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Ayer Agustín

Estaba yo ayer, San Agustín, en Argelia, en la playas de   سوق أهراس , cerca de Tagaste y de Hipona. Leyendo mi tableta en la playa, filosofía, teología, teodicea, varios gigas de libros ahí dentro. Veo olas grandes y surfistas.

 

 

 

La investigación, la filosofía me recuerdan a una tuneladora, va perforando la masa buscando la luz de la verdad.  Entre el barro de la perforación aparecen conchas muy antiguas, calaveras que acaban como la de San Jerónimo en el despacho del ingeniero del camino. Al chavalote le ha vencido la ola, me llega primero su tabla y mucho después él, se me acerca.

 

―Hola.

―Hola.

 

―Nos conocimos hace años. ¿Sigues teniendo problemas para comprender lo de la Trinidad?


―No, eso ya lo comprendí. Viendo cómo funcionan las empresas multinacionales. No hizo falta meter toda el agua del mar en un agujero. Ahora mis dudas son otras.

―Te oigo, venga, date prisa que vuelvo a las olas.
 

 

―Allá voy. Nihil sub solem novum: falso. Las experiencias cercanas a la muerte son nuevas porque nunca ha habido equipos de resucitación como ahora, ni medios para comunicar lo que vienen contando. ¿Por qué hay dos mundos? No me refiero a Cielo versus infierno, sino a esto de aquí versus Más Allá. «Todo lo humano es confuso», Fernando Arrabal. También quiero saber por qué los gais estamos un poco mal vistos en la barca de Pedro. Quiero una buena catequesis acerca del pecado original. A pesar de Chesterton creo que es la más insostenible de las verdades de Fe, los aborígenes australianos parecen seguir muy felices. Es menos creíble incluso de eso que nos ríen de embarazadas que no conocían varón o de serpientes que hablaban. También quiero saber por qué los gais nos tratamos tan mal entre nosotros con cinismo y contagios. Nos ponemos precio, y decimos «lo que surja» cuando queremos decir «quiero alguien mejor que yo, joven, guapo, sin grasas y que me mantenga». También quiero saber si en la eternidad o eviternidad podremos cambiar el pasado, desactivar y «cortar el cable rojo» antes de que pasara aquello tan espantoso que pasó. Quiero saber cómo es que somos adictos al significado, al sentido argumental. Quiero saber cuánto libre albedrío tenemos, sin duda mucho menos de lo que nos parece. También quisiera hacer una hoguera con libros de autoayuda para calentar así la calefacción de un orfanato. Quiero estar como público en la gran sala anfiteatro donde se reúnan todos los filósofos de la historia y lleguen a la conclusión final matando de éxito a la disciplina. Quiero saber si había otras emociones posibles [ el ryuxim, la tuibovéb, eso del dordones ] pero no nos las instalaron dentro del cráneo, dijeron que con rabia amor ira aburrimiento miedo apego sorpresa ya teníamos suficientes. Quiero todas las soluciones a todas las ecuaciones posibles, a toda la Teodicea y a la Teoría del Todo que unifica las fuerzas, partículas y galaxias del Universo. Y quiero estar alegre y satisfecho por colmatarme esas respuestas.


¡Ah!

Y como postre, aunque no me he leído ni un tomo de los caballos de troya porque soy esnob, quisiera ver en directo al Jesús histórico  ܝܫܘܥ   que es el mismo de la Fe hablando entre un montón de palurdos oliendo a choto, usando un vocabulario de no más de mil palabras para hacerse entender, público de costras, piojos, cicatrices deformaciones, ojos tuertos y dientes podridos. ¡Estar entre ese público! Gracias por escucharme y seguir mirándome a los ojos desde los tuyos color azul inmaculada, ángel surfista. ¿Ya estás seco? ¿Paro ya? El mar, el agua, simbólicamente, remite a las emociones básicas. Tú surfeas sobre tus propias emociones, juegas con ellas sobre tu tabula rasa.
 


―Me había hecho daño con el golpe de la ola pero ya no me duele.  Tú te sabes la buena noticia de memoria, ¿verdad? Los titulares y la noticia entera, ¿no?

―Sí.

―Dime lo de Juan catorce seis.

―«Yo soy el camino la verdad y la vida» Sobra cualquier palabra investigación posterior.

―Y ahora repíteme Juan dieciséis veintitrés.

―«Entonces no me preguntaréis nada».

―Me ha gustado lo de la tuneladora... Claro, tú hablas de las de perforar túneles bajo tierra. Los surfistas llamamos túnel al hueco de la ola.

―Siendo tú niño me regalaste esta tableta, me dijiste que la leyera. ¿Qué hago ahora, la tiro?

―Sí, ya no te sirve. ¿Te vienes a surfear la mar conmigo? Sube conmigo en mi tabla.

―Bueno.

 


 

 

 

 

Gracias por leerme.

 

 

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