Blog personal de Javim

Según la RAE:

CÓNCLAVE: 3. m. Junta o congreso de gentes que se reúnen para tratar algún asunto.

Mañana celebramos nuestro particular “Cónclave de Crismhom”. El congreso bianual de la Asociación en el que los socios tenemos una cita yo diría casi obligatoria y de responsabilidad.

El congreso bianual de la Asociación siempre comienza temprano en la mañana, todos llegamos con esas legañas de sábado que ni las duchas de los madrugadores pueden borrar. Se comienza bien temprano pues el acto se convierte en una jornada maratoniana en el que día se nos queda corto, pese a que entremos en el local recién puestas las calles, y salgamos a la hora en la que las calles se quitan. Todo un día juntos; reunidos los hijos de Dios formando comunidad y en el que se tratan temas de gran importancia para el futuro de la Asociación desde el respeto sublime a la opinión de los demás.

El congreso arranca pidiendo soporte al Dios que nos arropa cada día mediante una oración inicial; le pedimos que actúe a través nuestro poniendo sobre la mesa las necesidades y aspiraciones de los miembros y amigos de Crismhom. Las opiniones fluyen de boca de unos y otros. Es en esas opiniones en las que el Espíritu posa sobre cada comentario la manera de encontrar el camino que debemos seguir como Comunidad los dos años siguientes.

Tratamos temas tan relevantes como las actividades a llevar a cabo por cada una de las comisiones de la Asociación (Una comisión es un conjunto de personas que araña unas horas de su vida para entregarla a los demás, cada uno en la actividad que más le gusta y ha elegido). ¿Qué espiritualidad mueve a Liturgia? ¿Cómo mejorar la acogida de quien desea conocernos? ¿Cómo conseguir un coro que afine? –ya lo hacen, no se me ofendan- ¿Cómo hacer una web más cercana y útil? ¿Cómo estar más cerca de los demás apoyándonos en la Comisión de Tiempo Libre? ¿Cómo ilusionar a los cristianos LGTB a manejar su vida en Cristo y en la fe?   Todos estos temas son la clave de una Asociación de personas llamada a ser y estar por y para los seguidores de Jesús, que lo somos en un entorno en el que cada vez es más complicado serlo, pues no cesan los ataques; por un lado; y las culpas arraigadas y obsoletas por otro.
La respuesta a estas preguntas siempre las encontramos recopilando lo que en los dos años previos nos han transmitido los amigos y amigas de la Asociación (y recordando lo que se trató en el Congreso anterior). Todo consta en un acta cuyos márgenes los establece el presidente y vicepresidente salientes, y cuyo trazo lo perfila con majestuosidad el secretario.

Nuevos retos y batallas que deberán ser afrontados por la vocación y voluntad de la nueva junta directiva que allí mismo se elegirá al caer la tarde en una votación de cargos conjunta, en la que ahora sí; es imprescindible y definitiva la ayuda e inspiración de la Providencia.

La nueva junta directiva elegida por todos y todas afrontará los retos de una comunidad cada vez más grande, que sueña con seguir abanderando el respeto de los demás a nuestros sentimientos de fe, frente al paradigma de una agresión continua por parte de muchos y amplios sectores de una sociedad que como satélites desagradables atacan las virtudes de los que aman a Dios con una tendencia sexual que ellos llaman diferente (aunque ésta haya sido creada por el mismo Dios que ellos veneran –como nosotros-).

El “cónclave Crismhonita” es una oportunidad para ejercitar la magia que envuelve unos estatutos de Crismhon creados para que todos tengamos sitio, voz y voto. Que dignifican al ser humano, que nos convierten en personas; que son generosos y jurídicamente tan amplios que todos cabemos.

Desde este humilde blog sólo quiero encomendar a vuestra oración esta reunión fantástica que tendrá lugar mañana, y pediros que no ceséis en vuestra participación en Crismhom, pues juntos hacemos Comunidad; no sólo en estos actos, sino cada día con vuestra voluntariosa presencia en Crismhom: física y espiritual.

 

 

Escrito el Vie, 01/03/2013 - 11:44

Como decía Neruda… «Es tan corto el amor y tan largo el olvido…»


Y es que en nuestros días no es fácil mantenerse «Firmes en la fe» como nos imploraba  el bueno de San Pablo.

A saber; los motivos que nos llevan a las dudas sobre la existencia de Dios, nos amenazan día a día cuando sufrimos la agresión continuamente recibida en medio de esta batalla campal que libramos  en esta maltrecha civilización capitalista que no ha tocado vivir… o cuando escuchamos que un niño o un joven ha perdido la vida en un accidente de tráfico, o cuando las mafias secuestran inocentes en México, o simplemente cuando nos acucia el desánimo de tener que seguir tirando de una vida en la que vemos pasar los días sin poder quedarnos a vivir en ellos, porque estamos desanimados por la ocupación de  buscar la manera de tirar hacia adelante con una madre enferma, o en medio de una familia que nos deja de al lado, o de un alquiler o hipoteca que no podemos pagar y hace peligrar el alimento que debemos tomar cada día.


A veces ocurre que cuando estas u otras circunstancias invaden nuestra sustancia, tendemos con facilidad a culpar a Dios de nuestra maltrecha suerte, y de tantas injusticias que se suceden en este nuestro mundo deprimido.  


Nuestros pastores religiosos siempre se apoyan en el recurso sabido de «Dios nos hizo libres para decidir como gestionar el planeta»; pero eso no nos sirve cuando nos han echado de nuestras casas, o cuando hemos perdido a un ser querido de manera injusta en un accidente de coche. Reaparece la pregunta « ¿Por qué si Dios es tan bueno lo permite? »
La pregunta quizá deberíamos replanteárnosla « ¿Es realmente culpa de Dios?? o ¿es culpa de la indiferencia de los humanos que habitamos la Tierra??» Tienes razón, con esta reformulación vuelvo a «las homilías» de los pastores. Pero: Las enfermedades, pobreza y sufrimiento tienen solución: lo que no tiene solución, es que la gente piense que esto no tenga solución ni haga nada para solucionarlo.


Dios nos ha dado la inteligencia para crear automóviles que circulan a 200 kilómetros por hora capaces de sesgarnos la vida, pero también nos ha dado la inteligencia de no circular a esa velocidad. También le ha dado esa inteligencia a quien envistió al inocente en un accidente: su inteligencia debía haberle valido para no conducir bebido. Pero no quiso utilizarla, y de Dios no es la culpa, pues Dios le hizo un ser inteligente y con capacidad de amar al prójimo.


Nuestra civilización económicamente despiadada no es peor que la elegida por Dios para enviarnos a Jesús. En aquel tiempo, un Imperio Romano despiadado esclavizaba a su pueblo, al igual que en nuestros días nos esclavizan las hipotecas y los impuestos. Por eso vino transformado en Hombre, para recordarnos con Amor y a cambio de su vida, que otra forma es posible.


Poco o nada hemos cambiado, aquella civilización era de una manera, y esta es de otra: ambas despiadadas con el hombre. La preocupación de Dios es la misma que hace 2000 años cuando Cristo vino a recordarnos que existe misericordia en la Civilización Divina.  Alejarse y culpar a Dios de nuestras desgracias –por supuesto bien ciertas-, es la causa de una ofuscación que no nos permite sentir la presencia y la angustia de una Providencia que actúa en nosotros cuando le abrimos la puerta de nuestra corazón. De ese corazón que a veces tenemos cerrado a una fe plausible y misteriosa a la vez que armoniosa y esperanzada.


Dios desde su omnipresencia conoce nuestro sufrimiento, y por eso perdona que le olvidemos y que le culpemos. Pero desde su comprensión ansía que le abramos la puerta de nuestra fe,  desde la humildad que nos demostró en la sencillez de Cristo.


No siempre es fácil cuando nos atormenta el sufrimiento, pero como decía aquel «No tiene la tierra penas que el cielo no sepa curar». Abramos la puerta y permitamos que Dios maneje nuestras vidas desde el abandono a Él. Así podremos descubrir que su Civilización Misericordiosa también habita en nuestro mundo. Os lo aseguro. Dios existe en nosotros, sólo tenemos que dejarle pasar cuando escuchemos el timbre de la puerta; Él llama a diario. 

 

Escrito el Sáb, 13/10/2012 - 09:57

Es fantástico contemplar la Creación desde la paz que te ofrece el relajo del periodo estival. El sol nos toca la piel y es capaz de sacar al exterior nuestra belleza interior, esa en la que nadie se fija normalmente, pero que el buen humor y la paz de espíritu hacen florecer para invadirnos lo visible. El sol, fantástica estrella quasi infinita que reside en la galaxia para sostener esta vida nuestra, y que acude a diario para darnos los buenos días, y al anochecer las buenas noches reflejándose en la luna.  

Y es que en nuestra Vía Láctea no existen tantos soles como estrellas pudiéramos alcanzar a ver, sino que son muchos más los soles que sostienen nuestro sistema tirando unos de otros desde el mismísimo bulbo o núcleo galáctico, de manera ordenada y tan acompasada en sus formas y en el tiempo que somos incapaces de percibirlo. Eso sí, cada sol y cada estrella es diferente: como los seres humanos, diferentes unos a otros.

El ser humano como otra obra más de la Creación, es otra estrella más (su preferida) a los ojos de Dios, que brilla para alimentar de vida a otros seres simplemente por el hecho de respirar. Dios tira de nosotros como lo hacen entre sí los soles en nuestra galaxia, callado en silencio y pasando tan desapercibido como pasan para nosotros las 400 mil millones de estrellas con las que compartimos hogar en el espacio. Susurrando, un ente sujeta a otro desde el bulbo galáctico hasta la punta máxima de la espiral que forma nuestra galaxia; en silencio Dios nos sujeta a sus hijos desde el uno hasta el otro confín de la Tierra. Podemos vivir sin saber que existen 400 mil millones de estrellas en nuestro hogar galáctico, igual que otros muchos viven sin saber que es Dios quien  les sostiene: no darse cuenta de esto, es como pensar que sólo existen las estrellas que alcanzamos a ver desde nuestra posición.

Existen estrellas que brillan magníficas en su órbita, y otras que lo hacen turbadas simplemente por su ubicación en el  espacio, pero todas además de ser perfectas, son fundamentales para que todo funcione; así es como sucede con el ser humano. Poco importa cual sea la percepción que tengan unos sobre otros, o cual sea el prisma con el que se mire, el ser humano en su complejidad es de una belleza tan sublime que siempre brilla sobre la Tierra.

Pararse a contemplar la belleza del ser humano –con su idiosincrasia particular incluida- es uno de los retos más grandes que tenemos las personas, fundamentalmente porque nunca lo hacemos. Este periodo estival y de verano es perfecto para hacerlo, para pararnos a contemplar esa belleza del otro que sin darse ni cuenta ha salido a cubrir su cuerpo. Pararse a mirar atentos cada rasgo marcado, cada palabra dicha, cada paso al caminar, la suavidad o aspereza de una mano estrechada. Como sonreímos cuando nadie nos mira, como marcamos aún más nuestras formas cuando salimos a buscar el amor, como es la respiración al dormir o las formas de su mentón.

Merece la pena disfrutar de lo creado, pues solo de Dios puede venir una perfección tan perfecta como la que nos ha regalado a los seres humanos, con nuestras perturbaciones incluidas… ¡magníficas estrellas en la Tierra!

Amar a los demás sería mucho más fácil si nos diéramos cuenta de que este conjunto de seres humanos que formamos esta orquesta musical de la vida, nos sujetamos unos a otros en la Tierra, al igual que lo hacen entre sí las estrellas en el cielo.

 

Javier M

 

 

Escrito el Vie, 10/08/2012 - 21:55

 

Querido navegante, a mi me ocurre todos los días que resuena en mi cabeza aquel mandamiento único que nos dejó  Jesús cuando vino a darnos testimonio del Padre. Y digo el único mandamiento porque aunque se encuentren desmenuzados en diez, en realidad es uno sólo… la Iglesia Católica los resume en dos: "Amarás a Dios sobre todas las cosas" y "amarás al prójimo como a ti mismo"… sin embargo uno sin el otro no funciona (Amar a Dios sin amar lo por Él creado es una contradicción en si misma). Ambos se resumen en uno: EL AMOR. Es cierto que a muchos nos cuesta una barbaridad cumplir aquel de amar al prójimo como a uno mismo, quizá por este motivo (como buena conocedora de nuestras debilidades), la Iglesia Católica cita ambos de forma separada pero dotándolos de idéntica importancia.

Pero es muy difícil separarlos, habida cuenta que además si rebuscamos en el interior del mandamiento "amarás al prójimo como a ti mismo" nos damos cuenta que tiene truco. Son dos mandamientos en uno: amar al prójimo y amarnos a nosotros mismos… esto se complica.

Y es precisamente en la base de esta complicación donde hoy quiero adentrarme, querido navegante intrépido de océanos cibernéticos. Es un hecho: nos consideramos cristianos (quizá tú no, aunque tengas la gentileza de visitarnos). Como cristianos debemos amar al prójimo, porque así nos lo ha pedido Quien bien nos quiere.

Cierto, este nos cuesta mucho llevarlo a la práctica… Pero ¿Por qué? No pretenda yo aprovechar este espacio privilegiado de mi blog en Crismhom para hacer apología contra el capitalismo, ni mostrarme antisistema… no quiero apuntar tan alto; y no es porque no me interese el asunto (que puede que también), sino porque quiero centrar mi interés en ti.

Ayer estaba de viaje, salía de Madrid hacia un lugar mucho más tranquilo bastante alejado de esa especie de micro-civilización voraz en la que vivimos muchos. Su ferocidad no tiene limites, y no es porque se trate de esta ciudad en concreto, simplemente es que… pongamos que hablo de Madrid… al azar… una entre muchas en las que nos concentramos mayor número de personas luchando a la desesperada por salir adelante.

Es indudable que todos queremos ser felices, ese es por supuesto el objetivo de la mayoría, pero no nos dejan. Querido internauta cristiano LGTB, seguro que tienes en tu vida cuitas que te arrastran al padecimiento y a la ansiedad (vivas donde vivas). Quizá estás inmerso en un proceso judicial que te desvela  (o quizá ya nos leas desde prisión), quizá tienes un sobrepeso que no sabes como quitarte y por él sientes que te hacen de lado, o quizá tienes un conflicto en lo más profundo de tu fe para llegar a creerte sin tapujos (y definitivamente) que Dios te ama con independencia del sexo que tenga la persona de la que te enamores. Quizá, mi queridísimo homosexual, heterosexual, transexual o bisexual, en este momento te encuentras en una discusión familiar que no te deja dormir, o quizá estás preocupado por tu salud y esa inquietante enfermedad (creada por el hombre) que te acucia de esa manera… en resumen, cada día nos atacan cientos de circunstancias que nos quitan la paz, que nos sentimos incapaces de superar, que nos atormentan hasta la impotencia… quiero que sepas querido navegante, que esto que te ocurre es completamente normal. No estamos diseñados para esto.

Cuando Dios lo creó todo, no creó a aquella bacteria -que después daría lugar a lo que somos- para batallar contra la prima de riesgo, el ataque de los propios Estados a los ciudadanos, o cualquiera de tantas otras cosas como las que tenemos que enfrentar en nuestros días. Por eso nos envió a su Hijo, porque la situación de aquella civilización era insoportable para sus ovejas.  Querido cristiano LGTB… sufres porque no puedes con todo lo que te ocurre, porque el único mecanismo al que tiene acceso nuestro gen cavernícola, es aquel que nos genera ansiedad, para así poder tomar impulso y echar a volar. Tu tristeza y tu ansiedad es normal… no estamos creados para esto…

Sin embargo, sí estamos concebidos para otras cosas que son verdaderamente fáciles de alcanzar (y que sí estaba entre Sus planes cuando la bacteria): amar a los demás desde la libertad que nos da el intentar hacerlo desprendidos de todo aquello que nos lleva al sufrimiento, y por supuesto, sin complejos. A saber; cuesta mucho amar al otro cuando estamos enfermos, cuando no nos alcanza para la hipoteca, o cuando nuestra vida es tan inestable que ni siquiera sabemos si el mes que viene podremos seguir viviendo en el mismo sitio. Hay que desprenderse de todas estas cosas que no son de Dios (ni concebidas para el ser humano), para alcanzar la meta de amar al prójimo – incluida su tendencia sexual-.

Tienes razón querido lector, esas cosas ocupan tanto tu consciente que el desprendimiento es prácticamente un acto de fe (como decía aquel…): Hoy vamos a buscar nuestro acto de fe.

Antes de irme por las ramas pretendía contarte un secreto… el secreto se titula: «Sólo llamé para decirte que… ¡te quiero!»; y es que en mi viaje hacia lugares más calmados que la voraz capital, de repente he escuchado en la radio del coche una fantástica canción que pese haberla oído cientos de miles de veces, nunca me había parado a escucharla. Se titula como mi secreto (en realidad mi secreto se titula como la canción): «I just called to say I Love You». El artista es el gran Steve Wonder. Seguro que es una canción que has oído mil veces, pero quizá nunca te has parado a escucharla, como me pasaba a mí.

Mientras escuchaba la canción recordaba mi etapa de vida en el convento. Y recordaba a los frailes, a mi comunidad… siempre contentos y optimistas, siempre dispuestos… Este es el motivo de su felicidad: amar a los demás. Vivir en paz. Y vivían en paz porque con sus actos contribuían a que los demás también vivieran en paz. Ese era su truco. La bondad que regalaban, les venía devuelta. Amaban al prójimo, y por tanto se amaban a sí mismos, pues los demás les hacían felices con el dibujo de sus sonrisas. Mataban dos pájaros de un tiro cumpliendo el mandamiento más difícil de cumplir. Y sin darse ni cuenta…
Ellos son sin duda conscientes de que los pecados no nos han sido dados como arma represora, sino como instrumento para que alcancemos la felicidad máxima (ese es el deseo común de todos los padres para con sus hijos, incluso para nuestro Padre del cielo)

Como cristianos no debemos hacernos daño entre nosotros. Es nuestra responsabilidad sonreír a la operadora de nuestra compañía telefónica cuando al llamar nos responde desagradable… querido navegante ¡si tú sufrieras el acoso 8 horas seguidas de responder el teléfono a individuos virulentos encerrado entre los paneles de un puesto de tele-operador!
Cuando vuelvas a llamar a tu Operadora, no olvides su pequeño espacio de trabajo, ni olvides cuantas personas la han atacado hoy… sonríele, bromea respetuosamente, hazle más fácil su trabajo con tu bondad, reconócela su esfuerzo… cuando finalices la llamada serás una persona más feliz, habrás amado al prójimo, y te estarás amando a ti mismo.
Este ejemplo de probar nuestra humanidad con un teleoperador puede parecer realmente un sinsentido...  pero a modo de ejemplo es válido para darnos cuenta de lo facil que puede llegar a ser cambiar nuestra actitud para con los demás.

Como dice Steve Wonder, no hay nada que celebrar, pero quería decirte que me importas: porque de eso se trata, de no dañarnos unos a otros; porque somos cristianos y porque lo tenemos al alcance de la mano.

Te dejo la canción de Steve Wonder y su traducción bajo el video. Escúchala tranquila o tranquilo todas las veces que necesites antes de llamar a alguien para decirle lo mucho que lo necesitas, y no olvides amarte en la misma inmensa medida que lo hacen desde Arriba, pues aunque no todos somos Steve Wonder y tenemos su facilidad para decir las cosas, estás rodeado de personas que te aman con locura, aunque en absoluto silencio.

 

 

No New Year’s Day to celebrate,
No chocolate covered candy hearts
to give away,
No first of spring,
no song to sing,
In fact, here's just another ordinary day.

No April rain, no flowers' bloom,
No wedding Saturday
within the month of June.
But what it is, is something true
Made up of these three words
that I must say to you.

chorus:
I just called to say I love you;
I just called to say how much I care;
I just called to say I love you,
And I mean it from the bottom of my heart.

 
No summer's high, no warm July,
No harvest moon to light
one tender August night,
No autumn breeze, no falling leaves,
Not even time for birds
to fly to southern skies.

No Libra sun, no Halloween,
No giving thanks for all the Christmas joy
you bring,
But what it is, tho' old, so new,
To fill your heart
 like no three words could ever do.

No hay Año Nuevo para celebrar
No hay chocolatitos con forma de corazón
para regalar
No comienza la primavera,
Ni hay canciones que cantar
De hecho, éste es solo un día más

No hay lluvia de Abril, ni flores que florezcan
Tampoco sábado de bodas
del mes Junio
Pero esto, es algo verdadero
Que se compone de esas tres palabras que debo decirte

Estribillo:
Sólo llamé para decirte que te quiero
Sólo llamé para decirte lo mucho que me importas
Sólo llamé para decirte que te quiero
Y lo digo desde lo más profundo de mi corazón

No es un verano especial, ni un julio caluroso
No hay luna llena que ilumine
una tierna noche de Agosto
Ni brisa de otoño, ni hojas cayendo
No es la época en la que los pájaros
vuelan hacia cielos del sur

No hay sol en Libra, ni es Halloween,
Ne es dar las gracias por la alegría que
transmites en Navidad
Pero esto aunque viejo, es tan nuevo
Que llenará tu corazón
Como sólo tres palabras pueden hacer.

 

 

 

Escrito el Mié, 27/06/2012 - 02:30

Ya Tomás Moro (Londres, 7 de febrero de 1478) allá por el Renacimiento, creó filosóficamente con su "Utopía"  un lugar utópico en el que vivir acorde a los tiempos que se vivían en aquella época...

Hoy nos enfrentamos a otras «utópías» que son más fáciles de convertirlas en realidad que las que proponía Tomás Moro...

Nuestros hermanos de comunidad Miguel Ángel y LOMB, me han pedido que os traiga al blog este emocionante video en el que se nos llama a crear un mundo diferente... juntos podemos

 

 

Escrito el Jue, 31/05/2012 - 11:28

No estamos en absoluto acostumbrados a que miembros de la Iglesia hagan declaraciones públicas a favor de los homosexuales. Pero afortunadamente a veces nos regalan declaraciones como las que ha hecho Rainer Maria Woelki, cardenal y arzobispo de Berlín, que ha invitado a sus compañeros a que reflexionen y reconsideren su postura.

En concreto, ha afirmado lo siguiente:

Cuando las personas aceptan una resposabilidad mutua, cuando viven en una relación de pareja homosexual duradera, eso se debe considerar de manera similar a una relación de pareja heterosexual.


Y tiene toda la razón, básicamente porque una relación de pareja es exactamente igual tanto para heteros como para gays. Eso sí, como no podía ser de otra forma, no podemos tirar cohetes, ni mucho menos. El propio Woelki es consciente de que los cambios en el seno de la Iglesia Católica van a ser muy lentos y, además, afirma que el matrimonio igualitario no será una realidad en el futuro.

No es la primera vez que Woelki defiende públicamente a los homosexuales, pero cabe destacar que ha habido ocasiones anteriores en las que se ha dedicado a atacar al colectivo. Al parecer, desde que fue ordenado cardenal el pasado mes de enero, ha suavizado muy mucho su postura.

Fuente: Ambienteg/Religión Digital

 

Escrito el Dom, 27/05/2012 - 17:05

El Espíritu Santo lo representamos con una paloma, pues el Evangelio nos cuenta que cuando Jesús  fue bautizado por Juan el Bautista, el Espíritu de Dios bajó del cielo tan rápido y bello que « parecía una paloma ». Por asimilación, al Espíritu lo representamos con una paloma.

El Espíritu Santo es la tercera persona de la Santísima Trinidad, que procede del Padre y del Hijo.

Jesucristo prometió a los apóstoles que les enviaría el Espíritu Santo, el cual les recordaría y les ayudaría a entender todo lo que Él le había dicho. El Espíritu Santo es Dios, la tercera Persona de la Trinidad. Como Dios, el Espíritu Santo puede funcionar verdaderamente como Consejero y Consolador, tal como lo prometió Jesús. (Juan 14:16, 26; 15:26).

Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en un mismo lugar. Y de repente sobrevino del cielo un ruido, como de un viento que irrumpe impetuosamente, y llenó toda la casa en la que se hallaban. Entonces se les aparecieron unas lenguas como de fuego, que se dividían y se posaban sobre cada uno de ellos. Quedaron todos llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en lenguas, según el Espíritu les hacía expresarse.Hechos 2, 1-4

El Espíritu Santo es por tanto, El Espíritu de Dios que habita en nosotros, al que representamos como persona viva, que nos alienta e infunde sabiduría suficiente para predicar la Buena Noticia.

Según la tradición el Aire infundido por el soplo del Espíritu Santo, fue quien determinó cuales sería los actuales « Libros Sagrados »que conforman la Biblia, y  cuales los Apócrifos (que significa falsos).

Además y en base a lo antedicho, para los cristianos los Libros del Nuevo Testamento fueron escritos por los Apóstoles gracias a la inspiración del Espíritu Santo:

La acción del Espíritu Santo en los Apóstoles los hizo fuertes, audaces y santos para anunciar el Evangelio con fidelidad a todo el mundo.

La Iglesia quedó constituida en templo del Espíritu Santo; El la santifica y hace que los bautizados se unan a la Santísima Trinidad.

¿Quién es el Espíritu Santo?

El Espíritu Santo es la tercera persona de la Santísima Trinidad, que procede del Padre y del Hijo, quienes lo enviaron al mundo para vivificar y santificar a los hombres. «El Espíritu de Dios»

¿Cuándo envió Jesús el Espíritu Santo a su Iglesia?

Jesús envió el Espíritu Santo su Iglesia el día de Pentecostés, en forma de lenguas de fuego, sobre los Apóstoles y María Santísima.

¿Qué indicaban las lenguas de fuego?

Las lenguas de fuego indicaban que el Espíritu Santo venía a santificarnos por medio de la luz de la verdad y el calor del amor.

¿Cómo nos santifica el Espíritu Santo?

El Espíritu Santo nos santifica por medio de la gracia, de las virtudes y de sus dones.

¿Qué son los dones del Espíritu Santo?

Los dones del Espíritu Santo son disposiciones permanentes, infundidas por Dios, que hacen al hombre dócil, para seguir los impulsos del Espíritu Santo.

¿Cuáles son los dones del Espíritu Santo?

Los dones del Espíritu Santo son: Sabiduría, entendimiento, Consejo, Fortaleza, Ciencia, Piedad y Temor de Dios.

Antes de irse Jesús de esta tierra, les dijo esto a sus Apóstoles: «… Y yo permaneceré con vosotros hasta el fin del mundo".Mateo 28, 20

Esta promesa de Jesucristo de quedarse con nosotros hasta el fin del mundo es, precisamente, la presencia del Espíritu Santo en nosotros y en medio de nosotros.

¿Qué hace el Espíritu Santo?

El Espíritu Santo nos ayuda continuamente a cada uno de nosotros para que podamos hacer la Voluntad de Dios, para que podamos obedecer a Dios.

El Espíritu Santo nos guía para que podamos llegar al Cielo, que Dios nos ofrece para vivir con El eternamente en felicidad total.

El Espíritu Santo es Quien nos santifica. Con sus inspiraciones nos dice cómo podemos ser santos.

Así que también tenemos que ser dóciles a estas inspiraciones; es decir, tenemos la opción de  seguir al Espíritu Santo cuando nos ilumina.

De esa manera podremos navegar por esta vida guiados por el Espíritu Santo hacia nuestra meta definitiva, que es el Cielo.

¿Qué enseñanza podemos sacar para nosotros si queremos recibir el Espíritu Santo?

Que lo más importantepara recibir el Espíritu Santo, para poder sentir sus inspiraciones y para recibir su fuerza es la oración.

 

ORACION

Ven, Espíritu Santo,

Llena los corazones de tus fieles

y enciende en ellos

el fuego de tu amor.

Envía, Señor, tu Espíritu.

Que renueve la faz de la Tierra.

 

Oración:

Oh Dios,

que llenaste los corazones de tus

fieles con la luz del Espíritu

Santo; concédenos que,

guiados por el mismo Espíritu,

sintamos con rectitud y

gocemos siempre de tu consuelo.

Por Jesucristo Nuestro Señor.

Amén.

Para todos los cristianos el Espíritu Santo es la tercera Persona de lo Supremo, sin embargo existen movimientos cristianos que lo veneran con más dedicación, como por ejemplo la Renovación Carismática o Taizé.  
 

Fuentes: Propia, catholic.net y catecismo de la Iglesia Católica.

Javier M

 

 

 

Escrito el Dom, 27/05/2012 - 10:55

La definición de oración según San Juan Bautista María Vianney, también conocido como el  Santo Cura de Ars :  « La oración no es otra cosa que una unión con Dios »

Según Santa Teresa de Jesús: « Para mí la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada al cielo, un grito de agradecimiento y de amor tanto en las penas como en las alegrías », según el Padre Carlos de Foucauld: « Orar, es pensar en Jesús, amándolo »

La oración es la adoración, la escucha de Dios; es nuestra conversación con Dios. La oración es la mirada interior del alma dirigida hacia Dios por la fe y el amor, pues la oración en sí misma no consiste en recitar y repetir  fórmulas de manera automática, es únicamente enfocar hacia Dios la mirada interior del alma.

¿Cómo comenzar nuestra oración?

Tenemos en primer lugar que tomarnos nuestro tiempo para entrar en oración, no tener prisa, colocarnos en una posición estable, adoptar una actitud corporal de oración. Podemos comenzar nuestra oración poniéndonos « en presencia de Dios ». Debemos vaciarnos de nosotros mismos para ponernos delante de Dios.

En efecto, Dios está presente en el corazón del hombre, y es necesaria concentración sobre uno mismo para encontrar a Dios. El silencio que necesitamos para hacer oración, es por tanto un silencio interior. Es bueno pedir ayuda con humildad al Espíritu Santo para conseguir este propósito.

¿Cómo podemos encontrar apoyos para realizar nuestra oración?

Nuestra oración puede ser más enriquecedora con soportes externos: Un texto que nos conmueva, una imagen religiosa, una pequeña capilla, la potencia religiosa de la llama de una vela, el calor de las personas reunidas juntas en oración, el fervor de los cantos, un grupo de oración, la oración con nuestros hijos y en familia… Todo esto puede estimular nuestra oración y reforzarla. Cada uno puede utilizar todo aquello que más le ayude.

DIFICULTADES ANTE LA ORACIÓN

No tengo tiempo de orar, estoy realmente ocupado en mi vida.

Es cierto, esto es para muchos de nosotros una gran dificultad. A saber, cuando decimos « no tengo tiempo de hacer esto », eso quiere decir que al hacer cosas que consideramos importantes, ya no nos queda tiempo para hacer nada más. Es pues, la escala de valores que nosotros mismos nos hemos establecido. Si no tenemos tiempo de orar, es que lo consideramos menos importante que el resto de nuestras actividades. Por tanto, si la oración es importante para nosotros podemos encontrar el momento, a condición de poner los medios necesarios, cada uno en la medida de sus posibilidades, y de una manera realista que no condicione nuestros quehaceres cotidianos y necesarios. Aunque no olvides algo, también podemos alcanzar una oración muy profunda, en un pequeño espacio de tiempo.

No alcanzo el recogimiento, me distraigo mucho cuando estoy orando

Es cierto, somos continuamente asaltados por distracciones cuando oramos, y tenemos la impresión que no llegamos a orar realmente. Pero las distracciones, son a menudo los motivos  y parte de esa vida nuestra, que subyacen en el núcleo de nuestra oración. Piensa que Dios conoce nuestras debilidades y es sensible a nuestra buena voluntad. Nos prefiere distraídos que ausentes. Cuando estemos distraídos, simplemente tenemos que recordar que el Espíritu Santo habita en nosotros, y ora en nosotros mismos. Podemos ofrecer a Dios todo lo que somos, incluso con nuestras distracciones. « No menosprecies tu oración, porque Dios no la menosprecia » (San Bernardo)

No siento nada, tengo el corazón seco, la oración me aburre

A veces nos ocurre que no sentimos la presencia de Dios, que nos encontramos a disgusto en nuestra oración, que nos aburre. Es verdaderamente una prueba difícil de soportar, pero el amor de Dios no es sólo sentimiento. El amor verdadero de Dios rebasa el lado afectivo. Esta prueba es un camino de purificación para descubrir el amor verdadero. Si sientes que tu corazón se endurece, es que ha llegado la hora de perseverar.  Cuando nos enamoramos, podemos aceptar el aburrimiento gracias al amor que sentimos. Aprendamos  a escuchar el silencio de Dios.

No sé qué decir cuando estoy orando

Cuando no encontremos las palabras en nuestra oración, podemos recurrir al rezo de oraciones conocidas o a leer una oración. Además, no te tienes que preocupar, en la oración no se trata de recitar y formular palabras y frases de oratoria perfecta, la oración es ante todo la disposición del espíritu y del corazón, que puede ser representada también por nuestras actitudes. Es muy conveniente que antes de hablar a Dios escuches o leas la Palabra, que llega a nosotros de diferentes formas (particularmente por la Biblia). Dios nos ha hablado antes de que nosotros le habláramos. Si no encuentras las palabras, no te preocupes, permanece en el recogimiento del silencio ante Dios, pues Él acoge nuestra presencia simple y generosa.

Me desanimo, pues nada de lo que pido me es concedido.

Cuando hacemos una oración de petición, tenemos que aceptar desde el corazón que a veces Dios no nos satisface como nosotros deseamos (como cualquier padre a sus hijos). Nuestra plegaria es siempre escuchada, pero no siempre de la forma que nosotros querríamos. Estemos seguros que Dios nos escucha y nos da su ayuda, pero ésta puede serte dada de diferentes maneras. La oración de petición es la expresión de nuestras necesidades, pero ésta debe consumarse únicamente con la entrega de nuestra confianza.

No estoy seguro de tener fe

Cuando dudemos de la existencia de Dios, podemos dirigirnos a Él pidiéndole que nos manifieste su existencia y que nos aclare su realidad. La oración nos coloca en una actitud de apertura y disponibilidad. Es nuestra oración al Dios desconocido.

Simplemente confía y abre tu corazón

Javier M

Escrito el Sáb, 26/05/2012 - 12:23

Este fin semana algunos hermanos de Crismhom hemos vivido un fin de semana mágico de convivencia en la provincia de Segovia. A las pocas horas de regresar,  y de entre la  lluvia de Madrid, ha aparecido en lo alto resplandeciente y poderoso, un brillantísimo arcoíris a recibirnos y a darnos la bienvenida.  
Prodigioso regalo de la Naturaleza que ha aparecido haciéndose sitio entre las nubes, para grabarnos en el alma y en el corazón, estos dos días que hemos vivido en ferviente fraternidad cristiana.  

Y es que este fin de semana han estado muy pendientes de nosotros desde allá Arriba; todos lo hemos podido sentir cada vez que nos mirábamos a los ojos: tanto cariño, tanto respeto, tanta alegría y tan profunda espiritualidad, sólo podía ser el aire suave de un Soplo venido del cielo.  

Hoy ha tocado a su fin la convivencia de primavera de Crismhom. Todos esperábamos este fin de semana con unas ganas muy parecidas a las que tienen los niños cuando saben que ya van a  nacer. Todos teníamos las mochilas cargadas de risas, solidaridad y por supuesto, mucha fe. Y es por eso que nada nos ha impedido ser nosotros mismos y mostrarnos tal cual somos a toda la comunidad cristiana.

Sin tapujos, sin miedo y arropados por nuestro amor a Dios, hemos invadido las dependencias de la casa de espiritualidad que nos ha acogido, regando cada rincón con la frescura de quien es feliz por despertar y amanecer al lado de los suyos. Este fin de semana, mas suyos que nunca, mas unidos que nunca, y más abandonados en Cristo que nunca.

Hemos echado de menos a muchos miembros de la Asociación que no han podido venir; pero estaban en nuestros corazones, pues no hemos parado de escuchar en los dos días a personas citando discretamente a los ausentes, riéndose contando sus anécdotas y haciéndoles presentes a cada momento. Y es que el Señor nos ha reunido a todos, a los presentes y a los ausentes, para alabarle juntos con más fuerza que nunca, para hacernos más valientes y firmes en este empeño suyo de utilizarnos como faro entre la comunidad cristiana LGTB. Él se lo pidió hace unos años a los fundadores de Crismhom, y hoy, varios lustros después, todavía sigue pidiéndoselo a esta comunidad cristiana que formamos Crismhom; todos hemos sentido en nuestros corazones como Dios nos inyectaba su poderoso amor en el alma, y nos daba ánimo para seguir acogiendo a todos los cristianos LGTB que le aman y le oran en silencio.

Cual difícil es hablar de esta convivencia sin agradecer desde la pasión la visita de nuestros hermanos y amigos misioneros en Brasil; se cumple un año desde que se fueron a entregar su vida a los que necesitaban de ella, y en esta convivencia hemos podido escucharles y ser testigos oyentes de las providenciales (y desgarradoras) aventuras que están viviendo por cumplir su sueño de vocación misionera.

Granada, Sevilla, Colombia, Asturias, Ecuador, México, Galicia… cada uno llegado de su rincón maravilloso del mundo a estas tierras castellano-leonesas, en las que hemos participado todos juntos y a una sola voz, en todas las actividades y talleres que con tanto éxito y entrega han organizado desde el desinterés al reconocimiento Alberto, Xabier, Gonzalo, Inma, Gustavo, nuestra guitarrista Fanny, nuestro coro fantástico a las ordenes de su director José Luis… vuestro tesón ha sido la gasolina de nuestros motores a sístole y diástole.  

Y el Dios al que amamos los cristianos siempre presente, en cada anochecer juntos, en cada lágrima, en cada risa, en cada escalofrío, en cada relato de nuestras vidas, en cada rato de oración… porque de todo ha habido en este mágico fin de semana que no por ser irrepetible será el último, que ha sido y será otro escalón de esta escalera invisible que estamos construyendo en unidad la comunidad cristiana LGTB, y que nos eleva hasta el gozo de hacernos sentir cada día más en comunión con Dios.

¡Hasta la próxima!

Javier M

Escrito el Dom, 20/05/2012 - 21:59