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Exaltación de la Santa Cruz

Jn 3, 13-17

Ante la cruz del Señor podemos tomar dos actitudes: exaltación del dolor, tortura y sufrimiento, o contemplación del Amor. 

Me gustaría recordar hoy dos frases del Evangelio: cuando sea elevado el Hijo del Hombre...porque Dios desea la salvación del mundo. No somos masoquistas ni sádicos. El dolor en sí mismo es malo, maligno, no deseado por Dios. 

Hoy se nos invita al contemplar a Aquel que se entrega hasta la muerte por amor a toda la humanidad, a toda la creación. Un Amor divino que desea la salvación para todo ser creado, para cada hombre, para cada mujer. 

Contemplar la cruz es contemplar el Amor de nuestro Dios. Sintamos en nuestro corazón ese gran amor. 

Domingo XXII: Me sedujiste y me dejé seducir

Jer 20, 7-9 Sal, 62 Rom, 12, 1-2 Mt, 16, 21-27

Las lecturas de hoy son bellísimas. Cualquiera de ellas, incluido el salmo, son para saborear y contemplar. 

La relación del profeta con Dios es increíble: me sedujiste, y me dejé seducir. Ante las dificultades, te quería olvidar...y no podía. Eres un fuego ardiendo desde lo más hondo mi ser, desde mis huesos...

¿Qué sería Dios para este hombre? ¿Qué es Dios para mí? 

El Evangelio va por aquí,: dejar que Dios sea tan principal y especial en mí, que mi vida sea Él, porque es el Único capaz de llenar todo mi ser. La familia, y todos aquellos a quienes tanto quiero, son un don suyo, un don reflejo suyo, unidos a ellos por el amor que es Él. No es que les "cambiemos" por Él, sino que con ellos, tan importantes para mi, llegamos a Él, Él está en ellos, en toda nuestra vida, en toda la creación. Vivir el Amor que brota de Él me lleva a la entrega total, a dejar que Él sea el centro de mi vida, de mi ser. La cruz cristiana no es la búsqueda del dolor, sino la búsqueda del Amor, de la entrega a los que me rodean por amor. Hacer de Dios el centro de mi vida, es hacer del Amor mi centro fundamental. Y así, ofrecemos nuestro cuerpo, nuestra vida a Aquel que nos puede llenar de Amor, de Él mismo. 

Por ello, "mi alma está sedienta de Ti, Señor Dios mío".

Contemplemos hoy estás lecturas en silencio, en paz, y vivamos unidos a Él.

Miércoles XXI del Tiempo Ordinario

Mt 23, 27-32

Ornamentar y encalar, descuidando lo de dentro, que es realmente lo importante. 

Creo que hoy el Señor nos invita a seguir avanzando por un camino de vida interior, que va desde lo interior hacia lo exterior, no al revés. 

Cuando el Maestro critica el afán por aparentar, por cuidar tan solo lo que se ve, y no caer en la cuenta de la esencia, de lo hondo, de lo profundo, de lo que da consistencia a todo, quedándonos en lo meramente aparente, y en la crítica fácil (no hubiéramos sido cómplices...), nos está indicando un camino a seguir: del corazón hacia afuera. Tal vez el mayor recorrido que podamos hacer. 

Crecer hacia dentro, encontrar las auténticas fuentes de la vida, vivir el encuentro con nuestro Dios, dejar que Él sea el manantial de donde brota el agua, la esencia de la vida. 

Nuestra fe a veces ha sido presa del ritualismo, del dogmatismo y del moralismo. Creo que el Señor hoy nos convoca con este Evangelio a volver al origen, a las fuentes, al encuentro con Dios. 

Por supuesto que no quiero negar ni nuestras verdades de fe, ni nuestras formas de celebrar, ni nuestra vida y actitudes cristianas, pero nunca lo hagamos sin alma ni sin corazón: que sea realmente el encuentro con el Dios de Jesús el que nos lleve a la vida, y a actuar y ser conforme a Él. 

Vivamos ese encuentro con Él.

Domingo XXI del Tiempo Ordinario

Mt 16, 13-20

Un Evangelio para saborear y meditar: ¿quién digo yo que es el Señor? ¿quién es para mí?


Creo que hoy nos toca actuar y vivir un poco como Pedro: dejarnos llenar e inundar por Dios, que nos revela quien es Jesús, quién es Él mismo.


Responder hoy y ahora a esta pregunta supone antes leer despacio este pasaje evangélico, silenciarnos y dejar que resuene esta Palabra, y luego no tanto dar una respuesta teórica, sino vivencialmente dejar que el Espíritu aletee, habite en nosotros. Dejar que Él esté en nuestra persona, en nuestro ser. Porque Él realmente habita en nosotros. En definitiva, contemplar y estar con el Señor. Vivir hoy aquello que su Presencia nos hace sentir.

Sábado XX del Tiempo Ordinario

Mt 23, 1-12

Volver a leer este texto en clave moralista no creo que sea lo más acertado, aunque contenga gran carga moral. 

Si observamos despacio, podemos encontrar un "retrato" de cómo es el Señor: Jesús habla y enseña a quien se acerca a Él, en Él la coherencia entre lo que dice y hace es total (a diferencia de esos letrados y fariseos), Él sí est dispuesto a liberar, a no cargar con fardos insoportables a la gente, y a ayudar, no busca que se le vea, ni que se le rinda homenaje, no desea figurar y aparentar y busca la comunión con el Padre del cielo. 

Es un Evangelio para saborear y contemplar al Maestro, sentir su presencia y cercanía, que camina a nuestro lado amando y sirviendo, reconociendo a Dios y a los demás. 

Buscar al Señor,estar con Él, amar como Él, servir y ayudar a los demás.

Doctor Melifluo

No puedo dejar pasar esta fecha de "mi" calendario. Años me ha acompañado sus sermones dándole comida sustanciosa a mi alma. Me ha alimentado y me ha hecho llorar más de mil veces. El alma conoce la "verdad" cuando la escucha. Hoy se celebra a Bernardo de Claraval, un amigo entrañable. Feliz día, así en el cielo como en la tierra.

Sábado 15 de agosto: la Asunción de Santa María

Lc 1, 39-56

No quiero con estas palabras explicar la verdad de la Asunción de la Virgen. Entiendo que quiere decir que  Maria goza ya de la plenitud total de la salvación. Por ser la mujer que auténticamente cree, se fía de Dios.

Si me quiero detener en la escena evangélica de esta lectura. Es realmente para contemplar y orar. 

Primero el encuentro entre Isabel y María. Y las palabras de Isabel, ojo, llena de Espíritu Santo: "dichosa tu qué has creído". Dichosa y Bienaventurada, Feliz, es lo mismo. María la mujer que cree, que se fía de Dios. Y por ello es Feliz, Bendita.

Y las palabras de María que dicen no lo importante que es ella, sino lo grande y alucinante que es Dios: el Único que hace maravillas, Él que llena de vida todo. 

Leed despacio su cántico de alabanza a este Dios que hace nuevas todas las cosas. Las renueva y las transforma. Las llena de sí mismo, de vida, de Dios. 

Hoy es para contemplar este encuentro, y saborear palabra a palabra toda la escena. Visualizar, oír y saborear. Estar con María, ver a Isabel, sentir a Dios cerca, muy cerca. Oir a estas dos mujeres. 

Pararnos y contemplar.

Miércoles XIX del Tiempo Ordinario

Mt 18, 15-20

Creo que la lectura de este texto desde la clave de la corrección fraterna (¿realmente fraterna?), no es lo más correcto, aunque parezca lo más básico, y sea lo más llamativo. 

Me disgusta profundamente la lectura moralista del Evangelio y de toda la Palabra. 

Creo que la clave está en la llamada a la comunión y a la comunidad. 

Saber que el Señor habita, está y es en cada uno de nosotros, saber que Él habita, está y es en el otro, y que, igual que yo, la otra persona es Presencia de Dios, del Misterio inabarcable de la vida, nos hace caer el cuenta de que el otro es importante para mí. Y, por tanto, la comunión y la comunidad son fundamentales en nuestra vida. 

Contemplar hoy este Evangelio es contemplar esa Presencia de Jesús en nosotros, y es desear y valorar la unión, la comunión con los demás, en nuestro caminar. Porque Él lo desea así, y así nos ha hecho: personas en comunión. Personas que podemos unir el cielo con la tierra, que podemos elevar nuestra plegaria al Padre, que podemos sentir y vivir su Presenciareal en nosotros. 

Cada vez que con los otros vivimos un acto de amor, por pequeño que sea, estamos viviendo el misterio profundo e íntimo de la comunión con Dios. Mucho más cuando sentimos que estamos llamados a hacer el bien donde estemos. El bien, fruto del amor. Unidos con Dios, unidos con los hermanos. 

Me decía un amigo que nuestra vida como creyentes tendría que ser acción  de gracias y ofertorio. Acción de gracias a Dios por el don de la vida, y ofertorio de nuestro ser al Padre. Esta llamada a la comunión, así es: gracias por el otro, buscar lo mejor para él, y ofrecer todo al Señor. Qué así sea.

Por siempre Clara

Clara de Asis Hoy se celebra a Clara de Asis.

Algunos opinan que Clara de Asís fue opacada por Francisco, pero esta mujer tiene historia propia con desafíos igual o más importantes que los de Francisco.

 

“Os bendigo en mi vida y después de mi muerte, en cuanto puedo y más aún de lo que puedo, con todas las bendiciones con que el Padre de las misericordias bendijo a sus hijos e hijas y los bendecirá en el cielo y en la tierra. El Señor esté siempre con vosotras y vosotras estés siempre con Él.”