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2019-11-03 “Buscar y salvar lo que estaba perdido”

31º Domingo del TO  

El texto de este domingo pone de manifiesto algunas de las características y temas más destacados del evangelio de Lucas: la ternura y la misericordia de Dios con los pecadores, la necesidad de la conversión, y la necesidad de renunciar a las riquezas.

Jesús va al encuentro de Zaqueo, jefe de publicanos y rico. Señalamos tres rasgos importantes: a) "Zaqueo": Jesús llama por su nombre a un hombre odiado por todos por ser jefe de publicanos; b) "Es necesario que hoy me aloje en tu casa": sí, precisamente hoy ha llegado para Zaqueo el momento de la salvación; y c) ¿Por qué "es necesario"? Porque Jesús va a "buscar y a salvar lo que estaba perdido", que es el mensaje de Jesús que resume toda su obra.

Pero el relato deja bien claro que es Jesús quien interpela a Zaqueo para entrar en su casa. La iniciativa está de parte de Jesús. Da la impresión de que Jesús no «pasaba» por casualidad, sino que le estaba buscando. Zaqueo responde a la invitación de Jesús, baja del sicómoro, se pone de pié, y responde con la decisión de repartir la mitad de sus bienes a los pobres y la restitución de lo robado. La presencia de Jesús produce un efecto en el estilo de vida de Zaqueo: se convierte y se hace solidario.

El relato muestra que Jesús se dirige también a los ricos. Nadie está excluido de la llamada a participar en el reino. Pero la llamada de Jesús al rico es la invitación a dejar de serlo, a dejar de acaparar para sí. Es la invitación a abrirse a los pobres, a ser solidario y a compartir con ellos.

El evangelio destaca los atributos de publicano y de hombre rico de Zaqueo. Es decir, su condición de despreciado por la sociedad judía. El reino es también para aquellos que no son bien vistos socialmente. Jesús no excluye a nadie. Si alguien es excluido del reino, es porque ha renunciado al mensaje de Jesús y se excluye a sí mismo.

Todo lo que le pasa a Zaqueo es fruto de la manifestación de la misericordia y la compasión de Dios que perdona y da la fuerza para cambiar. La salvación que llega en la persona de Jesús opera un cambio radical de vida. Con esta actitud, Zaqueo se constituye en prototipo de discípulo, porque nos muestra de qué manera la conversión influye en nuestra relación con nuestras posesiones; y en segundo lugar nos recuerda las exigencias que implica seguir a Jesús.

En resumen, el evangelio nos muestra la alegría de Zaqueo por la conversión: “Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento. La gracia de aquel encuentro imprevisible fue tal que cambió completamente la vida de Zaqueo: "Mira —le dijo a Jesús—, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más". Esta es la transformación de Zaqueo. Cambia su manera de mirar la vida: ya no piensa en sí mismo sino en los demás. Cambia su estilo de vida: hará justicia y compartirá sus bienes con los pobres.

La conversión de Zaqueo es práctica y concreta. Si lo primero que conocíamos de Zaqueo era su estatus de rico, lo último que se nos dice es que pone aquello que lo define al servicio de los pobres. Jesús acaba anunciando la salvación a Zaqueo y a su casa, reconociendo así que también él forma parte del pueblo de Dios, contra los que murmuraban contra él, que lo habían excluido del pueblo judío.

Abrirle las puertas a Jesús significa dejarle que toque nuestro interior, nuestras convicciones, nuestras actitudes, nuestras costumbres. Es ponernos al alcance de su palabra, de su mensaje, de su mirada profunda. Pero también significa aceptar su cariño, su afecto por todos. Jesús nos va a mirar de frente, nos llama por nuestro nombre y nos va a preguntar: ¿Qué haces con tu vida? Miremos hacia dentro de nuestro corazón y descubramos que nuestra vida puede ser renovada. Quizá nos levantemos ante el Señor y le digamos: Aquello que tengo, aquello que soy, aquello que me has regalado, mi vida misma, la reparto entre quienes la necesiten.

                                                                                                Ricardo Villalba                      

 

Evangelio según san Lucas (19, 1-10)

Entró Jesús en Jericó e iba atravesando la ciudad. En esto, un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de ver quién era Jesús, pero no lo lograba a causa del gentío, porque era pequeño de estatura. Corriendo más adelante, se subió a un sicómoro para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y le dijo: «Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa». Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador». Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor: «Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más». Jesús le dijo: «Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».

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