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2020-02-23 “Amad a vuestros enemigos”

7º Domingo del TO

En este domingo continuamos con las enseñanzas del sermón de la montaña. La enseñanza de hoy presenta una particularidad: la propuesta de Jesús frente a la ley antigua se desarrolla a través de cuatro aplicaciones concretas. Estas aplicaciones hacen referencia a la ley del Talión, a partir del dicho «ojo por ojo, diente por diente» (Ex 21, 24). La reacción «automática» cuando alguien recibe un daño es la venganza. La violencia genera siempre violencia y se alimenta a sí misma en una espiral de sufrimiento que se vuelve irrompible. Para evitarlo, la ley del Talión prevé que no se pueda devolver más daño del recibido. Jesús plantea un cambio radical; no hay que responder al mal con un «daño proporcional», sino utilizar el bien para hacer frente al mal.

Ser abofeteado suponía un insulto más que una herida física; pero Jesús dice que ofrecer la otra mejilla voluntariamente desactiva al agresor, porque le hace más vergonzoso: La multa por aquel golpe en la mejilla derecha era el doble de lo que se debía pagar por golpear a alguien en la mejilla izquierda.

Jesús prosigue con unasegunda aplicación, que se centra en la actitud contraria a la de poner pleitos: La Ley prohibía tomar en préstamo la capa (la vestidura exterior), por eso algunos acreedores exigían la vestidura interior (la túnica). Jesús dice que si te piden la túnica como fianza ante un juez, debes dar también el manto.

Una tercera aplicación concreta de la propuesta de Jesús está centrada enno rehuir la prestación personal. Este principio se refiere a las situaciones en que se ordenaba por un oficial militar romano a la población civil llevar una carga por una milla. Jesús propone llevar la carga por el doble de distancia.

Y una cuarta aplicación concreta:"Al que te pide prestado, no lo rehúyas”.

Las respuestas de Jesús a estos actos desbaratan directamente la espiral de violencia y la desmontan por completo. Jesús propone en todos los casos aceptar la vergüenza y dejar que las buenas acciones sean testimonio cristiano frente a la humillación.

La pregunta que surge inmediatamente es ¿cómo es esto posible? Jesús, entonces, lanza su mayor apuesta, su frase más arriesgada: «Amad a vuestros enemigos».

Esta página evangélica se considera la carta magna de la no violencia cristiana, que no consiste en rendirse ante el mal sino en responder al mal con el bien (cf. Rm 12, 17-21), rompiendo de este modo la cadena de la injusticia. Así, se comprende que para los cristianos la no violencia no es un mero comportamiento táctico, sino más bien un modo de ser, la actitud de quien está tan convencido del amor de Dios, que no tiene miedo de afrontar el mal únicamente con el amor y la verdad.

Cuando el evangelio nos propone que amemos a nuestros enemigos, no lo hace por ingenuidad o ignorancia. Es muy consciente de que el único poder capaz de llegar a ese extremo es el poder de Dios. Estamos llamados a amar a nuestros enemigos y a orar por quienes nos persiguen. Debemos estar dispuestos a dialogar con quienes sentimos desconfianza o temor. Esto será difícil de cumplir por nuestros propios medios. El amor a los enemigos constituye el núcleo de la «revolución cristiana», la revolución del amor, un amor que en definitiva no se apoya en los recursos humanos, sino que es don de Dios. Efectivamente, Jesús es consciente de que amar a los enemigos nos resulta imposible si nos planteamos las cosas desde nosotros mismos. Esta es la novedad del evangelio, que cambia el mundo sin hacer ruido.

Jesús por último nos invita a ser «perfectos» como nuestro Padre celestial es perfecto. La perfección que quiere Dios es que amemos como Él ama. Por eso los ejemplos de radicalidad que aparecen son tan difíciles según nuestra perspectiva, pero no según Dios. La expresión “ser perfectos” en este contexto significa crecer hasta la madurez. Si queremos crecer en la fe, debemos estar dispuestos a madurar. Este proceso implicará una nueva manera de vivir. Volver la otra mejilla, entregar la única túnica, caminar pasos extras, amar a los enemigos… Estos son los retos a los que se enfrenta el discípulo de Jesús cuando se compromete a seguirlo. Y más retos que vendrán.

                                                                                                Ricardo Rodríguez Villalba

 

Evangelio según san Mateo (5, 38-48)

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente. Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia; al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos. A quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas. Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto».

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