Blog personal de amigo

Jn 3, 13-17

Ante la cruz del Señor podemos tomar dos actitudes: exaltación del dolor, tortura y sufrimiento, o contemplación del Amor. 

Me gustaría recordar hoy dos frases del Evangelio: cuando sea elevado el Hijo del Hombre...porque Dios desea la salvación del mundo. No somos masoquistas ni sádicos. El dolor en sí mismo es malo, maligno, no deseado por Dios. 

Hoy se nos invita al contemplar a Aquel que se entrega hasta la muerte por amor a toda la humanidad, a toda la creación. Un Amor divino que desea la salvación para todo ser creado, para cada hombre, para cada mujer. 

Contemplar la cruz es contemplar el Amor de nuestro Dios. Sintamos en nuestro corazón ese gran amor. 

Escrito el Lun, 14/09/2020 - 08:05

Jer 20, 7-9 Sal, 62 Rom, 12, 1-2 Mt, 16, 21-27

Las lecturas de hoy son bellísimas. Cualquiera de ellas, incluido el salmo, son para saborear y contemplar. 

La relación del profeta con Dios es increíble: me sedujiste, y me dejé seducir. Ante las dificultades, te quería olvidar...y no podía. Eres un fuego ardiendo desde lo más hondo mi ser, desde mis huesos...

¿Qué sería Dios para este hombre? ¿Qué es Dios para mí? 

El Evangelio va por aquí,: dejar que Dios sea tan principal y especial en mí, que mi vida sea Él, porque es el Único capaz de llenar todo mi ser. La familia, y todos aquellos a quienes tanto quiero, son un don suyo, un don reflejo suyo, unidos a ellos por el amor que es Él. No es que les "cambiemos" por Él, sino que con ellos, tan importantes para mi, llegamos a Él, Él está en ellos, en toda nuestra vida, en toda la creación. Vivir el Amor que brota de Él me lleva a la entrega total, a dejar que Él sea el centro de mi vida, de mi ser. La cruz cristiana no es la búsqueda del dolor, sino la búsqueda del Amor, de la entrega a los que me rodean por amor. Hacer de Dios el centro de mi vida, es hacer del Amor mi centro fundamental. Y así, ofrecemos nuestro cuerpo, nuestra vida a Aquel que nos puede llenar de Amor, de Él mismo. 

Por ello, "mi alma está sedienta de Ti, Señor Dios mío".

Contemplemos hoy estás lecturas en silencio, en paz, y vivamos unidos a Él.

Escrito el Dom, 30/08/2020 - 21:52

Mt 23, 27-32

Ornamentar y encalar, descuidando lo de dentro, que es realmente lo importante. 

Creo que hoy el Señor nos invita a seguir avanzando por un camino de vida interior, que va desde lo interior hacia lo exterior, no al revés. 

Cuando el Maestro critica el afán por aparentar, por cuidar tan solo lo que se ve, y no caer en la cuenta de la esencia, de lo hondo, de lo profundo, de lo que da consistencia a todo, quedándonos en lo meramente aparente, y en la crítica fácil (no hubiéramos sido cómplices...), nos está indicando un camino a seguir: del corazón hacia afuera. Tal vez el mayor recorrido que podamos hacer. 

Crecer hacia dentro, encontrar las auténticas fuentes de la vida, vivir el encuentro con nuestro Dios, dejar que Él sea el manantial de donde brota el agua, la esencia de la vida. 

Nuestra fe a veces ha sido presa del ritualismo, del dogmatismo y del moralismo. Creo que el Señor hoy nos convoca con este Evangelio a volver al origen, a las fuentes, al encuentro con Dios. 

Por supuesto que no quiero negar ni nuestras verdades de fe, ni nuestras formas de celebrar, ni nuestra vida y actitudes cristianas, pero nunca lo hagamos sin alma ni sin corazón: que sea realmente el encuentro con el Dios de Jesús el que nos lleve a la vida, y a actuar y ser conforme a Él. 

Vivamos ese encuentro con Él.

Escrito el Mié, 26/08/2020 - 22:51

Mt 16, 13-20

Un Evangelio para saborear y meditar: ¿quién digo yo que es el Señor? ¿quién es para mí?


Creo que hoy nos toca actuar y vivir un poco como Pedro: dejarnos llenar e inundar por Dios, que nos revela quien es Jesús, quién es Él mismo.


Responder hoy y ahora a esta pregunta supone antes leer despacio este pasaje evangélico, silenciarnos y dejar que resuene esta Palabra, y luego no tanto dar una respuesta teórica, sino vivencialmente dejar que el Espíritu aletee, habite en nosotros. Dejar que Él esté en nuestra persona, en nuestro ser. Porque Él realmente habita en nosotros. En definitiva, contemplar y estar con el Señor. Vivir hoy aquello que su Presencia nos hace sentir.

Escrito el Dom, 23/08/2020 - 17:56

Mt 23, 1-12

Volver a leer este texto en clave moralista no creo que sea lo más acertado, aunque contenga gran carga moral. 

Si observamos despacio, podemos encontrar un "retrato" de cómo es el Señor: Jesús habla y enseña a quien se acerca a Él, en Él la coherencia entre lo que dice y hace es total (a diferencia de esos letrados y fariseos), Él sí est dispuesto a liberar, a no cargar con fardos insoportables a la gente, y a ayudar, no busca que se le vea, ni que se le rinda homenaje, no desea figurar y aparentar y busca la comunión con el Padre del cielo. 

Es un Evangelio para saborear y contemplar al Maestro, sentir su presencia y cercanía, que camina a nuestro lado amando y sirviendo, reconociendo a Dios y a los demás. 

Buscar al Señor,estar con Él, amar como Él, servir y ayudar a los demás.

Escrito el Sáb, 22/08/2020 - 11:56

Lc 1, 39-56

No quiero con estas palabras explicar la verdad de la Asunción de la Virgen. Entiendo que quiere decir que  Maria goza ya de la plenitud total de la salvación. Por ser la mujer que auténticamente cree, se fía de Dios.

Si me quiero detener en la escena evangélica de esta lectura. Es realmente para contemplar y orar. 

Primero el encuentro entre Isabel y María. Y las palabras de Isabel, ojo, llena de Espíritu Santo: "dichosa tu qué has creído". Dichosa y Bienaventurada, Feliz, es lo mismo. María la mujer que cree, que se fía de Dios. Y por ello es Feliz, Bendita.

Y las palabras de María que dicen no lo importante que es ella, sino lo grande y alucinante que es Dios: el Único que hace maravillas, Él que llena de vida todo. 

Leed despacio su cántico de alabanza a este Dios que hace nuevas todas las cosas. Las renueva y las transforma. Las llena de sí mismo, de vida, de Dios. 

Hoy es para contemplar este encuentro, y saborear palabra a palabra toda la escena. Visualizar, oír y saborear. Estar con María, ver a Isabel, sentir a Dios cerca, muy cerca. Oir a estas dos mujeres. 

Pararnos y contemplar.

Escrito el Dom, 16/08/2020 - 10:40

Mt 18, 15-20

Creo que la lectura de este texto desde la clave de la corrección fraterna (¿realmente fraterna?), no es lo más correcto, aunque parezca lo más básico, y sea lo más llamativo. 

Me disgusta profundamente la lectura moralista del Evangelio y de toda la Palabra. 

Creo que la clave está en la llamada a la comunión y a la comunidad. 

Saber que el Señor habita, está y es en cada uno de nosotros, saber que Él habita, está y es en el otro, y que, igual que yo, la otra persona es Presencia de Dios, del Misterio inabarcable de la vida, nos hace caer el cuenta de que el otro es importante para mí. Y, por tanto, la comunión y la comunidad son fundamentales en nuestra vida. 

Contemplar hoy este Evangelio es contemplar esa Presencia de Jesús en nosotros, y es desear y valorar la unión, la comunión con los demás, en nuestro caminar. Porque Él lo desea así, y así nos ha hecho: personas en comunión. Personas que podemos unir el cielo con la tierra, que podemos elevar nuestra plegaria al Padre, que podemos sentir y vivir su Presenciareal en nosotros. 

Cada vez que con los otros vivimos un acto de amor, por pequeño que sea, estamos viviendo el misterio profundo e íntimo de la comunión con Dios. Mucho más cuando sentimos que estamos llamados a hacer el bien donde estemos. El bien, fruto del amor. Unidos con Dios, unidos con los hermanos. 

Me decía un amigo que nuestra vida como creyentes tendría que ser acción  de gracias y ofertorio. Acción de gracias a Dios por el don de la vida, y ofertorio de nuestro ser al Padre. Esta llamada a la comunión, así es: gracias por el otro, buscar lo mejor para él, y ofrecer todo al Señor. Qué así sea.

Escrito el Mié, 12/08/2020 - 14:30

Mt 14, 22-33

Me gustaría hoy tener en cuenta dos pequeñas frases del Evangelio: "pasó la noche a solas, orando" y "ánimo, soy yo, no temáis" 

Después de alimentar a un grupo grande de personas, Jesús se queda sólo: despide a la gente y a sus discípulos. Y busca la única compañía que le hace falta: el Padre. ¿Qué encontraría el Señor en la soledad, en lo alto del monte, a solas? 

Es sorprendente cómo el Señor busca esos momentos de continuo, el encuentro con Dios, con el Misterio y la fuente de la vida. Cuanto nos cuesta buscar y vivir esos momentos tan intensos de soledad y a la vez de comunión...

Pero unido a esa experiencia de encuentro con Dios, Jesús vive otra experiencia: se hace presente en mitad de la tormenta, de lo que amenaza a todo ser humano simbolizado en la oscuridad, el mar, la inseguridad de las aguas revueltas, el huracán. 

Hoy os invito a contemplar así a Jesús: el hombre lleno de Dios que se hace presente en mitad de nuestras oscuridades, y nos dice "no temáis, soy yo". 

Contemplar el Evangelio, hacer silencio interior y exterior, visualizar paso a paso este pasaje, dejarnos empapar y llenar por él. 

Acojámos al señor en nuestra vida.

Escrito el Dom, 09/08/2020 - 20:13

Mt 13, 44-52.

Me encantan estas parábolas. 

Me identifico mucho con la parábola de la perla. Tal vez por mi alma de coleccionista.

Creo que el encuentro con Dios es esa gran perla preciosa.

Durante el confinamiento creo que eso fue lo que me salvó, a nivel humano y a nivel espiritual. Pero conforme se va abriendo la vida, y caminamos hacia la normalidad, donde la actividad y el encuentro pastoral va tomando más cuerpo en mi vida, voy teniendo más obstáculos y la dimensión de encuentro con el Señor va disminuyendo. Como si esa perla fuera disminuyendo de valor. Y, sin embargo, creo que es el gran valor de nuestra vida, de la vida. 

Efectivamente, hay otras perlas, pero creo que todas ellas dependen de la grande, la importante, el encuentro con el Señor. Y, por supuesto, muchos encuentros no llevan a ese Encuentro. Y muchos encuentros son un don, un regalo de ese gran Encuentro, para que por ellos, nos podamos. encontrar con Él.

 

Vivir hoy está parábola es descubrir esa gran perla, y poner todas las demás junto a ella: descubrir ese gran amor de Dios para orientar todo el sentido de nuestra vida desde ese gran amor. Vivir unidos a esa gran perla.

Escrito el Dom, 26/07/2020 - 10:58

Jn 20, 1-2. 11-18

Creo que es uno de los pasajes más bellos de la Escritura. Podríamos ir frase tras frase, y creo que cada una de ellas tiene algo que decirnos. 

Pero para contemplar hoy podríamos quedarnos en dos ideas. 

María va buscando un cuerpo muerto rota por el dolor: Aquel a quien quiere ha sido cruelmente torturado y muerto. Sólo  queda el recuerdo, y hacer lo que se hace por los muertos: en este caso, limpiar su cuerpo, su sepultura, y tal vez hasta ponerle flores. Rota por el dolor. Hasta el punto de no extrañarse de por qué el cadáver no está ahí, de ver unos ángeles, o de quién ha movido la roca de la entrada del sepulcro. Rota por el dolor porque ama intensamente a Aquel que sin condiciones la ha amado y sanado. Y este ha sido ejecutado. 

Ni tan siquiera le descubre cuando alguien le pregunta porqué llora; ahora bien cuando se la llama por su nombre de una forma muy especial,  donde indica que es muy muy conocida por quien la llama, es cuando cae en la cuenta de quién es Aquel que está delante de ella.

Sentirnos hoy llamados por nuestro nombre de esa forma tan especial. Sentir ese amor que derrama el Amante y Amado; sentir que ese Alguien es muy especial en toda nuestra vida. Porque Él nos ha amado, como a María Magdalena, sin condiciones. 

Vivir amados en definitiva, igual que esta mujer. Amados y amando.

Escrito el Mié, 22/07/2020 - 22:46