Confinados

Ahora tenéis tiempo, como yo, confinados en Madrid, España. Da tiempo a orar, atender cosas pasadas, cuidar de la gente aunque sea por teléfono. Al menos mi iglesia cercana está abierta y justo al lado de una panadería, de modo que también puedo visitar al mejor Pan sin que me detengan o multen.

 

Hago oración alegre como nunca antes.

 

También me he puesto a leer esto.

 

Y me retumba una frase de Pablo D'Ors, a quien le compro todo o casi todo: nos faltan hoy escritores luminosos. Cito de memoria. Sí señor. Escribir para arreglarle el día a la gente. Que la alegría no esté bajo sospecha. Cuando escribes en modo queja me parezco a esa gente que goza de sus propios olores.

Sealed

 

No obstante, como si estuviéramos en un laboratorio y os mostrase yo un matraz con un líquido maloliente, si os parece vamos a analizar dos sustancias que burbujeaban hace años y que ahora hemos depurado en nuestro alambique.

 

Esto es de cuando yo era adolescentito caballerete, Viernes veintinueve de julio de 1983.  La Clave, tremenda emisión televisiva sesuda. Aparece un Jordi Petit joven yogurín... ¡Los kilómetros y millas que hemos avanzado!

 

 

La película que citan, El funcionario civil desnudo, Jack Gold, Reino Unido, 1975, la tenéis disponible en una conocida borrica descargadora. Yo la he revisitado, después de treinta y seis años, me ha conmovido los cuajarones de alma, si alguno aún me quedara. Que los tengo ya casi todos amputados extirpados cauterizados.