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La Homosexualidad no se cura

La American Psychological Association (APA), que agrupa a 150.000 psicólogos de Estados Unidos y es la mayor asociación de profesionales de este sector en el mundo, ha hecho público un informe donde declara que la homosexualidad no se «cura» y rechazando que se someta a gays o lesbianas a terapia para convertirse en heterosexuales. No sólo porque no funciona, sostienen, sino porque puede llevar a la depresión y al suicidio.


En su informe, hecho público hace una semana, la APA aboga por una nueva aproximación terapéutica que en algunos casos puede pasar por ayudar a las personas a aceptar su orientación sexual como irreversible. Pero en otros casos no. Los psicólogos contemplan la posibilidad de que ser homosexual resulte tan traumático para alguien -porque no puede aceptarlo, o porque entra gravemente en conflicto con su fe religiosa- que haya que buscar alternativas a fomentar el orgullo gay. Por ejemplo: el celibato o cambiarse a una iglesia más comprensiva.


Haberlas, hailas. La Iglesia Episcopal acaba de adoptar a nivel nacional una directiva a favor de «despenalizar» la homosexualidad en su cuerpo sacerdotal.


Y la diócesis de Los Angeles ha sido de las primeras en nombrar obispos abiertamente gays y lesbianas. No es que esto no les haya costado casi un cisma. Pero los hechos consumados están ahí.


Resistir los impulsos


En general el clero prefiere otros enfoques. Como el del consejero evangélico Warren Throckmorton, entrevistado por «The Wall Street Journal» como uno de los pocos especialistas en lidiar con la combinación explosiva de homosexualidad y religión. Profesor de Psicología en la Universidad Cristiana de Pennsylvania y expresidente de la Asociación Americana de Asesores en Salud Mental, Throckmorton empieza siempre su tarea advirtiendo al «paciente» de que sus impulsos homosexuales no son una enfermedad. Ni un signo de falta de fe. Pero tampoco van a desaparecer. Van a estar siempre ahí. Otra cosa es que se puede ceder o no ceder a ellos. Existe la posibilidad de resistirlos, como un exalcohólico resiste la tentación de beber.


Ser gay pero no ejercer


El mensaje es que la identidad sexual no puede ser negada pero sí sublimada y controlada. Es decir, que se puede ser gay pero no ejercer.


¿Pero eso no es ser un reprimido? Durante años la escuela liberal ha sido partidaria de dar rienda suelta a estos y otros impulsos so pena de coartar seriamente el desarrollo de la propia personalidad.


La novedad es que ahora hay psicólogos en Estados Unidos dicen que esa fórmula mágica no vale para todo el mundo, igual que no todo el mundo se siente cómodo con el amor libre.


Para algunas personas traicionar su sistema de creencias es mucho más traumático que traicionar su sexualidad, sostiene Alan Chambers, que ha pasado por la experiencia él mismo, como cuenta en sus propias memorias y en las lecciones que imparte a través de Exodus International, una cruzada para «ayudar a la gente a dejar la homosexualidad a través de Jesucristo». «Somos muchos que simplemente tratamos de vivir de acuerdo con nuestra fe», concluye.
 

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