2019-06-16 “El Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad plena”

Domingo de la Trinidad. 

Concluido el ciclo anual de los tiempos litúrgicos, adviento-Navidad (la espera del nacimiento de Jesús por la promesa hecha por el Padre y la encarnación de su Hijo); cuaresma y semana santa-Pascua (pasión, muerte y resurrección de Jesús); y los cincuenta días o Pentecostés (entrega del don del Espíritu Santo). Y después de haberse manifestado la salvación que ha venido de Dios Padre, del Hijo y del Espíritu, hoy celebramos y damos gracias a las tres Personas en esta fiesta de la Trinidad.

El evangelio de la fiesta de hoy, tomado de san Juan, nos introduce en el misterio de la Trinidad, misterio ya existente antes de todos los tiempos, pero que Jesús enseña hoy a los discípulos.El texto es un fragmento del gran discurso de Jesús pronunciado poco antes de su pasión. Hace referencia al Espíritu, en comunión con el Padre y el Hijo, como el que guiará y anunciará la verdad completa a los discípulos después de la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

Este fragmento tiene tres pequeñas partes: a) Jesús anuncia a los discípulos que aún les quedan cosas por saber que todavía no eran capaces de sobrellevar ni de comprender; b) Jesús hace referencia al Espíritu Santo como el Espíritu de la verdad; c) Jesús, ocupando un lugar central al hablar de sí mismo, se relaciona con el Padre, al que presenta como dueño de todas las cosas, pero que lo comparte con Jesús, y con el Espíritu, que recibe de ambos y lo anuncia. Por tanto, Jesús afirma que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo para guiar, anunciar y glorificar. Y confirma y nos promete su consoladora presencia para darnos a conocer lo que está por venir. Es el gran protagonista del tiempo de la Iglesia.

El Espíritu se caracteriza por acompañar, sustentar y reconfortar a su pueblo, como hace una madre con sus hijos, según Dios lo había prometido (Is 66,12-13). De hecho, la promesa de la presencia del Espíritu nos llena de vida y de ánimo, y nos sumerge en la vida trinitaria: El Espíritu toma lo que es del Padre y del Hijo y lo comparte/anuncia. Al hacerlo, glorifica al Padre y al Hijo.

San Juan en otro pasaje presentaba a Jesús como “el camino, la verdad y la vida” (Jn 14, 6), y también denomina al Espíritu Santo el Espíritu de la verdad. Es el Espíritu de la verdad no solamente porque procede del Padre, sino también porque es el Espíritu de Cristo, en quien descubrimos el carácter mismo de Dios. Así como Jesús nos ha comunicado en su vida y en sus palabras el carácter de Dios Padre y con el cual todo lo comparte, el Espíritu “toma” lo de Dios Padre y Dios Hijo, y lo comparte con nosotras y nosotros. El Espíritu no obra “por su propia cuenta” sino en comunión e interacción con el Hijo y el Padre, y eso nos infunde confianza, porque con el Espíritu vivimos lo mismo que con Jesús hemos experimentado: la ternura, la compasión y el compromiso de Dios con la humanidad.

El Espíritu también nos acompaña y nos guía en la verdad de Dios, hasta que lleguemos al punto de poder “sobrellevar” lo que queda por revelarse y que de otro modo nos sobrepasaría. Nuestro Defensor y Abogado, el Espíritu de la verdad, además de acompañarnos en nuestro presente, nos abre perspectivas que nos permiten avanzar hacia el futuro, nos “hará saber las cosas que habrán de venir”. No es que el Espíritu nos otorgue algún tipo de facultad adivinatoria. Más bien, nos permite discernir, ante las dimensiones de la vida, cómo proceder con fidelidad por el camino de Jesús.

¿Cómo hemos de responder como seguidores y seguidoras de Jesús, y como comunidades eclesiales, a los desafíos de nuestro tiempo? Un objetivo fundamental de la vida cristiana es “vivir en el Espíritu”, sentirse habitados por él, dejarse conducir por él. El Espíritu, con su guía, nos hará conocer la verdad completa acerca de Jesús. La “verdad completa” es un itinerario espiritual personal y comunitario. El Espíritu Santo así nos lo anuncia. Nunca faltará a la comunidad lo necesario para discernir los pasos a seguir por el camino de Jesús.

Otro detalle destacado en el evangelio de hoy es que Jesús se dirige a sus discípulos como “vosotros”, los discípulos de entonces, y los de hoy, que desde entonces también somos interpelados por la llamada del Espíritu. El seguimiento de Jesús empezó con aquellos discípulos que dieron origen al nacimiento de la Iglesia, y hoy continúa. Cuando Jesús nos dice “vosotros”, nos indica además cómo ha de ser nuestra norma de vida, la esencia del discípulo: recibir de Jesús para anunciar y ofrecerlo a los demás.

El mejor secreto para poder sobrellevar las dificultades de cada etapa de la vida, así como para mejor cargar con el peso de la realidad que a veces puede con nosotros, es dejarnos sostener por el Espíritu. Al igual que Jesús, el Espíritu se compromete íntima y concretamente con el mundo para dar a conocer el poder transformador del amor del Dios trino, cuya gloria y alegría es que su creación sea transfigurada por la gracia y tenga vida abundante. Dios, en sus tres personas, está siempre presente y no nos abandona en medio de los retos del presente y del futuro.

                                                                      Ricardo Rodríguez Villalba, pbro.

Evangelio según san Juan (16, 12-15)

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará.