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2019-09-22 “El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel”

25º Domingo del TO

En este domingo y el próximo leemos el capítulo 16 de san Lucas, que versa sobre la posesión injusta de la riqueza. Jesús propone para su enseñanza una parábola que utiliza como soporte las prácticas económicas comunes en Palestina. 

La parábola del administrador injusto nos puede parecer extraña porque alaba la sagacidad de un hombre deshonesto. Acusado de derrochar los bienes de su amo, está a punto de ser despedido y necesita actuar para garantizarse el futuro antes de quedar sin empleo. Para ello plantea una hábil estrategia. Decide rebajar la cantidad de la deuda de cada uno de los acreedores de su amo, renunciando a la posible comisión que cobraba como administrador. Los administradores no recibían en Palestina un sueldo por su gestión sino que vivían de la comisión que cobraban, poniendo intereses desorbitados a los acreedores. En este caso, el administrador resuelve el problema y se gana la confianza de aquéllos al renunciar a su comisión. Actuando de esta manera, el administrador no lesiona los intereses de su amo. El meollo de la parábola está en que este empleado renuncia a las prácticas económicas habituales, perdiendo su comisión injusta, pero con miras a garantizarse su futuro. El amo alaba la hábil estrategia de aquel “administrador de lo injusto”, calificativo que se da en el evangelio de Lucas al dinero que se posee con codicia o desmesura, pues su acumulación posesiva es resultado de la injusticia o lleva a ella.

Una de las expresiones que hace que esta parábola resulte algo enigmática es la exhortación “ganaos amigos con el dinero de iniquidad, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas”. Probablemente esta frase se refiere a la astucia del administrador para obtener el favor o la amistad de sus deudores al reducirles las deudas injustas. Jesús demuestra que finalmente el administrador hizo verdadera justicia cuando los nuevos recibos escritos por los deudores reflejan cantidades menores, más justas, de las que originalmente se prestaron. Ganaos amigos ante el dinero de injusticia para que cuando os falte os reciban en las moradas eternas quiere decir no la posesión de dinero injusto, sino una advertencia contra la corrupción y sus consecuencias. Si hemos sido honrados ante la injusticia, a pesar de que no hayamos tenido beneficio, todos nos alabarán, también en la vida eterna.

Esta denuncia de Jesús iba dirigida contra los fariseos, amigos del dinero, como podremos leer en los versículos siguientes de este evangelio. Los dichos sobre la fidelidad contra la riqueza injusta, la fidelidad en lo poco y en lo mucho, así como la referencia a la fidelidad en la administración de las cosas ajenas, sirven para ilustrar la importancia de una escala de valores adecuada y en consonancia con los valores del reino. La administración del dinero en las nacientes comunidades cristianas debía estar al servicio del bien común, especialmente por justicia con los pobres. Sólo compartiendo y distribuyendo con justicia se revela el verdadero sentido de la fidelidad a Dios.

El aforismo final no podéis servir a Dios y al dinero”, que concluye esta enseñanza de Jesús, explica la imposibilidad de servir a dos señores. El empleado de la parábola es un ejemplo: busca su seguridad y su futuro en su suficiencia económica, en la idolatría de su propio dinero, descuidando al contrario la administración de su amo. En otras palabras, su corazón estaba en el dinero propio y no en los intereses de su amo. Jesús hace extensible este razonamiento a la relación con Dios: no se puede servir a Dios y al dinero; sus dinamismos y proyectos son antagónicos.

Jesús no nos da reglas sobre cómo organizar nuestra sociedad, pero sus parábolas nos presentan la realidad de un Dios que se manifiesta como un cuestionamiento radical de las prácticas económicas, sociales e institucionales que aumentan las diferencias entre las personas. Jesús nos dice que otro mundo es posible. Se trata pues de optar decididamente en medio de un mundo injusto. El dinero puede transformarse en un ídolo que impide el desprendimiento para amar a Dios y al prójimo. La piedra de toque de nuestro amor a Dios es la renuncia a la riqueza injusta. Servir a Dios nos hace libres para servir a los más pobres, mientras que servir o dedicarse al dinero es una esclavitud que domina a la persona y pervierte nuestras relaciones con Dios y con los demás. Nosotras y nosotros, discípulos, hemos de renunciar a toda forma y práctica que lleve a la injusticia y no haga posible la fraternidad. 

                                                                                                                                

                                                                           Ricardo Rodríguez Villalba

 

Evangelio según san Lucas (16, 1-13)

Jesús decía también a sus discípulos: «Un hombre rico tenía un administrador, a quien acusaron ante él de derrochar sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: “¿Qué es eso que estoy oyendo de ti? Dame cuenta de tu administración, porque en adelante no podrás seguir administrando”. El administrador se puso a decir para sí: “¿Qué voy a hacer, pues mi señor me quita la administración? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa”. Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero: “¿Cuánto debes a mi amo?”. Este respondió: “Cien barriles de aceite”. Él le dijo: “Toma tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta”. Luego dijo a otro: “Y tú, ¿cuánto debes?”. Él dijo: “Cien fanegas de trigo”. Le dice: “Toma tu recibo y escribe ochenta”. Y el amo alabó al administrador injusto, porque había actuado con astucia. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su propia gente que los hijos de la luz Y yo os digo: Ganaos amigos con el dinero de iniquidad, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas. El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto. Pues, si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera? Si no fuisteis fieles en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará? Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero».

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