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2019-10-06 “Señor, auméntanos la fe”

27º Domingo del TO

El evangelio de este domingo contiene dos partes bien distintas: un dicho de Jesús sobre la fe y una pequeña parábola referida al carácter incondicional del servicio y la disponibilidad del creyente. Aunque ambas partes no se parecen literariamente, poseen un hilo conductor al tratar la fe como la respuesta que nace del encuentro entre la realidad divina y la realidad humana.

1) El dicho de Jesús responde a una súplica de los apóstoles. “Señor -le dijeron-, auméntanos la fe”. El Señor les dice: “Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: arráncate de raíz y plántate en el mar. Y os obedecería”. Esta frase sigue las reglas lingüísticas en la cultura de Israel, que utilizaban símbolos e imágenes de gran fuerza expresiva para impactar en lectores y oyentes. Es el caso de la morera que se desarraiga y que se implanta en las aguas del mar.

Jesús utiliza la imagen de un prodigio, imposible en la realidad, sólo explicable desde la fe. Jesús quiere referirse no a hechos extraordinarios, ni a una fe cuantitativa que se pueda medir, sino que se refiere a una fe auténtica. Y esta fe puede ocupar el espacio que llena un granito de mostaza. Un grano de mostaza es muy pequeño, tanto como la pequeñez de los discípulos. Pero, por medio de la fe, pueden llegar a ser fuertes, más fuertes que la montaña o el mar.

Jesús nos pide una fe cualitativamente extraordinaria, vivida en lo ordinario, en lo cotidiano del seguimiento. A menudo queremos realizar cosas extraordinarias y llamativas, que den razón de una fe extraordinaria. Pero también olvidamos que lo que Jesús quiere no es una fe extraordinaria, sino que vivamos con fe las cosas cotidianas de la vida. En otras palabras, Jesús nos llama a convertir las cosas ordinarias en cosas extraordinarias, con intensidad, por medio de la confianza y el servicio a la comunidad. Así es -debe ser- la fe del creyente: pequeña, sencilla, pero auténtica. Esa fe que es capaz de las proezas más hermosas: construir la comunidad con los demás, dedicarse a las hermanas y hermanos, facilitar los cambios, remover las estructuras rígidas… No tanto demostrar la fe en cantidad, sino en autenticidad. En el contexto del evangelio, leemos que los apóstoles quizá necesitaban la fuerza de Dios para poder llevar a cabo los consejos dichos por el maestro; pero Jesús está proponiendo no una intervención mágica de Dios, sino abrazar y vivir la confianza en Dios en las cosas cotidianas de la vida, para conseguir, eso sí, efectos sorprendentes. Nosotros sabemos que la fe, creer, nos facilita poder leer los acontecimientos de la historia desde la mirada de Dios mismo; creer es mantener la fidelidad al contenido del mensaje cristiano, a pesar de todas las invasiones ideológicas y a pesar de todos los acontecimientos y cambios sociales; creer es trabajar con empeño y humildad por el reino de Dios, hacer un trabajo sencillo pero con un testimonio lleno de coraje; creer es vivir con la humildad del criado de la parábola.

2) Con la parábola del criado y su señor, Lucas nos presenta la fe vivida como entrega en el servicio, demostrando así que la fe que Jesús pide no es realizar cosas extraordinarias, sino abrazar lo cotidiano de la vida. La parábola es utilizada para explicar la fe puesta en servicio, o lo que es lo mismo, la disposición del creyente ante Dios y en medio de sus hermanas y hermanos. Jesús recurre a las relaciones que mantiene un criado con su amo. Aquel señor de la parábola no tiene que agradecer al esclavo que haya hecho lo que se le ha mandado. Pero ahora en la casa de Dios la fe vivida en el servicio cambia la relación y la dinámica. A pesar de que Jesús pide que reconozcamos: “Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer”, ahora la comunidad de Jesús vive bajo la autoridad de Dios, porque Dios es “el Señor”. Y ahora el criado forma parte de la casa/familia del Dios de Jesús. Además, Jesús nos dijo que el criado una vez que haya servido en las tareas de cada día, podrá reclinarse, comer y beber, tal y como lo ha hecho el “Señor”, el dueño de la casa. Es más, Dios mismo se convertirá en “siervo” y servirá a los miembros de su casa que estén atentos, vigilando y esperando el retorno del amo: “Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; ciertamente, su señor se ceñirá y hará que se sienten a la mesa y vendrá a servirles” (cf. Lc 12, 37). Con esta parábola, Jesús se opone a la mentalidad de los fariseos que pensaban que con el cumplimiento de la ley obligaban a Dios a premiarles por su comportamiento. Sin embargo, Jesús dice que los dones de Dios al siervo fiel no son un derecho que se puede reivindicar, sino un don gratuito.

En resumen, la parábola nos describe la actitud que el creyente debe tener ante Dios: Todo lo que recibimos de él es gracia y toda nuestra vida debe ser una respuesta agradecida a sus dones y no una relación interesada a la búsqueda de favores o dones.

                                                                            Ricardo Rodríguez Villalba                                                                                 

Evangelio según san Lucas (17, 5-10)

Los apóstoles le dijeron al Señor: «Auméntanos la fe». El Señor dijo: «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, y os obedecería. ¿Quién de vosotros, si tiene un criado labrando o pastoreando, le dice cuando vuelve del campo: “Enseguida, ven y ponte a la mesa”?¿No le diréis más bien: “Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú”?¿Acaso tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid: “Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer”».                     

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