2020-07-05. 14º domingo TO. “Soy manso y humilde de corazón”

manso y humilde Evangelio según san Mateo (11, 25-30En aquel momento tomó la palabra Jesús y dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

El evangelio de hoy es un pasaje que se encuentra en medio de las controversias con los judíos, frente a cuya práctica religiosa Jesús, desde su experiencia de Hijo, enseña cómo debe ser la relación con Dios, actitud que contiene elementos desconocidos en la práctica judía. Estos elementos los encontramos en las palabras de Jesús en forma de acción de gracias, de revelación y de llamada a la confianza.

La acción de gracias es un reconocimiento de la sabiduría de Dios. Jesús alaba al Padre porque su sabiduría es auténtica, y no como el saber humano, que es capaz de despreciar a los demás por tener menos conocimientos. Se trata de un mensaje que incluso los “pequeños” pueden entender con facilidad. Jesús se complace en revelar los misterios del reino de Dios a estos pequeños. San Pablo expresaba el mismo sentir con los corintios, al observar que muchos de los creyentes no eran sabios según los criterios humanos, y sin embargo Dios los eligió, necios y débiles, para avergonzar a los sabios y poderosos (cf. 1 Cor 1, 26-28). Dios, en realidad, quiere manifestarse a todos; pero sólo aquellos que sientan que «les falta algo», que están necesitados de algo más, serán capaces de tener los ojos y los oídos abiertos a su revelación. Quizá los pequeños, los sencillos, tengan más sabiduría que los sabios porque tienen mayor disposición y confianza para dejarse sorprender.

La revelación de la que habla Jesús se refiere a la preferencia de Dios por los pequeños y sencillos. La preferencia nace del mismo ser de Dios, de su amor gratuito. No viene de condiciones morales o religiosas, sino de Dios, que se revela con un poder que trastorna valores y criterios humanos. El despreciado de este mundo es el preferido del Dios que nos revela Jesús en su humanidad. Este es el motivo del agradecimiento de Jesús. La oración de Jesús ("te doy gracias, Padre") nos invita a hacer lo mismo. El amor de Dios gratuito está al comienzo de todo.

La llamada a la confianza se expresa con palabras entrañables: «Venid a mí todos los cansados y agobiados, y yo os aliviaré». Esta llamada está dirigida a todos los que viven su religión como una carga pesada o una tradición gastada, como les ocurría a los judíos. Y hoy no son pocos los creyentes que viven agobiados por su conciencia, quienes han sido educados en exceso sobre sus pecados y no conocen la alegría del perdón continuo de Dios. Jesús les llama para que se sientan aliviados. Descubrirán una alegría interior que hoy no conocen. Seguirán a Jesús no por obligación, sino por atracción. «Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí». El yugo es un instrumento de labranza que se coloca sobre una pareja de bueyes para poner el arado. En el judaísmo, el estudio y aplicación de la Ley se llamaba incluso “el yugo”. Una yunta de bueyes con un yugo evoca esta misma imagen. Cuando Jesús habla de tomar su yugo y aprender de él, manso y humilde, propone no un símbolo de tiranía ni de servidumbre, sino de docilidad al sentir de Dios. Su mensaje, aunque exigente, es un yugo suave, no como el que enseñan los letrados, que mantenían a la población bajo el control de los preceptos de la Ley. Jesús propone en cambio la enseñanza radical pero alegre de la mansedumbre, según las bienaventuranzas: “Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra” (Mt 5, 4). Como discípulos de Jesús somos llamados a vivir la mansedumbre y la humildad de los pequeños, para hacer real la fraternidad y la justicia. Jesús no complica la vida, no. La hace más clara y sencilla, más humilde y más sana. Ofrece descanso, porque conoce nuestra condición humana. Ofrece confianza, porque él primero nos ha dado ejemplo de mansedumbre y humildad, alivio para cuantos tienen necesidad de ayuda, de ternura, de esperanza.