2020-01-01 “María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”

Santa María, Madre de Dios

Hoy es el día de año nuevo y la fiesta de Santa María, madre de Dios. La liturgia de hoy, octava de la Natividad (es decir, ocho días después del día de Navidad), está dedicada a felicitar a Maria por su maternidad. Y el evangelio de Lucas nos presenta el encuentro de los pastores con el niño, con María, su madre, y José. Todos juntos, los pastores y esta familia de María y José «con el niño acostado en el pesebre», son como una imagen preciosa de la Iglesia en adoración.

El evangelio nos dice que los pastores, después de escuchar el mensaje del ángel, «fueron corriendo». Fue la respuesta inmediata a la revelación de un hecho extraordinario. Los pastores se maravillaron y reaccionaron sin dudar, y fueron y vieron «un niño acostado en un pesebre». Se nos señala aquí un primer fruto del “encuentro” con Jesús: «Todos los que lo oían se admiraban». Lucas habla de un “encuentro”, de un encuentro de los pastores con Jesús. En efecto, sin la experiencia de un “encuentro” personal con el Señor no se da la fe. Sólo este “encuentro”, el cual ha comportado un “ver con los propios ojos”, y en cierta manera un “tocar”, hace capaces a los pastores de llegar a ser testigos de la Buena Noticia. Y para encontrar a Jesús hay que decidirse a dejar los “rebaños” del egoísmo, de la comodidad, del escepticismo, de la indiferencia, la insolidaridad, y acercarse a Jesús con sencillez de corazón.

Hay todavía un segundo fruto de este encuentro: «Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto». La adoración del Niño les llena el corazón de entusiasmo por comunicar lo que han visto y oído, y la comunicación de lo que han visto y oído los conduce a ser verdaderos evangelizadores que pueden dar a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel niño. Y es precisamente esto lo que necesitamos: ponernos en marcha. Hemos de pedir la gracia de saber suscitar esta admiración en nuestros hermanas y hermanos.

María nos enseña que para llegar a Jesús es necesaria también la oración. Ella «conservaba todas las cosas meditándolas en su corazón». Lucas es el evangelista que más destaca los gestos y actitudes de la Virgen María. En Belén y en el encuentro de los pastores con Jesús, María guardó y meditó aquella experiencia sencilla y profunda. María es la oyente de la Palabra. Siempre a la escucha de la Palabra, poniéndose a disposición del plan de Dios en su vida. María es la que escucha a Dios en los acontecimientos de la vida. Y María también es la oferente de la Palabra.

Nos dice el evangelio que hoy también se cumplen los ocho días para la circuncisión y la imposición del nombre de Jesús. En la circuncisión del Niño y al ponerle el nombre Jesús (Dios salva), María se desprende y ofrece a su hijo para la humanidad. Los hombres, al igual que hace más de dos mil años, siguen necesitando de Jesús. Pero pocos le reciben y le aceptan, porque se olvidan de la actitud que enseñan María y los pastores.

Hoy también celebramos la Jornada por la Paz, Desde todos los rincones de la tierra los creyentes se reúnen en oración para pedir al Señor el don de la paz y la capacidad de llevarla a cada lugar. En este primer día del año, oremos todos para que caminemos con más firmeza contra la guerra y la violencia. Y comencemos en casa. Paz en casa, entre nosotros. Debemos comenzar por las personas próximas. La paz, en efecto, requiere la fuerza de la mansedumbre, la fuerza no violenta de la verdad y el amor. Comencemos el año como María, con paz, con disposición hacia Dios, con sencillez de corazón. Feliz año 2020.

                                                                                           

Evangelio según san Lucas (2, 16-21) En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho. Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.