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Lectio Divina

Esta sección recoge oraciones según el método de la "Lectio Divina" que se explica a continuación. Para encontrar oraciones particulares siguiendo este método pulsa aquí o vete al final de este artículo.

Lectio Divina

Algunas veces se ha complicado demasiado la oración; otras veces se convierte en una búsqueda individual o comunitaria de búsqueda de sentimientos o de una paz transitoria. Las primeras comunidades cristianas tenían una forma muy sencilla, a la par que práctica de oración: la “lectio divina”. Por eso os quiero sugerir este modo práctico y sencillo de vida espiritual, basado en la Palabra de Dios. Si nos comprometemos a perseverar en él con determinación, será para ti un camino de crecimiento en la fe y en la oración de cada día.


El tiempo de la “lectio divina”, es un momento de confrontarse personalmente con Dios. Es hacer de tu vida una prolongación de esa Palabra que es escuchada, interiorizada y orada. El sentido de la “lectio divina” es llevar al creyente a la experiencia de Dios. Si uno lee la Palabra movido por el mismo Espíritu que la inspiró, esa Palabra leída, medita e interiorizada conduce a la oración, que es trato de amistad con Dios, y transforma la vida.


Diversos Pasos (sólo son orientativos)

1)    Invoca al Espíritu Santo para que te ilumine y descendiendo a ti, te haga comprender su Palabra en la hondura de la fe. NO se trata de que la Palabra te diga lo que necesitas oír, sino que te dejes envolver por ese Espíritu del que la Palabra es cauce. Por eso invocando al Espíritu estás diciendo a tu corazón que se ponga a la escucha de una Palabra que te lleva a un camino desconocido, pero en la seguridad de la fe, de que estás siempre en manos de un Dios que es todo amor. Ponte alerta, invoca con fuerza, con intensidad al Espíritu, que te hará llegar a la hondura de esa Palabra material, escrita, que tienes delante de tus ojos. NO es una Palabra muerta, sino que el Espíritu hará que se convierta para ti en fuente de vida y esperanza.

Te sugiero por si te ayuda esta oración: “Abba, Padre bueno, que eres la luz y la vida, abre mis ojos y mi corazón para que pueda penetrar y comprender tu Palabra.
Envía al Espíritu Santo, al Espíritu de tu Hijo Jesús, para que acoja dócilmente tu Verdad.
Concédeme un ánimo abierto y generoso, para que dialogando contigo pueda conocer y amar a tu Hijo Jesús para mi salvación y pueda testimoniar tu Evangelio a todos mis hermanos.


Te lo pido por Jesucristo, nuestro Señor.

2)    Leer la Palabra atentamente y con atención tratando de que llegue al corazón. Este es el momento de perder el tiempo leyendo, sin cansarse, una y otra vez. NO tengas prisa por terminar el texto. Lee, una y otra vez, tres, cinco, diez, hasta que mueva el corazón. Lee incluso en voz alta. La lectura de la Palabra se hace con la certeza de estar escuchando a Alguien: la persona viva que te habla es el mismo Jesús. Subraya aquella palabra o frase que más te llegue. La Biblia es un libro para no pasar corriendo, dedícate a ello sin prisas, sin querer terminar la lectura. Lee desde el corazón. Subraya aquellas palabras o frases que más te llegan, que te mueven, y vuélvelas a leer, reléelas.


3)    Medita la Palabra de Dios. Busca el sabor de la Palabra, cierra los ojos y contrasta el texto con tu vida. Plantéate algunas preguntas. ¿Qué dice el texto? ¿Qué me dice? La Biblia no es una Palabra extraña, sino una Palabra que toca lo más hondo de nuestro corazón, como si se tratase de sentimientos que forman nuestro propio ser. La Biblia es como una partera, que saca de nosotros aquello que Dios ha puesto en lo más íntimo de nuestro corazón. Detente en los distintos personajes, mira que tienen que ver contigo. Trasládate a su mundo, y después tráelos al tuyo. Déjate interpelar por la Palabra; no tengas miedo si acusa tus pecados, si te mueve a cambiar de vida. Confía en Dios, que te llama a una vida nueva, pero una vida de felicidad, de confianza total en ÉL.


4)    Orar la Palabra de Dios. Orar es decir sí a Dios, a su voluntad sobre nosotros. Orar es pedir fuerzas cuando nos puede el desaliento, cuando vemos nuestras pocas fuerzas. Orar es pedir perdón, porque no vivimos según esa Palabra. Orar es poner nuestra vida en manos de Dios, sabiendo que nuestra conversión sólo depende de su gracia.


5)    Contempla la Palabra. La contemplación es un don del Espíritu que brota de la experiencia de la lectura de la Palabra bien hecha. Es un momento pasivo de intimidad en que la acción corresponde a Dios. Contemplar es olvidar los detalles para llegar a lo esencial. Ya no hacen falta las palabras; es dejar que Dios actúe en nosotros. La contemplación es mirar con agradecimiento, con admiración, en silencio, el misterio de Dios-Amor. En este punto tus situaciones personales pasan a segundo plano y la experiencia objetiva de la contemplación te llevará necesariamente a la praxis, ala evangelización, a la caridad del servicio.


6)    Lleva la Palabra a la vida. No te quedes en consideraciones abstractas que no valen para nada. Toma compromisos concretos, aunque te duela. Busca una frase que te acompañe toda la semana. Es el momento de vivir aquello que Dios ha puesto en tu corazón en este rato que has pasado en diálogo con ÉL.

Y no olvides nunca que lo más importante en la oración es la perseverancia. La oración cuesta, se nos hace pesado, nos dormimos y aburrimos. Por eso el perseverar es fundamental, pues nos jugamos mucho en ese dialogo, amoroso y sencillo con Dios. Jesús pasaba muchas noches dedicado a la oración. A lo largo de los siglos muchos seguidores y seguidoras de Jesús han dedicado su vida a la oración, una oración que transformo sus vidas y el mundo.

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