2018-10-11: Nuestra Historia con Dios

Nuestra Historia con Dios                           
                 
Hoy me vais a permitir que  hable de mí. Como muchos sabéis me acabo de jubilar después de más de 35 años trabajando de ginecóloga en el Hospital de Móstoles. Es un episodio importante en una biografía. Desde los 6 años en que entré en el colegio, casi todos los días de mi vida me he levantado por las mañanas con una obligación de estudio o de trabajo que ha ocupado gran parte de mi tiempo. Desde ahora, eso ya no es así. Es una experiencia que da un poco de vértigo y que te hace volver la vista atrás para contemplar lo que ha sido tu vida. Y dentro de esa vida, me encuentro con mi historia con Dios. Recuerdo que ya desde mis siete años yo sentía una atracción muy fuerte hacia lo que yo llamaba “ser buena“. Pero ser buena en un país en el que las enseñanzas religiosas eran las del nacionalcatolicismo de Franco, no era algo tan obvio. En mi interior me rebelaba contra esas enseñanzas, su mojigatería, su hipocresía, su tenebrismo. Afortunadamente, Dios me guardaba y hacia los 17 años conocí a un sacerdote que me reveló una visión de Dios y de Jesús y su Buena Noticia, completamente diferente y que era la que intuía mi corazón. Viví una época de inmensa alegría, pero al casarme, tener hijos y empezar el contacto con la vida laboral llena de zancadillas, envidias y deshonestidad, se me vino todo abajo. Me enamoré de otra persona, tuve una crisis matrimonial y personal muy profunda, me separé de mi marido y abandoné la fe durante 22 años.
 
Dios me guardaba y tras el fracaso dolorosísimo de mis expectativas amorosas, después de 9 años, mi marido y yo volvimos a vivir juntos. Poco a poco, con sabiduría y amor, Dios me trajo de nuevo a la fe, a una fe más madura, más serena y sobre todo mucho más confiada en el inmenso amor del Padre.
 
Hoy, que se abre ante mí esta nueva etapa, sé que estoy llamada a nacer de nuevo, a dejarme transformar por el amor de Dios y llevar a donde él quiera llevarme. Con esta oración, quiero ponerme en sus manos e invitaros a todos a hacer lo mismo y, también a agradecer esa historia con Dios que todos tenemos y que es tan buena para nosotros.
 
Canto. Nada nos separará.
Nada nos separará,
nada nos separará, 
nada nos separará,
del Amor de Dios.
 
Así habla la gran filósofa y mística Simone  Weil:
- Este poema lo he aprendido de memoria y a menudo, en el momento culminante de las violentas crisis de dolor de cabeza, me he dedicado a recitarlo poniendo en él toda mi atención y abriendo mi alma a la ternura que encierra. Creía repetirlo solamente como se repite un hermoso poema, pero, sin que yo lo supiera, esa recitación tenía la virtud de una oración. Fue en el curso de una de esas recitaciones cuando Cristo mismo descendió y me tomó.

Recemos juntos este poema/oración:
“El Amor me acogió, mas mi alma se apartaba,
culpable de polvo y de pecado.
Pero el Amor que todo lo ve, observando
mi entrada vacilante
se acercó hasta mí, diciéndome con dulzura:
¿hay algo que eches en falta?
Un invitado, respondí, digno de encontrarse aquí.

Tú serás ese invitado, dijo el Amor.
¿Yo, el malvado, el ingrato?¡Ah, mi amado!
yo no puedo mirarte.

El Amor tomó mi mano y replicó sonriente:
¿quién ha hecho esos ojos sino yo?.

Es cierto, señor, pero yo los ensucié; que mi vergüenza
vaya donde se merece.

¿Y no sabes, dijo el Amor, quién ha tomado sobre sí la culpa?
¡Mi amado! Entonces, podré quedarme…

Siéntate, dijo el Amor, y degusta mis manjares.
Así que me senté y comí. “
 

Canto. Nadie te ama como yo.
Cuánto he esperado este momento,
cuánto he esperado que estuvieras así,
cuánto he esperado que me hablaras,
cuánto he esperado que vinieras a mí.
Yo sé bien lo que has vivido,
yo sé bien lo que has llorado,
yo sé bien lo que has sufrido,
pues de tu lado no me he ido.
 
Pues nadie te ama como Yo,
Pues nadie te ama como Yo.
Mira la cruz,
esa es mi más grande prueba,
nadie te ama como Yo.
Pues nadie te ama como Yo,
Pues nadie te ama como Yo,
Mira la cruz,
fue por ti, fue porque te amo...
Nadie te ama como Yo.
 
Yo sé bien lo que me dices,
aunque a veces no me hables.
Yo sé bien lo que en ti sientes,
aunque nunca lo compartes.
Yo a tu lado he caminado,
junto a ti Yo siempre he ido,
aún a veces te he cargado,
Yo he sido tu mejor amigo.
Pues nadie te ama...
 
LECTURAS.
-El anónimo salmista canta en este poema la dulzura y la belleza de su relación con Dios.
 
Salmo 23
El Señor es mi pastor: nada me falta;
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.

Me guía por el sendero justo haciendo honor a su nombre,
aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo porque tú vas conmigo,
tu vara y tu cayado me sosiegan.

Me preparas una mesa frente a los enemigos,
me unges la cabeza con perfume, mi copa rebosa.

Tu bondad y lealtad me siguen, toda la vida, y
y habitaré en la casa del Señor por años sin término.
 
-Jesús nos habla del valor incomparable de la presencia de Dios en nuestra vida para todo aquél que ha tenido la inmensa gracia de descubrirlo.
 
Mt 13, 44-46
Se parece el reinado de Dios a un tesoro escondido en el campo; si un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y de la alegría va a vender todo lo que tiene y compra el campo aquel.

Se parece también el reinado de Dios a un comerciante que buscaba perlas finas; al encontrar una perla de gran valor fue a vender todo lo que tenía y lo compró.
 
-Y la experiencia de Pablo.
 
Gal 2, 19-21
Lo que es yo, estando bajo la Ley morí para la Ley, con el fin de vivir para Dios. Con el Mesías quedé crucificado y ya no vivo yo, vive en mi Cristo; y mi vivir humano de ahora es un vivir de la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí.
 
Canto. Nadie te ama como yo...
 
ORACIÓN DE CHARLES DE FOUCAULD
Padre mío,
me abandono a Ti.
Haz de mí lo que quieras.
Lo que hagas de mí te lo agradezco;
estoy dispuesto a todo,
lo acepto todo,
con tal que Tu voluntad se haga en mí
y en todas tus criaturas;
no deseo nada más, Dios mío.

Pongo mi vida en Tus manos.
Te la doy, Dios mío,
con todo el amor de mi corazón,
porque te amo,
y porque para mí amarte es darme,
entregarme en Tus manos sin medida,
con infinita confianza,
porque Tu eres mi Padre.

SILENCIO

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PADRE NUESTRO

ORACIÓN COMUNITARIA.
Señor Jesucristo, imploramos tu protección e intercesión ante el Padre por toda la comunidad LGTBI, por todas aquellas personas que no se aceptan a sí mismas, que sufren en soledad, son perseguidas por su orientación sexual o su identidad de género y que no son comprendidas, ni aceptadas en su entorno más cercano. También te damos gracias y te pedimos por Crismhom, para que juntos construyamos tu Reino y seamos luz y faro en nuestra comunidad LGTBI de Madrid. Amén.
 
BENDICIÓN.
El Señor nos bendiga y nos guarde, nos muestre su rostro y tenga misericordia de nosotros, vuelva su rostro a nosotros y nos conceda la paz. El Señor nos bendiga, hermanas y hermanos. Amén.
 
Canto. NADIE TE AMA COMO YO