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2018-08-16: Al cielo con Ella

AL CIELO CON ELLA
Hoy te contemplamos asunta a los cielos y al mismo tiempo, junto a nosotros. seguimos acudiendo a ti los peregrinos de la existencia, en las encrucijadas de los caminos. ¡Cómo consuela saber que Tú nos miras con tus ojos grandes llenos de misericordia, abogada nuestra!
 
MONICIÓN DE ACOGIDA
 
Señora del cielo, hoy la Iglesia te contempla colmada de gloria y te invoca como a quien ha sido bendecida por Dios con toda clase de bienes espirituales y celestiales.
¿Dónde está aquella joven nazarena, que se sobrecogió ante la presencia del ángel Gabriel? Hoy te contemplo Reina de los Ángeles.

Tú eres la misma que respondiste al enviado del cielo: “He aquí la esclava del Señor”, y te has convertido en la bendita entre todas las mujeres, la bienaventurada, la gloriosa, la exaltada a la derecha del Rey del universo, tu Hijo.

Tú cantaste ante tu prima Isabel que Dios había mirado tu humildad, y hasta tu humillación. Tú fuiste la esposa del carpintero de Nazaret, la madre de Jesús, el Galileo, el Hijo de Dios, y en verdad eres la Madre de Dios, la Madre del Cristo total, la Madre de la Iglesia.

Jesucristo, tu Hijo, Verbo de Dios, tomó de ti nuestra naturaleza, y ahora es quien te toma en sus brazos y te asciende a lo más alto del cielo. En verdad Dios levanta al pobre y al desvalido y lo sienta entre príncipes. A la vez, te encomendó que no nos abandonaras, y te puso como medianera de gracia, intercesora nuestra ante Dios. Tú eres la auxiliadora de todos los cristianos, la madre de todos los hombres.

Hoy te contemplamos asunta a los cielos y al mismo tiempo, junto a nosotros. No te has desclasado; seguimos acudiendo a ti los peregrinos de la existencia, desde los distintos valles de lágrimas, especialmente en los momentos de prueba, en las encrucijadas de los caminos. ¡Cómo consuela saber que Tú nos miras con tus ojos grandes llenos de misericordia, abogada nuestra!

El pueblo de Dios intuyó desde muy pronto tu destino glorioso, y lo percibió por la fragancia que se extendió por el valle de Josafat, en Jerusalén, antes de tu asunción, según algunos relatos muy antiguos. Hoy al oler a tomillo, y a romero, mejorana, espliego, cantueso, brezo, ajedrea… que esparcen en algunos pueblos por las calles, cuando te llevan en procesión, evoco el olor a santidad que Dios ha derramado en la creación entera, y tú eres la Señora de todo lo creado.

Santa María, ruega ante tu Hijo por quienes aún caminamos sobrecargados con el peso de nuestra fragilidad, para que un día gocemos al contemplar su rostro amado y el tuyo, Virgen bendita, y para que no olvidemos que somos ciudadanos del cielo.
 (Ángel Moreno, de Buenafuente)

A LA ASUNCIÓN DE MARÍA (G. Diego)
¿Adónde va, cuando se va, la llama?
¿Adónde va, cuando se va, la rosa?
¿Adónde sube, se disuelve airosa,
hélice, rosa y sueño de la rama?
 
¿Adónde va la llama, quién la llama?
A la rosa en escorzo ¿quién la acosa?
¿Qué regazo, qué esfera deleitosa,
qué amor de Padre la alza y la reclama?
 
¿Adónde va, cuando se va escondiendo
y el aire, el cielo queda ardiendo, oliendo
a olor, ardor, amor de rosa hurtada?
 
¿Y adónde va el que queda, el que aquí abajo,
ciego del resplandor se asoma al tajo
de la sombra transida, enamorada?
 
LA ASUNCIÓN DE MARÍA (G. Mazarrasa)
 
Dónde estás, dónde estás,
dónde se posa tu pie al andar,
Mujer de fuego y olor a azahar,
dónde estás, dónde estás.
 
Dónde vas, dónde vas,
cuando respiras brisa del mar,
dónde acaricia el viento tu faz,
dónde vas, dónde vas.
 
Dónde bebes el agua,
dónde comes el pan,
dónde te llega el alma,
dónde te acuestas a descansar.
 
Dónde irás, dónde irás,
dónde te puedo yo ahora buscar,
tras de tu estela me has de llevar,
dónde irás, dónde irás.
 
Dónde más, dónde más,
Mujer primera en la eternidad,
glorificada tu carne ya,
dónde más, dónde más.
 
Dónde te llega el alba,
dónde comes el pan,
dónde bebes el agua,
dónde te acuestas a descansar.
 
Dónde estás, dónde estás,
Mujer de fuego y olor a azahar,
Asunta al cielo para rogar,
dónde estás, dónde estás, dónde estás.
 
LECTURA: Un lugar reservado por Dios (Ap 11,19a;12,1.3-6a.10ab)
 
Se abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario apareció el arca de su alianza. Después apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas. Apareció otra señal en el cielo: Un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas. Con la cola barrió del cielo un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra. El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar a luz, dispuesto a tragarse el niño en cuanto naciera. Dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios. La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar reservado por Dios.

Se oyó una gran voz en el cielo: «Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo.»
 
SALMODIA: SALMO 44
 Me brota del corazón un poema bello,
recito mis versos a un rey;
mi lengua es ágil pluma de escribano.
 
Eres el más bello de los hombres,
en tus labios se derrama la gracia,
el Señor te bendice eternamente.

Cíñete al flanco la espada, valiente:
es tu gala y tu orgullo;
cabalga victorioso por la verdad y la justicia,
tu diestra te enseñe a realizar proezas.
Tus flechas son agudas,
los pueblos se te rinden,
se acobardan los enemigos del rey.
 
Tu trono, oh Dios, permanece para siempre,
cetro de rectitud es tu cetro real;
has amado la justicia y odiado la impiedad:
por eso el Señor, tu Dios,
te ha ungido con aceite de júbilo
entre todos tus compañeros.
 
A mirra, áloe y acacia huelen tus vestidos,
desde los palacios de marfiles
te deleitan las arpas.
Hijas de reyes salen a tu encuentro,
de pie a tu derecha está la reina,
enjoyada con oro de Ofir.
 
Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna;
prendado está el rey de tu belleza:
póstrate ante él, que él es tu señor.
La ciudad de Tiro viene con regalos,
los pueblos más ricos buscan tu favor.
 
Ya entra la princesa, bellísima,
vestida de perlas y brocado;
la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes,
la siguen sus compañeras:
las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real.
 
«A cambio de tus padres, tendrás hijos,
que nombrarás príncipes por toda la tierra».
Quiero hacer memorable tu nombre
por generaciones y generaciones,
y los pueblos te alabarán
por los siglos de los siglos.
 
Todos: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos, Amén.
 
MARÍA DE JESÚS (G. Mazarrasa)
Eres más que el mar,
la gota de rocío en el arenal,
la flor nacida en medio del pedregal
a fuerza de esperanza, fe y caridad,
así eres Tú, María de Jesús.
 
Siento una vez más
tu mano dirigiendo mi caminar,
tus ojos encendiendo mi oscuridad,
tu Corazón de Madre latiendo está
junto a la cruz, María de Jesús.

Llévame hasta Él
y esconde mi lucero
en su amanecer,
aviva en mi alma el fuego
de su querer
y apagaré mi sed.

Dame de beber
la Sangre del Cordero
que fue a nacer
del Seno Inmaculado
de Ti, Mujer,
de noche, allá en Belén.

Sólo una vez más
dirige mi sendero hasta ese portal
y encierra mi camino en su caminar,
para borrar las huellas de todo mal
danos tu luz, María de Jesús.

Soy como el cristal
que deja cada día la luz pasar
y enciende claridades
por donde va,
soy como luna llena para brillar,
así soy yo, la Madre del Señor.

En la oscuridad
acude a mi regazo para llorar,
que yo sé de consuelos
y de humildad
y enciendo amor
y vida de eternidad,
así soy yo, la Madre del Señor.

Llévame hasta Él
y esconde mi lucero
en su amanecer,
aviva en mi alma el fuego
de su querer
y apagaré mi sed.

Dame de beber
la Sangre del Cordero
que fue a nacer
del Seno Inmaculado de Ti, Mujer,
de noche, allá en Belén.

Sólo una vez más
dirige mi sendero hasta ese portal
y encierra mi camino en su caminar,
para borrar las huellas de todo mal
danos tu luz, María de Jesús (bis).
 

LECTURA: Dichosa tú, que has creído (Lc 1, 39-56)

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre.

Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»

María dijo:
 
[TODOS]
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
 
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
 
El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
 
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.
 

“De hoy en adelante me felicitarán todas las generaciones”, canta María. ¿Qué significa llamar a María, la humilde virgen, bendita o bienaventurada? Significa nada más y nada menos que estamos llenos de admiración, y que queremos adorar la maravilla (Jesús) que el Espíritu cultivó en su seno; que interpretamos desde ella que Dios mira a la humilde sierva y la alza a la altura; que la venida de Dios a este nuestro mundo no busca lo alto sino lo profundo; que la gloria de Dios consiste en hacer grande lo que es pequeño. Llamar a María bienaventurada significa que, junto con ella, meditamos con admiración los caminos de Dios, que deja al Espíritu soplar donde quiere; obedecerle y decir humildemente con María: “Hágase en mí según tu palabra.”                      (Bonhoeffer)

 

SALMODIA: MADRE DEL NUEVO MUNDO (P. Casaldáliga)
Estamos otra vez en el Principio
y nace el mundo, nuevo, del seno de tu Gracia,
hermosamente grande y sin fronteras.
 
¡Que callen los profetas fatídicos! Cabemos
todos juntos, hermanos, en la mesa que el Padre ha abastecido.
¡Que calle todo miedo, para siempre!

Los átomos dispersos se engarzarán, sumisos, en tu manto;
y el cielo, descubierto en mil caminos,
se hará pista a tus viajes de ida y vuelta
-de Dios hasta los hombres-¡nostalgia nuestra, Asunta!
 
Dios llega al aeropuerto de la Historia;
a tiempo en todo Tiempo, el heredado pulso de tu sangre.
Los sellos del Concilio acuñan tu figura sobre la piel lavada de la Iglesia,
y llega una corona de voces alejadas, en pleamar dichosa,
al pie de tu Misterio...
 
Estamos otra vez en el Principio y ha empezado tu era:
¡por derecho de Madre tú patentas la luz amanecida!
 
[Todos]: GLORIA AL PADRE…
 
LECTURA: Por Cristo, todos volverán a la vida (1Cor 15, 20-27a)
Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza. Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Porque Dios ha sometido todo bajo sus pies.
 
Solo amando intensamente,
solo escuchando a Dios y su Palabra,
solo aceptando a Jesús en el corazón,
y sirviendo delicadamente a los demás,
encontraremos los caminos para vivir alegremente.

No nos engañemos a nosotros mismos,
ni nos dejemos engañar por otros.

Muchos nos prometen la felicidad con recetas muy pobres y baratas.
Nos hablan de la comodidad, de la seguridad y del dinero.

Algunos creerán que la alegría
es vivir huyendo de los sufrimientos,
o la confundirán con la carcajada sin sentido.

Si queremos ser felices,
vamos a preguntar a María
por qué ella está alegre y salta de gozo.

La respuesta nos la ha dado en esta Celebración de hoy:
el amor y el servicio, ayudan a sonreír y estar alegres.
Madre de la alegría,
danos la confianza de que Jesús vive entre nosotros.

Quítanos el miedo
y haznos trabajar por la Paz y la Justicia,
de manera que todos en este mundo, podamos vivir alegres y felices.

Lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
 
TIEMPO DE REFLEXIÓN Y ORACIÓN PERSONAL  

TIEMPO DE ALABANZA, DE PETICIONES, DE ACCIÓN DE GRACIAS
(desde la propia vida, hablando con cariño y escuchando con respeto)
 
PADRENUESTRO
Como cristianos que somos profesamos a Dios nuestra confianza, creemos en Él, esperamos en Él, y deseamos formar parte de su reino, por eso todos unidos elevamos nuestra oración diciendo:
Padre Nuestro…
 
ORACIÓN COMUNITARIA
Señor Jesucristo: imploramos tu protección e intercesión ante el Padre por toda la comunidad LGTBI, por todas aquellas personas que no se aceptan a sí mismas, que sufren en soledad, son perseguidas por su orientación sexual o su identidad de género y que no son comprendidas, ni aceptadas en su entorno más cercano.
También te damos gracias y te pedimos por Crismhom, para que juntos construyamos tu Reino y seamos luz y faro en nuestra comunidad LGTBI de Madrid. Amén.
 
BENDICIÓN FINAL
Que el Señor nos bendiga y nos guarde, nos muestre su rostro,
tenga misericordia de nosotros y nos conceda la paz. Amén.

MAGNÍFICAT (G. Mazarrasa)
El Señor hizo en mí maravillas;
santo es su Nombre. (bis)
 
Engrandece mi alma
al Señor, mi Dios,
mi espíritu se alegra
en mi Salvador
porque ha puesto los ojos
en mi humillación
y dichosa me dicen
por los siglos.
 
Su misericordia
en cada generación
se derrama sobre los que temen,
pero a los soberbios en su corazón
los dispersa la fuerza de su brazo.
 
Derribó de sus tronos
a los potentados
y ensalzó a los humildes;
a los pobres y hambrientos
los colmó de bienes
despidiendo a los ricos.
 
Acogió a Israel,
su humilde siervo,
acordándose de su misericordia
en favor de Abraham
y todos sus hijos,
todo lo prometido por los siglos.

 

 
 
 
 

 

 

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