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Retiro de Cuaresma 2019: RECUPERAR LA INOCENCIA ORIGINAL

Este retiro de Cuaresma tiene lugar el 9 de marzo de 2019 de 10:15 a 19:00h con una eucaristía católica de 18 a 19h para quien quiera asistir con el objeto de prepararnos a vivir el tiempo de Pascua. Tendrá lugar en la Fundación San Martín de Porres situada en la c/ Vía Carpetana 47, 28047 Madrid (Metro Carpetana o Laguna de la línea 6). Está disponible el registro de AUDIO de este retiro. El contenido de este retiro está muy relacionado con el contenido del retiro de Adviento.

El nombre del Retiro es: "Recuperar la inocencia original".

El retiro estará facilitado por Juan Gomendio, quien ha impartido diversas charlas en CRISMHOM, como "La homosexualidad en las grandes religiones", "La homosexualidad, ¿Qué dice la iglesia?" o "Acompañamiento espiritual en personas homosexuales: dificultades y retos de un acompañante". Ha participado en retiros de Adviento y Cuaresma anteriormente, acompañado convivencias y Ejercicios Espirituales, y acompaña un grupo de personalización de la fe.

La fecha límite de inscripción será el viernes 08 de marzo.

La información de este retiro se encuentra en el siguiente enlace:

https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSfozlKAEOEXDJr-4XM_D3LEPmvh7niuEZGIxNvDIn_d8aLoQg/viewform?usp=sf_link

Para poder lograr mayor compromiso de los participantes así como la financiación del Retiro, se requiere para formalizar la inscripción un ingreso en efectivo o transferencia (aunque sea simbólico) en la cuenta de CRISMHOM. El precio de referencia del retiro es de 12€ para socios y 15€ para simpatizantes o personas externas a CRISMHOM. Si alguna persona no pudiera financiar este importe o una parte del mismo, debe comunicarlo a tesoreria@crismhom.org

La comida irá aparte (el precio es de 7€) y es opcional (las personas que participen pueden traer su propia comida si lo prefieren o salir a comer fuera). Los que decidan abonar los 7€ comeremos en la fundación, la cual se encargará de preparar todo lo necesario. Es importante que quien sepa que va a comer allí lo pague por adelantado en la inscripción.

Precio total CON la comida es de 19€ para socios.
Precio total CON la comida es de 22€ para simpatizantes y personas externas a CRISMHOM.

Los ingresos en efectivo o transferencias deben realizarse en la siguiente cuenta:

Titular: CRISMHOM
Entidad: Bankia
Número de cuenta: ES15.2038.1018.2930.0253.1928
Comentario: Retiro Cuaresma 2019 + Nombre de la persona


 

 

Retiro de Cuaresma2019

Recuperar la inocencia original

 

 

Dios nos ha creado según su voluntad. Nos ha creado como hijos y nos ama como tales. Sin etiquetas, sin distintivos, sencillamente como seres con un futuro por delante y una gran tarea de desarrollar nuestras potencialidades en el mundo en que vivimos.

 

1-Configurarse o ser configurados

Nuestra historia está jalonada de acontecimientos que nos van configurando o, más concretamente, debería decir,  frecuentemente, desconfigurando. De aquella inocencia de la que partimos en nuestra infancia, que nos permitía ser nosotros mismos, cada vez va quedando menos a medida que nuestro entorno nos va modelando a su modo y nos va equiparando al modelo que desea.

Todos partimos de un modelo único, absolutamente original y que, a medida que nos vamos socializando, se va uniformando y nos convierte en perfectos clones, dejando nuestra especificidad y riqueza para ser lo más idénticos posible los unos a los otros.

Esto se da también a nivel de fe, a nivel del cristianismo. De aquella persona fresca que Dios creó, vamos asimilándonos al cristiano ideal que nos presentan como perfecto. De hecho, somos tan uniformes que nuestra personalidad se va diluyendo en un modelo cada vez más despersonalizado y nuestros colores originales van pasando del arco iris a un gris monótono y carente de interés.

Hablamos de la riqueza y diversidad de la creación y de sus maravillas mientras matamos dicha diversidad sacrificándola por ser modelos uniformes e imposibles de diferenciar.

Es más, llega un momento en que lo diverso nos repele, peor aún, nos da miedo. Nos sentimos inseguros ante la posibilidad de que aparezcan personas que puedan mostrar diferencias y amenazar esa uniformidad que, nos hagan sentir a gusto y seguros.

Sin embargo, todos fuimos creados de manera diferente y en la diversidad como una muestra de la riqueza de Dios y las enormes posibilidades del ser humano.

La inocencia original es, para nuestra sociedad aquello que hay que modelar para llegar a la uniformidad en un proceso de eliminar las diferencias. Se trata de conseguir que el salvaje se convierta en persona civilizada. No sólo eso, sino que, a su vez, nos convertimos en especialistas en detectar las diferencias, no para valorarlas y celebrarlas, sino precisamente para eliminarlas en servicio a la uniformización.

Es por ello que nuestra capacidad de maravillarnos ante la riqueza y variedad de personas y seres que Dios ha creado se va mermando, y de ahí que sea algo que debemos recuperar con urgencia.

Necesitamos volver a recuperar nuestra mirada de niños capaces de maravillarnos ante la realidad y la experiencia con los demás. Ahí podremos recuperar la inocencia.

 

2-Sentir el amor de Dios para poder amarnos desde nosotros mismos

El amor de Dios se comienza a percibir desde el momento en que nos sentimos contemplados, reconocidos y amados. Es esa mirada de cariño la que logra que nos sintamos confiados, porque ante el sentimiento de ser amados uno se encuentra seguro y con deseos de abrirse al otro.

El Dios que me quitaron

 Mi primera experiencia de Dios es la que me transmitieron de niño. Me hablaron de un Dios bueno, que había creado todas las cosas bellas que nos rodeaban. Me explicaron a un Dios Niño Jesús, un amigo, el mejor amigo, y quererle era sencillo, daba gusto hacer cosas para que estuviese contento conmigo.

De ahí llegó la adolescencia y Dios pasó a convertirse en un juez. Alguien que miraba cada una de mis acciones, de mis pensamientos, que veía todo y a quien no se podía ocultar nada. Paralelamente, mientras iba descubriendo la sexualidad, ese Dios rechazaba todo lo que tenía que ver con ello, pensamientos, actos, intenciones, atracción, y eran, precisamente, esos pecados que me iban explicando los más graves. Ya no estaba el Niño Jesús, Dios era ya un juez implacable. Para colmo de males, comenzaron los comentarios hacia aquellos que se enamoraban de los de su mismo sexo: el peor tipo de personas, pecadores por naturaleza.

Me robaron a mi Dios bueno para mostrarme al Dios Juez. Tuve que trabajar contra corriente para poder recuperar al Dios que me ama, aún a pesar a renunciar a seguir algunas de las normas morales que me iban enseñando.

Es al mirarnos en nuestra historia cuando podemos descubrir el campo de ruinas en que nos hemos convertido al despojarnos de tantas cosas que tuvimos y que fuimos. Sólo desde ahí podemos ir viendo la necesidad de volver a dar valor a mucho de lo que podemos ser y hacer.

Por ello es importante conocerse, no sólo en lo que somos en la actualidad, sino lo que realmente fuimos, en nuestra esencia.

Se trata de mirar nuestro corazón, nuestra forma de percibir, nuestra forma de vivir, para después hacerlo a la luz de las bienaventuranzas y reflejados en Jesús.

 

3-Cuando leo la Escritura

Quizás sea Jesús una de las personas más transgresoras y abiertas a aceptar la multiplicidad. Él no tuvo problema en romper los moldes y límites que defendían y exigían la sociedad y la religión en la que vivía. Lo primero era la persona, luego las leyes.

El Evangelio es una de las invitaciones más claras a buscar la propia identidad y de llevar a cabo un trabajo de introspección en el esfuerzo de buscar la identidad personal como forma de cumplir la voluntad de Dios en cada uno, por parte de Jesús. En él podemos percibir claramente la forma en que Jesús aborda la realidad concreta y puntual de cada persona. Desde los niños ruidosos a la samaritana, desde los pescadores a los maestros de la ley, desde la persona enferma al muchacho que busca seguir siendo bueno, desde el jefe de la sinagoga hasta la mujer que ha perdido su dracma. Cada uno con su pequeño drama o sus ilusiones. En un mundo rutinario o extraordinario.

Es en los relatos sobre Jesús donde podemos sentirnos animados a buscar nuestra originalidad y nuestra realidad cotidiana y sencilla.

Esto quedará completado principalmente por las cartas paulinas. Si hay alguien que defiende la originalidad de cada uno como parte de la voluntad de Dios, ese es Pablo. Al insistir en la acción del Espíritu y sus carismas en cada individuo, Pablo deja claro que es esencial buscar en nuestra propia originalidad y invitándonos a descubrir el fin para el que Dios nos ha creado. El ejemplo más claro es el símil del cuerpo del que Cristo es la cabeza (1Cor 12, 12-27).

 

4-De corazón a corazón: la fiesta del compartir

A parte de la búsqueda de mi interior y mi historia, la lectura de la Escritura, me procura una forma de vivir y de aplicar mi realidad concreta a la vida en el Cuerpo de Jesús; me lleva a descubrir lo esencial, sentirme conectado a los demás.

En general, se concibe la conexión a partir del actuar de la misma forma y la obediencia a unos mismos códigos y normas dictados desde arriba pero, quien así actúa y vive, no ha entendido la verdad. “El amor es el ceñidor de la unidad”, dice San Palo en su carta a los Colosenses (Col 3,12).

Lo que mantiene unido a los miembros del Cuerpo de Cristo es el corazón, el amor, la misericordia, porque un corazón busca a otro. Y así, todo el cuerpo late en un mismo batir y sentir, y es ese sentimiento de unidad el que nos lleva a la alegría de compartir, como lo sentían los primeros cristianos (Hch 4, 32).

Esa experiencia de compartir es la que lleva a la alegría y el júbilo: “Ved qué paz y qué alegría,convivir los hermanos unidos” (Sal 133, 1).

 

5-El corazón lgbti

Se ha dicho de todo sobre el amor y sobre la persona que ama a otra de su mismo sexo, desde decir que es una posición narcisista que lleva consigo la imposibilidad real de conocer y amar al otro, y por tanto negándole la posibilidad de amar a Dios, hasta el hecho de que se trata de un amor imposible, un falso amor. Sin embargo, la persona lgbti es precisamente aquella que tiene una forma específica de amar, es alguien que orienta su amor y su afectividad, en general, a personas de su mismo sexo, porque la orientación sexual es, precisamente el sentido hacia el que se dirige el afecto y el amor.

 

¿Tiene sentido hablar de una realidad lgbti?

Aquellos que buscan la uniformidad dirán que no, es algo curable, superable, una fase… Aquellos que tratan de que no haya personas diferentes o singulares, se resistirán a admitirlo, y aquellos que sólo admiten una forma de ser como válida, intentarán imponer su modelo, pero, ¿qué pasa si miramos con cariño a quien tenemos delante y le dejamos que se exprese y se muestre? ¿Qué ocurre cuando entramos en el mundo de la identidad?

La identidad surge del “yo me siento, me concibo y me entiendo así”. Algo que en generalmente no es aceptado por las sociedades que buscan la uniformidad. Sólo desde la aceptación de la variedad y la multiplicidad, es posible admitir que existan las diferencias y variaciones. Pero, desgraciadamente, no vivimos en un mundo que sea tolerante precisamente con ello.

Está claro que si desde los principios de la humanidad hay personas que a lo largo de diversas épocas y culturas se han manifestado como atraídas por otras de su sexo o por ambas, es porque es una realidad que existe. ¿Porqué no destapar el velo y admitir esa diferencia en su enorme pluralidad?

Lo que importa es dejar hablar al corazón y permitirle expresarse tal y como es, tal y como ama y se siente plenificado. De hecho, para Jesús, vivir desde el corazón es lo que lleva a ser bienaventurado.

Por eso, cuando hablamos de recuperar la inocencia original, hablamos de recuperar la primigenia forma de amar. Y, ¿qué niño o niña se plantea si su forma de amar es correcta o no? Sencillamente ama, sabe que siente un vínculo con quien le manifiesta su amor y con aquel a quien siente cercano. En su “dejad que los niños se acerquen a mí” (Mc 10, 13-16), Jesús está rechazando que se diga a los niños que son molestos, que dejen de comportarse alegremente y, por tanto ruidosamente, porque los adultos tienen establecido que “los niños molestan”.

El mundo de los adultos, de la normalidad, de la corrección, puede fácilmente matar la alegría y la espontaneidad, la apertura y los colores. ¿No es algo que conocen perfectamente las personas lgbti?

 

6-El problema del mal: la negatividad, fuente del individualismo y la desconexión

La persona lgbt necesita redescubrir la positividad. Sólo desde ella se puede volver a encarar la vida y los actos de forma adecuada.

Frecuentemente estamos tan centrados en esa negatividad que somos capaces de contagiarla a los demás, o peor, nos convertimos en agentes de negatividad y de destrucción.

Por eso es importante dedicar un tiempo a analizar cuál es el resultado de nuestra interacción con el mundo que nos rodea y lo que nos ha llevado a ser grises e insulsos.

La negatividad puede hacer que nos encerremos en un mundo de bloqueos con tendencia al egoísmo y al distanciamiento de Dios y de los demás. Es tanto un mecanismo de autodefensa, como como una forma de encontrar un cauce de satisfacción que el mundo nos niega. Nos encerramos, efectivamente en un mundo de espejos del que es difícil salir y donde puede ir consolidándose un ghetto que nos termina aislando e incomunicando. En definitiva, todo lo contrario a lo que Jesús predica. De ahí surge el mal y se endurece el corazón, a la vez que nos volvemos insensibles a la relación y la vida común con los demás.

Es cierto que el mundo pone ante nosotros todo lo necesario para que iniciemos ese camino, pero es esencial que no caigamos en esa tentación y podamos, gracias a la lectura de la palabra, la oración y la relación con los demás, romper ese caparazón que se va formando a nuestro alrededor.

 

7-Reconstruir en esperanza.

Convertidos en modelo de pecado y negatividad, ¿quién puede mejor encarnar la experiencia del alejamiento de Dios y la vuelta al Padre que la persona lgbt? No porque realmente se haya alejado, le haya vuelto la espalda o se haya desviado en su camino, dejando las huellas de Cristo, sino porque el entorno se ha encargado de dejarle bien claro de que siendo como es, sea cual sea su modo de vida o la forma en la que late su corazón, es una persona errónea. No ha sido necesario que se comprueben sus intenciones, sino que la propia etiqueta de tener una determinada orientación afectiva ya ha servido para catalogarlo.

Muchos son los que han terminado tirando la toalla en el proceso de vivir su fe en profundidad y coherencia, pero la experiencia de vivir como Sísifo, subiendo la piedra hacia la demostración de ser “igual que cualquier otro y merecer el afecto y que se tenga en cuenta su dignidad”, para ver cómo un solo comentario o una descalificación es capaz de hacer rodar abajo la piedra de nuevo, dando al traste con la autoestima y la esperanza de poder vivir con la experiencia de “ser como cualquier otro”, les lleva a renunciar a seguir intentándolo.

Todo el mundo tiene derecho a sentirse amado, como dice Jesús al dirigirse al Padre: “Que el amor con que me amaste pueda estar también en ellos”, “para amar en ellos lo que amabas en mí”(Jn 17, 20-26).

Jesús es quien invita a la esperanza, porque desde la invitación a sentirse amados, nos demuestra que todos y cada uno estamos llamados a ello, por tanto, no hay espacio para la negatividad. Quien tiene a Dios de su parte y ha sido creado por Él, no tiene nada que temer.

 

8-Recuperar la inocencia original: un proceso

La relación sana y desde el corazón es lo que surge espontáneamente de nuestro interior. Somos seres sociales porque pertenecemos a un mismo cuerpo. La tendencia natural es buscar sentirse amados y amar a los demás. Pero nuestra educación y desarrollo en la uniformidad y la competencia, termina por convertirnos en antagonistas. No buscamos llegar todos en la carrera, sino llegar los primeros, aunque sea a costa de dejar a los otros por el camino.

Ser como niños, sencillos de corazón, para ser nosotros mismos

Está escrito y trasmitido como una de las frases genuinas de Jesús: “Si no os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos”.

Ser sencillos de corazón implica acercarse a la propia realidad desde la mirada sencilla del niño que desea sentirse querido. Ver la realidad desde la mirada inocente, libre de prejuicios y de doctrinas enrevesadas.

¡Cuántos hemos conocido el camino torcido que desconocíamos cuando otros nos han enseñado que existía! Pasamos de ser inocentes a convertirnos en pecadores porque otros nos “abren los ojos”.

Buscar la inocencia original es descubrirnos a nosotros mismos en nuestra originalidad y variedad y trabajar para conseguir que seamos una unidad en toda nuestra especificidad. Esa variedad, esa diferencia es la que nos hace ricos e insustituibles. Por eso no tenemos recambio.

Para recuperar nuestra inocencia original, es necesario mirar nuestro interior y nuestra historia. Debemos buscar aquellas cosas que hemos sido y lo que hemos vivido para reencontrarnos con nuestra realidad, con el yo original. Es a partir de ese reencuentro conmigo mismo como comenzaré a descubrir aquellas cosas que he ido desarrollando y aquellas cosas que me han ido enriqueciendo a lo largo de los años y de las vivencia, a la vez que iré viendo qué cosas se han ido diluyendo para poder confundirme con el modelo que la sociedad y los distintos ámbitos de los que he formado parte pretendían que fuese. Tengo que buscar los colores que han ido perdiendo viveza o que se han ido borrando a medida que me iba acoplando a la sociedad.

No se trata de rechazar todo aquello válido que he adquiriendo y que me han permitido madurar y enriquecerme, sino de detectar qué cosas me han ido inmovilizando en la tarea de perder mi identidad en aras de llegar a la uniformidad y la equiparación.

Sólo lograremos llegar a recuperar nuestra inocencia original si somos capaces de amarnos en todo aquello que Dios ha creado, por tanto amarnos en aquello que Dios nos ama. Dios no ha creado un único ser al que todos estamos llamados a equipararnos, sino a ser capaces de admirarnos en lo que creó en el principio.

Más aún, Dios nos ama en aquello que hemos sido capaces de desarrollar a partir de ahí, por un lado adquiriendo lo que nuestra sociedad y civilización nos brindan, pero también en lo que hemos llegado a desarrollar a partir de lo que Él creó sin perder nuestra identidad original.

Para ello necesitamos mirar como mira Dios, desde el corazón.

 

 

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Sáb, 09/03/2019 - 10:15 - 19:00

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