritual vivida por José, a abrirnos para que Dios nos hable al corazón. A José, igual que a María, la encarnación de Dios le cambió la vida. Ante tal novedad, él tuvo una primera reacción: rechazar en secreto a María. José era un hombre justo según Dios, y por eso, sin comprenderlos hechos, decide despedir a María en secreto, porque si José hubiese sido justo según la justicia de los escribas, hubiera tenido que denunciar a María. Pero el ángel de Dios le habló en sueños diciéndole: «no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados». El ángel dice: no temas, no te cierres a Dios. Y esta palabra hablada al corazón le bastó a José. José lee los acontecimientos de su vida y se fía de Dios. Estamos a las puertas de la Navidad, a las puertas de la presencia de Dios en nuestras vidas y son muchas las señales que Dios nos ha dado en este tiempo. Estas señales iluminan nuestras noches, sueños, sombras y silencios.

Y es que Dios no se cansa de colocarnos ante la esperanza y decirnos que no temamos. Emmanuel, el Dios-con-nosotros, es el nuevo modo como Dios ha elegido estar presente en la vida de las personas y en el curso del mundo. Puede que nos quedemos en la primera reacción de José: sin saber interpretar los signos de la vida, de la realidad, de Dios. Puede que nuestras convicciones y prejuicios impidan captar por dónde van las personas, la vida, la esperanza. Cuando se está ante la realidad, los retos, hay que saber interpretar los signos de Dios. En el silencio, en la oscuridad, en el sueño, Dios se atreve a tocar la intimidad de cada hombre y de cada mujer, sin abandonarlos a su suerte, sino para que despierten agarrados de su mano y sostenidos por la fuerza de su Espíritu. En los sueños, y no en las ensoñaciones, Dios habla al corazón humano despertándolo, enterneciéndolo y, muchas veces, estremeciéndolo, de tal modo que no se paralice ante las dificultades o ante los grandes retos, sino para contagiarle vida, y contagiar vida especialmente a quienes la han perdido. En lo más interno de cada uno de nosotros, Dios habla y lo hace, en primer lugar, para que no claudiquemos, pero sobre todo, para que remontemos el vuelo, superando la nostalgia que paraliza la alegría, eliminando la ansiedad que rompe la armonía y desterrando el temor que desquicia la esperanza. Pero para ser conscientes de que Dios está con nosotros, debemos buscar el silencio interior: ahí escucharemos su voz, encontraremos su rostro y sentiremos su amor incondicional. A partir de ese momento nos daremos cuenta de que no estamos solos. Que nada nos impida escuchar la voz de Dios ni captar sus señales. Que nos abramos a un Dios que quiere estar junto a nosotros. Y que nos dispongamos como Él, a tocar, a enternecer y hasta estremecer el corazón del mundo.

                                                                                                     Ricardo Rodríguez Villalba

 

Evangelio según San Mateo (1, 18-24).

La generación de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes devivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, como era justoy no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados». Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”». Cuando José se despertó, hizo lo quele había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer

 

2019-12-24 "La Natividad del Señor “Se ha manifestado la bondad de Dios y su amor a los hombres”"

La Natividad del Señor

 

Hoy los cristianos estamos llenos de alegría. Como en cada Navidad, Jesús vuelve a nacer en el mundo, en cada casa, en nuestro corazón.

En su carta a Tito -que también leemos hoy-, san Pablo nos da una preciosa definición de la Navidad: “Se ha manifestado el amor, la bondad, la gracia de Dios, que salva a todos los hombres” (cf. Tit 2, 11; 3, 4). Los evangelistas Lucas y Mateo dedican los dos primeros capítulos de sus evangelios a la infancia de Jesús. Con un lenguaje sobrio y conciso, narra Lucas el acontecimiento más grandioso de la humanidad: “María (…) dio a luz a su hijo primogénito”. Y el primer anuncio que escuchamos es: «No temáis, os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo». Es grandioso lo que anuncia el ángel a los pastores: Este niño que ha nacido será la fuente de la verdadera alegría, no únicamente para los pastores sino para todo el mundo. Todos tenemos motivo para alegrarnos. Ese niño nos ha nacido a todos. La declaración del ángel dice que el niño es el Mesías: «Os ha nacido hoy un Salvador, el Mesías, el Señor».

¿Dónde está este niño? ¿Cómo lo podemos reconocer? Así dice el mensajero: «Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre». Porque Dios ha nacido pequeño, pobre y débil. Y lo hace de esta manera porque nadie había querido darle hospedaje, ni en las casas ni en las posadas. En este pesebre comienza Dios su aventura entre los hombres. No le encontraremos entre los grandes e importantes. Es la paradoja de Dios. Dios saca lo grande de lo pequeño; lo valioso de lo no válido; lo rico de lo pobre; lo fuerte de lo débil; al Mesías conocido por todos, de un niño desconocido. No está en lo grande y espectacular, sino en lo pobre y pequeño.

Porque este niño es el Hijo de Dios que se hace Hombre, que se identifica con los hombres. Es el Salvador que necesitamos. Y este nacimiento es para toda la gente. Jesús sólo buscará el reino de su Padre y su justicia. Vivirá para hacer la vida más humana, a imagen de Dios, y para entregarnos la vida de Dios a los hombres y mujeres. En Él encontrará este mundo injusto la salvación de Dios.

Pero no podemos olvidar que este nacimiento nos pide un compromiso: vivir la Navidad del modo más parecido posible a como lo vivieron Jesús, María y José. Es decir, sin ostentaciones, sin gastos innecesarios. Celebrar y hacer fiesta es compatible con la austeridad; sólo se necesita alegría. No hagamos de la Navidad una excusa para hacer fiesta como cuando en nuestro ambiente se habla de paz, solidaridad y amor, pero a la vez se margina y rechaza a muchas personas porque son pobres, extranjeras o sencillamente diversas. Por otro lado, si durante estos días no tenemos verdaderos sentimientos de solidaridad y no somos inclusivas e inclusivos con las personas diversas, rechazadas, forasteras, sin techo…, es que en el fondo somos como los habitantes de Belén: no acogemos al Niño Jesús.

Vayamos a Belén. Busquemos a Dios donde Él se ha encarnado, porque todo lo humano le concierne y le importa. Hablemos de Él con alegría y convencimiento. Ésta es la buena noticia de este día de Navidad. De ahí que nuestro estallido de alegría en esta Navidad ha de ser una profunda y sincera acción de gracias, de glorificación y alabanza a Dios.

 

Ricardo Rodríguez Villalba

 

Evangelio según san Lucas (2, 1-20)

Sucedió en aquellos días que salió un decreto del emperador Augusto, ordenando que se empadronase todo el Imperio. Este primer empadronamiento se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a empadronarse, cada cual a su ciudad. También José, por ser de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para empadronarse con su esposa María, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras estaban allí, le llegó a ella el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada. En aquella misma región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño. De repente un ángel del Señor se les presentó; la gloria del Señor los envolvió de claridad, y se llenaron de gran temor. El ángel les dijo: «No temáis, os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre». De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo: «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad». Y sucedió que, cuando los ángeles se marcharon al cielo, los pastores se decían unos a otros: «Vayamos, pues, a Belén, y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha comunicado». Fueron corriendo y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.

 

 

2019-12-29 “Como dijeron los profetas, Jesús se llamaría nazareno”

La Sagrada Familia: Jesús, María y José

Hoy es la fiesta de la Sagrada Familia. El evangelio de este domingo, protagonizado por José y conocido como la huida a Egipto, tiene lugar después de la llegada de los Magos de Oriente. Los Magos preguntaron a Herodes por un Rey que acababa de nacer. El evangelista dice que Herodes reaccionó con miedo de perder su reinado, y de ahí su persecución contra el niño, que alcanzó a todos los inocentes de la región. El texto evoca el sueño de José interrumpido por un ángel mensajero que le informa que tiene que levantarse y huir de Belén rápidamente. Todo el relato se desarrolla en un doble clima: por un lado, la persecución de que es objeto Jesús; y por otro la constante presencia del ángel mensajero en los sueños para avisar a José, que sigue siendo el protagonista de esta historia, el descendiente de la dinastía davídica que colabora con el plan salvador de Dios.

Este evangelio es de un interés profundamente teológico. Mateo quiere subrayar a sus lectores que las Escrituras se cumplen en Jesús. Algunos detalles de este pasaje recuerdan los comienzos de la vida de Moisés: la matanza de niños inocentes (Ex 1,15-16), la huida del joven Moisés porque el faraón trataba de acabar con él (Ex 2,14-15), y su vuelta a Egipto cuando habían desaparecido los que intentaban matarle (Ex 4,19-21). A través de estas referencias Jesús aparece como un nuevo Moisés, que enseñará la nueva ley al nuevo pueblo de Dios (Mt 5-7). También en este pasaje Mateo establece una comparación entre Jesús e Israel. Las referencias a Egipto son muy abundantes (Mt 2,13.14.15.19), porque se quiere comparar el camino de Jesús con el que tuvo que hacer el pueblo de Israel cuando salió de aquella tierra de esclavitud. La huida de José con María y con el niño recuerda el traslado de toda la familia de Jacob, que emigró a Egipto por designio de Dios (Gen 46,1-7). Desde allí Jesús, que es el verdadero Hijo de Dios, está en situación de iniciar el nuevo y definitivo éxodo, como afirma la cita de Os 11,1. Finalmente el regreso a la tierra de Israel es el primer movimiento de un camino semejante al que recorrió Israel en sus orígenes. Mateo relaciona los comienzos de la vida de Jesús con los comienzos del pueblo de Israel, para mostrar que con Jesús comienza un nuevo pueblo.

Resumiendo: Egipto, la huida, la vuelta y la noche nos recuerdan la salida de los Israelitas de Egipto, el éxodo del pueblo de Dios hacia la tierra prometida. Y con Jesús empieza un nuevo éxodo o camino, el de la Iglesia. La importancia de este evangelio está en que alude claramente a la liberación de la esclavitud. Viene a decirnos que la verdadera liberación y salvación acontece en la persona de Jesús, que es el nuevo Moisés, destinado a liberar al pueblo y conducirlo a la definitiva tierra prometida. Precisamente, el nombre de Jesús significa “Dios salva”.

Mateo, al final del texto, dice que el regreso de Egipto no se realiza de una vez, sino en dos etapas sucesivas: Jesús, María y José vuelven a Israel (Mt  2, 20), y luego van a Nazaret (Mt 2, 23). El evangelista precisa el destino último del niño, Nazaret, en la Galilea de los paganos. Nazaret tiene gran importancia para Mateo, pues sugiere el camino del Mesías desde Israel hacia los paganos.

Por último nos preguntamos: si Jesús había nacido en Belén ¿por qué se le llamaba "nazareno"? Mateo responde dando mucha importancia a los nombres de los lugares donde se desarrollan los episodios de la infancia de Jesús: Belén, Egipto y por último Nazaret. Este texto es también una descripción de lo que sería la vida de Jesús: Jesús fue perseguido; tuvo que huir; y fue nazir o nazareno  -o sea, consagrado-, como otros personajes del Antiguo Testamento. Esta palabra se pone en relación con Nazaret, donde Jesús luego vivió su vida oculta antes de su misión. 

Siendo hoy el domingo de la Sagrada Familia, este evangelio también es motivo de aliento para las familias, para todo tipo de familias que, por vivir conforme al evangelio, como Jesús, María y José, sufren dificultades. La enseñanza práctica del evangelio de hoy es la experiencia de la fe frente al miedo. Por un lado, Herodes representa el poder político y el sistema de valores que temen el reinado del niño Jesús, el reinado de los valores evangélicos y la presencia de creyentes comprometidos con la justicia y la libertad; por otro lado, a ese miedo José responde con una fe incondicional.

La jornada de la Sagrada Familia fue instituida en 1921 por el Papa Benedicto XV, que extendía esta fiesta a la Iglesia universal, unificando las diferentes devociones de patronazgos y cofradías. ¿Qué significa hoy vivir y sentir como la Sagrada Familia? Jesús enseña que Dios tiene un gran proyecto: construir en el mundo una gran familia humana. Jesús predicará que somos hijos de Dios, y quiere que todos sientan a Dios como Padre y todos aprendan a vivir como hermanas y hermanos. Este es el camino que conduce a la salvación de la humanidad. La fiesta de hoy también nos invita a revisar la calidad de nuestras relaciones familiares y fortalecer el vínculo del amor en el seno de cada familia. Es una buena oportunidad para permitir que el cariño, la solidaridad y la fe nos fortalezcan y nos hagan redescubrir la fuerza de Dios que nos anima a seguir caminando.

                                                                                                      Ricardo Rodríguez Villalba

 

Evangelio según san Mateo (2, 13-15. 19-23)

Cuando se retiraron los Magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo». José se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta: «De Egipto llamé a mi hijo». Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo: «Levántate, coge al niño y a su madre y vuelve a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño». Se levantó, tomó al niño y a su madre y volvió a la tierra de Israel. Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes tuvo miedo de ir allá. Y avisado en sueños se retiró a Galilea y se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo dicho por medio de los profetas, que se llamaría nazareno.

 

“El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”

 

30º Domingo del TO

El evangelio de este domingo comienza con una advertencia de Jesús hacia los que confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás, proponiéndoles una parábola. Lucas se refiere, simultáneamente a los hombres del tiempo de Jesús y a los de las comunidades cristianas de tradición antigua, que despreciaban a las personas que procedían del paganismo (Hch 15,1-5).

En aquella época, se decía que un publicano, cobrador de impuestos, no podía dirigirse a Dios, porque era una persona impura. El publicano sabe que su presencia en el templo es mal vista por todos. Su oficio de recaudador es odiado y despreciado.

Con esta parábola del fariseo y del publicano, el evangelio nos habla de la religiosidad de dos hombres. Ante Dios, son dos actitudes muy diferentes. Uno cree que puede salvarse por sí solo. Solamente tiene en cuenta sus méritos, pues ha observado escrupulosamente la Ley y se considera justo, no cuenta nada sobre sus pecados. Al rezar se alaba a sí mismo, contemplando complacido su perfección moral y presentándose justificado ante Dios. El otro es un pecador que tiene conciencia de serlo y lo confiesa sinceramente. Su oración se reduce a pedir misericordia porque como pecador sólo tiene necesidad de piedad. Ni siquiera se atreve a levantar los ojos pues sabe que ha cometido pecado delante de Dios.

La parábola del fariseo y el publicano podría resumirse en que alaba la humildad del pecador arrepentido frente a la soberbia del justo presuntuoso. La parábola nos dice más: nos presenta una vida en la verdad y una vida en la mentira. La vida en la verdad es reconocer que somos pecadores y, en consecuencia, sentirnos necesitados de misericordia. La vida en la mentira es creernos justos, buenos, perfectos por nosotros mismos, sin necesidad de Dios, como hace el mundo.

Hay en san Lucas, por tanto, una llamada a la humildad dirigida a aquellos que están seguros de ser justos por sus obras y que hacen además alarde de su «justicia» frente a los que parecen estar fuera de la ley.

En los evangelios los fariseos no son sólo personajes reales que Jesús tuvo que confrontar en su tiempo. El fariseo es, en los evangelios, aquel que habla de una manera y actúa de otra, un hipócrita. Esa incoherencia está presente en el comportamiento de muchos cristianos y es una peligrosa posibilidad para las y los miembros de la Iglesia. El fariseísmo es presentado también como la tentación permanente del cristiano. Pero aun diciéndonos cristianos podemos caer en el engaño de la actitud farisaica, pensando que la simple y meticulosa observancia de los mandamientos ya nos basta, sin captar la humildad, la misericordia y la conversión a Dios, como nos ha enseñado Jesús.

Pero tener humildad no significa dejar de esforzarse para vivir según Dios ni significa abstenerse de denunciar la injusticia. El fariseo no falla porque vive una vida virtuosa y se esfuerza por vivir según los mandamientos de Dios. El fariseo comete error a causa de su actitud, por la cual se enaltece y desprecia a quienes no tienen tanto éxito en cumplir con los mismos mandamientos. Similarmente, Jesús no nos propone al publicano como un modelo porque es un pecador, sino por su actitud penitente frente de Dios. El publicano muestra que hasta los peores pecadores con verdadero remordimiento pueden acercarse a Dios y tener confianza en su misericordia. Este es otro tema indispensable para Lucas, el evangelista de la misericordia.

La parábola del fariseo y del publicano, que censura la soberbia y premia la humildad, expresa que Dios nos evalúa según criterios diferentes de los que tendemos a usar para evaluarnos los unos a los otros.

Y la parábola se aplica a todas las personas, porque la persona más justa no es tan justa como Dios.

Dios nos ve más que nada con misericordia, y ésta es la característica en la base de nuestro trato con las y los demás.

                                                                                 Ricardo Rodríguez Villalba               

Evangelio según san Lucas (18, 9-14)

Dijo también esta parábola a algunos que confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás: «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: “¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo”. El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: “¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador”. Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido». 

2020

2020-01-01 “María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”

Santa María, Madre de Dios

Hoy es el día de año nuevo y la fiesta de Santa María, madre de Dios. La liturgia de hoy, octava de la Natividad (es decir, ocho días después del día de Navidad), está dedicada a felicitar a Maria por su maternidad. Y el evangelio de Lucas nos presenta el encuentro de los pastores con el niño, con María, su madre, y José. Todos juntos, los pastores y esta familia de María y José «con el niño acostado en el pesebre», son como una imagen preciosa de la Iglesia en adoración.

El evangelio nos dice que los pastores, después de escuchar el mensaje del ángel, «fueron corriendo». Fue la respuesta inmediata a la revelación de un hecho extraordinario. Los pastores se maravillaron y reaccionaron sin dudar, y fueron y vieron «un niño acostado en un pesebre». Se nos señala aquí un primer fruto del “encuentro” con Jesús: «Todos los que lo oían se admiraban». Lucas habla de un “encuentro”, de un encuentro de los pastores con Jesús. En efecto, sin la experiencia de un “encuentro” personal con el Señor no se da la fe. Sólo este “encuentro”, el cual ha comportado un “ver con los propios ojos”, y en cierta manera un “tocar”, hace capaces a los pastores de llegar a ser testigos de la Buena Noticia. Y para encontrar a Jesús hay que decidirse a dejar los “rebaños” del egoísmo, de la comodidad, del escepticismo, de la indiferencia, la insolidaridad, y acercarse a Jesús con sencillez de corazón.

Hay todavía un segundo fruto de este encuentro: «Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto». La adoración del Niño les llena el corazón de entusiasmo por comunicar lo que han visto y oído, y la comunicación de lo que han visto y oído los conduce a ser verdaderos evangelizadores que pueden dar a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel niño. Y es precisamente esto lo que necesitamos: ponernos en marcha. Hemos de pedir la gracia de saber suscitar esta admiración en nuestros hermanas y hermanos.

María nos enseña que para llegar a Jesús es necesaria también la oración. Ella «conservaba todas las cosas meditándolas en su corazón». Lucas es el evangelista que más destaca los gestos y actitudes de la Virgen María. En Belén y en el encuentro de los pastores con Jesús, María guardó y meditó aquella experiencia sencilla y profunda. María es la oyente de la Palabra. Siempre a la escucha de la Palabra, poniéndose a disposición del plan de Dios en su vida. María es la que escucha a Dios en los acontecimientos de la vida. Y María también es la oferente de la Palabra.

Nos dice el evangelio que hoy también se cumplen los ocho días para la circuncisión y la imposición del nombre de Jesús. En la circuncisión del Niño y al ponerle el nombre Jesús (Dios salva), María se desprende y ofrece a su hijo para la humanidad. Los hombres, al igual que hace más de dos mil años, siguen necesitando de Jesús. Pero pocos le reciben y le aceptan, porque se olvidan de la actitud que enseñan María y los pastores.

Hoy también celebramos la Jornada por la Paz, Desde todos los rincones de la tierra los creyentes se reúnen en oración para pedir al Señor el don de la paz y la capacidad de llevarla a cada lugar. En este primer día del año, oremos todos para que caminemos con más firmeza contra la guerra y la violencia. Y comencemos en casa. Paz en casa, entre nosotros. Debemos comenzar por las personas próximas. La paz, en efecto, requiere la fuerza de la mansedumbre, la fuerza no violenta de la verdad y el amor. Comencemos el año como María, con paz, con disposición hacia Dios, con sencillez de corazón. Feliz año 2020.

 

                                                                                                     Ricardo Rodríguez Villalba

Evangelio según san Lucas (2, 16-21)

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho. Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

 

2020-01-05 y 06 “Vieron al niño, y cayendo de rodillas lo adoraron”

2º domingo de Navidad y Epifanía del Señor

Hoy segundo domingo después de Navidad y mañana día de la Epifanía continuamos celebrando los misterios de la encarnación y nacimiento de Jesús. Navidad y Epifanía son dos caras del mismo acontecimiento. Si la Navidad celebra el acontecimiento histórico de la manifestación de la salvación de Dios en Jesús de Nazaret, la Epifanía incide en el significado de la iluminación, la aparición y el desvelamiento, siendo la fiesta de la luz. «La Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros» (Jn 1,14). Este fragmento del evangelio de san Juan nos habla de la Palabra de Dios que se nos ofrece, que nos proporciona la Vida en Dios, en un crecimiento sin límite, y que también nos alumbra con la Luz de Dios. El evangelista nos dice que Dios asumió la condición humana y se instaló entre nosotros. Y en estos días lo encontramos en el seno de una familia: ahora en Belén, y más adelante con ellos en el exilio de Egipto, y después en Nazaret. Dios ha querido que su Hijo comparta nuestra vida. La Palabra se hace hombre para acompañarnos en este camino de nuestra vida mediante la luz y vida que comunica. Y nosotros lo reconocemos por medio de lo visible, el niño que acaba de nacer. Y continúa el evangelista: «Hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad». La presencia de Dios en la historia humana es uno de los aspectos del misterio de la Navidad. Dios no nos salva desde lejos, sino que se hace nuestro compañero de camino. Así es como nuestra misma historia se convierte en una historia de salvación. Y es nuestra gran alegría.

En la Epifanía, Jesús se manifiesta a los magos de Oriente. Los magos vienen del Oriente pagano. No conocen las Escrituras Sagradas de Israel, pero sí el lenguaje de las estrellas. Buscan la verdad y se ponen en marcha para descubrirla. Se dejan guiar por el misterio, sienten necesidad de «adorar». “Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo”, dicen los magos en busca de Dios. La conducta de los magos, esto es, divisar la estrella y ponerse en camino, fue todo uno. Los magos no dudaron en seguir la estrella, porque su convicción era sólida, firme; no titubearon frente a la fatiga del largo viaje, porque su corazón era generoso. Son los que vienen de lejos y buscan, preguntan y se asombran. Por fin se encuentran con el niño y, «cayendo de rodillas, lo adoraron». Después, le entregan las riquezas que tienen y los tesoros más valiosos que poseen. La visión de un niño pobre los sorprende, pero una vez que se han asombrado, la alegría cambia sus vidas y ya no regresan por el mismo camino.

El evangelista san Mateo nos indica dos reacciones muy diferentes ante Jesús: la actitud de los magos y la de Herodes. La contraposición es muy fuerte: unos viajan, están atentos a los signos, preguntan con toda sinceridad y se alegran inmensamente cuando encuentran al niño. El otro tiene miedo del adversario que le pueda quitar el trono y hace cálculos con engaño… Esto es lo que encontrará Jesús a lo largo de su vida: hostilidad y rechazo desde el poder político; indiferencia y resistencia en los líderes religiosos judíos. Sólo quienes buscan el reino de Dios y su justicia lo acogerán. Jesús recién nacido: él es el Mesías esperado, que va a ser rechazado por los judíos pero acogido por muchos paganos. Los magos de Oriente representan a esos paganos que han sido capaces de leer los signos de los tiempos despuntando como aurora en la noche de la historia.

Epifanía quiere decir también reconocimiento y adoración a Jesús por todos los pueblos, que desde ahora se unen en un solo Pueblo de Dios, la Iglesia. Jesús ha venido no sólo para la salvación de Israel, sino para la de todos los hombres y mujeres de cualquier raza o nación y condición, porque todos son hijos e hijas de Dios. El camino de la Epifanía, descubrir el amor y manifestarlo, se muestra ahora como el camino verdadero. Epifanía es descubrir toda la bondad y la belleza de Dios donde no lo esperábamos: en la intemperie y el suelo del pesebre, en lo pequeño, y tocados por una nueva luz que alumbra esta vulnerabilidad, humildad y pobreza; es llevar a Dios a los demás por un camino nuevo, un camino que ha de ser necesariamente de alegría, porque hemos visto a Dios.

Jesús se cruza en la vida de muchas personas. Para encontrarle se requiere voluntad de buscarle, de moverse, de preguntar sin desanimarse, como los magos de Oriente, de salir de nuestra poltronería, de nuestra rutina, de apreciar el inmenso valor de encontrar al Señor. Este relato de la Epifanía y adoración de los magos nos plantea preguntas decisivas: ¿Qué cosas o a quién adoramos? ¿Cómo se llama el «dios» que adoramos en el fondo de nuestro ser? Nos decimos cristianos, pero ¿vivimos adorando al niño de Belén y buscándole sólo a Él? Si no le encontramos y no lo adoramos, no hemos encontrado nada en la vida, porque sólo Él es el Salvador: encontrar a Jesús es, como dice san Juan en su evangelio, encontrar el camino que nos lleva a conocer la verdad que nos da la vida.

                                                                                                      Ricardo Rodríguez Villalba

 

Evangelio según san Mateo (2, 1-12)

Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: «¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.»  Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y toda Jerusalén con él; convocó a los  sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el  Mesías. Ellos le contestaron: «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: "Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las poblaciones de Judá, pues de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi pueblo Israel."»  Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: «Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.»  Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se  marcharon a su tierra por otro camino. 

2020-01-12 El Bautismo del Señor “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco"

Con la fiesta del Bautismo del Señor cerramos el tiempo de Navidad. A partir de mañana reanudaremos el denominado tiempo ordinario anterior a la Cuaresma.

La página del evangelio presenta a Jesús siendo bautizado por Juan en el río Jordán. Después de los relatos de la infancia y como preparación a la actividad pública de Jesús, con el bautismo del Señor, san Mateo narra los acontecimientos que se refieren al inicio de la actividad de Jesús propiamente dicha.

Antes de la aparición de Jesús, acudían gentes de toda la región a recibir el bautismo de Juan, un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. De esta manera, las gentes escuchaban la predicación de Juan y, tras someterse a este rito de purificación, se disponían a acoger el reino de Dios, que estaba a punto de llegar.

Pero ahora, el centro de la historia es Jesús, es Él quien da comienzo al tiempo de salvación (que se prolongará en el tiempo de la Iglesia). El primer acto de la vida pública de Jesús consiste en una inmersión, demostrándonos con este gesto que asume nuestra realidad para hacernos partícipes de la suya. El gesto de Jesús no ha de ser entendido, sin más, como un acto de humildad de quien no hace alarde de su categoría de Dios. Adorado por los pastores el día de Navidad, y adorado por las naciones, representadas en los magos el día de la Epifanía, Jesús hoy se manifiesta humano y sencillo, y nos quiere enseñar también desde el principio de su ministerio que ha venido a cumplir por completo la voluntad del Padre, como hijo amado de Dios, cumpliendo toda justicia. No sólo se encarna en medio de nosotros; Jesús nace y crece, como hombre integral; y sin tener pecado alguno, quiso ser contado entre los pecadores. Lo que Jesús estaba haciendo con este gesto era anticipar la misericordia que más adelante ejercería con los pecadores y preparando el momento del final de su vida con su muerte en la cruz.

El sentido del bautismo de Jesús también va más allá de la solidaridad con los hombres y mujeres, dañados por el pecado. Con esta acción, Jesús revelará, ante todo, que ha sido enviado por Dios para salvar a la humanidad, y esto se manifiesta de forma solemne: al salir Jesús del agua «se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma». Y una voz de los cielos decía: «Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco». Estamos, pues, ante una nueva manifestación de Jesús ungido por el Espíritu y enviado para una misión.

Los cristianos participamos del bautismo de Jesús. El bautismo que nosotros recibimos implica nuestra adhesión a Él, un cambio en el propio modo de ver las relaciones con Dios. Los cristianos creemos en un Dios que conoce de cerca nuestras miserias y debilidades, nuestros problemas y pobrezas, nuestras discriminaciones e injusticias, como también compartió los sentimientos de su pueblo, el deseo de liberación del yugo opresor, la amistad de sus discípulas y discípulos, la plegaria, la inocencia de los niños, el llanto y la desesperación por el dolor, la enfermedad y la muerte. Por eso nuestra vida en Jesús tiene sentido y se puede hacer tan cercana, tan íntima, tan intensa con Él. Por eso podemos confiar en su misericordia, en su comprensión. No rezamos a un dios abstracto, a una idea, a una filosofía, ni siquiera a unos valores. Rezamos a un Dios que, de verdad, se ha hecho hombre, que «pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos» (Hch 10, 38).

Con el bautismo -no sólo el primer bautismo, sino el bautismo que cada día renovamos optando por el seguimiento de Jesús-, cambiamos de vida, lo que significa practicar la fraternidad y la justicia, como enseñaron los profetas que prepararon el camino del Mesías. Y estamos llamadas y llamados en virtud de este bautismo, a continuar con la Iglesia la misión de Jesús en el mundo actual.

 

 

                   Ricardo Rodríguez Villalba

 

 

Evangelio según san Mateo (3,13-17)

Por entonces viene Jesús desde Galilea al Jordán y se presenta a Juan para que lo bautice. Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole: «Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?». Jesús le contestó: «Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia». Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz de los cielos que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».

2020-01-19 “Yo he visto al Cordero de Dios, y he dado testimonio”

El evangelio de hoy está en continuidad con el que escuchamos el domingo pasado, el día del Bautismo del Señor. El texto de hoy no narra el Bautismo de Jesús pero sí nos cuenta el testimonio que Juan Bautista daba sobre Jesús, fundándose en el episodio del Bautismo.

El pasaje de san Juan comienza en el versículo 29 con la frase «al día siguiente». El contexto nos permite apreciar mejor el anuncio que hizo Juan Bautista «al día siguiente». El día anterior ha estado respondiendo a los que han sido enviados a preguntarle si era el Mesías. No lo es. ¿Es Elías? No lo es. ¿Es el profeta? Tampoco lo es. ¿Quién es, pues? Juan responde, citando a Isaías 40: «Yo soy la voz que grita en el desierto: “Allanad el camino del Señor”» (Jn 1,19-23).

Cuando ve a Jesús acercándose al río Jordán, le reconoce como el Hijo de Dios, y anuncia a los presentes que es «el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo».

Este título de Cordero de Dios evoca la memoria del Éxodo. En la noche de la primera Pascua, la sangre del cordero pascual con la que se señalaban las puertas de los judíos constituía para el pueblo señal de liberación (Ex 12,13-14). Los judíos que escuchaban a Juan Bautista también estaban familiarizados con los sacrificios del templo, donde se sacrificaban animales y se ofrecían a Dios para pedir el perdón. El “cordero de Dios” del que Juan habla quiere decir que Jesús es el último y definitivo ofrecimiento de un antiguo sistema de sacrificios que ha estado en vigor por mil quinientos años.

Para los primeros cristianos Jesús es el nuevo cordero pascual que libera a su pueblo (1Cor 5, 7; 1P 1, 19; Ap 5, 9). Para liberar a su pueblo, Jesús se hace hombre y entregará voluntariamente su vida en la cruz. Jesús lo dice repetidamente en el evangelio de san Juan: que él da su vida por su propia voluntad para liberarnos del pecado y darnos vida eterna. El hecho de que Juan Bautista lo presente como un cordero indica que su fuerza estará en la debilidad e incluso en la mansedumbre de un cordero (signo bíblico de la dulzura) dispuesto a ser “degollado”.

En este evangelio Juan Bautista afirma dos veces que «no conocía» a Jesús. Él recibió la misión de bautizar con agua, pero todavía no conocía a Jesús. Sólo en el momento del bautismo Juan Bautista comprenderá quién es Jesús, y por eso ya podrá anunciarlo. Jesús es el hombre lleno del Espíritu de Dios; sobre él ha bajado el Espíritu para residir en él. El testimonio del Bautista insiste en que a Jesús se le reconoce por la acción del Espíritu. Juan Bautista manifiesta que “no conoce” a Jesús sino por la manifestación de Dios en Él. Entonces da testimonio a favor de Jesús. Porque lo ha visto de parte de Dios, dice «yo lo he visto, y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios.» Hijo de Dios es el título que resume todos los demás.

Todo el evangelio de Juan fue escrito para revelarnos a Jesús, para proveernos un espacio para encontrarlo en su identidad más plena. El autor dice claramente al finalizar el evangelio: «Pero estos signos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre» (Jn 20, 31).

Jesús, el Hijo de Dios, es el que trae de parte de Dios un mensaje de alegría, de paz, de justicia, de solidaridad, de perdón, de amor. Jesús en su misión liberadora, cura, consuela, enseña, denuncia la injusticia, devuelve la dignidad y es misericordioso con el pecador, pero sobre todo da la vida y borra la muerte. En un mundo como el nuestro, de ausencia de Dios y lleno de oscuridad, de males, sufrimientos, pobreza, violencia, injusticias, marginación, materialismo, Jesús es el que viene a “quitar el pecado del mundo”. De este modo con su entrega servicial suscita vida a su alrededor.

Y hoy actúa su Espíritu en su Iglesia. A Jesús se le reconoce en su Iglesia. Si somos mujeres y hombres de espíritu, debemos, como Juan Bautista, ser testigos del Señor, pero testigos creíbles, que no hablamos de oídas; al contrario, tenemos experiencia directa de lo que vivimos, del Espíritu de Dios en la comunidad, y lo anunciamos. Pero antes necesitamos «llenarnos» de Dios, tener familiaridad con él, encontrarnos habitualmente con él en la oración, en la escucha de su Palabra, en la presencia de la comunidad, en las celebraciones, en el ejercicio de la justicia y la caridad. Nosotros sabemos muchas cosas de Jesús, pero ¿lo conocemos de veras? ¿Hemos experimentado en nosotros su amor, su presencia, su amistad? Podría ser un buen propósito que deberíamos hacernos cada día: conocer más íntimamente a Jesús, amarlo, «vivirlo», para poder anunciarlo y dar testimonio de él ante los demás. Sólo una vida llena de Dios puede testimoniar realmente ante el mundo quién es Jesús. Dando ese testimonio colaboramos con Jesús en la tarea de evitar el mal, el pecado, y dar vida; en definitiva, en conseguir un mundo y una vida plenamente humanos.

 

 

Ricardo Rodríguez Villalba

 

Evangelio según san Juan (1, 29-34)

Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel». Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”. Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».

2020-01-26. “Jesús proclama el evangelio y cura toda enfermedad y dolencia”

3º Domingo del TO

Hoy leemos el comienzo programático que nos presenta el evangelista Mateo de la misión de Jesús. Este pasaje realiza la transición entre la presentación de Jesús del capitulo 1 y el comienza de su misión en Galilea. Jesús abandona Nazaret, su lugar de residencia y se establece en Cafarnaúm, que será desde este momento su ciudad. En este hecho descubre Mateo un significado profundo a la luz de Is 8, 23-9, 1, pues Cafarnaúm está situada en el límite de Zabulón y Neftalí, en el camino del mar. Mateo quiere mostrar que el comienzo de la predicación de Jesús se ajusta al anuncio hecho por los profetas, y que la predicación cristiana llegará a toda la humanidad. Galilea es tierra de paganos, y allí la luz del evangelio debe alumbrar a todos los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte.

Esto, que podría no tener mayor importancia, es visto por Mateo con mucha más profundidad, porque él conoce las Escrituras y la historia del pueblo judío. Precisamente en Galilea, siglos antes, comenzó la deportación del pueblo de Israel cuando fue vencido por el ejército de Asiria alrededor del año 721 a.C. Después de la dispersión de las diez tribus, los asirios repoblaron la tierra con exiliados venidos de otras naciones conquistadas. La deportación no era simplemente perder la casa y la tierra, era perder la tierra prometida por Dios, suponía el desplome de las creencias del pueblo. Por eso Isaías les anunció la salvación como una liberación: «El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande». Mateo se da cuenta de que Jesús es la auténtica luz resplandeciente, y ha ido a vivir precisamente junto al lago. Los maestros de la Ley y los sabios del pueblo nunca lo hubiesen imaginado; pensaban que el Mesías debía vivir en Jerusalén, el centro religioso y de poder. Jesús, en cambio, comenzó su obra salvadora en Galilea, y Mateo entiende que es allí donde debía comenzar el anuncio de que el reino de Dios está a punto de llegar; de hecho, ya ha llegado porque Jesús está presente. Así comenzó Jesús su predicación diciendo: «Convertíos porque está cerca el reino de los cielos». Cuando Jesús supo que Juan estaba preso, volvió a Galilea y retomó el mismo mensaje de Juan invitando a la conversión (Mt 3,2).

A continuación, Mateo nos narra el primer relato de vocación. Jesús pide a unos pescadores que le sigan. ¿Por qué Jesús busca discípulos? Es importante tener presente que el plan de Dios para la humanidad incluye a cada hombre y mujer como sus actores principales. Es misión universal desde el comienzo (Mt 4, 23-25): Jesús empieza por toda Galilea. No queda parado esperando que la gente llegue. Él mismo va a las reuniones del pueblo, en las sinagogas, para anunciar su mensaje. El pueblo lleva a los enfermos, a los endemoniados, y él los acoge a todos y los cura. La curación de los enfermos forma parte de la Buena Noticia y revela al pueblo la autoridad de Jesús y la presencia de su reino. Así, la fama de Jesús se extiende por toda la región. El evangelio de Mateo está preocupado en mostrar que la salvación que Jesús trae no es sólo para los judíos, sino para toda la humanidad. Anticipación ya del envío último de Jesús resucitado (Mt 28,19): haced discípulos a todas las naciones, a todos los pueblos.

La Buena Noticia afirma que todos tienen un lugar en el reino de Dios y somos convocados a que nos pongamos a trabajar para construir el reino de Dios. No hay persona por sencilla que sea que no tenga algo importante que hacer en el reino de Dios. Es más, eso es algo que ninguna otra persona puede hacer por él o ella. Así debemos ver nuestra propia participación en la tarea que nos toque hacer. Por eso, invitar a la fe es también invitar a descubrir que Dios nos ama y estima lo que somos y lo que hacemos.

Jesús pasa y nos llama a dejarlo todo atrás y a seguirlo. Nos invita a que hagamos brillar la luz, que Dios ha depositado en nuestro interior, para las personas que andan en oscuridad, en sombras de muerte sin conocerle a él. Cuando descubrimos lo mismo que aquellos hombres que dejaron la pesca para seguir a Jesús, y respondemos, somos dueños de nuestra vida, encontramos la energía para vivir sin esclavitud, la libertad y el amor para vivir y compartir, nos hacemos más cercanos y acogedores. La mejor forma de transmitir el amor de Dios es sentirlo y vivirlo. Y una vez que hayamos tomado conciencia de ello, no quedarnos para nosotros el hallazgo, sino compartirlo con alegría y vitalidad.

 

Ricardo Rodríguez Villalba

Evangelio según san Mateo (4,12–23)

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías: «Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló». Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos». Paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores. Les dijo: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo

 

2020-02-02 “Jesús, luz que alumbra las naciones”

La Presentación del Señor

En el evangelio de hoy, aparece por primera vez la mención de «todos los pueblos». Hasta ahora, Lucas nos había hablado de la esperanza de Israel, del Mesías de Israel, del trono de David sobre el pueblo elegido; quizá en el himno del Gloria que cantan los ángeles ante los pastores puede adivinarse cierta apertura a los demás pueblos. Pero es ahora, en las palabras de Simeón, cuando Lucas nos presenta uno de los temas más importantes para él, tanto que le va a dedicar toda la segunda parte de su obra, los Hechos de los Apóstoles.

El evangelista es muy consciente de que lo que está diciendo cuesta de comprender y de vivir: dice a los judíos que abran su mente porque el mensaje de Jesús irá dirigido a todo el mundo y no sólo a ellos, y dice a los no judíos que su salvación viene de los judíos, de ese Mesías que ellos esperaban. Esto nos puede hacer pensar ya a nosotros en cuáles son nuestras esperanzas. ¿Realmente necesitamos que Dios nos salve? Si es así, ¿de qué?, ¿cuáles son nuestros miedos, nuestras inquietudes, nuestras inseguridades? Y si no necesitamos ninguna salvación, también podemos preguntarnos, ¿hemos llegado ya a la total felicidad?, ¿no podemos seguir dando pasos hacia un ideal de mayor donación, entrega, y alegría auténtica?

Nuestro texto tiene lugar en Jerusalén, en el templo, centro de la fe judía, desde la que parte, según Lucas, la salvación para todos los pueblos. Allí hay dos personas, un hombre y una mujer, que representan a los judíos auténticos, aquellos que saben escuchar la voz de Dios -como María y José-, los que reconocen a su Mesías y lo proclaman a los que están alrededor. Los dos son muy conscientes de las dificultades, los dos pisan tierra, y Simeón hasta predice que no todos aceptarán a Jesús de forma que el sufrimiento estará también presente en las vidas de los que quieren vivir a fondo la voluntad de Dios. La cruz, la entrega por amor, ya proyecta su sombra en los relatos de la infancia. Por supuesto que estas cosas están ahora sólo insinuadas. Lucas quiere animar a sus lectores, a nosotros, a que sigamos leyendo, todavía tiene mucho que decirnos. Pero la pregunta fundamental ya está lanzada, para que nosotros la aceptemos como un reto: ¿quién es Jesús? ¿Qué dices tú de él?

Para responder a ella, ante todo, también nosotros tenemos que dejar que el Espíritu nos vaya iluminando, nos regale la fe, nos indique dónde poder encontrar a Jesús. En nuestro mundo de hoy la pregunta «¿quién es Jesús?» no se responde sólo con una frase memorizada, sino con una vida que pretenda tener sus mismas actitudes de amor, de lucha por la justicia, de solidaridad. A todo esto nos está invitando Lucas en su evangelio.

 

Evangelio según san Lucas (2, 22-40)

Cuando se cumplieron los días de su purificación, según la ley de Moisés, llevaron sus padres al niño Jesús a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones». Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel». Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción  —y a ti misma una espada te traspasará el alma—, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones». Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, ya muy avanzada en años. De joven había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día. Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él.

 

 

 

2020-02-09 “Vosotros sois la sal de la tierra y la luz del mundo”

5º Domingo del TO

Vosotros sois la sal de la tierra. Vosotros sois la luz del mundo. Este pasaje del capítulo 5 de san Mateo es la continuación del conocido sermón de la montaña donde se contienen las bienaventuranzas. Jesús predicó las bienaventuranzas para mover los corazones de sus discípulos a dar respuestas al mundo. Y para hacerlo, como tantas otras veces, utiliza ejemplos que nos ayuden a entenderlo: evocó imágenes de profetas entregados, de sal, de ciudad en lo alto, de lámpara encendida y puesta sobre un candelero. Sin duda, las imágenes que Jesús ha escogido en el texto de hoy son muy sugestivas: el cristiano tiene que ser sal de la tierra y luz del mundo, lo que consigue cuando hace suyo el espíritu de las bienaventuranzas; o lo que es lo mismo, los pobres y los mansos, los sufridos y los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz y los que sufren persecuciones, serán los auténticos discípulos de Jesús.

Sal y luz. Jesús utiliza este símil para enseñar a sus discípulos que ellos se convertirán en la sal de la tierra. La sal puede servir como conservante, como saborizante, y también para quemar (por ejemplo, para cauterizar una herida). La otra imagen es la luz. Sin luz la vida seria imposible. La luz es la que nos permite ver las cosas en su realidad y andar por el camino correcto. La luz tiene una gran fuerza simbólica: en todos los tiempos y culturas el ser humano ha buscado la luz de la verdad, ha buscado poner luz a los interrogantes más profundos de la existencia. La fe en Jesús resucitado es la luz que puede dar respuestas a todas las inquietudes del hombre. Jesús dice: “Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no camina en tinieblas”. Aquí nos dice “vosotros sois la luz del mundo”. Se trata, por tanto, de que prolonguemos la acción de Jesús dando testimonio de Él. Nosotros seremos la luz del mundo si somos capaces de aportar a nuestra sociedad la fe en Jesús. No podemos ocultarnos, no podemos disimular nuestra fe. Este es el reto para quienes lo escuchan. Jesús busca hombres y mujeres como tú que se comprometan con la misión de difundir la luz y la vida por el mundo.

¿Y en qué consiste eso de ser luz? Las otras lecturas de este domingo nos pueden ayudar a concretarlo pues se trata de hacerlo con el testimonio valiente; concretamente, como lo ha hecho el profeta Isaías, “partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que va desnudo” (Is 58, 7) En definitiva, con la práctica de las obras de justicia. Lo mismo nos dice el salmo: “en las tinieblas brilla como una luz el que es justo, clemente y compasivo” (Sal 111).

El trabajo es duro, pero el esfuerzo valdrá la pena cuando los demás observen nuestras buenas obras, nuestra disposición de ofrecernos por el servicio del evangelio. Será por los valores que vivimos como podremos contagiar la fe. Sí, será por nuestras obras como podremos ser sal de la tierra y luz del mundo. El peligro al que nos arriesgamos consiste en que la sal pierda su cualidad y su sabor; en que los cristianos nos diluyamos en medio de la sociedad y perdamos nuestra identidad si ocultamos nuestra luz.

¿Estamos dispuestas y dispuestos a ser la sal de la tierra, el aceite de la lámpara, el fuego encendido que arde en el mundo?

                                                                                                   Ricardo Rodríguez Villalba

 

Evangelio según san Mateo (5, 13-16)

Dijo Jesús a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos.»

2020-02-16 “No he venido a abolir la Ley sino a dar plenitud”

6º Domingo del TO

En el evangelio de hoy Jesús nos dice «No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud» ¿Qué es la Ley? ¿Qué son los Profetas? Por Ley y Profetas se entienden dos conjuntos diferentes de libros del Antiguo Testamento. La Ley se refiere a los escritos atribuidos a Moisés, esto es, el Pentateuco; los Profetas, como el propio nombre lo indica, son los escritos de los profetas y los libros sapienciales. Jesús está haciendo referencia al código moral del Antiguo Testamento: los mandamientos de la Ley de Dios, los cuales Dios había entregado inicialmente a los israelitas al pie del monte Sinaí (Éxodo 20, 1-17).

Entre los primeros cristianos había diferentes criterios sobre la interpretación de la ley de Moisés. Para unos, la Ley ya no tenía sentido porque Jesús, con su muerte y resurrección, habría derogado el judaísmo. Para otros, sobre todo los cristianos herederos del judaísmo, la Ley debía cumplirse hasta en los mínimos detalles. Según la doctrina de los fariseos, el hombre debía practicar las obras buenas que le hacen justo ante Dios y le alcanzan la salvación. Entonces ¿cómo debían ser interpretados dichos preceptos? ¿Estaban obligados todos a cumplirlos, o habían sido abolidos por Jesús?

Jesús enumera algunos ejemplosde esos Diez Mandamientos. Jesús va más allá del enunciado de los preceptos y rompe con las interpretaciones erradas sobre la literalidad de la Ley para reafirmar que el fin último de la misma es alcanzar la justicia nueva y mayor, que es el amor. Jesús nos ha dicho: “no he venido a abolir la Ley, sino a dar plenitud”, queriendo enseñar, proponer y hacernos cumplir la nueva ley de Dios, que consiste en la novedosa escala de valores que se contienen en las bienaventuranzas.

La interpretación de la Ley según los fariseos se limitaba a cumplir unos mínimos. Veamos. El Antiguo Testamento nos dice: no matarás, no cometerás adulterio, no jurarás en falso. En la interpretación de Jesús, la Ley es ampliada hasta las últimas consecuencias: Si caemos en la cuenta, aunque no matamos, a veces en nuestro interior sentimos ira, odio, violencia; Jesús exhorta sobre la necesidad del perdón mutuo, y el respeto por la vida está unido a la erradicación del odio, de la venganza y de la ofensa; sin esta constante reconciliación no es posible la relación con Dios, porque no se puede vivir unido a Dios sin estar unido a los hermanos.

En este pasaje también se abordan dos cuestiones relacionadas con la vida matrimonial según el plan original de Dios: la castidad del cuerpo pasa por la fidelidad y por la indisolubilidad. Aunque no seamos adúlteros, sin embargo, nuestros pensamientos y nuestras relaciones a veces no buscan el compromiso y la fidelidad. Y la verdad de la palabra dada consiste en el respeto a los pactos; no juramos en falso, pero a veces levantamos falsos testimonios y no vamos con la verdad por delante.

Las enseñanzas de la Ley y de los Profetas deben ser asumidas desde dentro, con una fidelidad interior que inunde la mente y el corazón, como expresión del sentir de Dios. Para Jesús, todo se cifra en el corazón, en «vivir la alegría del Evangelio», porque la plenitud de la Ley está en buscar el reino de Dios y su justicia.

Los mandamientos no están para atemorizar y provocar culpa, están para recordarnos ese camino, el que nos indica que la plenitud está en el amor a Dios y al prójimo. Esta es la ley de Jesús. Esto es ser cristiano.

 

                                                                                                     Ricardo Rodríguez Villalba

 

Evangelio según san Mateo (5, 17-37)

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley. Os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”. Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. También habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”. Pero yo os digo que no juréis en absoluto. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno».

 

2020-02-23 “Amad a vuestros enemigos”

7º Domingo del TO

En este domingo continuamos con las enseñanzas del sermón de la montaña. La enseñanza de hoy presenta una particularidad: la propuesta de Jesús frente a la ley antigua se desarrolla a través de cuatro aplicaciones concretas. Estas aplicaciones hacen referencia a la ley del Talión, a partir del dicho «ojo por ojo, diente por diente» (Ex 21, 24). La reacción «automática» cuando alguien recibe un daño es la venganza. La violencia genera siempre violencia y se alimenta a sí misma en una espiral de sufrimiento que se vuelve irrompible. Para evitarlo, la ley del Talión prevé que no se pueda devolver más daño del recibido. Jesús plantea un cambio radical; no hay que responder al mal con un «daño proporcional», sino utilizar el bien para hacer frente al mal.

Ser abofeteado suponía un insulto más que una herida física; pero Jesús dice que ofrecer la otra mejilla voluntariamente desactiva al agresor, porque le hace más vergonzoso: La multa por aquel golpe en la mejilla derecha era el doble de lo que se debía pagar por golpear a alguien en la mejilla izquierda.

Jesús prosigue con unasegunda aplicación, que se centra en la actitud contraria a la de poner pleitos: La Ley prohibía tomar en préstamo la capa (la vestidura exterior), por eso algunos acreedores exigían la vestidura interior (la túnica). Jesús dice que si te piden la túnica como fianza ante un juez, debes dar también el manto.

Una tercera aplicación concreta de la propuesta de Jesús está centrada enno rehuir la prestación personal. Este principio se refiere a las situaciones en que se ordenaba por un oficial militar romano a la población civil llevar una carga por una milla. Jesús propone llevar la carga por el doble de distancia.

Y una cuarta aplicación concreta:"Al que te pide prestado, no lo rehúyas”.

Las respuestas de Jesús a estos actos desbaratan directamente la espiral de violencia y la desmontan por completo. Jesús propone en todos los casos aceptar la vergüenza y dejar que las buenas acciones sean testimonio cristiano frente a la humillación.

La pregunta que surge inmediatamente es ¿cómo es esto posible? Jesús, entonces, lanza su mayor apuesta, su frase más arriesgada: «Amad a vuestros enemigos».

Esta página evangélica se considera la carta magna de la no violencia cristiana, que no consiste en rendirse ante el mal sino en responder al mal con el bien (cf. Rm 12, 17-21), rompiendo de este modo la cadena de la injusticia. Así, se comprende que para los cristianos la no violencia no es un mero comportamiento táctico, sino más bien un modo de ser, la actitud de quien está tan convencido del amor de Dios, que no tiene miedo de afrontar el mal únicamente con el amor y la verdad.

Cuando el evangelio nos propone que amemos a nuestros enemigos, no lo hace por ingenuidad o ignorancia. Es muy consciente de que el único poder capaz de llegar a ese extremo es el poder de Dios. Estamos llamados a amar a nuestros enemigos y a orar por quienes nos persiguen. Debemos estar dispuestos a dialogar con quienes sentimos desconfianza o temor. Esto será difícil de cumplir por nuestros propios medios. El amor a los enemigos constituye el núcleo de la «revolución cristiana», la revolución del amor, un amor que en definitiva no se apoya en los recursos humanos, sino que es don de Dios. Efectivamente, Jesús es consciente de que amar a los enemigos nos resulta imposible si nos planteamos las cosas desde nosotros mismos. Esta es la novedad del evangelio, que cambia el mundo sin hacer ruido.

Jesús por último nos invita a ser «perfectos» como nuestro Padre celestial es perfecto. La perfección que quiere Dios es que amemos como Él ama. Por eso los ejemplos de radicalidad que aparecen son tan difíciles según nuestra perspectiva, pero no según Dios. La expresión “ser perfectos” en este contexto significa crecer hasta la madurez. Si queremos crecer en la fe, debemos estar dispuestos a madurar. Este proceso implicará una nueva manera de vivir. Volver la otra mejilla, entregar la única túnica, caminar pasos extras, amar a los enemigos… Estos son los retos a los que se enfrenta el discípulo de Jesús cuando se compromete a seguirlo. Y más retos que vendrán.

                                                                                                Ricardo Rodríguez Villalba

 

Evangelio según san Mateo (5, 38-48)

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente. Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia; al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos. A quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas. Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto».

2020-03-01 “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”

1º Domingo de Cuaresma

Con este pasaje de las tentaciones de Jesús en el desierto, Mateo está recordando la etapa fundamental del pueblo de Israel, cuando Dios lo sacó de Egipto y lo condujo por el desierto durante cuarenta años. Jesús, como Moisés en Éxodo 24, 18, permanece cuarenta días por el desierto. Jesús aparece como un verdadero israelita que enfrentó tres clases de tentaciones comunes al pueblo de Israel durante su travesía en el desierto, hecho que los judíos recuerdan en su oración cotidiana llamada el Shemá: «Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas», que se encuentra en el libro del Deuteronomio 6, 4-5. Con la oración del Shemá el judío le pide a Dios la capacidad para amarlo con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas.

Jesús, para conectarse con un público judío, resume aquí las muchas tentaciones del diablo durante esos cuarenta días. Mateo indica las maneras específicas que el tentador emplea para debilitar la misión de Jesús. Las tres tentaciones recuerdan otros tantos momentos de prueba en el camino de Israel por el desierto: la petición del pan (Ex 16), la del agua (Ex 17) y el culto a los ídolos (Ex 32).

La primera tentaciónes la propuesta diabólica de aprovecharse del hecho de ser Hijo de Dios y resolver el problema de las necesidades vitales con abundancia de alimento, transformando las piedras del desierto en pan. Esta primera tentación refleja el clima apocalíptico de la época. Se esperaba un mesías que fuera a cambiar rápidamente la situación de pobreza por abundancia, sin ningún esfuerzo del pueblo. Sin embargo, según Jesús, la abundancia de pan no será una manifestación de poder, sino de la solidaridad fraterna, la comunión y la gratuidad de Dios. Jesús responde al diablo citando Dt 8,3: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" . Jesús recurre a la Escritura como alimento, y toda palabra que sale de la boca de Dios (Jesús es la Palabra de Dios, nos dice Juan 1, 1) será el alimento del hombre que le ayudará a superar la tentación.

En la segunda tentaciónJesús es tentado a acumular gloria, usar su poder y poner en duda su confianza en la protección de Dios. El diablo cita el Salmo 91, 11-12, donde Dios promete que va a amparar al justo. Como respuesta, Jesús cita Dt 6,16 y muestra que usar el proyecto de Dios para exaltarse ante los otros es lo mismo que tentar a Dios. La segunda tentación dejó muy claro el sueño político del pueblo judío de un mesías triunfalista. Era una idea de grandeza y poderío que estaba muy presente en la vida del pueblo. Jesús no participó de esta idea. Fue una contradicción para muchos judíos. El poder lo ha adquirido Jesús de otra manera; en vez de postrarse y adorar al mal, ha entregado su propia vida por amor a la humanidad y haciendo el bien.

La tercera tentaciónes la tentación del poder: revela lo que está en juego en la historia y en la proclamación del Reino. El diablo ofrece a Jesús el poder sobre "todos los reinos del mundo" y la gloria humana -a cambio de renunciar a su filiación divina-, y así confundir su mesianismo con el poder religioso y temporal. Tentación también de la comunidad cristiana: entender el servicio como un poder de dominación. Se trata de una perversión que nos amenaza continuamente. Jesús, desasido de sí mismo, evita esa tentación honrando y adorando sólo a su Padre Dios.

El evangelista por tanto está hablando en categorías reconocidas de reflexión espiritual diaria para los creyentes de todas las épocas. Con la vista puesta en Deuteronomio y en la historia del éxodo del pueblo de Israel, Mateo nos sugiere así una forma de lucha contra la tentación, la Palabra de Dios: Leerla, meditarla, orarla, hacerla nuestra, incorporarla a nuestro sentir y a nuestra forma de comprender el mundo y la vida: «Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas».

Hemos comenzado la Cuaresma, que significa cuarenta días. Los cuarenta díasde Jesús en el desierto tienen un sentido teológico. ¿Por qué cuarenta días? Cuarenta es un número simbólico en la Biblia. Cuarenta días o cuarenta años es el tiempo suficiente para que algo nuevo pueda germinar, es decir, tras las tentaciones se espera un cambio. En la Biblia Dios siempre quiere llevarnos a la liberación, nunca esclavizarnos, pero también deja que nosotros escojamos el camino. Los cuarenta años de penurias de los israelitas en el desierto fueron una prueba antes de entrar en la tierra de la promesa a través del Jordán (Josué, 3-4). En cierta manera, era un tiempo de preparación. En su forma condensada, los cuarenta días de Jesús en el desierto preparan la iniciación del nuevo Pueblo de Dios junto al Jordán. Nosotros también a veces nos encontramos en el desierto, y el desierto es momento de iniciación, de encuentro con nosotros mismos y oportunidad de cambio.

Pidamos a Dios en esta Cuaresma que nos dé la gracia de amarle con todos y cada uno de nuestros pensamientos, con todas y cada una de nuestras acciones. Pidámosle que no nos deje caer en tentación y nos libre del mal.

                                         

                                                                                                     Ricardo Rodríguez Villalba

 

Evangelio según san Mateo (4, 1–11)

En aquel tiempo Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes». Pero él le contestó: «Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”». Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”». Jesús le dijo: «También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”». De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria, y le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras». Entonces le dijo Jesús: «Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”». Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.

 

 

2020-03-08 “Éste es mi Hijo, el amado, escuchadlo”

2º Domingo de Cuaresma

La transfiguración tiene lugar en el contexto del primer anuncio de la muerte y resurrección de Jesús. Es una escena llena de simbolismos, se trata de una manifestación de Dios que revela anticipadamente la gloria pascual.

Jesús va al monte con estos tres discípulos que tenían grandes dificultades para entender el mesianismo no triunfalista de Jesús. El pasaje refuerza la persona y misión de Jesús, de quien dudaban los discípulos. Primero nos dice que la actividad de Jesús estaba de acuerdo con el Antiguo Testamento: la Ley, representada por Moisés, y los Profetas, representados por Elías. Segundo, la voz del cielo les manda que escuchen a Jesús. Tercero, la desaparición de los dos dialogantes significa que debemos escuchar sólo a Jesús, quien, mostrando su divinidad resplandeciente en su cuerpo humano, se presenta como realmente es, resplandor de la gloria del Padre, imagen de su ser, como leemos en Hebreos 1, 3. 

La transfiguración y el diálogo de Jesús con Moisés y Elías sobre su destino en Jerusalén, nos desvela una de las constantes de la vida cristiana, la unión simultánea de dos aspectos opuestos pero no contrastantes del único misterio pascual de Cristo: muerte y resurrección, cruz y gloria.

Esta constante también ocurre en la vida humana: Cuando algo nos sobrepasa nos impide ver, entender, precisar, asegurar y, automáticamente y por nuestra condición humana, entramos en miedo, en temor porque no sabemos qué va a pasar, y ante la duda, el miedo o temor es lo primero que hace su aparición.

Y lo que vieron los discípulos les fortaleció y reconfortó (“bueno es que estemos aquí”), porque Jesús les mostró su rostro. Contemplar el rostro de Dios fue siempre un anhelo del creyente en el Antiguo Testamento:“Señor, yo busco tu rostro, no me escondas tu rostro” (salmo 26), visión que en el monte Tabor se cumplió con el fin de robustecer la fe e infundir valor.

Jesús se compromete a favor de la humanidad, y con esta visión nos prepara para creer en la resurrección y no quedar paralizados por los tiempos duros, sino entender que son el camino de la gloria.

Para entrar en unión con Dios como los tres discípulos, para adentrarnos en el sentido último de las cosas, en el misterio que hace que las cosas se transfiguren y cobren nuevo aspecto, debemos escuchar a Jesús, contemplarlo en la Sagrada Escritura. Nos damos cuenta que ésa es la vida del creyente de hoy: Levantarse, contemplar la gloria y, al mismo tiempo, cargar con la cruz de cada día. Si miramos el sol, sólo lo podemos hacer por unos breves instantes, porque con el deslumbramiento, las demás cosas aparecen obscurecidas. En esta vida podemos desear la gloria, porque es adonde vamos, pero tenemos que seguir caminando. No será fácil, tenemos que esforzarnos en los tramos más difíciles. Pero Jesús nos muestra su luz para poder volver a la realidad y poder aceptarla, y con fe, transformarla en salvación.

En esta cuaresma, si estamos poco acostumbrados al silencio, a la introspección y a la oración, acompañemos a Jesús para orar, como hicieron estos tres discípulos, para que no nos dejemos vencer por el temor. Pero estemos atentos a escuchar, a sorprendernos por la palabra y las obras de Jesús, y vivirlas.  Ésa debe ser nuestra actitud. 

 

Evangelio según san Mateo (17, 1-9)

Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él. Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres tiendas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías. Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí que una voz desde la nube decía: Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadlo. Al oír esto los discípulos, se postraron sobre sus rostros, y tuvieron gran temor. Entonces Jesús se acercó y los tocó, y dijo: Levantaos, y no temáis. Y alzando ellos los ojos, no vieron a nadie sino a Jesús solo. Cuando descendieron del monte, Jesús les mandó, diciendo: No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del Hombre resucite de los muertos.

2020-03-15 “Dame de beber”

3º Domingo de Cuaresma 

Este domingo leemos el pasaje del evangelio de San Juan en el que se nos narra el encuentro de Jesús con la samaritana, mujer que puede simbolizar nuestra situación, y la de tantos hermanos nuestros, de desorientación y vida cristiana débil y enferma.

El evangelio nos presenta un diálogo lleno de detalles y símbolos. Al principio Jesús aparece cansado, sediento. La mujer samaritana aparece por el pozo, sola y a una hora no habitual, al mediodía. Lo normal era ir en grupo. Después sabremos que la mujer ha tenido cinco maridos, entonces comprenderemos que quizá prefiera estar sola porque ha elegido no cumplir con la norma social. Jesús le pide de beber, y aunque parezca un gesto sencillo, en realidad está rompiendo muchos prejuicios: Los judíos no hablaban con samaritanos, los varones no hablaban en público con mujeres, y aún menos de temas religiosos. Jesús es libre, no se siente atado por los prejuicios sociales de su época; su sencillez es un modelo para nosotros, simplemente tiene sed.

A través del gesto de pedir de beber, Jesús nos resulta cercano, cotidiano; Jesús se presenta a nuestro alcance. Sólo falta reconocerlo. La mujer se sorprende al ser interpelada, no es capaz de superar sus prejuicios culturales y sociales acerca de los judíos; pero Jesús no entra en la discusión, sólo se preocupa por lo más profundo: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”».

Jesús se presenta como el Mesías, el Salvador, como el único capaz de dar un agua que quien la beba “nunca más tendrá sed”. El don de Dios del que habla Jesús es el Espíritu Santo, simbolizado también en el «agua viva» que Jesús ofrece. Pero la mujer no le entiende; «agua viva» en aquella época significaba también «agua corriente». Ella piensa sólo en esta agua y acaba pidiéndole la inmediata satisfacción de las necesidades básicas.

Como la mujer sigue sin comprender, Jesús le pregunta por su vida. Jesús se arriesga en el diálogo con la samaritana para que ella comprenda, y por fin le reconoce como un profeta. La samaritana entonces entenderá todo el diálogo anterior: se da cuenta de que Jesús no hablaba del agua corriente, sino que, como los profetas, hablaba en símbolos. Ser un profeta es algo muy importante: significa venir de parte de Dios para anunciar su palabra. Si la mujer reconoce a Jesús como profeta, ha dado un paso importante para aceptar a Jesús.

Al final del diálogo, la mujer manifiesta su esperanza: Ha de venir el Mesías, el enviado de Dios que nos lo explicará todo, gracias a él lo entenderemos todo y podremos dar culto auténtico a Dios. Ahora puede Jesús manifestarse abiertamente y decirle: «Yo soy el Mesías». Después de todo el diálogo, la mujer puede comprender quién es Jesús: El Mesías esperado por su pueblo, el Mesías que ella misma espera. Encontrarse con Jesús cambia su vida totalmente, deja el cántaro y corre al pueblo a anunciar la llegada de Jesús. Es una mujer «evangelizadora», la primera discípula de Jesús que predica a los demás el evangelio. Ella ha descubierto a Jesús, queda transformada, y necesita transmitirlo.

Ante esta experiencia transformadora de la mujer samaritana, podemos preguntarnos: ¿Nos hemos encontrado con Jesús? ¿Dejamos que nos diga la verdad? ¿Anunciamos su nombre? Pidamos a Jesús que nos dé el agua viva, el don del Espíritu Santo, para poder caminar con él hacia la vida eterna, que es la vida auténtica, la que se vive en profundidad y con apasionamiento en el mundo, y se disfruta para siempre con Dios.

 

Evangelio según san Juan (4, 5-42)

Llegó Jesús a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era hacia la hora sexta. Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber». Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (porque los judíos no se tratan con los samaritanos). Jesús le contestó: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y él te daría agua viva». La mujer le dice: «Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?». Jesús le contestó: «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna». La mujer le dice: «Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla». Él le dice: «Anda, llama a tu marido y vuelve». La mujer le contesta: «No tengo marido». Jesús le dice: «Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad». La mujer le dice: «Señor, veo que tú eres un profeta (...) Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo». Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo» (…)La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: «Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será este el Mesías?». Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él(…) En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho». Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».

2020-03-22 “Creo, Señor, que eres la luz del mundo”

4º Domingo de Cuaresma, Domingo Laetare. 

Hoy nos encontramos en la mitad del camino cuaresmal, es el domingo Laetare, que quiere decir “alegraos”, porque este día se hace un pequeño descanso en la penitencia y el recogimiento cuaresmal y se va experimentando una alegría profunda por la proximidad de la Pascua.

Este domingo el evangelio de Juan nos presenta la curación del ciego de nacimiento: Jesús, que se ha revelado como “la luz del mundo” (Jn 8, 12), se encuentra con un ciego y, para manifestar a los discípulos las obras que Dios hace a través de su persona, le unta los ojos con barro y le ordena que vaya a lavarse a la piscina de Siloé. Después de esto el ciego recobra la vista y regresa donde está Jesús. Entonces Jesús le devuelve una nueva visión. El gesto de dar la vista al ciego es utilizado por Jesús para ir más allá, para darle una luz mucho más importante, la luz de la fe.
El evangelio subraya ese proceso de “iluminación” del ciego curado. Al principio, los discípulos de Jesús, siguiendo las creencias de su época, entienden que la enfermedad es un castigo de Dios. Como este hombre había nacido ciego, y que por esa razón vivía de la limosna, los discípulos preguntan por el significado del sufrimiento que, según la interpretación de la Ley de Moisés, estaba vinculado al pecado. Jesús los libera de esa concepción: ni este individuo ni sus padres son responsables de la ceguera. Culpabilizar a quienes padecen enfermedad o pobreza es hundirlos en ellas; impide, además, que tomen las medidas apropiadas para superar esas situaciones. Este modo de ver las cosas se ha perpetuado. Lo encontramos en muchas personas que viven sus sufrimientos como un castigo divino o un destino fatal. Este modo de juzgar nos debe poner en alerta frente a las marginaciones actuales. El pecado es una realidad humana, y la ceguera (sufrimiento) indica más bien la situación natural de la humanidad. Los cristianos creemos en un Dios pronto al perdón. Es un Dios de amor, y no de castigo, porque Dios todo lo hizo bueno (Gen 1, 31). Y para que la humanidad pueda sanar de su ceguera necesita ver la luz, se precisa una nueva creación.

En el evangelio hay dos tipos de ceguera, la del ciego de nacimiento y la de la incomprensión de los fariseos. El evangelio quiere demostrar que Jesús viene de parte de Dios para curar la ceguera que nos impide adherirnos a Él. Superar la ceguera es un proceso largo que cada uno debe hacer por sí mismo; por eso Jesús sólo se muestra al principio, revelando sus obras, y al final del evangelio, confirmando la fe del ciego y condenando a los fariseos. Al principio, el ciego reconoce que un hombre lo ha curado. Todavía no se ha dado cuenta que Jesús debe ser más que un simple «hombre». Cuando los fariseos le quieren convencer de que Jesús es un pecador, reconoce que sólo puede tratarse de «un profeta», es decir, un hombre que habla de parte de Dios. Pero todavía falta un último paso en el camino de fe del ciego: el encuentro directo con Jesús. «¿Crees en el Hijo del hombre?» Al final, el ciego se postra ante Jesús reconociéndolo como Señor.

Sin embargo los fariseos representan la incomprensión total, la verdadera ceguera; no quieren reconocer a Jesús aunque tengan delante todas sus palabras y obras. El evangelista muestra la dificultad del proceso de fe del ciego, que finalmente se adhiere a Jesús. En la conclusión del pasaje evangélico leemos la síntesis de esta enseñanza: la comparación que hace Jesús entre el pecado (el juicio) y el sentido de la vista. El ciego no tenía pecado porque no pudo conocer a Jesús hasta que se le reveló; el ciego recibió la luz y creyó. En cambio, aquellos fariseos, que se creían sin pecado por tener el conocimiento de la Ley, permanecieron ciegos por su dureza de corazón ante las obras de Jesús. Su pecado era precisamente ver a Jesús y no reconocerle.

Hay un paralelismo entre la curación del ciego con barro, y el relato de la creación, cuando Dios creó al primer día la luz, y al final creó del barro al hombre (Gen 1, 3; 2, 7), y que nos ayuda a descubrir a Jesús como la “luz del mundo” que “recrea” a la humanidad nacida del barro. En este contexto dramático de pandemia, también tenemos que mirar al mundo con mirada renovada y confianza. ¿Qué nos quiere decir Dios? En medio de la confusión muchas veces nos adentramos en caminos oscuros de desesperación y perdemos la luz y la paz ¿Acaso pensamos que Dios nos ha abandonado? Sólo una cosa nos puede apartar de la luz que nos da Jesucristo, y esta cosa es el pecado, elegir vivir lejos de la luz, no reconocerle a Él. Somos de barro, pero Jesús, que asumió nuestra humanidad completa, y con su muerte y resurrección ha hecho todo nuevo, nos sigue llamando a colaborar con Él en esta renovación, a que cambiemos nuestros comportamientos, a que respetemos la creación como obra y lugar de Dios, a que seamos solidarios con los que sufren y tengamos esperanza en que podemos cambiar el futuro.

La Pascua está cerca y el Señor quiere comunicarnos toda la alegría de la resurrección. Dispongámonos para acogerla y celebrarla. «Vete, lávate», nos dice Jesús. Acudamos a lavarnos en el agua sanadora del sacramento de la penitencia. Ahí encontraremos la luz y la alegría, y nos prepararemos mejor para la Pascua.

 

 

Evangelio según san Juan (9, 1-41)

Y al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos: «Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?» Respondió Jesús: «Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios. Tengo que hacer las obras del que me ha enviado mientras es de día; viene la noche, y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.» Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, y untó con el barro los ojos del ciego y le dijo: «Vete, lávate en la piscina de Siloé» (que quiere decir Enviado). El fue, se lavó y volvió ya viendo. Los vecinos y los que solían verle antes, pues era mendigo, decían: «¿No es éste el que se sentaba para mendigar?» Unos decían: «Es él». «No, decían otros, sino que es uno que se le parece.» Pero él decía: «Soy yo.» (…) Lo llevan donde los fariseos al que antes era ciego. Pero era sábado el día en que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos a su vez le preguntaron cómo había recobrado la vista. El les dijo: «Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo.» Algunos fariseos decían: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.» Otros decían: «Pero ¿cómo puede un pecador realizar semejantes señales?» Y había disensión entre ellos. Entonces le dicen otra vez al ciego: «¿Y tú qué dices de él, ya que te ha abierto los ojos?» El respondió: «Que es un profeta.» (…) Ellos le respondieron: «Has nacido todo entero en pecado ¿y nos da lecciones a nosotros?» Y le echaron fuera. Jesús se enteró de que le habían echado fuera y, encontrándose con él, le dijo: «¿Tú crees en el Hijo del hombre?» El respondió: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?» Jesús le dijo: «Le has visto; el que está hablando contigo, ése es.» El entonces dijo: «Creo, Señor.» Y se postró ante él. Y dijo Jesús: «Para un juicio he venido a este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, se vuelvan ciegos.» Algunos fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: «Es que también nosotros somos ciegos?» Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero, como decís: “vemos”, vuestro pecado permanece.»

2020-03-29 “Yo soy la resurrección y la vida”

5º Domingo de Cuaresma  

Marta, Lázaro y María eran amigos de Jesús que vivían en Betania. Cada uno con sus características propias. De Lázaro no sabemos mucho, pero de María y de Marta sí. Marta y María son dos caracteres diferentes: Marta es enérgica, rápida, sale en busca de Jesús, y tiene una confianza grande en su amigo, pero no se inhibe para expresar sus sentimientos que a veces son sus dudas: “Si hubieras estado aquí” o “Señor, ya huele mal”. Marta nos enseña actitudes de nosotros mismos: impaciencia, confusión, incredulidad. Jesús le asegura a Marta “yo soy la resurrección y la vida”, y despierta en ella la fe en la vida futura: el que cree, aunque haya muerto, vivirá para siempre, y el que está vivo y cree no morirá para siempre. Son palabras de esperanza. Marta, aún en medio de su incredulidad, es capaz de responder a Jesús lo mismo que dijo Pedro: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios”. Es la confesión que muy pocos fueron capaces de hacer delante de Jesús, y no sabemos si nosotros somos capaces de hacerla hoy.

Estamos pasando una situación terrible en nuestro país con centenares de fallecidos. Hablamos de situación devastadora, de estadísticas, de causas y efectos, de catástrofe económica, también de salud y esperanza en la ciencia. Pero ¿hemos oído en los medios de comunicación a alguien hablar de la esperanza cristiana? ¿Dónde estamos los seguidores de Marta que confiesan en público que sólo Jesucristo es la Vida, o esa confianza absoluta de ponernos en las manos de Jesús sabiendo que todo lo que le pida a Dios, Dios lo concederá?

Ahora que estamos todos confinados en nuestras casas, Jesús nos llama, nos dice a cada uno “¡sal afuera!”. No es una contradicción. Nos despierta de nuestro sopor, de nuestras miserias, de nuestras “muertes”, y nos pide que, aunque estemos encerrados en casa, miremos a los que están a nuestro alrededor, a nuestras familias, y ejercitemos la fraternidad y la solidaridad también con los otros, los que están solos, con los mayores que necesitan apoyos, con los afectados por la pérdida de empleo y andan apurados, echando una mano o dando una palabra de aliento, y transmitiendo esperanza en estos momentos de tribulación. A nosotros nos toca remover la piedra. Jesús nos trae una vida nueva, totalmente renovada, realmente alternativa, aunque el mundo parezca que se ha parado.

Hay en el evangelio una frase muy significativa: “Jesús se echó a llorar”. El dolor no es ajeno a Dios. Jesús no llora solo por la muerte de un amigo muy querido. Llora por la impotencia de todos ante la muerte. El llanto de Jesús son nuestras lágrimas de hoy por las personas que han fallecido recientemente. ¿Qué podemos hacer ante la muerte? La humanidad lleva en su corazón la pregunta más inquietante y más difícil de responder. Todos llevamos en lo más íntimo de nuestro ser un deseo insaciable de vivir. Pero los creyentes sabemos que el amor de Dios está sobre nosotros, que con Dios la vida nunca muere.

 

Evangelio según san Juan (11, 1-45)

En aquel tiempo había caído enfermo un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana. María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano Lázaro. Las hermanas le mandaron recado a Jesús diciendo: «Señor, el que tú amas está enfermo». Jesús, al oírlo, dijo: «Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella». Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo se quedó todavía dos días donde estaba. Solo entonces dijo a sus discípulos: «Vamos otra vez a Judea» (…) Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado (…) Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa. Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá». Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará». Marta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección en el último día». Jesús le dijo: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?». Ella le contestó: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo» (…) Jesús se estremeció y preguntó: «¿Dónde lo habéis enterrado». Le contestaron: «Señor, ven a verlo». Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: «¡Cómo lo quería!». Pero algunos dijeron: «Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que este muriera?». Jesús, conmovido de nuevo en su interior, llegó a la tumba. Era una cavidad cubierta con una losa. Dijo Jesús: «Quitad la losa». Marta, la hermana del muerto, le dijo: «Señor, ya huele mal porque lleva cuatro días». Jesús le replicó: «¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?». Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: «Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado». Y dicho esto, gritó con voz potente: «Lázaro, sal afuera». El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: «Desatadlo y dejadlo andar».Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

 

 

 

Preparación de la liturgia

2017

2017-09-02 Misa de Apertura Curso 2017-2018

CRISMHOM: CRISTIANOS Y CRISTIANAS DE MADRID HOMOSEXUALES
CURSO 2017-2018: 
ANUNCIO DE LA BUENA NOTICIA AL COLECTIVO LGTB+H
“AMES A QUIEN AMES DIOS TE AMA”
MISA DE APERTURA DEL CURSO: DOMINGO 22º DEL TIEMPO ORDINARIO
 
Monición de entrada.
Querid@s herman@s, con alegría venimos hoy, en la víspera del 22º Domingo del Tiempo Ordinario, para celebrar la Eucaristía, movidos por la fe en el mismo Dios, Uno y Trino: El padre nos convoca, en torno al hijo nos reunimos y el Espíritu nos alienta y vivifica. 
 
La celebración de hoy, tiene además, una nota distintiva muy especial: empezamos un nuevo curso, un nuevo reto, un nuevo camino en común, llenos del amor y la gracia de Dios y, sostenidos por el amor entre nosotros y hacia todas las personas LGTB+H de todo el mundo, especialmente las más vulnerables, las que sufren discriminación, acoso, opresión y otros horrores, por su orientación afectivo sexual e identidad de género, queremos anunciarles la buena noticia de la fe, la esperanza y el amor gratuito de Dios y, compartirles nuestra humilde experiencia de hombres y mujeres que intentamos integrar en nuestra vida, las dimensiones personales de creyentes y LGTB+H, en un mismo ser personas, hijos tod@s del mismo Dios.
 
Que el Señor que nos envía en nombre de su Padre y el Espíritu que inspira esta vocación, nos den la fuerza y dones necesarios, para llevar a cabo con ilusión y entusiasmo esta labor, que aunque nada fácil, sí muy emocionante.
 
Dispongamos nuestro corazón, para participar vivamente en esta Eucaristía.
 
Monición a las Lecturas:
Que la palabra de Dios es viva y eficaz, como dice San Pablo, es una realidad, o acaso nos parecerá coincidencia que justo hoy que iniciamos nuestro nuevo curso, con un proyecto apasionante, la liturgia nos traiga estas lecturas? Pues Dios no deja nada al azar, todo hace parte de un cuidado y amoroso proyecto.
 
También nosotros como Jeremías, nos encontramos a diario con situaciones en las que nos sentimos impotentes y desalentados, tanta crítica hacia nuestra manera de ser, tanto como LGTB y como creyentes, tanta incomprensión, tanta homofobia desde algunos sectores de la sociedad, a menudo tenemos que estar reivindicando, gritando, defendiendo nuestros derechos, y aunque a veces tengamos ganas de desistir, la voz de Dios es más fuerte, nos ha seducido y no podemos retroceder, sino seguir adelante ya que hemos sido amados y elegidos por El.
 
Con el salmista, debemos reconocer que tenemos un único Dios, el motor de nuestra vida, que tenemos sed de su amor y su palabra, que es Él quien nos auxilia siempre y a su sombra estamos seguros.
 
San Pablo nos pide que entreguemos nuestra vida, como ofrenda de verdadero culto a Dios.
 
En el Evangelio, es donde quizá más énfasis se hace, respecto de nuestra tarea para el curso que comenzamos: Jesús dice a sus discípulos, que tiene que padecer y morir en Jerusalén, y a Pedro no le parece tan buena idea, pero Jesús le recuerda que hay que hacer la voluntad de Dios siempre, tomar la cruz e ir hacia adelante.  Del mismo modo, nosotros, debemos pensar que este nuevo proyecto, nos supondrá muchas renuncias, mucho esfuerzo, mucho sacrificio, pero es nuestra responsabilidad y la forma en que Dios quiere que ayudemos a construir su reino y a ser luz y faro en el entorno LGTB+H de Madrid, como rezamos cada jueves en nuestra oración semanal.
 
Que Dios nos ayude a hacernos conscientes de que hay mucha tarea por realizar, para llevar a cabo el plan trazado para este nuevo curso y, que cada uno en la medida de sus posibilidades y carismas, se sienta movido a participar, poniendo su corazón, su ilusión para que podamos anunciar la buena noticia a nuestros herman@s.                                                                 
Escuchemos atentamente. 
 

2017-09-30 DOMINGO 26º DEL TIEMPO ORDINARIO

CRISMHOM: CRISTIANOS Y CRISTIANAS DE MADRID HOMOSEXUALES
CURSO 2017-2018: 
ANUNCIO DE LA BUENA NOTICIA AL COLECTIVO LGTB+H
“AMES A QUIEN AMES DIOS TE AMA”
MISA 30-09-2017: DOMINGO 26º DEL TIEMPO ORDINARIO
 
Monición de entrada.
Bienvenidos todos y tod@s, gracias por estar aquí una vez más.  Gracias por vuestra compañía y vuestra amistad.
Dios nos ha creado libres y eso es un poco problemático, pero es maravilloso, que todo un Dios espere nuestra reacción, incluso que se someta a nuestras decisiones, como veremos en el evangelio de hoy, en el que uno de los hijos dice voy y el otro dice no voy.
 
Realmente esos dos hijos somos nosotr@s, llenos de dudas y de pereza para hacer lo que sabemos que hay que hacer.  Pero Dios nos respeta.
 
Espera nuestras decisiones una vez más, acepta nuestros errores y egoísmos, nos da una nueva oportunidad, espera y perdona siempre, no hace otra cosa que perdonar los errores que cometemos.
 
Y por el nombre de Jesús seremos tod@s perdonad@s y levantad@s en su paz, no por nuestros patéticos esfuerzos, sino por su misericordia en Jesús.
 
Dispongamos nuestro corazón, para participar vivamente en esta Eucaristía, recordando muy especialmente a nuestros herman@s bisexuales.
 
Monición a las Lecturas:
A menudo nos sentimos con autoridad para poner en tela de juicio el proceder de los demás, y ni Dios se escapa de esa actitud crítica por nuestra parte, al punto de que llegamos a culpar a los demás o a Dios, de todo lo que nos pasa; hoy el Profeta Ezequiel nos habla del tema, y nos invita a reconocer que somos responsables de nuestras acciones y de sus consecuencias, para bien o para mal.
 
El salmista invoca al Señor, quien es bueno y recto, para que le enseñe sus caminas, para que le conduzca por la vida con lealtad y justicia.
San Pablo exhorta a los Filipenses y, ciertamente a nosotr@s, para que si de verdad creemos estar unidos en un mismo Espíritu, lo manifestemos viviendo unidos en armonía, en un mismo amor y un mismo sentir, que no obremos por rivalidad o envidia, pensando en intereses particulares, sino entregándonos un@s a otr@s para el bien común.
 
En el evangelio, Jesús destaca el don de la libertad, cada uno puede tomar la decisión de hacer la voluntad de Dios o de rechazarla, y pone por delante a los publicanos y prostitutas en el seguimiento del Maestro y, son los primeros en ese camino no por su condición pública, reprobable para la época, sino por su manera de aceptar la Palabra de Dios y ponerla en práctica.       Escuchemos atentamente. 
 
OFRENDAS
Luz.  Te presentamos Señor esta lámpara, en ella entregamos nuestros deseos de recibir tu Espíritu, para que nos ilumine y nos ayude a guiar a los demás en nuestro camino de conversión continua.
 
 
 
Pan y Vino.  Con el pan y vino, traemos a tu mesa Señor, nuestra realidad cotidiana, nuestro trabajo, nuestra búsqueda de empleo, nuestro cansancio, nuestras inquietudes y necesidades, personales, familiares, comunitarias; transfórmalos en vida para nosotr@s y para quienes nos rodean, especialmente nuestro colectivo LGTBI.
 
 
Bandera de la Bisexualidad.  Señor con este símbolo te ofrecemos la diversidad humana, por ti querida; hoy especialmente, a los hombres y mujeres bisexuales, para que su aceptación personal y visibilidad social sean cada día una realidad y puedan llegar a ser muy felices, siendo quienes son, tal como les has creado.
 
ACCIÓN DE GRACIAS
Padre te agradecemos la libertad que nos concedes todos los días, con frecuencia la aprovechamos mal y de forma egoísta para satisfacer nuestros pequeños intereses y no nos acordamos de ayudar a los demás, ni de ayudar a otr@s en peor situación que nosotr@s, más faltos de amor, de acogida, de techo y de pan; entre nosotr@s hay quienes no son amad@s nunca, algunos no tienen siquiera un estatus migratorio adecuado, están sin papeles que les permitan acceder a una vida mejor.
Ayúdanos a utilizar esta libertad que nos das, para hacer más libres a l@s herman@s, aunque no sean conocid@s nuestr@s, son tus hij@s querid@s.

Celebraciones ecuménicas de la Palabra

Este apartado contiene los materiales utilizados en las celebraciones de la Palabra que se realizan los segundos sábados de cada mes.

 

 

2011 Celebración ecuménica de la palabra

2011-07-25: Sobre el fin de los tiempos

Celebración de la Palabra


1. Palabras de acogida y bienvenida

2. Canto de entrada: “In manus tuas Pater, commendo spiritum meum”

(En tus manos, Padre, encomiendo mi espíritu)

3. Petición de perdón. (Espontáneamente, quien quiera, en voz alta)

Entre petición y petición cantamos: “En nuestra oscuridad enciende la llama de tu
amor Señor, de tu amor Señor, en nuestra oscuridad enciende la llama de tu
amor Señor, de tu amor Señor” (Taizé)

4. Primera Lectura (Ml 3, 19-20ª)

“Mirad que llega el día,
ardiente como un horno:
malvados y perversos serán la paja,
y los quemaré el día que ha de venir
-dice el Señor de las Huestes-,
y no quedará de ellos ni rama ni raíz.

Pero a los que honran mi nombre
los iluminará un sol de justicia
que lleva la salud en las alas.”

Canto antes del Salmo (Taizé): « Laudate Domino, laudate Domino, omnes gentes,
Aleluya! »

(todos juntos)

Tocad la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor.

Retumbe el mar y cuanto contiene,
la tierra y cuantos la habitan,
aplaudan los ríos, aclamen los montes,
al Señor que llega para regir la tierra.

Regirá el orbe con justicia,
y los pueblos con rectitud.

Canto después del Salmo (Taizé): « Laudate Domino, laudate Domino, omnes
gentes, Aleluya! »

6. Segunda lectura (2 Ts 3, 7-12)

Pablo escribe:
“Hermanos:
Ya sabéis cómo tenéis que imitar mi ejemplo:
No viví entre vosotros sin trabajar,
nadie me dio de balde el pan que comí,
sino que trabajé y me cansé día y noche,
a fin de no ser carga para nadie.
No es que no tuviera derecho para hacerlo,
pero quise daros un ejemplo que imitar.
Cuando viví con vosotros os lo dije:
el que no trabaja, que no coma.

Porque me he enterado de que algunos
viven sin trabajar, muy ocupados en no hacer nada.
Pues a esos les digo y les recomiendo,
por el Señor Jesucristo,
que trabajen con tranquilidad
para ganarse el pan.”

7. Canto antes del Evangelio

(Solo) Aleluya.
(Todos) Aleluya, aleluya, aleluya.
(Solo) Slava tiebie Boze, Slava tiebie Boze, Slava tiebie Boze. (te alabamos Señor)
(Todos) Aleluya, aleluya, aleluya

“En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de
la piedra y los exvotos. Jesús les dijo:
-Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra:
todo será destruido.
Ellos le preguntaron:
-Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está
para suceder?
El contestó:
-Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usando mi nombre
diciendo: «Yo soy» o bien «el momento está cerca»; no vayáis tras ellos.
Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico.
Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida.
Luego les dijo:
-Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes
terremotos, y en diversos países epidemias y hambre.
Habrá también espantos y grandes signos en el cielo.
Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a los
tribunales y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores por
causa de mi nombre: así tendréis ocasión de dar testimonio.
Haced propósito de no preparar vuestra defensa: porque yo os daré palabras y
sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario
vuestro.
Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y
matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa de mi nombre.

Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá: con vuestra perseverancia
salvaréis vuestras almas.”

9. Ecos del Salmo y las lecturas (Espontáneamente, en voz alta, quien lo desee)

(Mientras se desarrolla, cantamos “Da pacem Domine, da pacem Oh Christe, in
diebus nostris” (©Taizé)

11. Peticiones y Acción de Gracias (Espontáneamente, quien quiera)

Señor Jesucristo te pedimos tu protección e intercesión ante el Padre por toda la
comunidad LGTB, por todas aquellas hermanas y hermanos que sufren en la soledad,
que se sienten solos, que son perseguidos, que no son aceptados en su entorno más
cercano y te damos gracias y pedimos por Crismhom, para que construyamos Reino
y, seamos luz y faro en nuestra comunidad LGTB de Madrid.

(Por el bautismo, todos hemos sido llamados a participar en el ministerio sacerdotal
de Jesucristo, por lo que nos imponemos las manos los unos a los otros y nos
bendecimos entonando)

“En nombre de Dios, que es Padre y Madre y que nos ama tal como somos, mujeres,
hombres y sea cual sea nuestra condición afectivo-sexual, nos bendecimos (†) en el
nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Hermanas y hermanos, vayamos en paz a comunicar al Mundo el mensaje de amor de
Cristo. Amén”

15. Canto de salida. (Mientras recogemos y apagamos las velas, cantamos):

« Magnificat, magníficat, magníficat anima mea Dominum, magníficat, magníficat,
magníficat anima mea » (©Taizé)

2011-09-10: Sobre el perdón

Sábado 10 de Septiembre Celebración de la Palabra "Perdón es la fragancia que la violeta suelta, cuando se levanta el zapato que la aplastó"

 

Introducción

La celebración de la Palabra de este sábado nos centra en uno de los dones más misteriosos y preciosos del corazón de Dios. El perdón, la misericordia. "Misericordia quiero, que no sacrificios" repite Jesús en el Evangelio de Mateo, refiriéndose a la actitud hipócrita de sus discípulos. Y es necesario encontrar en nuestra vida una luz, el Amor de Dios, que nos ayude a ser misericordiosos con el prójimo, sobre todo con aquellos que nos hieren. Dios nos ha hecho así, a su imagen y semejanza. Podemos perdonar, y estamos creados para perdonar.

Un fraile dominico, Henri Lacordaire, decía habitualmente: "¿Quieres ser feliz un instante? Véngate. ¿Quieres ser feliz toda la vida? Perdona". La primera lectura nos habla de la actitud de Dios ante la venganza. Dios actúa en aquellos que son misericordiosos. A estos les escucha, les perdona, les sana y les salva.

El salmo es un canto al derroche de misericordia que el Señor tiene con cada uno de sus hijos. Es preciso sentir ese amor por nosotros para ser capaces de perdonar desde Él. "La experiencia liberadora del perdón, aunque llena de dificultades, puede ser vivida también por un corazón herido, gracias al poder curativo del amor, que tiene su primer origen en Dios-Amor. La inmensa alegría del perdón, ofrecido y acogido, sana heridas aparentemente incurables, restablece nuevamente las relaciones y tiene sus raíces en el inagotable amor de Dios." (Juan Pablo II)

La segunda lectura de Pablo nos recuerda la necesidad de pertenecer a nuestro señor en todo momento. Y así debe ser en todas las etapas y situaciones de nuestra vida. Vivir en el Señor, perdonar en el Señor, acoger en el Señor… La comunidad de Romanos en la época de Pablo sufrió grandes tribulaciones y persecución, por tanto es muy significativo que Pablo se dirija a esta comunidad y les pida que también mueran en el Señor, como Él, perdonando a sus verdugos. Y he aquí que muchos de aquellos que murieron por su fe lo hicieron perdonando, y por ello, siendo mártires y ejemplos de la misericordia de Dios.

 

Comenzamos nuestra oración invocando al Espíritu Santo, para que abra nuestros corazones y nos inunde del amor sanador y la misericordia del Señor. Con el corazón abierto hacemos propósito de escucharle lo que nos tenga que decir.

Canto de entrada: Ven, Espíritu de Dios.

Ven Espíritu de Dios y de tu amor enciende la llama.

Ven Espíritu de Amor, ven Espíritu de Amor.

Libro del Eclesiástico (27, 33—28, 9)

Cosas abominables son el rencor y la cólera; sin embargo, el pecador se aferra a ellas. El Señor se vengará del vengativo y llevará rigurosa cuenta de sus pecados. Perdona la ofensa a tu prójimo, y así, cuando pidas perdón se te perdonarán tus pecados. Si un hombre le guarda rencor a otro, ¿le puede acaso pedir la salud al Señor? El que no tiene compasión de un semejante, ¿cómo pide perdón de sus pecados? "Perdón es la fragancia que la violeta suelta, cuando se levanta el zapato que la aplastó"

Cuando el hombre que guarda rencor pide a Dios el perdón de sus pecados, ¿hallará quien interceda por él? Piensa en tu fin y deja de odiar, piensa en la corrupción del sepulcro y guarda los mandamientos. Ten presentes los mandamientos y no guardes rencor a tu prójimo. Recuerda la alianza del Altísimo y pasa por alto las ofensas.

Salmo 102

Bendice al Señor, alma mía;

que todo mi ser bendiga su santo nombre.

Bendice al Señor, alma mía,

y no te olvides de sus beneficios.

El Señor perdona tus pecados

y cura tus enfermedades;

él rescata tu vida del sepulcro

y te colma de amor y de ternura.

El Señor no nos condena para siempre,

ni nos guarda rencor perpetuo.

No nos trata como merecen nuestras culpas,

ni nos paga según nuestros pecados.

Como desde la tierra hasta el cielo,

así es de grande su misericordia;

como un padre es compasivo con sus hijos,

así es compasivo el Señor con quien lo ama.

Carta del apóstol san Pablo a los romanos (14, 7-9)

Hermanos: Ninguno de nosotros vive para sí mismo, ni muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; y si morimos, morimos para el Señor. Por lo tanto, ya sea que estemos vivos o que hayamos muerto, somos del Señor. Porque Cristo murió y resucitó para ser Señor de vivos y muertos.

Canto: Los misericordiosos

Tengo miseria de no tener, soy miserable en la cumbre.

Por querer ser quien no soy, no soy ni siquiera yo.

Mi vacío me hace comprender a quienes no me entienden

y a aquellos que me maltratan ¡Sé que yo no soy mejor!

Espero ser yo algún día, en mi miseria yo espero

que algo nazca de mi nada, aunque sé que nada soy.

Alguien repite en mi mente que en mi miseria me ama,

con misericordia me quiere y ese alguien es mi Dios.

Si me sintiese herido o tratado con violencia,

nunca quisiera sentirme lleno de odio y rencor.

Ha de llenarse mi alma de infinita misericordia.

Hay alguien que me lo pide y ese alguien es mi Dios.

Canto: Aleluya

Evangelio según san Mateo (18, 21-35) "Perdón es la fragancia que la violeta suelta, cuando se levanta el zapato que la aplastó"

En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: "Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?" Jesús le contestó: "No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete". Entonces Jesús les dijo: "El Reino de los cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus servidores. El primero que le presentaron le debía muchos millones. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su mujer, a sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la deuda. El servidor, arrojándose a sus pies, le suplicaba, diciendo: „Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo‟. El rey tuvo lástima de aquel servidor, lo soltó y hasta le perdonó la deuda.

Pero, apenas había salido aquel servidor, se encontró con uno de sus compañeros, que le debía poco dinero. Entonces lo agarró por el cuello y casi lo estrangulaba, mientras le decía: „Págame lo que me debes‟. El compañero se le arrodilló y le rogaba: „Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo‟. Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le pagara la deuda. Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación y fueron a contar al rey lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: „Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?‟ Y el señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que debía.

Pues lo mismo hará mi Padre celestial con vosotros, si cada cual no perdona de corazón a su hermano".

Silencio

Impresiones

Oración de Crismhom:

Abba, Padre, ilumina nuestros corazones con el vendaval del Espíritu Santo, pon en pie nuestra alegría y disipa nuestros miedos, para que Crismhom sea cada día más instrumento tuyo, para que construyamos Reino y tomemos nuestras decisiones individuales y comunitarias inspirados por Ti.

Señor, también te pedimos por todos aquellos hermanos y hermanas LGTB que sufren en la soledad, que se sienten solos, que son perseguidos, que no son aceptados en su entorno más cercano. Te pedimos, que nadie se sienta solo en nuestra presencia, que viéndonos a nosotros te vean a ti. Por eso, te rogamos Señor, por estas manos nuestras que tantas veces se cierran, por nuestros corazones que no aman como debieran, para que cada día abramos más las puertas de nuestra vida a tu presencia.

Que tu Espíritu Santo anime, ilumine y guíe nuestra comunidad para llevar adelante la misión otorgada por ti de evangelizar al colectivo LGTB.

Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Paz: Oracion de la Sencillez

Señor, hazme instrumento de tu paz,

donde haya odio ponga amor,

donde haya ofensa, perdón

donde haya error, ponga yo verdad "Perdón es la fragancia que la violeta suelta, cuando se levanta el zapato que la aplastó"

Donde haya tinieblas ponga luz,

donde haya duda ponga fe,

donde haya tristeza, alegría.

Oh, mi Señor, ponga yo tu amor.

Porque dando yo recibiré,

olvidándome te encontraré,

comprendiendo al hombre te seguiré.

Oh, mi Señor, enséñame a querer. (bis)

Padre Nuestro

Acción de gracias

Bendición y canto de salida: Vaso nuevo

Gracias quiero darte por amarme.

Gracias quiero darte yo a ti, Señor.

Hoy soy feliz porque te conocí.

Gracias por amarme a mí también.

YO QUIERO SER, SEÑOR AMADO,

COMO EL BARRO EN MANOS DEL ALFARERO.

TOMA MI VIDA, HAZLA DE NUEVO,

YO QUIERO SER UN VASO NUEVO. (Bis)

Te conocí y te amé.

Te pedí perdón y me escuchaste.

Sí, te ofendí, perdóname, Señor,

pues te amo y nunca te olvidaré.  

2011-10-08: El banquete de bodas

CELEBRACIÓN DE LA PALABRA

CRISMHOM, 8 DE OCTUBRE DE 2011

Introducción

Todas las culturas religiosas han dado a la comida un sentido comunitario,

entre sus miembros o con la divinidad. En la Biblia el banquete es un gesto de

capital importancia. La comida humana significa fiesta, hospitalidad, amistad,

paz sagrada. El banquete alcanza su mayor expresividad cuando viene Cristo.

Se le invita a la mesa de Lázaro,a las bodas de Caná, a casa de Sim6n, come

con publicanos, aprueba la hospitalidad, recomienda el último puesto en el

banquete y da de comer a la multitud. Al resucitar se hace reconocer con un

banquete, la comunidad cristiana revive al resucitado en la fracción del pan,

en la alegría y comunión fraterna.

Interesa por tanto comprender y profundizar el significado de la parábola de

los convidados a la boda del hijo del rey, que vamos a leer y disfrutar hoy.

Dejémonos por tanto deducir por la invitación al banquete de nuestro Señor.

Un banquete abierto a todos y todas, independiente de nuestra historia

personal, nuestra vida, nuestros gustos, orientación sexual, origen, raza, ideas o

aspecto físico. Solo se nos pide que aceptemos la invitación y que vayamos

vestidos (o revestidos) con el amor y la luz interior que se ajustan a este

especial convite.

Canción

No sé como alabarte, ni qué decir, Señor.

Confío en tu mirada, que me abre el corazón.

Toma mi pobre vida, que sencilla ante ti,

quiere ser alabanza por lo que haces en mí.

GLORIA, GLORIA A DIOS (4)

Siento en mí tu presencia, soy como Tú

me ves; bajas a mi miseria, me llenas de tu paz.

Indigno de tus dones, más por tu

gran amor, tu Espíritu me llena;

gracias te doy, Señor.

Revisión de nuestras faltas

Como es normal en cualquier invitación, para el banquete del Señor es

importante tanto la asistencia como la indumentaria interior que llevemos.

Hagamos una reflexión personal de aquellos detalles de nuestra vida que

queramos mejorar. Compartamos si queremos con la Comunidad aquello de lo

que queramos pedir el perdón del Maestro.

Lectura del libro de Isaías 25, 6-10a

El Señor de los ejércitos

ofrecerá a todos los pueblos sobre esta montaña

un banquete de manjares suculentos,

un banquete de vinos añejados.

Él arrancará sobre esta montaña

el velo que cubre a todos los pueblos,

el paño tendido sobre todas las naciones.

Destruirá la muerte para siempre;

el Señor enjugará las lágrimas

de todos los rostros,

y borrará sobre toda la tierra

el oprobio de su pueblo,

porque lo ha dicho Él, el Señor.

Y se dirá en aquel día:

«Ahí está nuestro Dios,

de quien esperábamos la salvación:

es el Señor, en quien nosotros esperábamos;

¡alegrémonos y regocijémonos de su salvación!»

Porque la mano del Señor se posará sobre esta montaña.

Palabra de Dios

Salmo (a dos coros)

El Señor es mi pastor,

nada me puede faltar.

Él me hace descansar en verdes praderas,

me conduce a las aguas tranquilas y repara mis fuerzas.

Me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre.

Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal,

porque Tú estas conmIgo:

tu vara y tu bastón me infunden confianza. R.

Tú preparas ante mí una mesa,

frente a mis enemigos;

unges con óleo mi cabeza

y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu gracia me acompañan

a lo largo de mi vida;

y habitaré en la Casa del Señor,

por muy largo tiempo.

Amen

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos 4,

12-14. 19-20

Hermanos:

Yo sé vivir tanto en las privaciones como en la abundancia; estoy hecho

absolutamente a todo, a la saciedad como al hambre, a tener de sobra como

a no tener nada. Yo lo puedo todo en Aquél que me conforta.

Sin embargo, ustedes hicieron bien en interesarse por mis necesidades.

Dios colmará con magnificencia todas las necesidades de ustedes, conforme a

su riqueza, en Cristo Jesús.

A Dios, nuestro Padre, sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Palabra de Dios

Aleluya

Evangelio de Mateo 22, 1-14.

En aquel tiempo, volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a

los senadores del pueblo, diciendo: El Reino de los cielos se parece a un rey que

celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los

convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados encargándoles que

les dijeran: «Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses

cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda».

Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus

negocios, los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta

matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos

asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: «La boda

está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de

los caminos y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda». Los criados

salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos.

La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a

los comensales reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: «Amigo,

¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?». El otro no abrió la boca.

Entonces el rey dijo a los camareros: «Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera,

a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. Porque muchos son los

llamados y pocos los escogidos».

Palabra de Dios

REFLEXIÓN PERSONAL EN SILENCIO

COMPARTIR REFLEXIÓN PERSONAL

El “banquete de bodas” es llamada a participar en el gozo del Reino de Dios.

Los llamados son muchos, son todos. Es voluntad de Dios que la entera

comunidad humana entre en su Alianza. Pero va a ser la respuesta libre de

cada hombre la que determine el número real de los “escogidos”. Dios sigue

llamando a su banquete a todos los hombres y mujeres del mundo. Todos

somos convocados. Especialmente a los excluidos de la sociedad. Dios nos invita

en serio, pues es nuestro Padre y quiere ver la sala del banquete llena y alegre.

Como Dios es Padre y Madre a la vez, tiene los sentimientos que tienen los

padres y las madres, pero en grado infinito y perfecto. ¿Cómo respondemos a

esta llamada?

Paz

En las bodas se ofrecen regalos. Que mejor regalo en la reunión de la

celebración de esta Comunidad de Crismhom que ofrecernos los unos a los

otros la Paz de Dios.

Padre Nuestro

Acción de gracias y peticiones de la comunidad

Libremente.

Bendición

Canción final

El amor es la palabra limpia que hace vivir.

Es el fruto de la tierra buena y es sufrir.

Es decirle al hermano pobre: solo no estás...

No dejes que pase tu tiempo sin más.

EL AMOR ES NUESTRO CANTO A LA VIDA QUE SE DA.

Y QUE ESPERA UN AMANECER EN LA VERDAD (BIS)

El amor es el regalo eterno que nos da Dios.

Es tener el corazón abierto y es perdón.

Es la fe y la esperanza cierta del más allá.

No dejes que pase tu tiempo sin más.

El amor es un camino largo y sin final.

Es la luz que inunda sombras en la oscuridad.

Es la vida que nos brinda un tiempo de oportunidad.

No dejes que pase tu tiempo sin más.

Señor, bendice a esta comunidad y a todos quienes la integra, para que así entremos en tu

banquete con el corazón alegre y espíritu firme. Por Jesucristo nuestro Señor

2011-11-11: El buen samaritano

LITURGIA DE LA PALABRA

 

Ven, Espíritu de Dios, sobre mí

Me abro a tu presencia

Cambiarás mi corazón. (2)

 

Toca mi debilidad,

Toma todo lo que soy.

Pongo mi vida en tus manos

Y mi fe.

Poco a poco llegarás

A inundarme de tu luz.

Tú cambiarás mi pasado.

Cantaré.

 

 

 

 

Quiero ser signo de paz.

Quiero compartir mi ser.

Yo necesito tu fuerza,

Tu valor.

Quiero proclamarte a ti.

Ser testigo de tu amor.

Entra y transforma mi vida.

¡Ven a mí!


 

 

Ten piedad (4 veces)  Ten piedad de mí Señor, tengo que reconocer que falló mi poco amor, que me ha faltado fé. No me siento fuerte para andar sin Ti, me faltan tus manos, necesito creer en Ti.
Si alguna vez te fallé perdóname, sabes que nada valgo si no te puedo tener... Ten piedad, Señor ten piedad (2 veces) Señor (señor), Señor (señor), Señor (señor ten piedad, Señor) Señor (señor) Señor (señor) Señor ten piedad.

 

 

LECTURA DE LA PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS TESALONICENSES 5, 1-6

 

Hermanos:

En lo referente al tiempo y a las circunstancias no necesitáis que os escriba. Sabéis perfectamente que el Día del Señor llegará como un ladrón en la noche. Cuando estén diciendo: "paz y seguridad", entonces, de improviso, les sobrevendrá la ruina, como los dolores de parto a la que está encinta, y no podrán escapar. Pero vosotros, hermanos, no vivís en tinieblas, para que ese día no os sorprenda como un ladrón, porque todos sois hijos de la luz e hijos del día; no lo sois de la noche ni de las tinieblas. Así, pues, no durmamos como los demás, sino estemos vigilantes y despejados.

 

 

SALMO ( a dos coros)

 


 

De ti, Señor, nos fiamos,
en ti confiamos siempre,
pues sabemos que tú
jamás abandonas
a todos tus amigos,
de los que cuidas
con infinita ternura.

Sabemos, Padre bueno,
de tus inmensos cuidados
para con el pájaro y la flor.
Sabemos, nos lo han contado,
de tus infinitos detalles
de delicadeza y amor
que vas sembrando por la vida.

Te damos gracias,
te alabamos siempre,
porque cuidas de los pobres,
de «los Lázaros» de este mundo,
de los que no traen nada.
Tú eres siempre
sabor a hogar y a pan
para los sin nada.


Ayúdanos a descubrirte
a ti que eres fortaleza. Amén.


CANTO: Aleluya Cantará quien perdió la esperanza y la tierra sonreirá, Aleluya.

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 25, 14-15.19-21

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

--Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.

Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. "Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco." Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor." Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: "Señor, dos talentos me dejaste; mira he ganado otros dos." Su Señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor."

Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: "Señor, sabía que eras exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo." El señor le respondió: "Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Conque sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco para que al volver yo pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al quien tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes”.

ECOS DE LA PALABRA

Comentario: El texto del Evangelio de hoy nos habla de un hombre que entrega un cierto capital a tres empleados suyos. Dos de ellos negocian con lo recibido arriesgan… y duplican lo recibido. En cambio el tercero decide esconder lo recibido, prefiere no invertir, apuesta por dejar las cosas tal como están; ¿para qué complicarse la vida? La Parábola alaba la actitud de los dos primeros, que recibe una merecida recompensa. Por el contrario, critica la del último, al que llama negligente y holgazán, y aquello que había guardado con tanto cuidado le es quitado, a causa de su talante excesivamente prudente. En nuestras comunidades, con frecuencia, sobran actitudes exageradamente razonables: es mejor no cambiar nada, no arriesgar. El proceder al que nos invita Jesús es bien diferente. Cada uno de nosotros ha recibido diversos talentos. Lo fácil, algunos dirán lo aconsejable, es dejar las cosas como están, no complicarse la vida, no apostar por echarle imaginación y ganas a la tarea a la que estamos llamados comunitaria y socialmente, convencernos que si arriesgamos podemos perder lo que tenemos. El mensaje del Evangelio no es compatible con esa forma de ver las cosas.

 

 

 

Canto: Quiero Alabarte

Quiero alabarte más y más aún

Quiero alabarte más y más aún

buscar tu voluntad, tu gracia conocer  quiero alabarte.

Yo quiero amarte más y más aún

Yo quiero amarte más y más aún

hacer tu voluntad, tu gracia recibir yo quiero amarte.

Las aves del cielo cantan para Ti

las bestias del campo alaban tu poder

quiero yo cantar  quiero levantar mis manos hacia Ti.

 

COMPARTIR, ACCIÓN DE GRACIAS, PETICIÓN

 


 

Padre nuestro tu que estás

en los que aman la verdad,

has que el reino que por Ti se dio

llegue pronto a nuestro corazón,

que el amor, que tu hijo,

nos dejó, ese amor...

habite en nosotros.

 

(Se reza la oración tradicional del Padre Nuestro)

 

Y en el pan de la unidad,

Cristo danos Tu la paz

y olvídate de nuestro mal,

si olvidamos el de los demás,

no permitas, que caigamos

en tentación...

oh señor...

y ten piedad...

del mundo.


 

 


 

¡CUÁNTO MIEDO TENGO, SEÑOR!

De no invertir mi vida como, Tú en la cruz, lo hiciste:

con silencio, grandeza y dolor

con perdón, humildad y sacrificio

con fe, esperanza o misericordia

 

¡CUÁNTO MIEDO TENGO, SEÑOR!

De mirarme a mí mismo,

y viendo lo mucho que me has dado

creer que no merece la pena arriesgarlo todo:

por Dios y por el hombre

por la Iglesia y por el mundo

por mis hermanos y por mí mismo

 

¡CUÁNTO MIEDO TENGO, SEÑOR!

Que vengas…y me pilles con el pie cambiado

lejos de tus caminos y, con mis talentos,

sin haberlos utilizado a fondo.

Amén



 

Sois la semilla que ha de crecer
Sois estrella que ha de brillar
Sois levadura, sois grano de sal
Antorcha que ha de alumbrar
Sois la mañana que vuelve a nacer
Sois espiga que empieza a granar
Sois aguijón y caricia a la vez
Testigos que voy a envíar

Id amigos por el mundo, anunciando el amor
Mensajeros de la vida, de la paz y el perdón
Sed amigos los testigos de mi resurrección
Id llevando mi presencia, con vosotros estoy

 

2012 Celebración ecuménica de la palabra

2012-11-02: Cumplimiento de la promesa

 

INTRODUCCIÓN


CANCIÓN: In manos tuas Pater, commendo Spiritus meum


ORACIÓN:

Que seamos, Cristo, manos reunidas en oración y en
el don. Unidas a tus Manos en las del Padre, unidas a las alas
fecundas del Espíritu, unidas a las manos de los pobres.
Manos del Evangelio, sembradoras de Vida, lámparas de
Esperanza, vuelos de Paz.
Unidas a tus Manos solidarias, partiendo el Pan de todos. Unidas
a tus Manos traspasadas en las cruces del mundo. Unidas a tus
Manos ya gloriosas de Pascua.
Manos abiertas, sin fronteras, hasta donde haya manos. Capaces
de estrechar el Mundo entero, fieles al Tercer Mundo, siendo
fieles al Reino.
Tensas en la pasión por la Justicia, tiernas en el Amor. Manos
que dan lo que reciben, en la gratuidad multiplicada, siempre más
manos, siempre más unidas.
Pedro Casaldáliga


• SALUDOS entre los miembros de la comunidad. Manos.


REVISIÓN DE V IDA


LECTURAS


Salmo 110

Doy gracias al Señor de todo corazón, en compañía de los rectos,
en la asamblea.
Grandes son las obras del Señor, dignas de estudio para los que
las aman.
-
Esplendor y belleza son su obra, su generosidad dura por
siempre;
ha hecho maravillas memorables, el Señor es piadoso y clemente.
-
Él da alimento a sus fieles, recordando siempre su alianza;
mostró a su pueblo la fuerza de su obrar, dándoles la heredad de
los gentiles.
-
Justicia y verdad son las obras de sus manos, todos sus preceptos
merecen confianza;
son estables para siempre jamás, se han de cumplir con verdad y
rectitud.
-
Envió la redención a su pueblo, ratificó para siempre su alianza;
su nombre es sagrado y temible.
-
Primicia de la sabiduría es el temor del Señor, tienen buen juicio
los que lo practican; la alabanza del Señor dura por siempre.
A

men
1 carta de Juan 3, 16-20


En esto conocemos lo que es el amor: en que Jesucristo entregó
su vida por nosotros. Así también nosotros debemos entregar la
vida por nuestros hermanos. Si alguien que posee bienes
materiales ve que su hermano está pasando necesidad, y no tiene
compasión de él, ¿cómo se puede decir que el amor de Dios
habita en él? Queridos hijos, no amemos de palabra ni de labios
para afuera, sino con hechos y de verdad. En esto sabremos que
somos de la verdad, y nos sentiremos seguros delante de Él.


Evangelio Lc 4, 14-21


Con la fuerza del Espíritu regresó Jesús a Galilea, y la noticia se
difundió por toda la comarca. Enseñaba en aquellas sinagogas, y
todos se hacían lenguas de él. Llegó a Nazaret, donde se había
criado. El sábado entró en la sinagoga, según su costumbre, y se
levantó para tener la lectura. Le entregaron el volumen del
profeta Isaías y, desenrollando el volumen, dio con el pasaje
donde estaba escrito:
El Espíritu del Señor descansa sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha
enviado a dar la buena noticia a los pobres, a proclamar la libertad a los
cautivos y la vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos, a
proclamar el año favorable del Señor.
Enrolló el volumen, lo devolvió al sacristán y se sentó. Toda la
sinagoga tenía los ojos clavados en él y empezó a hablarles:
“Hoy ha quedado cumplido este pasaje ante vosotros que lo
habéis escuchado”.


MANOS DISPUESTAS


• DINÁMICA CON MANOS


ORACIÓN:


Porque las manos son símbolo de trabajo, de esfuerzo, de ayuda,
de unión, de confianza, de cariño, de ternura y solidaridad...

2013 Celebración ecuménica de la palabra

2013-01-12: En torno al agua del bautismo

Esta celebración de la palabra tuvo lugar el sábado 12 de enero de 2013. El tema es el bautismo de Jesús y gira en torno al símbolismo del agua.

Abro mi ser y alzo mis manos y mi ser hacia Ti. Mi corazón se abre a la voz de tu Espíritu. Dame la luz de tu mirada. Calma la sed de tu Palabra que hay en mí. Quiero rendirme y entregarme a tu voluntad. No me abandones ni me dejes pues confío en ti.

Mi corazón se abre a la voz de tu Espíritu (Juan 1, 19-34)
Este fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron donde él desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: «¿Quién eres tú?». El confesó, y no negó; confesó: «Yo no soy el Cristo.». Y le preguntaron: «¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías?» Él dijo: «No lo soy.» - «¿Eres tú el profeta?» Respondió: «No.» Entonces le dijeron: «¿Quién eres, pues, para que demos respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?» Dijo él: «Yo soy la voz del que clama en el desierto: Rectificad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.» Los enviados eran fariseos. Y le preguntaron: «¿Por qué, pues, bautizas, si no eres tú el Cristo ni Elías ni el profeta?» Juan les respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis, que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia.» Esto ocurrió en Betania, al otro lado del Jordán, donde estaba Juan bautizando.

Al día siguiente ve a Jesús venir hacia él y dice: «He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es por quien yo dije: Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo. Y yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que Él sea manifestado a Israel.» Y Juan dio testimonio diciendo: «He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre Él. Y yo no le conocía pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: "Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre Él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo." Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios.»

Mi alma canta de gozo
1. Abro mi ser y alzo mis manos                              2. Calma la sed de tu Palabra
y mi voz hacia ti.                                                        que hay en mí, oh, Jesús.
Quiero rendirme,                                                        No me abandones ni me dejes
entregarme a tu voluntad.                                         pues confío en ti.

3. Mi corazón se abre a la voz                                    4. Dame la luz de tu mirada,
de tu Espíritu de amor.                                                mírame, oh Jesús,
Mi alma canta de gozo (3)                                         cambia mi vida con tu fuerza
en ti, Señor.                                                                    y yo te alabaré.

Dame la luz de tu mirada (Hechos de los Apóstoles, 10, 34-38)
En aquellos días, Pedro se dirigió a Cornelio y a los que estaban en su casa, con estas palabras: “Ahora caigo en la cuenta de que Dios no hace distinción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que fuere. Él envió su palabra a los hijos de Israel, para anunciarles la paz por medio de Jesucristo, Señor de todos. Ya sabéis lo sucedido en toda Judea, que tuvo principio en Galilea, después del bautismo predicado por Juan: cómo Dios ungió con el poder del Espíritu Santo a Jesús de Nazaret, y cómo éste pasó haciendo el bien, sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él”.

Cambia mi vida con tu fuerza (Juan 2, 1-11)
En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea y la madre de Jesús estaba allí; Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino y la madre de Jesús le dice:
−No les queda vino.
Jesús le contesta:
−Mujer, déjame: todavía no ha llegado mi hora.
Su madre dice a los sirvientes:
−Haced lo que Él os diga.
Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dice:
−Llenad las tinajas de agua.
Y las llenaron hasta arriba. Entonces les manda:
−Sacad ahora y llevádselo al mayordomo.
Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino, sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llama al novio y le dice:
−Todo el mundo pone primero el vino bueno, y cuando ya están bebidos el malo; tú, en cambio, has guardado el vivo bueno hasta ahora.
Así, en Caná de Galilea, Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria y creció la fe de sus discípulos en Él.

Del ritual del bautismo
- RENUNCIO a Satanás: esto es: al pecado, como negación de Dios; al mal, como signo del pecado en el mundo; al error, como ofuscación de la verdad; a la violencia, como contraria a la caridad; al egoísmo, como falta de testimonio del amor.

DANOS UN CORAZÓN             Hombres nuevos, creadores de la historia,
GRANDE PARA AMAR;             constructores de nueva humanidad.
DANOS UN CORAZÓN             Hombres nuevos que viven la existencia
FUERTE PARA LUCHAR.            como riesgo de un largo caminar.

- RENUNCIO a sus obras, que son: mis envidias y odios, mi pereza e indiferencia; mi cobardía y mis complejos; mis tristezas y desconfianzas; mis injusticias y favoritismos; mi materialismo y sensualidad; mi falta de fe, de esperanza y de caridad.

DANOS UN CORAZÓN             Hombres nuevos, creadores de la historia,
GRANDE PARA AMAR;             constructores de nueva humanidad.
DANOS UN CORAZÓN             Hombres nuevos que viven la existencia
FUERTE PARA LUCHAR.            como riesgo de un largo caminar.


- RENUNCIO a todas sus seducciones, como puede ser: el creerme el mejor, el verme superior; el estar muy seguro de mí mismo; el creer que ya estoy convertido del todo; el quedarme en las cosas, medios, instituciones, métodos, reglamentos, y no ir a Dios.


DANOS UN CORAZÓN             Hombres nuevos, creadores de la historia,
GRANDE PARA AMAR;             constructores de nueva humanidad.
DANOS UN CORAZÓN             Hombres nuevos que viven la existencia
FUERTE PARA LUCHAR.            como riesgo de un largo caminar.

Calma la sed de tu Palabra (Juan 4, 1-45)
Llegó, pues, a una ciudad de Samaría, llamada Sícar, junto al campo que dio Jacob a su hijo José. Estaba allí el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta. Vino una mujer de Samaría a sacar agua. Jesús le dijo: Dame de beber. Sus discípulos se habían marchado a la ciudad a comprar alimentos. Entonces le dijo la mujer samaritana: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana? Pues no se tratan los judíos con los samaritanos. Jesús le respondió: Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice dame de beber, tú le habrías pedido y Él te habría dado agua viva. La mujer le dijo: Señor, no tienes ni con qué sacar agua y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas, pues, el agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebió él, sus hijos y sus ganados? Respondió Jesús: Todo el que bebe de esta agua tendrá sed de nuevo, pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed nunca más, sino que el agua que yo le daré se hará en él fuente de agua que salta hasta la vida eterna.

DIÁLOGO: Danos de esa agua (Oración joven, p.149)
Nos anuncian muchas fuentes
para apagar la sed de felicidad.
Pero no todas son buenas;
las hay contaminadas.
Al beber en ellas, te intoxicas
y te llenas de sed irresistible.
Id a la fuente de agua viva.
¿Dónde está esa fuente de agua viva?
El secreto lo tiene la samaritana.
¿Cómo descubriste el agua viva
que quita la sed del corazón?
“Acercaos al lugar donde Jesús está
esperándonos con sed,
para descubrir vuestra sed;
Él os dará su agua viva
si aceptáis su Palabra”.
He aquí la comunidad que busca al Señor.


Quiero rendirme, entregarme a tu voluntad (Juan 13, 1-5 y 12-16)
Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Durante la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle, sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía, se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido.

Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo:
- ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros. En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que le envía.
No me abandones ni me dejes, pues confío en Ti (J.A. Pagola, 2007)

El Bautista habla de manera muy clara: «Yo os bautizo con agua», pero esto sólo no basta. Hay que acoger en nuestra vida a otro «más fuerte», lleno de Espíritu de Dios: «Él os bautizará con espíritu santo y fuego».

Son bastantes los «cristianos» que se han quedado en la religión del Bautista. Han sido bautizados con «agua», pero no conocen el bautismo del «espíritu». Tal vez, lo primero que necesitamos todos es dejarnos transformar por el Espíritu que cambió totalmente a Jesús. ¿Cómo es su vida después de recibir el Espíritu de Dios?

Jesús se aleja del Bautista y comienza a vivir desde un horizonte nuevo. No hay que vivir preparándonos para el juicio inminente de Dios. Es el momento de acoger a un Dios Padre que busca hacer de la humanidad una familia más justa y fraterna. Quien no vive desde esta perspectiva, no conoce todavía qué es ser cristiano.

Movido por esta convicción, Jesús deja el desierto y marcha a Galilea a vivir de cerca los problemas y sufrimientos de las gentes. Es ahí, en medio de la vida, donde se le tiene que sentir a Dios como «algo bueno»: un Padre que atrae a todos a buscar juntos una vida más humana. Quien no le siente así a Dios, no sabe cómo vivía Jesús.

Jesús abandona también el lenguaje amenazador del Bautista y comienza a contar parábolas que jamás se le hubieran ocurrido a Juan. El mundo debe saber lo bueno que es este Dios que busca y acoge siempre a sus hijos perdidos porque sólo quiere salvar, no condenar. Quien no habla este lenguaje de Jesús, no anuncia su buena noticia.

Jesús deja la vida austera del desierto y se dedica a hacer «gestos de bondad» que el Bautista nunca había hecho. Cura enfermos, defiende a los pobres, toca a los leprosos, acoge a su mesa a pecadores y prostitutas, abraza a niños de la calle. La gente tiene que sentir la bondad de Dios en su propia carne. Quien habla de un Dios bueno y no hace los gestos de bondad que hacía Jesús desacredita su mensaje.

Y yo te alabaré (Oración joven, p. 205)
Te doy gracias, Señor,
por el don del bautismo.
Me has incorporado a tu Iglesia
y me cuentas entre tus hijos.
Has abierto la fuente de agua viva
y yo puedo venir
y beber de ella hasta saciarme.

Te doy gracias, Señor, por esta vida nueva
que debo ir cultivando en mí;
una vida de cercanía contigo,
una vida de encuentro,
una vida de sentirme tan unido a Ti
como lo está el sarmiento con la cepa.

Te doy gracias, Señor, por esta familiaridad
a la que me has llamado.
No eres un Dios lejano e innombrable,
eres el Dios Padre que, cada mañana,
abre sus brazos
para recibir al hijo que sale de la noche.

Te doy gracias, Señor,
por las aguas del bautismo
que un día cayeron sobre mí
y riegan mi vida ya para siempre.
Siempre podré beber en tu fuente divina,
siempre podré tener un sitio a tu mesa,
siempre podré sentirme hermano
de cuantos te invocan como padre.

 

2013-03-09: Celebración del perdón 2013

Esta celebración del perdón tuvo lugar el sábado 9 de marzo de 2013 en Barbieri 18. Se centró en la reconciliación interior de cada uno y entre los presentes.

Ritos iniciales
Canto: Ven, no apartes de mí los ojos,  te llamo a ti, te necesito para que se cumpla en el mundo el plan de mi Padre.


Saludo del presidente
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Bendito sea Dios,
Que en su infinito amor nos ha dado a su Hijo Jesucristo.
Que su misericordia esté siempre con todos vosotros.

Oración presidencial:
Oremos pidiendo a Dios que nos ilumine para poder ver con claridad el camino de la conversión (Instantes de silencio)

Dios Padre, rico en  Misericordia, al poner en tu presencia y revisar nuestras vidas, descubrimos que estamos lejos de responderte con total generosidad y por ello reconocemos tu bondad y nuestro pecado. Danos ánimo para recorrer con entusiasmo el camino de conversión a ti, siguiendo a tu Hijo Jesucristo. Envíanos tu Espíritu santo, Espíritu que sane nuestras heridos, anime nuestro seguimiento y enderece nuestros caminos. A Ti, Padre bueno, y lleno de ternura que nos amas con amor inmenso por tu Hijo, Jesucristo nuestro Señor. Amen.

Primera Lectura: Lucas 10, 25-28)
Se levantó un legista, y dijo para ponerle a prueba: “Maestro, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna? Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Respondió: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Dijo entonces: “bien has respondido haz eso y vivirás”.

¿Quién es tu Dios? ¿A que Dios ha entregado tu corazón? ¿Cuáles son tus ídolos? Tenemos necesidad de sanar nuestras imágenes de Dios. Dios es como una madre, que siempre está pendiente de ti. ¿Cuántas veces Dios ha sido presentado como el enemigo de nuestra felicidad, como un aguafiestas, un policía siempre vigilándonos, un Dios sádico que disfruta con nuestros sacrificios y nuestro sufrimiento. Pero Dios es amor, es luz, es tu plenitud. Te tiene tatuada en sus manos, te lleva siempre en sus palmas. ¿A qué Dios sirves? ¿Estás dispuesta a abandonar los ídolos, que te conducen a la muerte?

Canto: Cuánto he esperado este momento, cuánto he esperado que estuvieras aquí, cuánto he esperado que me hablaras, cuánto he esperado que vinieras a Mí. Yo sé bien lo que has vivido, Yo sé bien lo que has llorado, Yo sé bien lo que has sufrido, pues de tu lado no me he ido. /Pues nadie te ama como Yo,/ (bis) mira la Cruz, esta es mi más grande prueba, nadie te ama como Yo. /Pues nadie te ama como Yo,/ (bis) mira la Cruz, fue por ti, fue porque te amo, nadie te ama como Yo.

Segunda lectura: Mateo 18, 21-35
Entonces Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: Señor, si mi hermano me hace algo malo, ¿cuántas veces debo perdonarlo? ¿Hasta siete veces?  Jesús le contestó: No basta con perdonar al hermano sólo siete veces. Hay que perdonarlo una y otra vez; es decir, siempre. Muchas veces estamos heridos. Cuantas cosas que no nos hemos perdonado.

Cuanto miedo y rencor habitan en nuestro corazón. ¿Te sientes perdonado por Dios? Deja entrar el perdón de Dios en tu vida. ¿Tienes que perdonar a alguien que te ha ofendido? Quizá a tus padres por los que nunca te sentiste querido, o a  la Iglesia o sus sacerdotes que no dejaron que te quisieras y aceptaras?  ¿Aquella ofensa que nunca has podido olvidar? ¿Aquella infidelidad que está siempre en tu recuerdo? Deja que el perdón de Dios entre en tu vida. Déjate perdonar por Dios para poder perdonar.


Canto: Me levantaré e iré a  mi Padre, le declararé te amo Señor

Tercera lectura (1Corintios 1, 10ss)
Os conjuro, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que tengáis todos un mismo hablar, y no haya entre vosotros divisiones; antes bien, estéis unidos en una misma mentalidad y un mismo juicio. Porque, hermanos míos, estoy informado de vosotros, por los de Cloe, que existen discordias entre vosotros.

Me refiero a que cada uno de vosotros dice: "Yo soy de Pablo", "Yo de Apolo", "Yo de Cefas", "Yo de Cristo" ¿Esta dividido Cristo? ¿Acaso fue Pablo crucificado por vosotros? ¿O habéis sido bautizados en el nombre de Pablo? Porque mientras haya entre vosotros envidia y discordia ¿no es verdad que sois carnales y vivís a lo humano?  ¿No sabéis que sois pueblo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruye el pueblo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el Pueblo de Dios es sagrado y vosotros sois ese pueblo.

 

Canto: Como el Padre me amo

Cuarta lectura: (Mateo 35,35ss)
«Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los de su derecha: "Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme."  Entonces los justos le responderán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos?  ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?"  Y el Rey les dirá: "En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis." Entonces dirá también a los de su izquierda: "Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles.  Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber;  era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis."  Entonces dirán también éstos: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?"  Y él entonces les responderá: "En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo." E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna.»

¿Podemos celebrar la Eucaristía hoy sin sentir el aguijón de que al otro lado de la mesa del Señor de todos se sienta más de la mitad de la humanidad que pertenece a la multitud de desheredados, por lo que Jesús sentía una conmovedora compasión? ¿Somos cristianamente epulones, indiferentes a los Lázaros de nuestras puertas?

Liturgia del Perdón
Presidente
: Conscientes de nuestra realidad, acudimos a Dios, rico en misericordia:


Canto: Ten piedad (4 veces)
Ten piedad de mí Señor, tengo que reconocer que falló mi poco amor, que me ha faltado fe. No me siento fuerte para andar sin ti me faltan tus manos, necesito creer en ti. Si alguna vez te fallé perdóname sabes que nada valgo si no te puedo tener. Ten piedad, Señor ten piedad (2 veces) Señor (señor) Señor (señor) Señor (señor ten piedad Señor) señor (señor)

Perdón Señor por nuestros egoismos, nuestra insolidaridad, por la dureza de nuestros corazones. Perdón Señor por nuestras intolerancia. Perdón Señor, por nuestras comodidades riquezas y apegos.

Canto.

Perdón Señor por nuestros orgullos y por menospreciar a los demás. Perdón, Señor, por nuestros individualismos. Perdón Señor, por no descubrirte en el pobre.

Canto
 

Celebración de la reconciliación
Acción de gracias
En verdad es junto y necesario darte gracias, Señor, Padre santo, porque no dejas de llamarnos a una vida plenamente feliz.

Tú, Dios de bondad y misericordia, ofreces siempre tu perdón e invitas a los pecadores a recurrir confiadamente a tu clemencia.

Muchas veces los hombres hemos quebrantado tu alianza; pero tú, en vez de abandonarnos, has sellado de nuevo con la familia humana, por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, un pacto tan sólido que ya nada lo podrá romper.

Y ahora, mientras ofreces a tu pueblo un tiempo de gracia y reconciliación, lo alientas en Cristo para que vuelva a ti, obedeciendo más plenamente al Espíritu Santo, y se entregue al servicio de todos los hombres viviendo el mandamiento del amor.

Por eso, llenos de admiración y agradecimiento, unimos nuestras voces a las de los coros celestiales para cantar la grandeza de tu amor y proclamar la alegría de nuestra salvación:

 

Gesto de la paz: En Cristo que nos ha enseñado el servicio y la entrega con su ejemplo y nos ha hecho hermanos y hermanas con su cruz, y como signo de reconciliación daos fraternalmente la paz.

Padre Nuestro: Haznos Señor Jesús como tu: pobres, humildes, serviciales, solidarios, generosos y compasivos. Con la oración que tú mismo nos enseñaste nos dirigimos a tu Padre y a nuestro Padre.


Oremos al Dios que nos ha perdonado
Dios Padre bueno, te damos gracias por el perdón recibido. Aquí nos tienes a hacer eficaz la luz recibida, abierto a tus llamadas. Queremos proclamar que tu vives, y que tu misericordia es eterna. Bendito sea por los siglos de los siglos. Amen.

Bendición
Dios Padre os bendiga y os ayude a ser testigos del perdón celebrado. Amen

Que habiendo recibido la misericordia de Dios, podíais comprender las faltas de los demás como Dios comprende las vuestras. Amen

Que en su bendición aleje de vosotros las envidias, las faltas de amor, y las ideologías para que crezca la comunión y se construya la comunidad Cuerpo de Cristo. Amen

Canto final: Esta es la casa del Señor
 

 

Foto: cuadro de R. Margareto.

2013-03-10: La oveja perdida

Introducción


Nos juntamos hoy para celebrar y hacer vida la Palabra de Jesús, nuestro compañero en este camino hacia el Padre. En nuestro peregrinar se nos hace arduo en ocasiones andar porque nos damos cuenta que nos hemos alejado de ese camino. Por ello vamos a implorar al Padre bueno que nos envíe con un canto su Espíritu Santo.
Acto seguido, explicaremos la dinámica de esta celebración, en la que nuestras palabras se van a ver contestadas por la respuesta del Padre.
Después, leeremos el capítulo de Lucas donde Jesús expone, mediante parábolas, la misericordia del Padre que acabamos de experimentar.
Escucharemos una canción que actualiza el mensaje de Jesús en esta Palabra de ánimo y esperanza, para por último expresar nuestra gratitud. Es la mirada agradecida de un hijo que se da cuenta del infinito amor de su Padre, y reconoce la necesidad que tiene de él.
Hagamos, pues, silencio orante, para pedir luz a Dios.

ENVÍANOS TU SOPLO DE PADRE
Mándanos, Dios, tu Espíritu Santo,
envíanos, Dios, tu soplo de Padre,
que nos haga entender que tu fraternidad
somos toda la humanidad.

Padre, alúmbranos,
¡danos tu luz!
Infunde en las almas de los hombres tu amor,
que nadie quede fuera de nuestro corazón.

¡Ven, Santo Espíritu!,
renueva la tierra,
tráenos tu soplo que nos convierta,
pongamos la vida en vivir tu plan,
que todos sintamos tu amor y tu paz.

Padre, alúmbranos,
¡danos tu luz!
Infunde en las almas de los hombres tu amor,
que nadie quede fuera de nuestro corazón.

NADIE TE AMA COMO YO
Cuánto he esperado este momento
cuánto he esperado que estuvieras así,
cuánto he esperado que me hablaras,
cuánto he esperado que vinieras a mí.

Yo sé bien lo que has vivido,
yo sé bien por qué has llorado,
yo sé bien lo que has sufrido,
pues de tu lado no me he ido.

PUES NADIE TE AMA COMO YO,
PUES NADIE TE AMA COMO YO.
MIRA LA CRUZ, ESA ES MI
MAS GRANDE PRUEBA.
NADIE TE AMA COMO YO.
PUES NADIE TE AMA COMO YO.
PUES NADIE TE AMA COMO YO.
MIRA LA CRUZ, FUE POR TI,
FUE PORQUE TE AMO.
NADIE TE AMA COMO YO

Yo sé bien lo que me dices,
aunque a veces no me hablas,
yo sé bien lo que en ti sientes,
aunque nunca lo compartas.

Yo a tu lado he caminado,
junto a ti yo siempre he ido.
Aún a veces te he cargado,
yo he sido tu mejor amigo.

ME LEVANTARÉ
Me levantaré e iré a mi Padre,  
le declararé: “Te amo, Señor”

Lectura del Evangelio de Lucas 15

Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este acoge a los pecadores y come con ellos.»
Entonces les dijo esta parábola. «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las 99 en el desierto, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, la pone contento sobre sus hombros; y llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice: "Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido." Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por 99 justos que no tengan necesidad de conversión.
O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas, y dice: "Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido." Del mismo modo, os digo, se produce alegría ante los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.»
Dijo: «Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: "Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde." Y él les repartió la hacienda. Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino.
Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba. Y entrando en sí mismo, dijo: "¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros." Y, levantándose, partió hacia su padre.
Estando él todavía lejos, le vió su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: "Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo." Pero el padre dijo a sus siervos: "Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado." Y comenzaron la fiesta.
Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Él le dijo: "Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano." El se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba. Pero él replicó a su padre: "Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!" «Pero él le dijo: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado."»

PADRE Y MADRE
Una vida distinta quiero empezar, sin más dependencias,
sin más malgastar.
Dije “Padre, dame mi parte” y atrás dejé su ley a cambio del vacío
del volar y del tener.
Padre, pequé, como un siervo trátame.
Malgasté toda tu herencia, por favor: acógeme. (Bis)
Con ternura me espera, ¡sigo siendo su hijo!
He vuelto a la hacienda, es como un nuevo bautizo.
Él me acepta cual soy, me enjoya y me viste.
“porque estabas muerto y hoy ya renaciste.”
Padre, a ti iré. Me levantaré. No te dejaré por ninguna otra ley. (Bis)
De mi egoísmo me levantaré. De mi prepotencia me levantaré.
Mi autosuficiencia la abandonaré, porque sólo tú eres Padre y Madre. (Bis)
Padre, a ti iré. Me levantaré. No te dejaré por ninguna otra ley. (Bis)


EXTIENDE TU MANO
Extiende tu mano, Señor
pues todo lo puede tu amor
hoy te confieso
mi Dios, mi Señor salvador
ya no hay tinieblas en mí
solo hay luz
ahora extiende tu mano, Jesús (Bis)

Escucha, Señor mi oración
hoy te entrego mi corazón
borra mis faltas, Dios salvador
hoy te confieso, Señor
Borra mis faltas, Dios salvador
hoy te confieso, Señor (Bis)

 

2013-05-05 Sobre el día de la madre

 

Saludo e invocación

Queridos hermanos y hermanas: bienvenidos a esta Celebración Ecuménica de la Palabra. Mañana celebramos el Día de la Madre y esta noche vamos a celebrar la maternidad, pero no la maternidad ñoña del Corte Inglés, sino la maternidad sin género, a la que todos estamos llamados: la maternidad que es origen, vida y meta. Origen, porque fue una mujer la que nos dio a luz. La luz de la fe también nos la da una mujer, la Ruah, la tercera persona de la Trinidad que confesamos y cuya venida celebraremos dentro de poco. Vida, porque es en la Gran Madre Tierra en la que vivimos, ella es quien nos da sus frutos para alimentarnos, su agua para beber y lavarnos y su aire para respirar y para cantar. Meta, porque en nuestra comunidad todos debemos llegar a ser madres los unos de los otros. Y más aún: meta definitiva, puesto que sólo reposaremos en Dios, que nos quiere con el amor de una madre. Así pues comenzamos nuestra celebración invocando a la Trinidad que todos confesamos: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.


Reconciliación con Dios, con nosotros y con los hermanos
¿Dónde me esconderé de Dios? ¿Dónde te esconderás, hermano? En su misma misericordia. Nadie puede huir de Dios mas que refugiándose en su misericordia (San Agustín, Sermón 351).

No es posible celebrar la acción de Dios en nuestra vida si no tenemos conciencia de que Le necesitamos, de que caminamos hacia Él a oscuras, tropezando, y que para levantarnos tenemos que reconocer que estamos en el suelo.

Vamos a pedirle al Señor perdón por todo aquello que nos aparta de El. Con cada petición de perdón sale una flor de primavera.

 

(Peticiones tras la reconciliación)

Confiados en que el Señor renueva y revitaliza a aquéllos que reconocen sus faltas, decimos todos juntos: Dios Todoamoroso tiene misericordia de nosotros, perdona nuestros pecados y nos lleva a la Vida Eterna. Amén.

 

Paz (2 coros)

Que el Señor os bendiga y os proteja
Que el Señor os mire con agrado
Que el Señor os muestre su Bondad.
Que el Señor os mire con amor
(todos) y que nos conceda la Paz y la Unidad. Amén.

 

Lecturas
Lectura del libro del Génesis

Como hubiese envejecido Isaac, y no viese ya por tener debilitados sus ojos, llamó a Esaú, su hijo mayor: ¡Hijo mío!» El cual le respondió: «Aquí estoy.» «Mira, dijo, me he hecho viejo e ignoro el día de mi muerte. Así pues, toma tus saetas, tu aljaba y tu arco, sal al campo y me cazas alguna pieza. Luego me haces un guiso suculento, como a mí me gusta, y me lo traes para que lo coma, a fin de que mi alma te bendiga antes que me muera.»
Ahora bien, Rebeca estaba escuchando la conversación de Isaac con su hijo Esaú. Esaú se fue al campo a cazar alguna pieza para el padre, y entonces
Rebeca dijo a su hijo Jacob: «Acabo de oír a tu padre que hablaba con tu hermano Esaú diciendo: Tráeme caza, y hazme un guiso suculento para que yo lo coma y te bendiga delante de Yahveh antes de morirme. Pues bien, hijo mío, hazme caso en lo que voy a recomendarte. Ve al rebaño y tráeme de allí dos cabritos hermosos. Yo haré con ellos un guiso suculento para tu padre como a él le gusta, y tú se lo presentas a tu padre, que lo comerá, para que te bendiga antes de su muerte.» Jacob dijo a su madre Rebeca: ¡Pero si mi hermano Esaú es velludo, y yo soy lampiño! ¡A ver si me palpa mi padre, y le parece que estoy mofándome de él! ¡Entonces me habré buscado una maldición en vez de una bendición!» Dícele su madre: «¡Sobre mí tu maldición, hijo mío! Tú, obedéceme, basta con eso, ve y me los traes.»

El fue a buscarlos y los llevó a su madre, y ella hizo un guiso suculento, como le gustaba a su padre. Después tomó Rebeca ropas de Esaú, su hijo mayor, las más preciosas que tenía en casa, y vistió a Jacob, su hijo pequeño. Luego, con las pieles de los cabritos le cubrió las manos y la parte lampiña del cuello, y puso el guiso y el pan que había hecho en las manos de su hijo Jacob.

Lectura del Evangelio según San Mateo (15, 21-28)
Jesús se marchó de allí y se retiró al país de Tiro y Sidón. Y hubo una mujer cananea, de aquella región, que salió y se puso a gritarle: -Señor, Hijo de David, ten compasión de mí. Mi hija tiene un demonio muy malo. Él no le contestó palabra. Entonces los discípulos se le acercaron a rogarle: Atiéndela, que viene detrás gritando. Él les replicó: -Me han enviado sólo para las ovejas descarriadas de Israel. Ella los alcanzó y se puso a suplicarle: -¡Socórreme, Señor! Jesús le contestó: -No está bien quitarle el pan a los hijos para echárselo a los perros. Pero ella repuso: -Anda, Señor, que también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos. Jesús le dijo: -¡Qué grande es tu fe, mujer! Que se cumpla lo que deseas. En aquel momento quedó curada su hija.

Preguntas para la reflexión

• ¿Cómo actúan las mujeres en estos dos relatos? ¿Es lo que esperaría de ellas una sociedad patriarcal? ¿Qué las mueve a actuar?
• Y yo, ¿cómo actúo en mi vida ante situaciones difíciles? ¿Actúo como espera de mi la sociedad de hoy? ¿Me salto las reglas si lo creo necesario? ¿No será que actúo a mi conveniencia? ¿Dónde está Dios en todo esto?

Jesus dijo: "pedid y se os dará". Pidamos con confianza por nuestras necesidades y las de todos los hijos e hijas de Dios al Padre-Madre amorosa, que las conoce antes que nosotros mismos. 

• Por la unión de los hijos e hijas de Dios en pro de la Justicia y la Solidaridad. Que sepamos trabajar codo a codo con los hermanos, que sepamos poner a disposición nuestro tiempo y nuestros talentos para mostrar a los hombres y mujeres del mundo y, en especial del mundo LGTB, el abrazo amoroso de Dios.

• Por la unión de los hijos e hijas de Dios en la vida. Que sepamos ver las necesidades del hermano y la hermana, con quien trabajamos, con quien vivimos, con quien estamos en la Comunidad. Que no pase un día sin preocuparnos por aquellas personas que Dios pone en nuestra vida para santificarnos y santificar el mundo.
• Por la unión de los hijos e hijas de Dios en la celebración. Que sepamos celebrar la fe tanto en Crismhom como fuera de una manera abierta y participativa, como muestra de la riqueza y multiplicidad de las manifestaciones del Dios de la diversidad.

Bendición (2 coros)
El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que su Nombre sea alabado
hasta los confines del orbe.

 

2013-12-07 Celebración ecuménica de la palabra: contemplando la encarnación

Ejercitándose en la práctica de la presencia de Dios en la vida y en andar el camino que Dios quiere hacer con nosotros. Entrenándose en la escucha de la voz de Dios en el corazón. Dándose tiempo a sentir la resonancia interior de las cosas sencillas y pequeñas; los suaves impulsos con los que el Espíritu Santo nos llama poco a poco, configurando nuestra propia vocación: la llamada de Dios a proclamar su amor con nuestra vida.

Deseemos que ejercitarnos espiritualmente nos ayude a revivir en nosotros la oración incesante, volver a experimentar el amor que Dios nos tiene y reconocer los impulsos del Espíritu, que quiere convertirnos cada vez más en la imagen que Dios tiene de nosotros.

 

Celebración de Adviento: contemplación de la encarnación

 
Canto: "Preparad el camino al Señor y escuchad la palabra de Dios".
 
Introducción: Comenzamos el tiempo de Adviento con el deseo de estar atentos y despiertos: porque un niño nace nuevamente entre nosotros. Un niño que con su inocencia entra en nuestra vida y lo va poniendo todo patas arriba. Hoy pedimos para que le dejemos acampar y entrar. El Adviento va sobre preparativos, estar pendientes de un nacimiento, la esperanza de una venida, tener las cosas a punto. Cuando un niño nace, acapara toda la atención. El Adviento es la etapa final del embarazo. Un niño nace y acampa entre nosotros. Viene a compartir, a hacerse nuevamente uno de nosotros hasta la venida final del Señor. El inicio de nuestro Señor omnipotente es el de un niño indefenso que sólo puede subsistir con nuestros cuidados. Preparad el camino al Señor, haced rectas todas sus sendas. Que el lobo habite con el cordero. No harán daño y estrago por todo mi Monte Santo. Consolad, consolad a mi pueblo, que se ha cumplido su servicio y está pagado su pecado. Bajaste, y los montes se derritieron con tu presencia. Jamás oído oyó ni ojo vio un Dios, fuera de ti, que hiciera tanto por el que espera en él. Este es el clima del Adviento. Dispongámonos y preparémonos porque un niño se nos ha dado, al que llamarán Dios Todopoderoso, el Padre perpetuo, el Príncipe de la paz. Hagámosle un hueco en nuestra vida aunque nos ponga todo patas arriba. Él a cambio, nos dará la felicidad.
 
Ejercitándose espiritualmente cada día.
Ejercitándose en la práctica de la presencia de Dios en la vida y en andar el camino que Dios quiere hacer con nosotros. Entrenándose en la escucha de la voz de Dios en el corazón. Dándose tiempo a sentir la resonancia interior de las cosas sencillas y pequeñas; los suaves impulsos con los que el Espíritu Santo nos llama poco a poco, configurando nuestra propia vocación: la llamada de Dios a proclamar su amor con nuestra vida.
 
Deseemos que ejercitarnos espiritualmente nos ayude a revivir en nosotros la oración incesante, volver a experimentar el amor que Dios nos tiene y reconocer los impulsos del Espíritu, que quiere convertirnos cada vez más en la imagen que Dios tiene de nosotros.
 
Ejercitarse espiritualmente para vaciar la casa y que Dios pueda entrar en todas las habitaciones de nuestra vida. ¿Puede acaso entrar Dios en la habitación de mi trabajo, en la de mi pareja, mis amigos, mi familia? ¿Acaso en las habitaciones de los demás? ¿Soy acaso dueño de mi casa? ¿Hay otros dueños que abren y cierran, que hacen lo que no queremos y no nos dejan hacer lo que queremos? ¿Dejamos estar a Dios en todas las habitaciones o facetas de nuestra vida?
 
Llevo años buscando un dracma perdido en mi casa. Barro la casa y enciendo un candil. Busco pero no encuentro, hay muchos trastos. Hay habitaciones en las casi no se puede ni entrar. Contemplo a veces el momento en que convoco a mis amigos y vecinos para decirles: ¡¡felicitadme!!, ¡¡felicitadme mucho!! Porque después de tanto buscar, he encontrado el dragma perdido.
 
Conozco tus obras y tu arduo trabajo y paciencia, dice nuestro Señor; conozco que no puedes soportar a los malvados y que has puesto a prueba a los que dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido y has tenido paciencia y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído y arrepiéntete.
 
Doy gracias a nuestro Señor Jesucristo, porque me ha fortalecido y me ha considerado digno de confianza, llamándome a su servicio a pesar de mis blasfemias, persecuciones e insolencias anteriores. Pero fui tratado con misericordia, porque cuando no tenía fe, actuaba así por ignorancia [...] Jesucristo vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el peor de ellos. Si encontré misericordia, fue para que Jesucristo demostrara en mí toda su paciencia, poniéndome como ejemplo de los que van a creer en él para alcanzar la Vida eterna.
 
Canto: "La misericordia del Señor, cada día cantaré"
 
1. El tiempo no perdona, perdonamos cada uno de nosotros. El olvido que da el tiempo no es el perdón. Para perdonar lo imperdonable, tratamos de comprender. Sin embargo la raíz honda del perdón es el amor sin comprensión. Ostentamos nuestro poder de perdonar, decidiendo y negociando el momento y la forma en que perdonamos. El verdadero perdón es incondicional.
 
2. La causa del perdón no es el tiempo, la comprensión o el poder personal de perdonar. Cuando el perdón ocurre, es un auténtico acontecimiento que se produce en un instante concreto, inspirado, "mágico", que se recuerda con día y hora rozando lo sobrenatural, que viene de fuera y nos sorprende hasta el punto de reconocer que no es nuestro. El perdón es ese instante, quizá desencadenado por un proceso previo, tras el que se inicia otro: la reconciliación.
 
3. El perdón supone una relación no deseada con el mal que se nos hace, una vinculación con el resquemor, la venganza y otros sentimientos que experimento en mi interior y que conscientemente decido no volcar en los demás, para sufrirlos yo. No se puede perdonar a medias. Es preciso una renuncia, a veces faraónica, a uno mismo, a mis propias heridas. 4. El perdón consciente, incondicional y gratuito sólo puede darse cuando uno ha sido y se siente infinitamente querido y perdonado. Y tan agradecido por ello, que uno no puede sino imitar ¡aquello tan grande que le han regalado.
 
4. El perdón consciente, incondicional y gratuito sólo puede darse cuando uno ha sido y se siente infinitamente querido y perdonado. Y tan agradecido por ello, que uno no puede sino imitar ¡aquello tan grande que le han regalado.
 
5. Para los creyentes, el perdón verdadero, el más hondo y puro se realizó una vez en la historia: cuando Jesús con sus brazos extendidos en la cruz nos acoge diciendo: "perdónalos, Padre, porque no saben lo que hacen". Y tras ese instante sobrenatural, nos encomendó una tarea: la de intentar replicarlo con su ayuda hasta el confin de los tiempos.
 
Mateo 3,1-12: Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea, predicando: "Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos." Éste es el que anunció el profeta Isaías diciendo: "Una voz grita en el desierto: "Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos." Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo: "¡Camada de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? Dad el fruto que pide la conversión. Y no os hagáis ilusiones, pensando: "Abrahán es nuestro padre", pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras. Ya toca el hacha la base de los árboles, y el árbol que no da buen fruto será talado y echado al fuego. Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí puede más que yo, y no merezco ni llevarle las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga."
 
Contemplando la encarnación
Sobre el cariño con que Dios creó el mundo: "Una vez se le presentó a Ignacio de Loyola en el entendimiento con grande alegría espiritual el modo con que Dios había criado el mundo, que le parecía ver una cosa blanca, de la cual salían algunos rayos, y que della hacía Dios lumbre. Mas estas cosas ni las sabía explicar, ni se acordaba del todo bien de aquellas noticias espirituales, que en aquellos tiempos le imprimía Dios en el alma".
 
Contemplando el cariño inmenso con que Dios creó el mundo. Mirando cómo la Trinidad contempla el mundo. Egos y desamores, guerra y violencia. Empatizando con el sufrimiento y la pena de las tres personas. Contemplando la potencial guerra en Siria, atentados, dirigentes que matan a su propia gente con armas químicas, niños incluidos ... Mirando cómo cada cual va a lo suyo, buscando el propio interés. Viendo en mi entorno cercano indiferencia y omisión, individualismo y egocentrismo.
 
Contemplando el mal en el mundo, la guerra, la explotación con un profundo sentimiento de impotencia. Contemplando a las tres personas divinas mirando la situación en el mundo. Viéndose afectadas hondamente por esta situación, deciden enviar a una de ellas para salvar al mundo. Haciéndose hombre, uno de tantos, nacido en un pesebre, en medio de pastores.
 
Contemplando la mirada cariñosa de Dios al mundo, hilando un plan de felicidad. Mirando también la solidaridad y la tolerancia, el cariño correspondido de creatura a Creador. También la infelicidad de las personas que se cierran al amor. Deciden así las tres personas divinas, enviar al Hijo amado para redimir al mundo. Hilando un plan de felicidad para todas las personas que viven y generan el desamor y para las que con su amor rompen esa dinámica.
 
Sobre la humanidad de Cristo: "Muchas veces y por mucho tiempo, estando en oración Ignacio de Loyola, veía con los ojos interiores la humanidad de Cristo, y la figura, que le parecía era como un cuerpo blanco, sin distinción de miembros [...] Esto visto le confirmó tanto entonces como siempre en la fe, que muchas veces ha pensado consigo: si no hubiese Escriptura que nos enseñase estas cosas de la fe, él se determinaría a morir por ellas, solamente por lo que ha visto".
Mirando cómo el ángel Gabriel anuncia a María ese plan soñado por Dios para que ella le ayude. Mirándolo con mucha envidia, porque me encantaría recibir ese anuncio en el que Dios me cuenta sus planes.
 
"En este tiempo trataba Dios a Ignacio de Loyola de la misma manera que trata un maestro a un niño, enseñándole; y ora esto fuese por su rudeza y grueso ingenio, o porque no tenía quien le enseñase, o por la firme voluntad de servirle, que claramente él juzgaba y siempre ha juzgado, que Dios le trataba desta manera".
Uniendo voluntad y corazón, intención y deseo para pedir y buscar conocimiento interno del Señor, que por mí se hizo hombre, para que más le ame y le siga.
 
Contemplando la omnipotencia de Dios que no quiere llevar a cabo solo, el proyecto de redención del mundo. Quiere necesitar y depender de la ayuda de una chiquilla, María,  y la mía (un alguien insignificante) para llevarlo a cabo. Contemplando cómo tanto María como yo mismo, somos piezas clave para el proyecto de redención de Dios. Contemplando la humanidad de Cristo, el deseo expreso de ser  uno de tantos, carne de nuestra carne, limitado y pequeño.
 
Creando conciencia, haciendo silencio en medio de mucho ruido. Contemplando a María, su desconcierto y confusión. Mirando también mis miedos, mis excusas. Mirando cómo María pregunta que cómo va a ser posible tener un hijo sin conocer varón. Escuchando palabras del ángel: "no tengas miedo". Escuchando y recibiendo un plan que no es el suyo. Viéndose de Dios y perteneciendo a Él, deja que se haga según su voluntad. Sea mi voluntad y mi corazón movido, para poder decir que SÍ.
 
Compartiendo sufrimientos. Acumulando tensión por ayudar al que está en una situación límite. Unos corriendo, olvidando, volviendo. Otros enfermando por no poder más. Compartiendo inseguridades y agobios. Haciendo presencia silenciosa. Pensando en mí, sin pensar en los demás. Pensando en los demás, sin pensar en mí. Con grandes dudas, mucha indecisión. Si vosotros compartís nuestros sufrimientos, también compartiréis nuestro consuelo; os lo decimos y lo esperamos con mucha firmeza.
 
Quiera mi Señor mover mi voluntad para tomar decisiones acertadas. Poniendo día a día en mi ánima, afecto y razón sobre lo más conveniente. Deseando y eligiendo ir acertando en las pequeñas decisiones diarias, para que así educado, tenga a bien mi Señor concederme la dicha de acertar en las grandes decisiones. Eligiendo con su favor y ayuda, lo que sea su mayor servicio y alabanza.
 
Contemplando a los colaboradores de Dios. Se sintieron llamados a seguirle, con sutiles percepciones e intuiciones que les hicieron encontrarse encajados en su sitio. Sintiéndose con paz, alegría y esperanza, pese a la crudeza de ciertas situaciones que tuvieron, tienen y tendrán siempre que vivir, precisamente por seguir esa intuición, que les hizo sentirse en su sitio.
 
Estamos tan ocupados con nosotros que no oímos cuando Dios nos llama, ni escuchamos lo que nos dice a través de los demás. Seleccionamos lo que nos da seguridad, descartamos lo que nos cuestiona. No percibimos los sutiles sonidos de los demás, cuando nos dicen que su situación es difícil.
 
Si yo, con mis grandes limitaciones y omisiones, soy capaz de ofrecerte lo mejor que tengo, ¡cuánto más, nuestro Padre celestial, dará Espíritu Santo a los que se lo pidamos! Es por eso que pido, busco y llamo, para recibir, encontrar y que se me abran ventanas y puertas para seguir siempre hacia adelante.
 
Peticiones espontáneas
Padrenuestro
Paz
 
Despedida: Profetizando con denuncia y renuncia. Poniendo a Dios primero y después a las instituciones. Intentando hacer cosas ordinarias con amor extraordinario. Porque Dios no busca a los capaces, sino que capacita a los que buscan. Saliendo de nosotros mismos, de nuestros lugares cómodos, para encontrar otros donde a pesar de poder estar más incómodos, en realidad nos encontramoss mucho mejor. No queriendo sólo hacer memoria de lo que sucedió, sino deseando vivamente celebrar lo que está por venir. En nombre de CRISMHOM, os deseamos muy FELIZ ADVIENTO:
 

Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado.

Y la soberanía reposará sobre sus hombros.

y le llamarán:

Maravilloso Consejero, Dios Todopoderoso,

Padre Perpetuo, Príncipe de la Paz.

(Isaías 9, 10)

“For unto us a child is born, Unto us a Son is given.

And the government shall be upon his shoulder.

And His Name shall be called:

Wonderful Counsellor, Almighty God,

The Everlasting Father, The Prince of peace”.

(Isaiah 9, 10)

 

 

Nuevo evento: 
Sáb, 07/12/2013 - 20:30 - 22:00

2014 Celebración ecuménica de la palabra

2014-04-17 Oración Jueves Santo y Celebración Ecuménica: Jueves Santo

 “Cristo Acoge No Margina”Crismhom - ICM Pan de Vida

 

1.- Saludo.

Queridos hermanos y hermanas, os damos la bienvenida a todos y todas... que el Señor esté siempre con vosotros.

Y con tu espíritu.

 

2.- Introducción al culto.

Esta tarde-noche hemos venido, juntos como hermanos y hermanas, a celebrar la memoria de la Cena de Despedida de Jesús...

 

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3.- Invocación.

Senor, en la eucaristia nos llamas a todos juntos para ser uno en ti, pero fallamos en poner aparte nuestras diferencias y edificar juntos justicia y amor entre nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.

Oh Cristo, Señor nuestro: En la eucaristía tú nos sirves pero el servicio y el sacrificio en beneficio de otros nos parecen con frecuencia demasiado humillantes y nos cuesta demasiado realizarlos.

Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor, en la eucaristía tú sigues entregándote a ti mismo por nosotros, pero, cuando nosotros tenemos que compartir, con frecuencia medimos y pesamos nuestros dones y no nos damos a nosotros mismos.

Señor, ten piedad de nosotros.

Sabemos que nos amas, y que gracias a ti y a la Comunión que vamos a recibir, nuestras faltas son perdonadas. Enséñanos a servirte a ti y a la gente desde lo profundo de nuestros corazones.

Gracias por el sacrificio que has hecho por nosotros, Señor. En ti somos perdonados y nos salvamos.

Pidamosle a Dios fortaleza para continuar mejorando en el camino de nuestra vida cristiana. (breve silencio para meditar)

 

4.- Canto: ♪♪ ♪♪ ♪♪ ♪♪ ♪♪ ♪♪

 

5.- La Palabra. Salmo 115

¿Cómo pagaré al Señor

todo el bien que me ha hecho?

Alzaré la copa de la salvación,

invocando su nombre.

Mucho le cuesta al Señor

la muerte de sus fieles.

Señor, yo soy tu siervo,

hijo de tu esclava;

rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,

invocando tu nombre, Señor.

Cumpliré al Señor mis votos

en presencia de todo el pueblo.

 

1ª Lectura: Éxodo (12.1-8.11-14)

2ª Lectura: 1 Corintios (11,23-26)

Evangelio: Juan (13,1-15)

 

6.- Homilía.

 

7.- Lavatorio de los pies

Dice el Señor: “Si yo, que soy vuestro Maestro y Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros, porque os he dado ejemplo para que hagáis lo mismo que yo hice con vosotros”.

8.- Compromiso por la unidad.

Pablo retaba a los cristianos de Corinto a que conocieran en su corazon y mostraran en sus acciones que Cristo no esta dividido...

Con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo, Señor suyo y nuestro,

 Juntos, estamos llamados a ser santos.

 Agraciados por Dios en todas las maneras,

 Juntos, damos gracias los unos por los otros.

Enriquecidos sobremanera con toda clase de dones por medio de nuestra unión con Cristo,

 Juntos, no carecemos de ningún don espiritual.

Firmes en Dios que nos fortalece para el amor y el servicio,

Juntos, confesamos que Dios cumple su palabra.

Abrazados por Jesucristo,

 Juntos, estamos llamados a la concordia.

Unidos en un mismo pensar y sentir,

Juntos, buscamos la armonía.

Superando nuestras riñas por aquel que fue crucificado por nosotros,

 Juntos, pertenecemos a Cristo.

¿Es que Cristo está dividido?

 ¡No! ¡Juntos, salimos al mundo para proclamar su buena noticia!

 

9.- Ofrenda: Demos gloria y gracias a Dios con nuestras ofrendas.

 

10.- Bendición de las Ofrendas.

Te damos gracias Señor por estas ofrendas que nos brindas, las cuales nos permiten continuar con la misión de llevar el mandamiento del amor a los excluidos...

Amén.

 

11.- La Paz: ♪♪ ♪♪ ♪♪ La paz este con nosotros ♪♪ ♪♪ ♪♪

Como hermanos y hermanas en Cristo, nos damos la paz.

 

12.- Liturgia Eucarística / 13.- Santa Comunión y Cena Fraterna

14.- Oración C omunitaria.

En esta noche, tan diferente de otras noches, estamos invitados con los apóstoles a la Cena del Señor. Roguémosle que sepamos conectar íntimamente con su propia actitud y disposición interior, en aquella noche antes de su pasión, y digámosle:

R/ Quédate con nosotros, Señor.

Y ahora, en voz alta o en privado abrimos nuestros corazones y alzamos nuestras oraciones.

Señor te pedimos que escuches las plegarias de nuestra comunidad, y que seamos un hogar para todas las gentes sin importar su origen o condición. En tus muchos nombres oramos.

Amen.

 

15.- Padre Nuestro/ Oración Crismhom

Guiados por Jesús mismo, oramos con su plegaria confiada a Dios.

Oración

Señor, Jesucristo, imploramos tu protección e intersección ante el Padre, por toda la comunidad LGTB, por todos aquellas personas que no se aceptan a sí mismas, que sufren en soledad, son perseguidas por su orientación sexual o su identidad de género y que no son comprendidas ni aceptadas en su entrono mas cercano.

Te damos gracias y te pedimos por CRISMHOM. Para que juntos construyamos tu Reino y seamos luz y faro en nuestra comunidad LGTB de Madrid. Amen

 

16.- Bendición.

Después de la Última Cena, Jesús fue con sus apóstoles al huerto de Getsemaní a orar, antes de que lo apresaran y comenzara así su pasión, para morir al día siguiente en la cruz. Como a los apóstoles, el Señor nos pide a nosotros también vigilar y orar con él. Que la bendición de Dios, Padre-Madre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y permanezca siempre!

 Amén.

 

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2014-04-18: Viernes Santo

I N T R O D U C C I Ó N

Vamos a hacer este rato de meditación y oración, trayendo ante nosotros el día de Viernes Santo, ese momento crucial en la vida de Jesús, en el que se desarrolla el drama entre el Padre y su Hijo. Jesús ha nacido para hacer la voluntad de Dios, su Padre, fuente de toda bondad y belleza. Al principio de su vida pública, la voluntad de Dios es alegre. Jesús junta a un grupo de amigos y sale a los caminos a predicar la Buena Nueva del Reino, el Evangelio de la misericordia y del perdón para todos. Y hay lirios del campo, y tesoros escondidos y perlas preciosas y bienaventuranzas aunque sean paradójicas.

 

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Pero poco a poco, las cosas se van torciendo y Jesús se va dando cuenta de que hay hombres que endurecen su corazón para no escucharle y de que su mensaje y su visión de Dios, provocan un enfrentamiento cada vez mayor con los guardianes de la Religión del Templo, que le va a conducir a la muerte. Y Jesús se va haciendo progresivamente consciente de esos negros presagios y la voluntad de Dios, que es amor y solo amor, se va volviendo oscura para él. Y hasta parece que el Padre Bueno se vuelve ausente en la cruz, aunque Jesús grita desde el madero su confianza en Él.

                         La realidad del mal

CANTO: A ti levanto mis ojos,a ti que habitas en el Cielo, a ti levanto mis ojos, porque espero tu misericordia.

Como están los ojos de los esclavos, fijos en las manos de sus señores, así están nuestros ojos en el Señor, esperando su misericordia

Como están los ojos de la esclava, fijos en las manos de su señora, así están nuestros ojos en el Señor, esperando su misericordia.

Misericordia, Señor, misericordia, que estamos saciados de burlas, misericordia, Señor, misericordia, que estamos saciados de desprecio.

Nuestra alma está saciada del sarcasmo de los satisfechos, nuestra alma está saciada del desprecio de los orgullosos.

ORACIÓN:  Jesús, hijo del Padre Bueno, ayúdanos a comprender la realidad del dolor, que se nos vuelve tan oscura, a combatir el mal en la forma en que tú lo has combatido y a vercon tus ojos de misericordia y amor a todos los que sufren. Amén.

CANTO: ¿ Hasta cuándo Señor, seguirás olvidándome?¿ hasta cuándo Señor, va a triunfar mi enemigo?

1-           En Uganda, el presidente Yoweri Miseveni ha firmado una ley que aumenta las penas de prisión para los homosexuales, incluyendo cadena perpetua para los reincidentes y que castiga a familiares y allegados que no denuncien estas prácticas.

 

LECTURA:Lamentaciones 3, 1-9

Yo soy un hombre que ha probado el dolor bajo la vara de su cólera,/ porque me ha llevado y conducido a las tinieblas y no a la luz;/ está volviendo su mano todo el día contra mí. / Me ha consumido la piel y la carne y me ha roto los huesos;/ en torno mío ha levantado un cerco de veneno y amargura/ y me ha confinado en las tinieblas, como a los muertos de antaño. / Me ha tapiado sin salida cargándome de cadenas; / por más que grito “Socorro” , se hace sordo a mi súplica; me ha cerrado el paso con sillares y ha retorcido mis sendas.

CANTO: ¿Hasta cuándo…

2-           En España, la valla que separa Marruecos de la Ciudad Autónoma de Melilla, está provista de unos objetos cortantes llamados concertinas que provocan graves lesiones en los inmigrantes africanos que, huyendo de las guerras y la miseria intentan saltarla para llegar a nuestro país.

LECTURA: Isaías II 50, 4-8 Tercer cántico del siervo

Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, / para saber decir al abatido una palabra de aliento. / Cada mañana me espabila el oído, / para que escuche como los iniciados. /El Señor me abrió el oído:/ yo no me resistí ni me eché atrás:/ ofrecí la espalda a los que me apaleaban, / las mejillas a los que mesaban mi barba; / no me tapé el rostro ante ultrajes y salivazos. / El señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes;/, por eso endurecí el rostro como pedernal,/ sabiendo que no quedaría defraudado./ Tengo cerca a mi defensor, ¿ quién pleiteará contra mí?

CANTO: ¿Hasta cuándo…

3-           En Rusia, el Presidente Vladimir Putin aprobó en junio de 2013 una ley que prohíbe la propaganda de las relaciones sexuales no tradicionales. La ley define como propaganda todas aquellas manifestaciones públicas sobre relaciones con personas del mismo sexo. Desde la aprobación de la ley, la violencia homófoba ha experimentado un crecimiento vertiginoso.

LECTURA: Salmo 13

¿Hasta cuándo, Señor, seguirás olvidándome,/ hasta cuándo me esconderás tu rostro?/ ¿ Hasta cuándo he de estar cavilando/ con el corazón apenado todo el día?/ ¿ Hasta cuándo va a triunfar mi enemigo?/ Atiende y respóndeme, Señor, Dios mío;/ sigue dando luz a mis ojos,/ líbrame del sueño de la muerte;/para que no diga mi enemigo:” Le he podido”,/ ni se alegre mi adversario de mi fracaso./ Pues yo confío en tu lealtad,/mi corazón  se alegra con tu salvación/ y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho.

CANTO: ¿Hasta cuándo…

4-           En España, según el Informe de Cáritas, el riesgo de pobreza entre los niños menores de 18 años se situó en 2012 en el 29,9%, casi 9 puntos por encima de la media de la Unión Europea.

LECTURA:Hebreos 5, 7-10

Jesús, en lo días de su vida mortal, ofreció oraciones y súplicas, a gritos y con lágrimas, al que podía salvarlo de la muerte; y Dios lo escuchó, pero después de aquella angustia, Hijo y todo como era. Sufriendo, aprendió a  obedecer y así consumado, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que lo obedecen a él, pues Dios lo proclamó sumo sacerdote en la línea de Melquisedec.

CANTO: ¿Hasta cuándo…

5-           En Siria, tras tres años de conflicto han muerto más de 150.000 personas un tercio de ellas civiles.

LECTURA: Crucifixión y muerte de Jesús según san Mateo

Por el camino se encontraron con un hombre de Cirene, llamado Simón, y le obligaron a que cargara con la cruz de Jesús. Cuando llegaron al lugar que se llama Gólgota (o Calvario), o sea, «calavera», le dieron a beber vino mezclado con hiel. Jesús lo probó, pero no lo quiso beber.. Allí lo crucificaron y después se repartieron entre ellos la ropa de Jesús, echándola a suertes. Luego se sentaron a vigilarlo. Encima de su cabeza habían puesto un letrero con el motivo de su condena, en el que se leía: «Este es Jesús, el rey de los judíos.»  También crucificaron con él a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda.

 Los que pasaban por allí lo insultaban; movían la cabeza y decían: «¡Vaya! ¡Tú que destruyes el Templo y lo levantas de nuevo en tres días! Si eres el Hijo de Dios, líbrate del suplicio y baja de la cruz.» Los jefes de los sacerdotes, los jefes de los judíos y los maestros de la Ley también se burlaban de él. Decían: «¡Ha salvado a otros y no es capaz de salvarse a sí mismo! ¡Que baje de la cruz el Rey de Israel y creeremos en él!  Ha puesto su confianza en Dios. Si Dios lo ama, que lo salve, pues él mismo dijo: Soy hijo de Dios.»  Hasta los ladrones que habían sido crucificados con él lo insultaban.

 Desde el mediodía hasta las tres de la tarde todo el país se cubrió de tinieblas. A eso de las tres, Jesús gritó con fuerza: Elí, Elí, lamá sabactani, que quiere decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Al oírlo, algunos de los presentes decían: «Está llamando a Elías.» Uno de ellos corrió, tomó una esponja, la empapó en vinagre y la puso en la punta de una caña para darle de beber. Los otros le decían: «Déjalo, veamos si viene Elías a salvarlo.»  Pero nuevamente Jesús dio un fuerte grito y entregó su espíritu.

En ese mismo instante la cortina del Santuario se rasgó de arriba abajo, en dos partes. La tierra tembló, las rocas se partieron, los sepulcros se abrieron y resucitaron varias personas santas que habían llegado ya al descanso. Estas salieron de las sepulturas después de la resurrección de Jesús, fueron a la Ciudad Santa y se aparecieron a mucha gente. El capitán y los soldados que custodiaban a Jesús, al ver el temblor y todo lo que estaba pasando, se llenaron de terror y decían: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.».

SILENCIO: “Erbarme dich mein Gott” (Misericordia, Señor)

ADORACIÓN DE LA CRUZ.

ORACIÓN: Señor, Dios Padre bueno, Tú que estabas sosteniendo a Jesús, tu Hijo Amado, en la oscuridad de su noche en la cruz, ayúdanos a confiar en ti en el dolor y a sostener a nuestros hermanos que sufren por Jesucristo Nuestro Señor: Amén

CANTO FINAL: Nada te turbe

 

 

“A TI LEVANTO MIS OJOS”
Texto: SALMO 121
Música: MIGUEL MANZANO
Versión Original.

Intro: mim la mim

lam7 RE7 SOL7+ mim
A ti levanto mis ojos, __
lam6 SI7 mim
a ti, que habitas en el cielo,
lam7 RE7 SOL7+ mim
a ti levanto mis ojos, __
lam6 SI7 mim
porque espero tu misericordia.

mim lam6
1. Como están los ojos de los esclavos
SI7 mim
fijos en las manos de sus señores,
FA#7
así están nuestros ojos en el Señor
SI7 mim
esperando su misericordia.
 

 

2. Como están los ojos de la esclava
fijos en las manos de sus señora,
así están nuestros ojos en el Señor,
esperando su misericordia.

3. Misericordia, Señor, misericordia,
que estamos saciados de burla,
misericordia, Señor, misericordia,
que estamos saciados de desprecio.

4. Nuestra alma está saciada
del sarcasmo de los satisfechos;
nuestra alma está saciada
del desprecio de los orgullosos.

 

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2014-10-11 Celebracion ecumenica de la Palabra Shema Israel

Palabra de acogidaBienvenidos todos, hermanos, a esta contemplación de la Palabra; parece que la palabra es apenas escuchada, oída distraídamente las más de la veces.
Pero yo os propongo una contemplación más que una escucha, la Palabra es el Verbo de Dios, y en esta sociedad en que todo es ruido estridente, palabras vacías, música de relleno,  cuesta escuchar, todos queremos hablar, hablamos a la vez, nos interrumpimos unos a otros, pero es en el silencio en que se oye la Palabra, estamos sordos, tenemos oídos y no oímos, como tenemos ojos y no vemos.
Os invito al silencio, a la escucha, a la contemplación de lo que pasa al lado de nosotros, de la suave brisa en que esta Dios.
 
Shemá Israel, Deuteronomio 6,4
 
“Oye, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor.
Ama al Señor, tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.
Graba en tu mente todas las cosas que hoy te digo,
ensénaselas continuamente a tus hijos; 
háblales de ellas tanto en casa como en camino,
cuando te acuestes y cuando te levantes.”

 
Palabra del Antiguo Testamento.
La Creación por la Palabra Génesis 1, 1ss
“En el comienzo de todo, Dios creó el cielo y la tierra.
la tierra no tenia entonces forma alguna;
todo era un mar profundo cubierto de oscuridad,
y el espíritu de Dios se movía sobre las aguas.
 
Dios dijo “Haya luz!”
 
Y hubo luz. Al ver que la luz era buena, la separó de la oscuridad
y la llamó “día,” y a la oscuridad la llamó “noche”.
De este modo se completó el primer día.
 
…Así fue, y vio Dios que todo lo que había hecho era bueno, muy bueno.”
 
Palabra en San Pablo.  Gálatas 3, 22-29 Todos sois hijos de Dios.
“Hermanos,
La Escritura presenta al mundo entero prisionero de pecado, para que lo prometido se dé por la unión en Jesucristo a todo el que cree en él.
Antes de que llegara la fe, estábamos prisioneros, custodiados por la ley, esperando que la ley se manifestase.
Así, le ley fue nuestra niñera, hasta que llegara Cristo y Dios nos aceptara por la fe.
 
Una vez que la fe ha llegado, ya no estamos sometidos a la ley, porque todos somos hijos de Dios por la fe en Cristo Jesus.
Los que os habéis incorporado a Cristo por el bautismo, os habéis revestido de Cristo.
 
Ya no hay distinción entre
 judíos y gentiles.
esclavos y libres,
hombres y mujeres,
homosexuales y heterosexuales
porque todos sois uno en Cristo Jesus.
 
Y si sois de Cristo, sois descendencia  de Abraham
y herederos de su promesa.”
 
Palabra del Evangelio.  Juan 1,1ss
En el principio era la Palabra.
 “Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.
Al principio estaba junto a Dios.
Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra
y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.
En ella estaba la vida,
y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en las tinieblas,
y las tinieblas no la recibieron.
Apareció un hombre enviado por Dios,
que se llamaba Juan.
Vino como testigo,
para dar testimonio de la luz,
para que todos creyeran por medio de él.
Él no era la luz,
sino el testigo de la luz.
La Palabra era la luz verdadera
que, al venir a este mundo,
ilumina a todo hombre.
Ella estaba en el mundo,
y el mundo fue hecho por medio de ella,
y el mundo no la conoció.
Vino a los suyos,
y los suyos no la recibieron.
Pero a todos los que la recibieron,
a los que creen en su Nombre,
les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. 
Ellos no nacieron de la sangre,
ni por obra de la carne,
ni de la voluntad del hombre,
sino que fueron engendrados por Dios.
Y la Palabra se hizo carne
y habitó entre nosotros.
Y nosotros hemos visto su gloria, 
la gloria que recibe del Padre como Hijo único,
lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él, al declarar:
"Este es aquel del que yo dije:
El que viene después de mí
me ha precedido,
porque existía antes que yo".
De su plenitud, todos nosotros hemos participado
y hemos recibido gracia sobre gracia:
porque la Ley fue dada por medio de Moisés,
pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.
Nadie ha visto jamás a Dios; 
el que lo ha revelado es el Hijo único,
que es Dios y está en el seno del Padre.”
 
 
 
Momentos de escucha en el silencio 10’
 
Palabras de los Santos en Jesus.
 
Peticiones, Bendiciones, Agradecimientos.
 
Padrenuestro:
 
 
Oración Comunitaria: 
  Amén.
 
Bendición Mutua.
 
Que el Señor nos bendiga y nos guarde, nos muestre su Rostro, tenga misericordia de nosotros y nos conceda la paz. Amen.
 

2014-11-08 Culto Ecuménico " La casa de mi amigo"

Crismhom - ICM Pan de Vida  Sabado 8 de Noviembre 2014 Culto Ecuménico de la Palabra:  La casa de mi amigo

.- Introducción al culto y preludio.

(Celebrante)Los cristianos construimos templos para dar culto a Dios. Pero esos templos no tienen sentido si no apuntan hacia el Cuerpo de Cristo animado por su Espíritu. Dios está presente, en primer lugar, allí donde está el pueblo cristiano reunido con su fe, esperanza y amor. Nosotros somos la Iglesia, y por la gracia de Dios nosotros hacemos la Iglesia; somos sus piedras vivas para la construcción. Cuando venimos al templo, expresamos que somos el nuevo pueblo vivo de Dios que construye nuestras vidas en Cristo.

Recordar, hermanos y hermanas, que este lugar es santo, porque el Señor está aquí con nosotros.   Recordemos que nosotros mismos estamos llamados a ser santos ya que somos templo de Dios.  Que el Señor, Jesús, esté siempre con vosotros. (Todos/as) Y con tu espíritu.

 

2.- Invocación.

(C) Te alabamos y te bendecimos, Dios de Vida.

(T)  Bendícenos con tu presencia cada día de nuestra vida.

(C) Te vimos y te sentimos en la historia, siempre cercano a tu pueblo.

(T) Dios, esté presente en nuestras historias, en nuestras comunidades, haciéndote parte de nuestras vidas.

(C)Con amor y misericordia cuidaste, condujiste, animaste y sostuviste a tus hijos e hijas por muchas generaciones.

(T)  Cuídanos y anímanos también a nosotros, úsanos para hacer visible tu paz, justicia y verdad.                

(C)Sabemos que nos amas, y que gracias a ti, nuestras faltas son perdonadas. Enséñanos a servirte a ti y a la gente desde lo profundo de nuestros corazones.

(T) Gracias por el sacrificio que has hecho por nosotros, Señor. En ti somos perdonados y nos salvamos.

(C) Pidámosle a Dios fortaleza para continuar mejorando en el camino de nuestra vida cristiana. (breve silencio)

3.- Himno 

4. Salmo 45

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,

poderoso defensor en el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,
y los montes se desplomen en el mar.

El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.
Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora.

El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra:
pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe.

 

5.- La Palabra. (lectores/as)

 

1ª Lectura:  Ezequiel (47,1-2.8-9.12)

(Lector/a) Palabra de Dios. (Todos/as) Te alabamos, Señor.

2ª Lectura:Corintios (3,9c-11.16-17)

(L) Palabra de Dios. (T) Te alabamos, Señor.

Evangelio:Juan (2,13-22)

(L) Palabra del Señor. (T) Gloria a Ti, Señor Jesús.

6.- Reflexión y Ecos de La Palabra. (entre todos/as)

*Abrimos un espació de silencio y reflexión para que todos juntos y de forma breve podamos compartir lo que las lecturas de hoy nos inspiran.

 

7.- Confesión de Fe.

(Compendio en Credo Apostólico de M.L.)

(C)Tras escuchar la Palabra, y a quien le sea posible, puestos en pié confesemos nuestra fe.

(T) CREO que Dios me ha creado a mi juntamente con las demás criaturas... Por tanto, estoy obligado a darle gracias por todo, ensalzarle, servirle y obedecerle.

(T) CREO en Jesucristo, verdadero Dios, engendrado del Padre en la eternidad... que me ha redimido a mí.

(T) CREO que el Espíritu Santo me ha iluminado en sus dones y me ha santificado y guardado mediante la verdadera fe... Esto es ciertamente la verdad. Amen.

 

8.- Doxología.

(C) Te damos gracias siempre y en todo lugar, Dios todopoderoso...

 

9.- Acción de Gracias.

 

(C)San Pablo, en su Primera epístola a los Tesalonicenses (1 Tes. 5:18), nos dice lo siguiente: “Manteneos en constante acción de gracias, porque esto es lo que Dios quiere de vosotros como cristianos.” Sumándonos a lo que nos enseña San Pablo, abrimos un espacio para dar gracias en voz alta por todo lo que Dios a obrado en nuestras vidas.

10.- La Paz.

11.- Comunión Espiritual.

*Cada uno de forma individual y en silencio puede recitar esta oración u otra personal.

Creo, Jesús mío, que estás en el Sacramento de la Eucaristía: Te amo y deseo. Ven a mi corazón. Te abrazo; no te apartés nunca de mí. Amen.

 

12.- Peticiones Universales.

(C) Oremos a Jesús, Señor nuestro...

(C)…En tus muchos nombres oramos. (T) Amen.

13.- ???? ?? Padre Nuestro ?? ?? ?? (entre todo/as)

(T) Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros, venga tu reino; hágase tu voluntad; así en la tierra como en el cielo. El pan, danos hoy, nuestro pan de cada día; perdónanos nuestras ofensas, así como nosotros, perdonamos a quién nos ofende. Y no nos dejes caer en tentación, y líbranos del mal, Amén. Y tuyo, es el reino, y el poder. La gloria, es tuya, eternamente. Amén.

14.- Avisos.

15.- Oración Comunitaria. (entre todo/as)

(T)  Señor Jesucristo, imploramos tu protección e intercesión ante el Padre por toda la comunidad LGTB, por todas aquellas personas que no se aceptan a sí mismas, que sufren en soledad, son perseguidas por su orientación sexual o su identidad de género y que no son comprendidas, ni aceptadas en su entorno más cercano. También te damos gracias y te pedimos por Crismhom y por ICM Pan de Vida, para que juntos construyamos tu Reino y seamos luz y faro en nuestra comunidad LGTB de Madrid. Amén.

16.- Bendición final. (entre todo/as)

(T) Que el Señor nos bendiga y nos guarde, nos muestre su Rostro, tenga misericordia de nosotros y nos conceda la paz. Amen.

 

 

2015 Celebración ecuménica de la palabra

2015-01-10 Celebración Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos

Esta celebración de la palabra tuvo lugar el sábado 10 de enero de 2015 a las 20:30h en Barbieri 18. Es una celebración preparatoria de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos que tendrá lugar del 18 al 25 de enero. Contó con la presencia de Juan Larios, pastor de la Comunidad Cristiana La Esperanza de Alcorcón, perteneciente a la IERE (Iglesia Española Reformada Episcopal de comunión Anglicana). Esta comunidad recibió el premio Arco Iris CRISMHOM 2013, por su carácter inclusivo acogedor y abierto a la realidad LGTB.

Viaje, sol abrasador, cansancio, sed … «Dame de beber». Este es el deseo de todo ser humano. Dios, que se hace hombre en Cristo (Juan 1, 14) y se vacía a sí mismo para compartir nuestra humanidad (Filipenses 2, 6-7), es capaz de decirle a la mujer samaritana: «Dame de beber» (Juan 4, 7). Al mismo tiempo, este Dios que sale a nuestro encuentro nos ofrece el agua viva: «el que beba del agua que yo quiero darle, nunca más volverá a tener sed sino que esa agua se convertirá en su interior en un manantial capaz de dar vida eterna» (Juan 4, 14). Consejo Nacional de Iglesias Cristianas de Brasil (CONIC)

 

 

 

Celebración de la palabra

 

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos

Viaje, sol abrasador, cansancio, sed … «Dame de beber». Este es el deseo de todo ser humano. Dios, que se hace hombre en Cristo (Juan 1, 14) y se vacía a sí mismo para compartir nuestra humanidad (Filipenses 2, 6-7), es capaz de decirle a la mujer samaritana: «Dame de beber» (Juan 4, 7). Al mismo tiempo, este Dios que sale a nuestro encuentro nos ofrece el agua viva: «el que beba del agua que yo quiero darle, nunca más volverá a tener sed sino que esa agua se convertirá en su interior en un manantial capaz de dar vida eterna» (Juan 4, 14). 

 

Canto: Busca el silencio, ten alerta el corazón, calla y contempla.

 

INTRODUCCIÓN

M: En el nombre de nuestro Señor Jesucristo sea luz y paz.

C: Amén.

M: Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, sea alabado el nombre del Señor.

C: Sea el nombre del Señor bendito desde ahora y para siempre.

M: ¡Oh Dios, cuyo nombre es bendito desde la salida del sol hasta su ocaso! Llena de ciencia nuestros corazones y abre nuestros labios en tu alabanza, para que como eres bendito con el debido honor por todos los siglos, así seas alabado de oriente a occidente por todas las naciones.

C: Amén.

 

CONFESIÓN

 

Canto: En mi debilidad, me haces fuerte, en mi debilidad, me haces fuerte. Sólo en tu amor, me haces fuerte, sólo en tu vida, me haces fuerte, en mi debilidad, te haces fuerte

en mí.

 

M: Hermanos muy amados: Reconociendo con sinceridad lo lejos que estamos de haber cumplido fielmente la voluntad del Señor, humillémonos en su presencia y con un corazón arrepentido, confesemos todas nuestras faltas, seguros de que Él escuchará nuestras súplicas.

C: Dios misericordioso; confesamos que hemos pecado contra ti, por pensamiento, palabra y obra; por lo que hemos hecho y lo que hemos dejado de hacer. No te hemos amado con todo el corazón; no hemos amado a los demás como a nostros mismos. Sincera y humildemente nos arrepentimos. Ten piedad de nosotros: perdona lo que hemos sido, corrige lo que somos y dirige lo que seremos; así tu voluntad será nuestra alegría y andaremos por tus caminos, para gloria de tu Nombre. Por Jesuscrito, nuestro Salvador. Amén.

M: Dios todopoderoso tiene misericordia de vosotros y os perdona los pecados por medio de Jesucristo; os santifica y os da la vida eterna por el poder del Espíritu Santo. Amén.

C: Dios tenga también de ti misericordia, perdone tus pecados por medio de Jesucristo y te dé la vida eterna por el poder del Espíritu Santo. Amén.

M: El Señor sea siempre con vosotros.

C: Y con tu espíritu.

 

Canto: En mi debilidad

 

LECTURAS BÍBLICAS

 

Efesios 4, 1-17: Yo, que estoy preso por causa del Señor, les ruego que vivan como es digno del llamamiento que han recibido, y que sean humildes y mansos, y tolerantes y pacientes unos con otros, en amor. Procuren mantener la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz. Así como ustedes fueron llamados a una sola esperanza, hay también un cuerpo y un Espíritu, un Señor, una fe, un bautismo, y un Dios y Padre de todos, el cual está por encima de todos, actúa por medio de todos, y está en todos. Pero a cada uno de nosotros se nos ha dado la gracia conforme a la medida del don de Cristo.

 

Canto: Canta aleluya al Señor, canta aleluya al Señor. Canta aleluya, canta aleluya, canta aleluya al Señor.

 

Juan 4, 1-42: Se enteró Jesús de que los fariseos supieron que cada vez aumentaba más el número de sus seguidores y que bautizaba incluso más que Juan, aunque de hecho no era el mismo Jesús quien bautizaba, sino sus discípulos. Así que salió de Judea y regresó a Galilea. Y como tenía que atravesar Samaría, llegó a un pueblo de esa región llamado Sicar, cerca del terreno que Jacob dio a su hijo José. Allí se encontraba el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se sentó junto al pozo. Era cerca de mediodía.

 

Y en esto que llega una mujer samaritana a sacar agua. Jesús le dice: «Dame de beber». Los discípulos habían ido al pueblo a comprar comida. La mujer samaritana le contesta: «¡Cómo! ¿No eres tú judío? ¿Y te atreves a pedirme de beber a mí que soy samaritana?» (Es que los judíos y los samaritanos no se trataban). Jesús le responde: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: "dame de beber", serías tú la que me pedirías de beber, y yo te daría agua viva».«Pero Señor —replica la mujer—, no tienes con qué sacar el agua y el pozo es hondo. ¿Dónde tienes esa agua viva? Jacob, nuestro antepasado, nos dejó este pozo, del que bebió él mismo, sus hijos y sus ganados. ¿Acaso te consideras de mayor categoría que él?» Jesús le contesta: «Todo el que bebe de esta agua volverá a tener sed; en cambio, el que beba del agua que yo quiero darle, nunca más volverá a tener sed sino que esa agua se convertirá en su interior en un manantial capaz de dar vida eterna». Exclama entonces la mujer: «Señor, dame de esa agua; así ya no volveré a tener sed ni tendré que venir aquí a sacar agua».

 

Jesús le dice: «Vete a tu casa, llama a tu marido y vuelve acá». Ella le contesta: «No tengo marido». «Es cierto —reconoce Jesús—; no tienes marido. Has tenido cinco y ese con el que ahora vives no es tu marido. En esto has dicho la verdad». Le responde la mujer: «Señor, veo que eres profeta. Nuestros antepasados rindieron culto a Dios en este monte; en cambio, ustedes los judíos dicen que el lugar para dar culto a Dios es Jerusalén». Jesús le contesta: «Créeme, mujer, está llegando el momento en que, para dar culto al Padre, ustedes no tendrán que subir a este monte ni ir a Jerusalén. Ustedes los samaritanos rinden culto a algo que desconocen; nosotros sí lo conocemos ya que la salvación viene de los judíos. Está llegando el momento, mejor dicho, ha llegado ya, en que los verdaderos adoradores rendirán culto al Padre en espíritu y en verdad, porque estos son los adoradores que el Padre quiere. Dios es espíritu, y quienes le rinden culto deben hacerlo en espíritu y en verdad». La mujer le dice: «Yo sé que el Mesías (es decir, el Cristo) está por llegar; cuando venga nos lo enseñará todo». Jesús, entonces, le manifiesta: «El Mesías soy yo, el mismo que está hablando contigo».

 

En ese momento llegaron los discípulos y se sorprendieron al ver a Jesús hablando con una mujer; pero ninguno se atrevió a preguntarle qué quería de ella o de qué estaban hablando. La mujer, por su parte, dejó allí el cántaro, regresó al pueblo y dijo a la gente: «Vengan a ver a un hombre que me ha adivinado todo lo que he hecho. ¿Será el Mesías?» Ellos salieron del pueblo y fueron a ver a Jesús.

 

Mientras tanto, los discípulos le insistían: «Maestro, come». Pero él les dijo: «Yo me alimento de un manjar que ustedes no conocen». Los discípulos comentaban entre sí: «¿Será que alguien le ha traído comida?» Jesús les explicó: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo sus planes. ¿No dicen ustedes que todavía faltan cuatro meses para la cosecha? Pues fíjense: los sembrados están ya maduros para la recolección. El que trabaja en la recolección recibe su salario y recoge el fruto con destino a la vida eterna; de esta suerte, se alegran juntos el que siembra y el que hace la recolección. Con lo que se cumple el proverbio: "Uno es el que siembra y otro el que cosecha". Yo los envío a ustedes a recolectar algo que no han labrado; otros trabajaron y ustedes se benefician de su trabajo».

 

Muchos de los habitantes de aquel pueblo creyeron en Jesús movidos por el testimonio de la samaritana, que aseguraba: «Me ha adivinado todo lo que he hecho». Por eso, los samaritanos, cuando llegaron a donde estaba Jesús, le insistían en que se quedara con ellos. Y en efecto, se quedó allí dos días, de manera que fueron muchos más los que creyeron en él por sus propias palabras. Así que decían a la mujer: «Ya no creemos en él por lo que tú nos has dicho, sino porque nosotros mismos hemos escuchado sus palabras, y estamos convencidos de que él es verdaderamente el salvador del mundo».

 

 

CREDO APOSTÓLICO

M: Hermanos, confesemos nuestra fe.

C: Creo en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra. Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra del Espíritu Santo; nació de María Virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los cielos; está sentado a la diestra de Dios, Padre todopoderoso; de donde ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo; en la santa Iglesia Universal, la comunión de los santos, el perdón de los pecados; la resurrección de la carne; la vida eterna. Amén.

M: El Señor sea siempre con vosotros.

C: Y con tu espíritu.

PREDICACIÓN

TIEMPO DE ORACIÓN

ORACIÓN DEL SEÑOR

Padre nuestro, que estás en los cielos: Santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánolo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación, más líbranos del mal, porque tuyo es el reino, y el poder y la gloria, por todos los siglos. Amén.

 

Canto: Qué te puedo dar ¿Qué te puedo dar que no me hayas dado Tú? ¿Qué te puedo decir que no me hayas dicho Tú? ¿Qué puedo hacer por ti? Si yo no puedo hacer nada, si yo no puedo hacer nada si no es por ti, mi Dios.

Todo lo que sé, todo lo que soy, Todo lo que tengo es tuyo. (bis)

OFRENDA: rito de entrada de nuevos socios

RITO DE LA PAZ

ANUNCIOS

BENDICIÓN

M: En el nombre de Jesucristo, nuestro Señor, terminemos con paz. La iglesia del Señor Jesucristo y el amor de Dios y la participación del Espíritu Santo, sea con todos vosotros Amén.

Canto despedida: Llevad la buena noticia, a todo ser que respira y decidles que la paz está dentro de sus vidas, y que ellos paz serán si desparraman amor, a todos los hombres que encuentren, por esos caminos de Dios...

 
Nuevo evento: 
Sáb, 10/01/2015 - 20:30 - 22:00

2015-04-03 VIERNES SANTO ADORACIÓN DE LA CRUZ

                      INTRODUCCIÓN   VIERNES   SANTO   2015

Esta celebración de Viernes Santo, he querido que fuese una oración eminentemente contemplativa, de silencio y meditación ante el misterio del dolor. También de adoración silenciosa de nuestro Dios, que ha querido compartir con nosotros todas las tragedias. Para ello, he elegido una travesía por varios autores del siglo XX, músicos y poetas no necesariamente cristianos, pero que han gritado a Dios, como Jesús en la cruz.

El primero es Francis Poulenc, un músico francés, este sí, cristiano, con el sobrecogedor comienzo de su Stabat Mater. El segundo es Paul Celan, un poeta judío de habla alemana, poeta suicida, que grita a Dios todo el horror del Holocausto. Vamos a escuchar también a Job, que litiga incansablemente contra Dios, porque sabe que el daño que sufre no es fruto de su pecado. Y también una saeta del pueblo gitano, un pueblo que a lo largo de la Historia ha sufrido todo tipo de discriminaciones. Escucharemos también a George Trakl, poeta austriaco, drogadicto, atormentado por el amor incestuoso por su hermana, que se suicidó ante la visión de los horrores del frente en la Primera Guerra Mundial. Y por supuesto, escucharemos la voz de Jesús en su Pasión.

Como cristianos, sabemos que la única respuesta que Dios da al dolor del ser humano, es la entrega a ese mismo sufrimiento por amor. Y que la gloria de Dios, que atraviesa la muerte, se revela al tercer día en resurrección de la carne herida.

 

A D O R A C I Ó N   D E   L A   C R U Z

STABAT MATER  ( F. Poulenc )

Stabat mater dolorosa                              Estaba la madre dolorosa

Justa crucem lacrimosa                           junto a la cruz llorosa

Dum pendebat filius                                de la que pendía su hijo.

TENEBRAE 

Estamos próximos, Señor,

próximos y apresables.

Ya apresados, Señor,

Uno en otro enzarzados, como

si la carne de cada uno de nosotros fuese

tu carne, Señor.

Ora, Señor,

invócanos,

estamos próximos.

Ladeados por el viento íbamos,

caminábamos para inclinarnos

sobre la zanja y la oquedad.

Al abrevadero íbamos, Señor.

Era sangre, era

lo que tú has derramado, Señor.

Brillaba.

Nos arrojó tu imagen a los ojos, Señor.

Los ojos y las bocas tan abiertos están, tan vacíos, Señor.

Hemos bebido, Señor,

la sangre con la imagen que en ella estaba.

Ora, Señor.

Estamos próximos.

 

                                                                                   Paul  Celán

 

SILENCIO ( 10 minutos )

 

 

Jesús llegó con sus discípulos a un huerto que llamaban Getsemaní, y les dijo:

- Sentaos aquí, mientras yo me voy allí a orar.

Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a entristecerse y a angustiarse. Entonces les dijo:

- Me muero de tristeza. Quedaos aquí y estad en vela conmigo.

Adelantándose un poco, cayó rostro en tierra y se puso a orar diciendo:

- Padre mío, si es posible, que se aleje de mí ese trago. Sin embargo, no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.

 

                                                                             Mateo 26, 36-39

SILENCIO (10  minutos )

 

“ …Una sombra soy yo lejos de oscuras aldeas.

 Silencio de Dios

Bebí en la fuente del bosque.

Frío metal huella mi frente.

Arañas buscan mi corazón.

Hay una luz que se apaga en mi boca…”

 

                                                                               George Trakl

 

SILENCIO ( 10 minutos )

 

Vivía yo tranquilo cuando me trituró

me agarró por la nuca y me descuartizó, hizo de mí su blanco:

cercándome con sus saeteros

me atravesó los riñones sin piedad y derramó por tierra mi hiel,

me abrió la carne brecha a brecha

y me asaltó como un guerrero.

 

Me he cosido un sayal sobre el pellejo

y he hundido en el polvo mi hombría;

tengo la cara enrojecida de llorar

y la sombra me vela los párpados;

aunque en mis manos no hay violencia

y es sincera mi oración.

 

                                                                        Job 16, 12-17

 

SILENCIO( 10 minutos )

SAETA AL CRISTO DE LOS GITANOS

¿Quién me presta una escalera para subir al madero

Para quitarle los clavos a Jesús el Nazareno?

Al llegar el mediodía toda aquella tierra quedó en tinieblas hasta media tarde. A media tarde gritó Jesús muy fuerte:

- Eloí, Eloí lemá sabaktani (  que significa: “ Dios mío, Dios mío ¿ por qué me has abandonado?”)

Algunos de los presentes, al oírlo,decían:

- Mira, está llamando a Elías.

Uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña y le dio de beber diciendo:

- Dejadlo, a ver si viene Elías a descolgarlo.

Pero Jesús, lanzando un fuerte grito, expiró, y la cortina del santuario se rasgó en dos, de arriba abajo.

El capitán, que estaba frente a él, al ver que había expirado dando aquel grito, dijo:

- Verdaderamente este hombre era hijo de Dios.  

                

                                                                            Marcos  15, 33-39 

 

SILENCIO( 10 minutos )

 

PADRE  NUESTRO

 

CANTO FINAL: Nada Te Turbe

( 4 veces )     

2016 Celebración de la palabra y cultos ecuménicos

2016-01-09 Celebración de la palabra: El bautismo del Señor

El sábado 9 de enero tuvo lugar esta celebración de la palabra conducida por Jesús. Se celebró en torno al bautismo de Jesús. Herman@s, Sed bienvenidos a esta celebración de oración, de acción de gracias y de alabanza al Señor, por el año que empezamos 2016. Juntos en nuestra casa común, en la comunidad, queremos decir a Jesus encarnado todo nuestro amor toda nuestra gratitud, nuestra acción de gracias y alabanza por el don de la vida y cuantas gracias recibiremos durante este año. También queremos pedirle perdón al Señor, pues no siempre corresponderemos a su gran amor, y reconocemos que necesitamos su misericordia.

 
 
Celebración de la Palabra: El Bautismo del Señor 
 
1.-BIENVENIDA – INTRODUCCIÓN (Liturgo)
 
Herman@s, Sed bienvenidos a esta celebración de oración, de acción de 
gracias y de alabanza al Señor, por el año que empezamos 2016. Juntos en 
nuestra casa común, en la comunidad, queremos decir a Jesus encarnado todo 
nuestro amor toda nuestra gratitud, nuestra acción de gracias y alabanza por el 
don de la vida y cuantas gracias recibiremos durante este año. 
 
También queremos pedirle perdón al Señor, pues no siempre corresponderemos 
a su gran amor, y reconocemos que necesitamos su misericordia. 
 
Nos sentimos pequeños y vulnerables, y ante Jesus, hecho niño, con sencillez le 
suplicamos su ayuda, para comenzar este año con entusiasmo renovado; con 
una determinación de ser mejores, mas fieles a su amor, queriendo vivir este 
año desde la misericordia, para con todos y especialmente con los más 
cercanos y necesitados de entre nosotros. 
 
Somos conscientes de que el tiempo pasa y corre muy deprisa, y con el también 
nuestra vida y ante, un nuevo año que se nos abre en el horizonte, no queremos 
que el tiempo, la vida, sin vivirla en su plenitud. 
 
Por esto queremos “pararnos” en el tiempo y alabar, dar gracias al Señor, y 
reflexionar para así mejor vivir el tiempo bajo la mirada de Dios, en profundidad, 
verdad y libertad. 
 
Dispongámonos a acoger la vida y vivirla en toda su plenitud. 
 
 
2.- CANTO/HIMNO (Tod@s) 
 
Tu eres el Dios, la luz que nos ilumina, la mano que nos sostiene, y el techo 
que nos cobija. 
 
Y sacaremos con gozo del manantial de la vida, las aguas que dan al 
hombre, las fuerzas que resucitan. 
 
Entonces proclamaremos: ¡Cantadle con alegría! ¡El nombre de Dos es 
grande, su caridad infinita! 
 
¡Que alabe al Señor la tierra, contadles sus maravillas! ¡Que grande en 
media del pueblo, el Dios que nos justifica! 
 
3.- LECTURAS 
 
Isaias 43,1-4. 6-7 (Lector/a) 
 
Salmo 28 (Tod@s) 
 
Hijos de Dios, aclamad al Señor, 
aclamad la gloria del nombre del Señor, 
postraos ante el Señor en el atrio sagrado. 
 
La voz del Señor sobre las aguas, 
el Señor sobre las aguas torrenciales. 
La voz del Señor es potente, 
la voz del Señor es magnífica. 
 
El Dios de la gloria ha tronado. 
En su templo un grito unánime: “¡Gloria!” 
El Señor se sienta por encima del aguacero. 
el Señor se sienta como rey eterno. 
 
Hechos de los Apóstoles 10, 34-38 (Lector/a) 
 
Lucas 3,15-16 16.21-22 (Lector/a) 
 
 
4.- REFLEXIÓN COMUNITARIA (Tod@s) 
 
Quien lo desee puede hacer una intervención o decir unas palabras 
personales, peticiones, acciones de gracias ...
 
5.-CONFESIÓN DE FE 
 
Adaptación del “Credo por la Paz”, elaborado por Martin Luther King. 
 
Hoy, en la noche del mundo, con la esperanza de la Buena Nueva, 
afirmo con audacia mi fe en el porvenir de la Humanidad. 
 
Rechazo la idea de que en las actuales circunstancias las personas 
estén incapacitadas para hacer un Mundo mejor. 
 
Rechazo la opinión de quienes consideran que las personas estamos 
prisioneras de la guerra, el racismo, la homofobia, y que nunca podremos 
llegar a la realidad luminosa de paz y fraternidad. 
 
Rechazo la predicción según la cual los pueblos descenderán uno tras 
otro por el torbellino del militarismo hasta el infierno de la destrucción. 
 
Creo que la verdad y el amor sin condiciones tendrán efectivamente la 
última palabra, pues la vida es siempre más fuerte que la muerte. 
 
Creo firmemente que aun en medio de las bombas que estallan y los 
cañones que truenan, permanece la esperanza de un mañana de paz y 
justicia. 
 
Tengo el coraje de creer que un día todos los habitantes de la Tierra 
tendrán derecho a tres comidas por día, a la educación y la cultura para 
la salud de su espíritu, a la igualdad y la libertad para la vida de sus 
corazones. 
 
Creo igualmente que un día toda la humanidad reconocerá en Dios la 
fuente del amor, que la bondad salvadora y pacífica será algún día la 
Ley, que el lobo y el cordero reposarán juntos, que toda persona se 
sentará bajo su higuera en su propia viña y que nadie tendrá motivo para 
tener miedo. 
 
Creo firmemente que obtendremos la victoria.

2016-03-05 Celebración comunitaria del perdón y la reconciliación

En este camino cuaresmal, hoy nos reunimos como comunidad para recibir la fuerza de Jesús. Una fuerza que se manifiesta en nuestra debilidad, que nos levanta y nos grita ¡VIVE!, la fuerza de su amor que nos posibilitará celebrar las fiestas de la Pascua, donde junto a toda la Iglesia reconoceremos a Cristo vivo y resucitado en su palabra y en la fracción del pan, proclamaremos nuestra fe en la Resurrección y renovaremos nuestras promesas bautismales, por las cuales estamos llamados y posibilitados a vivir como hombres y mujeres nuevos.Vivamos con ilusión esta celebración, en la cual por el sacramento del perdón, seremos reconciliados con Dios y con nuestros hermanos.

canto

 

saludo del celebrante

La gracia y la paz de Dios Padre y de Jesucristo, el Señor, que se entregó a SÍ mismo a la muerte, por nuestros pecados, este con todos vosotros.

 

  • Y con tu espíritu

oración

Cel.: Oremos hermanos y hermanas, para que con Dios, que nos llama a la conversión, nos conceda la gracia de una verdadera y fructuosa penitencia.

 

(Todos oran durante algunos momentos. Luego, el sacerdote recita la siguiente plegaria.)

 

Cel.: Dios Padre Bueno, que nos has reunido en nombre de tu Hijo para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilie. Abre nuestros ojos para que descubramos el mal que hemos hecho; mueve nuestro corazón, para que, con sinceridad, nos convirtamos a ti; para que, restaurado tu amor en nosotros, resplandezca en nuestra vida la imagen de tu Hijo que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

  • Amén

Canto

 

 

Liturgia de la palabra

 

Lectura del Santo Evangelio según S. Juan.

 

En aquel tiempo Jesús se retiró al monte de los olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo y todo el pueblo acudía a Él y sentándose, les enseñaba.

Los letrados y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio y colocándola en medio, le dijeron: - Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en fragante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras: tú ¿qué dices?

Le preguntaron esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo. – El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra. E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.

Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo unos a uno, empezando por los más viejos, hasta el último. Y quedó solo Jesús y la mujer en medio, de pie. Jesús se incorporó y le preguntó: - Mujer, ¿dónde están tus acusadores?, ¿Ninguno te ha condenado?

Ella contestó: - Ninguno Señor.

Jesús dijo: - Tampoco yo te condeno. Anda y en adelante no peques más.

  • Palabra del Señor

 

 

homilía

 

 

confesión general de los pecados

 

Cel.: Recordando hermanos y hermanas la bondad de Dios, nuestro padre, confesemos como comunidad nuestros pecados.

 

Señor, como miembro de esta comunidad, te pido perdón por mis pecados personales. Los que cometí de pensamientos, sentimientos, emociones, actos; todas las cosas erradas que hice.

Te pido perdón, Señor, por todas las palabras erradas que dije, palabras falsas, ofensivas, que hirieron a nuestras hermanas y hermanos y que no fueron convenientes.

Te pido perdón por todas mis omisiones; por todas las cosas que debía hacer y no hice, por no haber orado como debía, por no interceder cómo debía, por no vigilar cómo debía, por no hablar cuando debía, por no callarme cuando debía,… finalmente Señor, todas mis omisiones.

Te pido perdón por toda mi malicia, maldad, falsedad, hipocresía… de todo mi pecado, Señor. Tú sabes de la sinceridad de mi corazón.

Digo sinceramente, delante de Ti: rompo con el pecado. No quiero pecar, Señor. Digo “no” al pecado.

Ahora asumo la autoridad espiritual que no es mía, pero que tú me diste, sobre mi comunidad. Asumiendo esta autoridad espiritual, digo:

Perdón Señor, por los pecados de la comunidad que me diste. Los asumo sobre mí, como tú asumiste sobre ti los pecados de tu pueblo y los de la familia, que el Padre te dio. Tú fuiste hasta la cruz y derramaste Tu Sangre por esta familia.

Señor, te pido perdón por todos los pecados de pensamientos, de juicios, de palabras, de sentimientos, de emociones que – por mi culpa o sin mi culpa –mi comunidad cometió.

Te pido también perdón por todas las omisiones de mi comunidad. Por todo aquello que mis hermanas y hermanos queridos, hicieron ofendiendo tu Corazón, disgustando e hiriendo a los demás.

Hoy rompemos con el pecado, ya no queremos seguir este camino. Yo y mi comunidad, ya no queremos ser una “hija apóstata”. Ya no queremos quedarnos vagando por caminos errados, por los caminos de la tentación, resbalando en el pecado y dando apertura a él.

Sabemos de nuestra fragilidad, Señor, pero firmes en la fe, firmes en tu poder, en el poder de tu cruz, hacemos esta proclamación: “Mi comunidad y yo rompemos con el pecado”. Mi Señor y mi Dios, lávanos ahora con tu Sangre preciosa. Lava toda mi comunidad a todos aquellos que bondadosamente me diste.

  • Amén 

 

 

 

padre Nuestro (cantado)

 

Oh Dios, que has dispuesto los auxilios que necesita nuestra debilidad: Concédenos recibir con alegría los frutos de tu perdón y mantenerlos con una vida santa.

 


 

confesión y absolución individual

Soy pecador

Soy pecador Señor y vengo ante Ti porque tienes manos que levantan, ojos que atraen y acogen, palabras que regeneran. Señor vengo ante Ti con la alegría de quien puede confiar y salir del frío de la noche. Vengo ante Ti Señor porque tengo donde arrojarme, donde cobijarme, tengo una casa donde entrar, un Dios que me vuelve feliz. Porque puedo volver a decir: «Padre no soy digno, pero regreso para decirte de nuevo: ¡Padre!»

(Canto y tiempo de silencio)

¿Dónde estás?

 

Señor, como siempre tomé el camino fácil y corrí a esconderme entre los árboles, lejos de tu vista, lejos de la verdad. Pero sonaron tus palabras en el silencio de mi corazón cansado. -¿Dónde estás? -Estoy aquí, Señor. Fui donde Tú me dijiste que no entrara; fui para levantarme un pedestal y hacerme yo mismo dios. Fui y sólo tengo vacías las manos. Pero Tú has vuelto a hablar y has ido a buscarme. Aquí estoy Señor, de vuelta, para ir donde Tú me mandes y hacer caminos nuevos porque hoy reconozco que Tú eres mi Dios y mi Señor.

(Canto y tiempo de silencio)

Acéptanos como somos

 

No has venido, Señor, para juzgar, sino para buscar lo que estaba perdido; para liberar a quien está aprisionado por la culpa y el temor, y para salvarnos, cuando el corazón nos acusa. Acéptanos como somos: con nuestro pasado de pecado y lo del mundo, con nuestra infidelidad al amor actual. Tú eres mayor que nuestro corazón y nuestra maldad e infidelidad. Tú eres el creador de un futuro nuevo, un Dios de amor hasta la eternidad. Acéptanos, Dios, como somos.

(Canto y tiempo de silencio)

Desde el desierto

 

Señor, desde el desierto de nuestras tentaciones elevamos nuestro corazón para que nos eches una mano. Sentimos hambre de tener cosas y más cosas, ayúdanos a alimentarnos del pan de tu Palabra para que te sintamos cerca. Sentimos también el deseo de mandar sobre los demás. Danos tu Espíritu que nos haga capaces de servirte sólo a Ti y a los que están