Miércoles XXI del Tiempo Ordinario

Mt 23, 27-32

Ornamentar y encalar, descuidando lo de dentro, que es realmente lo importante. 

Creo que hoy el Señor nos invita a seguir avanzando por un camino de vida interior, que va desde lo interior hacia lo exterior, no al revés. 

Cuando el Maestro critica el afán por aparentar, por cuidar tan solo lo que se ve, y no caer en la cuenta de la esencia, de lo hondo, de lo profundo, de lo que da consistencia a todo, quedándonos en lo meramente aparente, y en la crítica fácil (no hubiéramos sido cómplices...), nos está indicando un camino a seguir: del corazón hacia afuera. Tal vez el mayor recorrido que podamos hacer. 

Crecer hacia dentro, encontrar las auténticas fuentes de la vida, vivir el encuentro con nuestro Dios, dejar que Él sea el manantial de donde brota el agua, la esencia de la vida. 

Nuestra fe a veces ha sido presa del ritualismo, del dogmatismo y del moralismo. Creo que el Señor hoy nos convoca con este Evangelio a volver al origen, a las fuentes, al encuentro con Dios. 

Por supuesto que no quiero negar ni nuestras verdades de fe, ni nuestras formas de celebrar, ni nuestra vida y actitudes cristianas, pero nunca lo hagamos sin alma ni sin corazón: que sea realmente el encuentro con el Dios de Jesús el que nos lleve a la vida, y a actuar y ser conforme a Él. 

Vivamos ese encuentro con Él.